El otro libro de Jobs
9 Febrero 2010
Steve Jobs salió al escenario luciendo sus vaqueros raídos y sus deportivas –con esa vestimenta le impidieron la entrada en el lujoso hotel parisino donde Apple celebraba una fiesta–, para presentar su último producto. “Hemos llevado la innovación al límite”, anunció antes de esbozar la denominación que conmocionó de inmediato los mercados bursátiles. “Se llama libro”. Extrajo a continuación un objeto de 25×18 centímetros, que consistía esencialmente en un manojo de hojas de papel cosidas por uno de sus extremos, y envueltas primorosamente en dos láminas de cartón. Centenares de curtidos informáticos se abalanzaron entusiasmados sobre el objeto para zambullirse en su manejo, y tuvieron que ser contenidos por los servicios de seguridad.
Jobs mostró a la cautivada audiencia cómo se abría el libro. Señaló que el papel “no tiene el peligro de las radiaciones electrónicas, cuyos riesgos minimizamos en estudios que compramos carísimos. Nuestros ingenieros han demostrado que el papel posee las propiedades perfectas para impresionar la retina sin dañarla, facilitando el tránsito al cerebro”. Las páginas sucesivas “son accesibles instantáneamente sin necesidad de pulsar ni una tecla, con un simple gesto de los dedos”. Sobre la limpieza de la presentación, remarcó que “no tiene molestos pop-ups ni banners, tampoco gráficos ni vídeos absurdos que sólo distraen la atención sin aportar valor al texto central”.
Tras presentar el ingenioso sistema de archivo, mediante un índice de nombres al final del libro, el crepitar de una ovación llegó al observar que “hemos suprimido los comentarios de mentecatos que completan un texto de Tolstoi, porque se creen más inteligentes que él”. Jobs destacó que su libro “no sólo revolucionará la industria de la comunicación, sino que transformará a las personas”. Leyó unos fragmentos, ante el éxtasis de la multitud cuando pasaba las páginas. Anticipó para el año próximo un producto que revolucionará la relación con la pantalla, y del que sólo adelantó el nombre. “Lo llamaremos televisión”.
Sa Feixina a Michael Jackson
4 Febrero 2010
El movimiento doctrinal llamado memoria histórica no alcanza el rango paródico con la causa general de Garzón contra el franquismo, sino con la excavación general en busca de Lorca, una peripecia necrófila que ha elevado al poeta a la categoría de protagonista de un número de Monty Python. En Mallorca, los símbolos más voluminosos de la connivencia con la dictadura son la catedral de Palma y el monumento al crucero Baleares. Cort ha decidido que el segundo de ellos no será derribado, por respeto a sus valores arquitectónicos. Proceder a su demolición en atención a su inexcusable fealdad obligaría a demoler asimismo el inacabado Palau de Congressos, todavía más detestable.
Aunque milito en la Asociación para la Recuperación del Olvido Histórico, no me sustraigo a los méritos artísticos del monumento salvaguardado, una estética con la que he visto ferozmente comprometidos a los numerosos mamíferos de dos o incluso cuatro patas que lo utilizan como urinario. Sin duda por el recogimiento que aporta, el pétreo mingitorio de sa Feixina es uno de los más concurridos de la isla, y nadie se entregaría a esa actividad esencial en un entorno carente de atractivo.
Al preservar el monumento y eliminar su decoración, Cort ha efectuado un alegato postmoderno. Con leves alteraciones, una misma obra de arte puede exaltar el franquismo o la concordia. Contra los nostálgicos de ambos bandos, vamos a comportarnos como si Franco ya no existiera, porque no vende ni un paquete turístico. La redecoración del monolito de los Caídos debe venir acompañada de su consagración a la memoria histórica de una figura que atraiga a unos millones de visitantes. Dado que nadie se acuerda de Lady Di, la construcción ex patriótica se reconvertirá en el Memorial Michael Jackson, por mucho que Grosske insista en dedicarlo a Fidel Castro y que las asociaciones culturales pretendan que conmemore la victoria del Real Mallorca en la Copa. La advocación se complementará con una leyenda sucinta: “Sa Feixina a Michael Jackson. Prohibido orinar”.
