Cada vez menos Matías
30 Noviembre 2006
Abundan los índices para calibrar el declive inexorable de Balears, pero vamos a detenernos en el más espectacular. De los 5.719 varones nacidos a lo largo del año pasado en esta comunidad, sólo 12 se llaman Matías. Los mismos que Kevin, dicho sea de paso. Más allá de mi agradecimiento ante un homenaje implícito en el que no me extenderé, de mi aplauso a la valentía de esa docena de progenitores, y de mi promesa de que estos niños disfrutarán de una vida venturosa –al igual que todos los seres humanos colocados bajo tan acertada advocación–, no puedo dejar de denunciar la pérdida de orgullo y la dimisión estética de una sociedad que arrincona los nombres que debieran significarla.
Hemos elegido al azar un nombre cualquiera, aunque más eufónico y armónico que la mayoría de la lista –hay 29 Aarón, que ni siquiera fue apóstol y que ha desbancado a su hermano Moisés–. Balears ha perdido el sentido de la musicalidad. Admitamos que Matías ha sido utilizado más veces de las indispensables para simbolizar a jardineros y chóferes, pero qué vamos a contarles de la escasa imaginación de los literatos. El nombre es el primer eslabón educativo, el germen de una personalidad. Pues bien, gritas Marc y se giran 150 recién nacidos, que se acumulan a una población ya notablemente sobrecargada de este monosílabo.
En cambio, gritas Matías en medio de la multitud, y nadie se da por aludido. Así se formarán niños desprovistos de complejos, acostumbrados a sobrevivir sin gregarismos y desde la originalidad, porque la mayoría de familias prefirieron David –90– o Mohamed –41–. Tienen el éxito garantizado, porque damos por sentado el título de nuestros mitos, pero cuánto aumentaría su magnetismo si se llamaran Matías Clooney o Matías Pitt. No todo está perdido. Admitamos que en la lista no hay Ronaldos ni Ronaldinhos ni José Luises, el desencanto de Zapatero ha arraigado antes de lo previsto. Sin embargo, estos méritos parciales no curan nuestro desasosiego. Que vengan los bárbaros, sobradamente representados en el nomenclátor, y arrasen con esta isla sin Matías.
Golpe a la cleptocracia
Mi primer titular era La cleptocracia se tambalea pero, después de examinar cuidadosamente los alrededores, rebajo la euforia. No deseo compartir la ingenuidad de Matas, a quien sus directores generales le delinquen presuntamente en los morros, cuando no le cargan la factura de un prostíbulo como gastos públicos. Sin que él se entere, porque anda muy ocupado recaudando las 600 mil pesetas diarias de Michael Douglas, ¿alguien recuerda por qué? Si el president se dedicara a su trabajo, tal vez se enteraría de lo que pasa en su Govern. Mabel Cabrer alcanzó hace tiempo su techo de incompetencias, por lo que este escándalo tiene algo de redundante para ella. El president se enfrenta al dilema de los pésimos gobernantes. O no sabía y es malo, o sabía y es peor. Y cómo iba a no saber. Hidalgo no era alcalde de Andratx a pesar de su comportamiento, sino gracias a él. Esa actuación le garantizó además la continuidad en las listas del PP.
Matas establece un nuevo récord. Después de haber sido el primer ministro de la historia de España al que se solicitó simultáneamente la imputación por dos causas penales ante el Supremo, ahora se convierte en el primer presidente autonómico con un director general detenido en su despacho y privado de acceso a un departamento de su ejecutivo, tomado por la Guardia Civil. El líder del PP asegura que las dependencias fueron registradas por actividades que no tenían nada que ver con el Govern. Es decir, que los altos cargos dedican su horario público, pagado con dineros públicos, a labores ajenas a su función. Así lo declara el president de Balears, ¿cuál es el encaje jurídico de ese comportamiento? El anonadamiento de Matas –es decir, el regreso a su estado natural– es comprensible tras la bronca de Rajoy y tras contemplar la primera detención de un político de la historia de Mallorca, y no sólo porque hasta ahora no hubiera habido motivos para ello. “Todos nos hemos equivocado en Andratx”, dice quien acababa de confirmar a su alcalde. Responde así a las preguntas de este artículo. El sabía lo que ocurría. Eso también tiene un nombre, no muy bonito.
Polonio residual
27 Noviembre 2006
Polonio, así llamado en honor del país natal de su descubridora, Marie (Sklodowska) Curie. Escarbó en toneladas de mineral de uranio para concentrar ese polvillo blanco, el cual se vengó irradiándola hasta la tumba. Ahora, su detección en el cuerpo de un espía múltiple ruso ha provocado que cientos de londinenses, recién fumados y engrasados por una dieta inadecuada, inunden los hospitales. Desean hacerse pruebas de orina, por si estuvieran contaminados y tuvieran derecho a protagonizar unos segundos de telediario. Imaginen su decepción, y la terapia psicológica a que deberán someterse, para aceptar que fueron despreciados por un elemento radiactivo de desecho.
A continuación, un elevado porcentaje de los falsos radiactivos apoyarán la construcción de centrales nucleares, fuentes inagotables de energía. Y de polonio, como subproducto. Todo lo cual no tendría hueco en esta columna, de no mediar nuestro mártir de cada fin de semana. El espía Litvinenko muere por todos nosotros, no hay otra forma de morir. Sí, ya sabemos que la manipulación de los residuos nucleares es segura, su almacenamiento tan inexpugnable como las Torres Gemelas, cuya flexibilidad iba a permitirles sobrevivir al impacto de un reactor sin más que un sensual bamboleo.
Acostumbrado a duelos con las magnas fuerzas telúricas –ekatelurio fue el primer nombre del polonio–, el mundo empieza a enfrentarse a sus subproductos. ¿Cómo se dice, cuando el basurero supera en tamaño a la comunidad que lo alimenta? El desafío no surge sólo de los vestigios químicos, que se descomponen eructando núcleos de helio. Lo contemplamos también en las sobras ideológicas y en los sentimientos residuales, que depositamos en un rincón porque los creemos inservibles, pero nos produce cierto embarazo despeñarlos en un vertedero. Aunque los neguemos, viven y arden en nuestro fuego más íntimo. Su irradiación intacta mata a un ruso que pasaba por allí, y que trabajaba para todos los bandos a la vez. Casino Royale, cuando la realidad es tu mejor campaña promocional.
Urbanismo benéfico
23 Noviembre 2006
Sólo existe un motivo decente, para que los consejeros de ese club mediocre llamado Real Mallorca convocaran esta semana a la prensa. Debieran haberse arrodillado ante la afición, y haber pedido humildemente perdón por el descalabro ante el Barça. Ya que se vanaglorian de enarbolar la imagen de la isla, toda España la ha asociado esta semana a “nulidad ofensiva, incapacidad defensiva, mediocridad, pasividad, incompetencia”. Por nosotros, mejor que no se hubieran molestado en representarnos.
De paso, podrían haber prometido que esporádicamente obtendrían un gol o que sus jugadores entrenarían, ya que varios de ellos se han quejado de que no lo hacen. En lugar de disculparse, las nulidades futbolísticas que componen el consejo se concentran en la mayor barbaridad urbanística de la historia de Mallorca, que pretenden desarrollar en terrenos públicos sin mediar concurso alguno. En todo lo cual no hay ahora mismo un átomo de legalidad, pero sí un negocio absoluto que podemos cifrar en torno a los 50 mil millones de pesetas. Es decir, el equivalente a tres hospitales de Son Espases a precio de Villar Mir, otro que tal.