Cada película con su Oscar
3 Febrero 2010
Nadie olvida a la mujer de su vida pero, si te preguntan por las mujeres de tu vida, te salen demasiadas. Ampliar una lista es peligroso, porque en una relación de las diez mejores películas del año, por fuerza hay que incluir a varias que también merecen figurar entre las diez peores del año. Hollywood se ha excedido en la autoestima, al duplicar las nominaciones al Oscar a la mejor película. Imbuidos de la función del periodismo como servicio público, ordenamos por calidad las siete ya estrenadas:
Avatar. Ganan los indios, los ecologistas y los nacionalistas, aplaudimos la masacre de norteamericanos. A nadie le molesta celebrar un producto de dibujos animados más que a mí, pero Pandora es el nuevo mundo. La película del año.
District 9. Es el anti-Invictus, otro excelente telediario que tiene el coraje de denunciar el racismo de los sudafricanos de color con unos alienígenas metálicos. Aspera y absorbente, el cine como experiencia inalcanzable para internet.
Up in the air. Si te han de despedir del trabajo, que sea George Clooney, en el esfuerzo más serio de su carrera por simular una interpretación. Congela las sonrisas, como No es tan fácil. Salí enamorado a perpetuidad de Vera Farmiga, ojalá derrote a la insípida Penélope Cruz.
En tierra hostil. Otro telediario, ambientado en Irak para que los españoles entiendan su absurda misión en Afganistán. Como en las restantes nominadas y en la vida misma, el recién llegado es el enemigo.
Malditos bastardos. Patrocinada por Esperanza Aguirre, como su propio nombre indica. Con Tarantino ocurre lo mismo que con Brad Pitt, los tenemos demasiado vistos. Gran escena en el bar.
Un tipo serio. Figura en la lista de las diez peores películas del año actual. Los hermanos Coen creen que pueden ser cómicos sin esfuerzo, cuando Woody Allen nos saturó de humor hebreo antisemita. A ver si se atreven con el Islam.
Up. Tiene que haber formas más delicadas de torturar a un niño. Dibujos animados para ancianos.
Salinger resucita a Lennon
1 Febrero 2010
La muerte de J. D. Salinger no ha significado su desaparición, que ocurrió décadas atrás. Le sobrevive Thomas Pynchon, en el género literario de los autores que se niegan a la expropiación mediática de su biografía. El imitador europeo de esta aversión de matriz estadounidense es Milan Kundera, por motivos turbios que empiezan a aclararse. Como demuestra el comienzo de este párrafo, no se construye un artículo atractivo con escritores huidizos, por lo que el fallecimiento del novelista se aprovechó para desviar la atención hacia John Lennon, un icono intergeneracional.
La muerte de Salinger ha resucitado a Lennon, debido a que el asesino del Beatle no sólo devoró El guardián entre el centeno antes de cometer el crimen, sino que lo hojeó inmediatamente después de disparar contra el músico. También leyó un fragmento de las peripecias de Holden Caulfield al jurado del juicio consiguiente. Hoy sólo hubiera seleccionado el volumen que debía barnizar culturalmente su magnicidio tras intensas negociaciones con las editoriales ávidas por promocionar sus títulos. Hay que agradecer a los generadores de metáforas literarias que se hayan detenido en el intérprete de Imagine, sin rebajarse a rescatar la película Conspiración –Mel Gibson, Julia Roberts–, cuyo sustrato es la novela de Salinger. La grandeza del alma humana consiste en que las mismas palabras que impulsan a un cerebro al exterminio conducen a otro a la somnolencia.