Antes de dirimir si las torres del Mallorca en suelo público han de abordarse por vía judicial o sólo psiquiátrica, hemos de recordar que el proyecto es benéfico. Centros comerciales benéficos, residencias benéficas para una sociedad privada. Se nos parte el corazón. Fageda fue llevado a los tribunales por regalar un estadio a ese club, a cambio de un alquiler irrisorio. Cirer, que también antepone el fútbol a su ciudad, se comporta como una recogepelotas. Qué sucedería si un particular anuncia que va a construir en un parque palmesano, caso de que quede alguno. Cuando el club mediocre lo consiga, habremos de preguntarnos por qué Matas favorece al presidente de una sociedad administrada por su cuñado –además de gerente del PP y de la Fundación Maura–. A cambio de la salvajada, se nos augura sin prueba alguna que el equipo jugará en Europa. Olvidan que ya disputó una final continental, cuando su directiva se preocupaba por el fútbol y no sólo por el cemento.
Nadal, con la derecha
20 Noviembre 2006
Desde que Rafel Nadal aceptó un cargo en el Govern de Matas, ha aparecido alguna nubecilla en su meteórica carrera. El tenista zurdo –siniestro, literalmente– juega peor con o para la derecha. Por no exagerar, admitamos que todavía está a notable distancia de su tío, el cual comenta partidos de fútbol como si nunca hubiera practicado ese deporte. En el salvajismo invencible del campeón bisiesto de Roland Garros, ha aflorado una tímida inseguridad. El brazo se arruga un milímetro, el fenómeno se ha hecho más mallorquín. No nos alegra, tampoco nos sorprende. Perdemos todos, también quienes pretenden ordeñarle.
Nadal se ha contagiado incluso del mal perder de Matas, al llamar “estúpido” a un contrario que había cometido la imprudencia de ganarle. La debilidad ha sido olisqueada y explotada por el único rival que tiene ahora mismo el mallorquín en el circuito. Nuestro compatriota había minado la moral de Federer, que acaba de derrotarle por primera vez en sets consecutivos. En una alusión inmediata a la filiación política de su adversario, las bolas defensivas del suizo aterrizaban siempre en el rincón derecho del miembro más joven del Govern, donde es menos diestro.
Ya sabemos que Nadal se limita a defender los privilegios de un clan, pero duele verlo reducido a recambio publicitario de la Kournikova, campeona de nada que a duras penas sería capaz de situar a Mallorca en el mapa, y sólo si antes le informaran de que es una isla. No tiene por qué creernos, pero Butragueño y Ferrero sirven de precedentes de una alineación política inoportuna. La victoria de su opción parecía segura, pero fueron arrastrados por su derrota, y hoy se hace imposible imaginarlos sin el mostacho de Aznar. Hasta ahora, Nadal nos avergonzaba como mallorquines, pues atesora todas las virtudes que ignoramos. En un rasgo de humildad, desea ponerse a la altura de su tierra. Está más cerca de proclamarse el mejor tenista del mundo que de hundirse en la mediocridad de la clase política mallorquina. Quizás ha elegido la opción más dificultosa, pero también la menos recomendable.
Desconócete a ti mismo
16 Noviembre 2006
Un coche idéntico no puede hacernos iguales, sólo la introspección y demás entretenimientos espirituales garantizan la tediosa equivalencia entre los seres humanos. La homogeneización universal que deploramos no deriva de las marcas de moda, sino de nuestros ropajes interiores, con patrones calcados. En cuanto escarbamos en nuestra psique hallamos, en sucesivas excavaciones, al mismo simio y al mismo reptil, hasta llegar a la mamá ameba primordial. Desde que todos giramos obsesivamente en torno a nuestro ombligo, no hay forma de que ninguno de nosotros sea sorprendente.
Después, la psicofarmacología cosmética fumiga industrialmente las individualidades resistentes. La alegría que genera el Prozac es idéntica en todos sus usuarios, una pornosonrisa sin necesidad de fingimiento. La molécula perfora donde no llega el bisturí discursivo, indispensable en la cirugía psicoestética de las narices del alma. Ya nadie pregunta en los abrevaderos si diseñas o trabajas:
–¿Cuál es tu escritor de autoayuda?