En la era de Al Qaeda, se debería prohibir El guardián entre el centeno por incitación a la violencia, y disparar sobre los pasajeros que lo llevaran en un aeropuerto. Fue Obama quien ligó a Salinger con Bin Laden. Tras el fallido atentado aéreo de Detroit, recriminó a puerta cerrada a los servicios de inteligencia que “la hemos fastidiado”, utilizando un verbo tabú por su etimología sexual hasta que aparece en labios de Caulfield, y próximamente en alguna declaración de Esperanza Aguirre. Llamamos clásicos a los libros que no necesitamos leer para que se entrometan en nuestro destino.
Ratas obesas en Palma
28 Enero 2010
En mi cotidiano deambular por Palma, me encuentro con una rata enorme en las ruinas del canódromo. El simpático animal –desde Ratatouille– paseaba tranquilamente por la plaza adjunta, a escasos metros de las viviendas adyacentes y de los institutos adolescentes, con lo agresivos que son los humanos a esas edades. Consciente de su papel creciente en la convivencia ciudadana, la roedora se mostraba tranquila y parsimoniosa, hasta el punto de que podría haberla entrevistado. Le hubiera reprochado su frialdad, ajena a las tentaciones que inspira un mamífero carnoso en tiempos de crisis.
Puestos a singularizar, me preocupó el alarmante estado de obesidad de la rata del canódromo. No la admitirían para desfilar en ninguna pasarela. Su aspecto grasiento ofrecía una deplorable imagen de Palma. Por fortuna no había turistas en los alrededores, que se hubieran llevado una pésima impresión del estado físico de los roedores mallorquines. Artículos de este corte siempre desembocan en una apelación a la autoridad municipal, por lo que no defraudaremos las expectativas. Cort debe crear un programa de adelgazamiento de ratas, acondicionando gimnasios para la puesta a punto de una población creciente de mamíferos, que a duras penas consiguen desplazarse por las principales arterias ciudadanas.
La iniciativa atlética debe complementarse con una campaña de publicidad, en los infinitos solares abandonados cuyos dueños solidarios proporcionan cobijo a las ratas. En las vallas se advertirá a los roedores sobre las ventajas de una dieta equilibrada. Cort debe abandonar su penosa indefinición, y optar entre mejorar las condiciones de los roedores o de las personas. Mi rata del canódromo ingería una abundante proporción de lípidos, pero el descubrimiento de roedores famélicos en otras geografías urbanas apuntaría a una peligrosa discriminación, sin descartar el afloramiento de brotes de violencia entre roedores. Para evitarlo, Cort ha de acondicionar centros de acogida para un colectivo que no puede quedar desamparado.
No saben vivir sin Nadal
27 Enero 2010
Se ignoran las decisiones concretas del Pacto de Progreso sobre Palma, Mallorca y Balears, más allá de su labor de vigilante de las obras faraónicas de James Matas. En cambio, los progresistas se pronuncian a diario en torno a las vicisitudes de Miquel Nadal, que ya están en manos de unos jueces más determinados y eficaces que nuestros políticos. Nuestros gobernantes sólo aspiran a la superioridad moral –menudo mérito, superar a UM en honradez–, cuando fueron votados para gestionar un tinglado en bancarrota. El único factor de cohesión de la izquierda es el concejal que nadie desea a su lado, a falta de saber por qué se empeñan en mantener artificialmente su protagonismo.
La izquierda no gobierna las instituciones para cumplir con la trascendente misión de liberarnos de un Nadal que, dicho sea de paso, se proclamó conseller y dimitió del cargo sin que Antich tuviera nada que decir al respecto, porque esos días estaba de guardia en Son Espases. Para el ego de Nadal sólo hay algo más doloroso que desaparecer, y es preservar su triste concejalía. El poder corrosivo del imputado –para un nacionalista, debería ser un honor que le retiraran el pasaporte español– ha lesionado a la clase política, pero es ajeno a la acreditada inoperancia del Pacto. De paso, los progresistas agravan la situación de la UM renacida, a la que después implorarán para mantener sus coches oficiales.
La higiene política no exige la salida de Nadal de las instituciones, sino de las portadas. La alergia de la izquierda contemplativa a convivir con su socio en Cort proyecta la sensación de que deberíamos marcharnos de Mallorca, para no contaminarnos de la radiactividad del presunto corrupto. Gobiernan un territorio imperfecto, sus innumerables asesores debieron informarles de esa particularidad. Aparte, Nadal sólo es insoportable hasta que repasas la bancada popular en el ayuntamiento palmesano, cuajada de extraordinarios dilapidadores. Tal vez deberían curarse de su obsesión con los políticos momificados, y controlar las maniobras de Cerdó en Emaya.
Que lean ellas
25 Enero 2010
Un rasgo machista que sus lectoras siempre están prestas a perdonarle, Cortázar distinguía entre el lector hembra o pasivo y el lector macho o activo. Desaparecido el segundo en cualquier sexo, la lectura se ha reconvertido en una habilidad equiparable a la conducción de un automóvil. Su utilidad en prospectos y manuales permanece incontestable, pero exige un destino concreto. En sí misma carece ya de sentido. En la actual fase de transición impera el “que lean ellas”, en contravención del mandato cortazariano. Se escribe pensando en la lectora superviviente, con la posible excepción de los tratados de fútbol.
Si a un gobernante se le reclamara su carnet de lecturas recientes y aportara diez títulos, se haría más sospechoso de malversar su cargo que si enumerara la relación de prostíbulos en que ha entretenido últimamente su ocio. La respuesta correcta se cifra en el bobalicón “ahora no tengo tiempo”, a traducir por “no puedo perderlo en tonterías”. La lectura es una desconexión con la realidad, un pasatiempo inofensivo para los tiempos en que todavía se hablaba de esparcimiento. Por lo mismo, se estrella incompatible contra el ocio duro de un planeta que inventa a diario nuevas formas de aburrirse.
Desaparecida su práctica, la lectura conserva su prestigiosa aureola. Nadie se plantea la recuperación del hábito, pero hay que idear un protocolo para su abandono elegante. Por ejemplo, la generación twitter exigirá libros cada vez más cortos, en torno al millar de caracteres. En una relación consensuada de las cien obras canónicas de la literatura –entre las que no figurarían obligatoriamente los tres tomos de Millennium ni los premios Planeta–, se desploma aceleradamente el porcentaje de ciudadanos que las han disfrutado, y que se alejan a su vez de los puesto de mando de la sociedad. Las personas caminan con una biblioteca a cuestas gracias a internet, pero esa superfluidez confirma la superfluidad del libro. Subsistirá mientras se escriba sobre él, pero derrotado por la simplificación del mundo. El ser humano se desembaraza de convicciones y adornos para recuperar la primitiva desnudez.
‘Inglich no espouken’
22 Enero 2010
Me reconforta un titular de este periódico, “La mitad de los estudiantes de la UIB no entiende el inglés”. Asumí que esa negativa se planteaba como un ejercicio de rebelión universitaria, contra el imperialismo del idioma único. Imaginen mi sorpresa al comprobar que la anglofobia se interpretaba como una carencia de los alumnos. Si cada año recibimos en Balears a cinco millones de visitantes que hablan un inglés perfecto en cuanto aborígenes de ese país, ¿para qué necesitamos que nuestros universitarios chapurreen ese idioma, cuando lo harán peor que los auténticos nativos por mucho empeño que pongan?
Con todos mis respetos, el idioma de Shakespeare y de Paris Hilton debiera ser obligatorio para los habitantes de geografías menos turísticas, donde la única oportunidad de que escuchen una palabra con acento londinense consiste en pronunciarla ellos mismos. En Mallorca no necesitamos hablar un inglés de bisutería, porque tenemos un exceso de the real thing –”la real cosa”, traducimos en apoyo de nuestros universitarios–. Aprender ese idioma sería tan ridículo como estudiar alemán, cuando disponemos de numerosos conciudadanos que sólo hablan esa jerga.