Los seres humanos se dividen en bucayes, coelhos o losantos, uniformados de acuerdo a su gurú, las corrientes de pensamiento sustituidas por los flujos de ensimismamiento. Los caminos de perfección constituyen un manual agotador para almas desconectadas y descortezadas. No cabe alimentar la expectativa de que la burbuja animobiliaria estalle en un futuro inminente, por lo que nos limitaremos a advertir que el cerebro es el órgano del miedo, en cuanto se repliega sobre sí mismo. Cada uno de nosotros, incluso quienes se imaginan imprescindibles, traslada un mensaje esencial, que se desdibuja sin embargo al escrutarlo. Conócete a ti mismo, pero sólo si puedes afrontar el disgusto de ser exacto a cualquier otro. Si prefieres preservar unas gotas de originalidad, desconócete a ti mismo. Compórtate como el ser desportillado y desinteresado de sus entrañas que maquinó la evolución darwiniana. Olvídate de ti en el inventivo mundo exterior, ¿o por qué crees que te enfocaron los ojos hacia afuera?
‘Pazatero’
15 Noviembre 2006
Con una leve aliteración, Zapatero es Pazatero, medularmente pacífico. Y si le damos vuelta a Zapatero, nos encontramos con el lema “eta paz”. Cómo extrañarse de que un hombre, cargado con estos presagios etimológicos, se empecine en lograr simultáneamente la paz exterior –inalcanzable por definición– y la paz interior, todavía más esquiva. El presidente no ha cambiado de melodía, pero la parroquia se ha mosqueado por los tropiezos reiterados en Bono, Montilla, De Juana Chaos y Erdogan. Ahora nos negamos a compartir su ingenuidad, auscultamos cada una de sus vacilaciones, necesitamos una explicación.
El presidente sólo entiende de paz, pero el mundo se empeña en darle guerra. En los tiempos del romance, nos preguntábamos qué sabía Zapatero que nosotros ignorábamos. Hoy nos preguntamos qué ignora Zapatero que hasta nosotros sabemos. Su manía de no limitarse a predicar el bien, para extralimitarse y practicarlo, también se ha vuelto en su contra. Pazatero no sólo hace lo que dice –retirada de Irak, bodas gays, un nuevo Estatut contra la voluntad de los catalanes, la paz vasca–, sino que dice lo que hace. Contra su expansiva locuacidad, la política necesita una aureola de misterio, que en otras actividades menos bregadas llamamos mentira.
Siempre nos emocionó el patito feo que acababa transformado en George Clooney, pero somos implacables con quienes protagonizan el tránsito inverso. Al perseguir la paz en lugar de labrarse una personalidad, Pazatero olvida que la decepción será proporcional a la ilusión generada, aunque siempre insuficiente para que abracemos a Rajoy. El presidente ya ha perdido la alianza de civilizaciones por cinco a cero, porque el aliado turco se va de su país para no coincidir con el Papa. La fuga de las civilizaciones, por tanto. También el Pazatero más reciente ha aprendido a huir hacia todas partes a la vez. Gracias a que el mundo es esférico, está condenado a reencontrarse. Esperemos que no ocurra demasiado tarde.
Destrucción de baja calidad
13 Noviembre 2006
Hay consenso sobre la destrucción de Mallorca, una expresión que hace una década no nos hubiéramos atrevido a enarbolar en público. También se ha alcanzado un acuerdo en torno al negocio que esta actividad reporta a los industriales del sector. La principal innovación de la segunda era Matas no ha consistido en el nombramiento del pintoresco Rafael Nadal como conseller de Tenis –otro falso zurdo–, sino en el descubrimiento de que Mallorca es más difícil de destruir que Irak. De ahí surge el inevitable eslogan para la próxima campaña electoral del PP, “Nuestra misión no ha concluido”.