Demostrado con creces el absurdo de aprender inglés, el informe de la UIB revela el peculiar comportamiento de los estudiantes hacia ese idioma. Un 64 por ciento no lo entiende, pero resulta que un 53 por ciento lo habla. Es decir, existe un contingente apreciable que no descifra las respuestas de su interlocutor pero, por si acaso, prosigue con el diálogo. En el mismo sentido, un 68 por ciento asegura que lee en lengua inglesa. Superponiendo los datos, uno de cada tres universitarios devora textos en ese idioma sin comprenderlos, un esfuerzo que contradice a quienes recriminan la abulia juvenil. Otro sector lo escribe sin entenderlo, suponemos que en transcripciones orales del estilo de “Inglich not espouken”. La suma de contradicciones revela que asistimos a un poderoso equívoco. Los alumnos de Balears afrontan el inglés sin problemas, pero no entienden a los ingleses. Y quién se atrevería a reprochárselo.
Las otras 99 carteras
20 Enero 2010
Nina San Juan es una heroína urbana, de la que hemos sabido con dos años de retraso que entregó a la Policía Local una cartera que había encontrado en una plaza de Palma, con 3.460 euros en su interior. Sin embargo, extrapolar este ejemplo singular de civismo al conjunto de la población entraña notables riesgos. Al conocer la noticia –cuando el dinero revirtió en la autora del hallazgo, transcurrido el plazo preceptivo sin que nadie reclamara–, nos ufanamos proclamando que los mallorquines somos gente honrada. Falso. Nina es la única ciudadana cuyos principios han sido acreditados de modo fehaciente, porque la historia es muy diferente a cómo nos la han contado.
Hace dos años, un hombre quiso corromper a una ciudad, y ya nos perdonarán que esta narración verídica se apoye en la célebre ficción de Mark Twain. El corruptor eligió Palma, ansioso por comprobar si su degeneración era tan acusada como lamentaban los agoreros. En un solo día, sembró las plazas de la geografía urbana con cien carteras. Cada una de ellas contenía 3.460 euros –cantidad no redonda, para simular el extravío–. Sólo Nina entregó una de ellas a la Policía Local, 99 palmesanos se quedaron con el dinero. Mientras Mallorca restauraba su moral colectiva, el donante veía probada su tesis de la corrupción generalizada.
Los fenicios mallorquines relegaron muy pronto a Nina para plantearse el enigma, más trascendente, sobre qué tipo de persona extravía 3.460 euros y no los reclama. Bill Gates pierde dinero si se le cae esa cantidad al suelo y se agacha a recogerla, cuanto más si gestiona para reivindicarla. Tratándose de Mallorca, la suma era seguramente la comisión percibida por un político sobornable, que hubiera necesitado identificarse para recuperarla. La moraleja de esta historia no es que en Palma se entrega a las autoridades el dinero hallado en la vía pública, sino que en Palma pueden encontrarse sumas de ese calibre por la calle. Por eso, y desde que supimos de Nina, los palmesanos callejeamos con la cabeza gacha, olfateando carteras no retornables.
Osama es Obama, para el FBI
19 Enero 2010
Después de tres años de investigaciones, el Gabinete de Identificación Terrorista del FBI que descubrió la querencia islamista de Gaspar Llamazares ha efectuado una nueva revelación trascendental. Según el Federal Bureau of Imagination, Osama es Obama. El hallazgo ha requerido el concurso de dos centenares de lingüistas policiales, y su conclusión es irrefutable. Ambos nombres constan del mismo número de letras –cinco, según el recuento llevado a cabo gracias a la capacidad de cálculo de los ordenadores del Departamento de Estado–. Como dato adicional relevante, sólo una letra difiere en ambos personajes, con un índice de correlación del ochenta por ciento.
Este margen de error ha sido suficiente en la mayoría de condenados a la pena de muerte en Estados Unidos. Según Louis F. Grever, director adjunto del FBI, “el cambio de una ese por una be no debería despistarnos. Alterar ligeramente el nombre es un truco habitual entre malhechores, que utilizan las argucias más sofisticados para engañarnos”. Además, el argumento gramatical se refuerza con datos anatómicos incontrovertibles. De hecho, las sospechas surgieron al comprobar que Osama y Obama tenían el mismo número de ojos, una coincidencia facial que fue astutamente obviada por el actual presidente durante su campaña a la Casa Blanca.
El argumento definitivo surgió de la comparación de los apéndices nasales. Pese a las dificultades que conllevaba la poblada barba de Osama, un equipo del FBI especializado en Simulación Gráfica Intercapilar –Hairy Simulgraph– demostró que el líder de Al Qaeda no posee un orificio nasal sino dos, singularidad que comparte con Obama y que remató la investigación. El FBI ha dictaminado que el presidente se halla suficientemente vigilado por el servicio secreto en la Casa Blanca, por lo que es improbable que cometa acciones violentas. Después de este nuevo éxito, el FBI está a punto de verificar que Elvis sigue vivo, aunque ahora se refugia bajo la identidad de George Bush.
Osama es Obama, para el FBI
Después de tres años de investigaciones, el Gabinete de Identificación Terrorista del FBI que descubrió la querencia islamista de Gaspar Llamazares ha efectuado una nueva revelación trascendental. Según el Federal Bureau of Imagination, Osama es Obama. El hallazgo ha requerido el concurso de dos centenares de lingüistas policiales, y su conclusión es irrefutable. Ambos nombres constan del mismo número de letras –cinco, según el recuento llevado a cabo gracias a la capacidad de cálculo de los ordenadores del Departamento de Estado–. Como dato adicional relevante, sólo una letra difiere en ambos personajes, con un índice de correlación del ochenta por ciento.
Este margen de error ha sido suficiente en la mayoría de condenados a la pena de muerte en Estados Unidos. Según Louis F. Grever, director adjunto del FBI, “el cambio de una ese por una be no debería despistarnos. Alterar ligeramente el nombre es un truco habitual entre malhechores, que utilizan las argucias más sofisticados para engañarnos”. Además, el argumento gramatical se refuerza con datos anatómicos incontrovertibles. De hecho, las sospechas surgieron al comprobar que Osama y Obama tenían el mismo número de ojos, una coincidencia facial que fue astutamente obviada por el actual presidente durante su campaña a la Casa Blanca.
El argumento definitivo surgió de la comparación de los apéndices nasales. Pese a las dificultades que conllevaba la poblada barba de Osama, un equipo del FBI especializado en Simulación Gráfica Intercapilar –Hairy Simulgraph– demostró que el líder de Al Qaeda no posee un orificio nasal sino dos, singularidad que comparte con Obama y que remató la investigación. El FBI ha dictaminado que el presidente se halla suficientemente vigilado por el servicio secreto en la Casa Blanca, por lo que es improbable que cometa acciones violentas. Después de este nuevo éxito, el FBI está a punto de verificar que Elvis sigue vivo, aunque ahora se refugia bajo la identidad de George Bush.
Matas no pasa por el escáner
14 Enero 2010
Ya sabrán a estas alturas que la CIA montó un esbozo de falso atentado aéreo en Detroit el día de Navidad, para obligar a James Matas a pasar por un escáner corporal antes de volar a Mallorca. En contra de lo publicado, al ex president no le preocupa su interrogatorio como poliimputado –ha batido junto a su esposa el récord nacional de imputaciones en la modalidad de parejas–, sino la tortura a cargo de la máquina infernal que lo desnudará en el aeropuerto. Por ello, y dado que él puede permitírselo, ha contratado a un especialista en derechos humanos para combatir la última invasión aeroportuaria a la intimidad de sus ciudadanos. Esta iniciativa altruista lo confirma como el primer Mandela blanco, preso únicamente de su conciencia.