El encomiable impulso destructor está teñido, desgraciadamente, de improvisación y amateurismo. Aquí es donde los moralistas nos vemos obligados a intervenir, para exigir una calidad mínima en el vandalismo. Se está arruinando el paisaje con materiales defectuosos y con pésimos acabados. La destrucción de un paraíso es una labor demasiado seria para dejarla en manos de los constructores. Se subcontratan carreteras y puentes a firmas que no sabrían destruir ni un yacimiento arqueológico. Esta frivolidad se salda con obreros muertos y amputados, derrumbes de obras de ingeniería, una auténtica carnicería. El daño en imagen es incalculable. Ya puedo ver el titular del Bild: “Los mallorquines no saben ni destruirse a sí mismos”.
Haga caso omiso a la trompetería del Govern sobre la bondad de su devastación. Ahora mismo, y mal que nos pese, la destrucción tiene una calidad tan baja como la construcción. Hay que inculcar, a los políticos y emprendedores del ramo, que destruir bien es tan difícil como construir bien. Debido a la nefasta influencia norteamericana en nuestros usos y costumbres, en la isla se está imponiendo el estilo Katrina. El mejor ejemplo de este barroquismo intolerable es un puente elástico, desplomado recientemente en Montuïri. Sirve como parábola de una isla que no aguanta más, una perversa inducción al desfallecimiento. No debemos rendirnos, nadie dijo que acabar con Mallorca sería tarea fácil.
Scarlett Johansson, gorda
9 Noviembre 2006
Me agarro a cualquier excusa para hablar de Scoop, porque esta maravillosa película, desdeñada por la crítica, explica nuestra interminable relación de amor con Woody Allen. La pantalla se nubla cuando él no la ocupa y, de postre, Scarlett Johansson. Tras la irrupción de la actriz, advertimos en segundo lugar sus extraordinarias dotes interpretativas, que le permiten sacar petróleo de un papel sólo pespunteado. Y en primer lugar, detectamos que está gorda. La observación procede de la absorción religiosa en su cuerpo que constituye la base de la cinefilia, y que acaba de ser refrendada por Peter Brook como la esencia del trabajo de un ser humano sobre el escenario.
En un periódico catalán que no nombraremos porque es La Vanguardia, el crítico de cine localizó en Scoop a “una Scarlett Johansson tendente a la obesidad”. Por supuesto, la redacción se les inundó de cartas de protesta –”estúpido comentario”, la retahíla habitual–. A nadie puede extrañarle que un país tan obsesionado por la gula vote a un tripartito, en lugar de conformarse con un único PP como las regiones decentes. La marimorena ha obligado a terciar al defensor del lector, y a un acto de contrición del crítico en la báscula, “admito mi error”. De momento, no le cortarán las manos, porque los verdugos están muy ocupados decapitando a Ciutadans.
Hay infinitas razones para ponderar a Scarlett Johansson como gorda –la primera, que ha engordado, pero ésta nos la han prohibido–. Poner su peso en la balanza implica la constatación de que mantiene intacto su imperioso atractivo sexual en cualquier formato, ¿o usted dejaría pasar una cita con ella, a cuenta de ese detalle? Además, se cumple con la misión igualatoria de aguijonear a quien gana en un día lo que nosotros en varios años, y a cambio de trabajar menos que nosotros en una hora. Lo sentimos por la Santa Inquisición, que además no ha visto Scoop porque se halla muy ocupada sopesando a disidentes, pero seguiremos adorando a la obesa Scarlett Johansson y a la esquelética Keira Knightley.
Ensaimadas islamistas
8 Noviembre 2006
Dado que el atentado de Al Qaeda en España tuvo lugar en trenes, se han extremado las medidas de histeria burocrática en los aviones, tan parecidos a una locomotora. La autoridad, adiestrada en el maniqueísmo inalterable sólido/líquido, no contempló en su celo la complejidad semisólida o semilíquida de la ensaimada. Hubo que convocar a toda prisa una cumbre de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado durante la cual, en vez de dedicarse a perseguir las células islamistas que florecen en Balears, se efectuó un estudio de tecnología de materiales sobre la solidez de los rellenos de la ensaimada y la sobrasada. El peritaje definitivo correspondió a los expertos en ácido bórico, otra sustancia de notable labilidad.