Por el escáner no pasa. Si Matas Luther King, campeón de los derechos humanos, se guiara por un comportamiento egoísta, habría contratado a un especialista en fiscalidad, que aclare los malentendidos entre su humilde declaración de Hacienda y sus generosos dispendios. En cambio, su vocación por el servicio público le ha impulsado a encabezar una iniciativa ciudadana. Desoiga a quienes atribuyen el nerviosismo del ex president a que se niega a la exploración de su verdadera esencia, porque los billetes de 500 euros son transparentes a los rayos X y a los microondas. Además, la legislación establece que los pasajeros de primera clase quedarán exentos del escaneado, porque Al Qaeda no tiene presupuesto para pagarse un billete de ese precio.
Si la contratación de un experto en derechos humanos no logra la erradicación del escáner en los aeropuertos, el poliimputado daría otra vuelta de tuerca y se declararía en huelga de hambre, con lo cual incorporaría la liberación del Sahara –y de Abjazia– a su incesante campaña en pro de las libertades. Jimmy Matas se emparenta a su tocayo Jimmy Carter, otro antiguo presidente incomprendido en el poder pero que ya ha pacificado medio planeta. Ahora mismo y dado su ímpetu solidario, no podemos descartar que Matas sea el primer mallorquín ganador del premio Nobel de la Paz. Y a buen precio.
El porno norirlandés
12 Enero 2010
Sólo pueden predicar una moral en condiciones quienes se han tomado la molestia de ponerla a prueba, violándola con intensidad. Verbigracia, Iris Robinson. La esposa sexagenaria del dimisionario primer ministro norirlandés encontraba en el sexo con un joven de 19 años la energía para alimentar su intransigencia sexual. Una vez saciada, la parlamentaria descargaba sobre los homosexuales un fragmento condenatorio del Levítico, omitiendo que ese libro bíblico también penaliza el adulterio. Su marido ya la ha perdonado, tal vez porque los escarceos se producían en el lecho conyugal, en una especie de homenaje que recuerda a Marie Curie acostándose con sus amantes bajo un gigantesco retrato de su esposo Pierre. En efecto, el conjunto recuerda al guión poco elaborado de una película pornográfica, pero no vamos a pasarnos el día hablando de Al Qaeda.
Distanciados por la edad, Iris Robinson y su juvenil amante estaban ligados por la pasión y el dinero, la primera relación sexual de conveniencia en la que ambos cobraban por sus prestaciones. La diputada no sólo exigió una cuota del dinero que obtuvo para su enamorado, sino que le reclamó la devolución cuando el fuego se extinguió. La enemiga del libertinaje también reforzó sus convicciones puritanas acostándose con el padre del muchacho, de profesión carnicero para introducir un personaje nuclear del cine erótico, antes de la intrusión en el género del fornido fontanero polaco.
No vamos a engañarnos. Las corruptelas económicas de la primera dama del Ulster no darían para una columna, y un político con amantes incurre en la vulgaridad. El vértigo de los cuarenta años de diferencia –Berlusconi conserva el récord, con 54 años de margen– enriquece este porno norirlandés, con actores profesionales y bien remunerados. En su admisión de los hechos, Iris Robinson destacó que “Cristo ya me ha perdonado”. Sin embargo, se guardó de extender esa divina reconciliación a los colectivos a quienes había denigrado por su sexualidad. Sucesos así no sólo ocurren en el Reino Unido, pero sólo allí liquidan una carrera política.