En las informaciones al respecto, no ha trascendido si el debate teórico fue complementado por una degustación in situ, con objeto de comprobar empíricamente el grado de solidez del producto nacional bruto de Mallorca. Una corriente discrepante considera más peligrosa como arma la ensaimada endurecida. Manejado con la suficiente energía y pericia, este artefacto puede provocar una escabechina entre la tripulación y el pasaje, afirman los especialistas. A fin de resolver la cuestión, se convocará un congreso internacional para unificar posturas, bajo el lema “La ensaimada islamista, una inesperada incorporación al arsenal del terror”. Los miles de funcionarios participantes se alojarán durante una semana en un hotel de lujo, mientras los futuros terroristas aprenden a montar ingenios nucleares por Internet.
La ensaimada islamista garantiza la incorporación de Mallorca al mapa del terror en igualdad de condiciones, una vez que ha fracasado el intento de demostrar que más de un municipio insular no tenía nada que envidiar a Marbella. Los reposteros trabajan ya en la confección de la ensaimada explosiva. Su poder detonador será regulado por ley, para que al estallar sólo provoque la pérdida de la dentadura, sin afectar a las vísceras mayores. Nunca hemos estado tan seguros. De estar equivocados.
Escribir afecta
6 Noviembre 2006
¿Afecta lo que escribo a mi estado de ánimo hasta definirlo, o afecta mi estado de ánimo a lo que escribo hasta definirlo? Tengo una ventaja para resolver esa incógnita, y es que yo no escribo. Quiero decir, si este rectángulo no estuviera vacío, y tú no estuvieras del otro lado exigiendo desde el escepticismo un mínimo de cortesía, ni por asomo se me ocurriría emborronar una pantalla. He escrito industrialmente más que nadie, pero nunca lo hice sin un objetivo. Aunque fuera el propósito más inocente, engañar a alguien con palabras de amor.
Abrazo la lectura, pero la escritura siempre me parece ajena –si me leo, vulnero el tabú más perverso–. Cualquier cosa antes que escribir. Salvo para ti, claro. Soy el menos voluntarioso y el más disciplinado de los escribanos. Sin embargo, confieso avergonzado que ha habido días en que mi espíritu se henchía conforme las palabras aparecían en la pantalla –me parece obsceno confirmarte si hoy es uno de ellos–. Los resultados del tecleo no eran mejores ni peores que otras veces, y tú todavía no estabas aquí para juzgarme implacable, por lo que debo concluir que el hecho de escribir infecta mi estado de ánimo hasta definirlo. Y me cuesta que sea así, preferiría como buen paranoico asumir el control absoluto, y no adjudicar tal capacidad de influencia a unas líneas bastardas. En suma, rehúyo la escritura porque me domina.
Hoy se publica hasta el mínimo estadillo o estallido de ánimo, basta con volcarlo en la red. Pocas veces se pudo verificar con mayor exactitud, y decepción, la esterilidad de la libertad desorientada. Lo grave no es lo malo que escribimos la mayoría, sino que la minoría con calidad también escribe mal, para escribir más. No me importa, yo no escribo. Al hilo de mi descubrimiento, recomiendo a quienes se sientan angustiados que escriban, pero yo no pienso hacerlo. Esta incongruencia se extiende a todas mis recomendaciones, y curiosamente las refuerza. ¿O no has visto en qué situación me encuentro por no hacerme caso?