El retrosexual
8 Enero 2010
Si el metrosexual acicala su presente, el retrosexual maquilla su pasado volviendo sobre él, para quitarse arrugas. Se dedica a rescatar, gracias a internet, a las parejas que compartieron alguna etapa de su peripecia. En mi caso, ambas huyeron a Nueva Zelanda –por no hablar de la que se despidió con un rotundo “volveré a por ti en veinte años”, y también incumplió su última promesa–. Por lo tanto, centraremos esta investigación en experiencias ajenas. La retrosexualidad no es altruista, se basa en que nos apasiona averiguar qué opinan de nosotros las personas que un día nos fueron indispensables. Esa labor arqueológica resulta más excitante que registrar los correos electrónicos y los sms de nuestra pareja vigente.
El retrosexual aspira a reenganchar o a reprochar, no lo tiene demasiado claro y definirá su opción según evolucione la labor excavadora. La ardua indagación exigida por el rastreo demuestra que los nudos trenzados sucesivamente jamás se rompen. La relación de una persona con sus ex la define mejor que cualquier test psicológico. Por supuesto, el ejercicio de la retrosexualidad queda reservado a quienes tienen la edad suficiente para disponer de un historial, digamos que a partir de veinte años. Algunos se despidieron por carta de quien hoy retoman electrónicamente. Los casos más dilatados aportan una catarata de amores en los tiempos del cólera.
Si su pareja se halla en la fase retrosexual, le sobran a usted motivos para preocuparse. A fuerza de consumir Hollywood, estamos predispuestos para que el reencuentro surta efectos inesperados. El ramo de flores rechazado en caliente, recobra su romanticismo cuando los vegetales están más allá del marchitamiento. Al conjurarse entre personas que se han amado y odiado hasta el infinito, la relación retrosexual ahorra los prolegómenos indigestos. Como única prevención, y sólo si pertenece usted al reducido círculo de los triunfadores, recuerde que ningún retrosexual aceptará que a su ex le haya ido mucho mejor sin su inapreciable compañía.
Los apellidos manchados
7 Enero 2010
Los titulares de prensa escupen los apellidos Vicens, Massot, Nadal, Nicolau, Munar, Ordinas o Flaquer sin más precisiones, adjudicándoles corrupciones presuntas o efectivas. A continuación, miles de ciudadanos que tienen la desgracia de compartir esos linajes han de soportar una catarata de chanzas, del tenor de “lo siento por tu primo” o “seguro que tú sabes dónde guarda la pasta”. Afortunadamente, la frecuencia menguante de mallorquines nacidos en Mallorca –menos de la mitad– y la proliferación de Ahmed, Kevin o Jessicas reducen el número de afectados por la asociación culposa. Por contra, la polarización corrupta en nombres de raigambre autóctona puede inspirar suculentas teorías conspiratorias. Esperemos que sea un delirio, y que no se esté investigando por sistema a todos los Tomeu.
Admitamos que los Nadal de los contornos jamás protestaron cuando España les preguntaba por su grado de consanguinidad con Rafael Nadal, pese a que no distinguían el tenis del pádel. Sin embargo, ahora se esfuerzan por destacar que son familiares de Rosario pero no de Miquel, pese a que los citados son primos hermanos. Con Munar no hay tantos problemas, porque su linaje está copado por la presidenta y adláteres. Si no contabas con tres apellidos Munar en tu genealogía, no te admitían como socio en sus empresas, una táctica envolvente que desalentaba indagaciones comprometedoras. Ahora bien, conozco a Ordinas y Vicens que se plantean seriamente si no preferirían apellidarse Manson.
La corrupción no castiga a Mallorca, sino a mallorquines con nombre y linajes que jamás se han beneficiado de una recalificación, aunque no sea por falta de ganas. Los apellidos manchados ya no sólo se sienten discriminados en el extranjero, son agraviados en la propia isla. Sabíamos que las prácticas corruptas nos impedirían viajar sin avergonzarnos, no imaginábamos que el estigma se nos adheriría en casa. Suerte de Rodrigo de Santos o Hidalgo, cuya resonancia castellana equilibra los porcentajes.
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