Las catalanas en Balears
4 Noviembre 2006
De las elecciones catalanas no se desprende ninguna enseñanza para Balears, pero este inconveniente jamás frenó a un columnista emprendedor. La extrapolación sería inmediata si el PP local obtuviera seis diputados, por veinte de UM. Este resultado horrorizaría a nuestra exquisita izquierda de salón, que prefiere a los conservadores puros antes que a Munar –gracias a ese onanismo progresista, los populares gobiernan la comunidad desde hace un cuarto de siglo–. En todo caso, a nadie le molestaría más un crecimiento hiperbólico que a la dueña del partido mallorquín. Su excelente rentabilización del poder requiere tres escaños, uno más sería impertinente.
Cataluña confirma que el electorado aborrece las mayorías absolutas. La precariedad del gobernante es un paliativo contra la cleptocracia, oxigena las habitaciones llenas de humo donde se recalifica el futuro de una sociedad. Balears también deberá elegir entre la destrucción a mansalva y la parálisis del Govern a tiempo compartido. Y aunque lo identitario se bate aquí en retroceso desde hace años, las elecciones a la Generalitat confirman que el fin del nacionalismo, en su vertiente religiosa, coincide con el referéndum del Estatut catalán, ese texto a la vez copiado y recurrido por el PP balear. Incluso la independencia deberá plantearse en adelante desde perspectivas más pragmáticas que programáticas.
La aparición a contrapié de los Ciudadanes supone paradójicamente un mensaje de esperanza para el Bloc –que la izquierda exquisita desea apuñalar antes de que empiece a andar–. Los desafectos que se oponen a la hegemonía bipartidista disponen de inesperados huecos radicales, en una audiencia que ha aprendido a fragmentarse siguiendo el ejemplo de Internet. En Cataluña se confirma además un axioma que sirve para las geografías más exóticas, incluida la balear. Si quieres un buen resultado, búscate un buen candidato, porque la similitud más ostensible entre las elecciones de allá y las de acá se centra en los perfiles dolientes de Montilla y Antich.
Mallorca como vertedero
1 Noviembre 2006
Las metáforas estallan sugerentes, así que empezaremos por precisar que el titular debe ajustarse a su literalidad. Es decir, hablamos de Mallorca como depósito caótico de escombros, metales exangües, plásticos oxidados, líquidos maltratados y gases malolientes. No entraremos en el papel de la isla como vertedero de residuos morales, que tenemos sobradamente documentado en valiosas contribuciones anteriores. Llamamos progreso a la posibilidad de calcular la suciedad hasta la micronésima, para concluir después que somos incapaces de eliminarla. Lo mismo ocurre con el urbanismo, pero recuerden que nos gusta llorar sin remedio.
Retirar la suciedad obliga a ensuciar más –así lo dictamina la entropía–, por lo que hay un germen de nobleza en los altruistas que se empeñan en esparcirla democráticamente por toda la isla. En nuestra mejor tradición, los contrabandistas de tabaco se han pasado al mercado negro de los escombros, que asfixia los pulmones colectivos. Al igual que sucedía con los estraperlistas, todo el mundo sabe dónde se hallan los vertederos pirata, lo cual demuestra que no existe el mínimo interés por perseguirlos.
Habría que promocionar los vertidos como atractivo turístico –¿qué tal un intercambio sexual de residuos?–, exportar la basura y venderse al mundo como la sociedad que en su actual caída libre no puede sobrevivir ni un par de décadas. Convertir la destrucción del paraíso en un negocio no requiere una sabiduría especial. Ahora bien, extraer beneficios del ensuciamiento que se hace pasar por limpieza, es una habilidad al alcance de escasas civilizaciones. Piense usted en la contradicción, y en la fortuna, de que le abonaran un euro cada vez que arroja una colilla por la ventana del coche. En eso consisten los vertidos ilegales, en emponzoñar hasta lo más hondo una isla sin ecología, que deja la escoria en manos de la escoria y amanece a diario preguntándose cuántas personas se necesitan para hacer la vida imposible a un millón de ellas. Menos de las que parece. Inclúyame fuera.
