Chivatazo en Santa Margalida
30 Enero 2007
Desde los tiempos inmemoriales del túnel de Sòller, el PP balear ha afrontado la corrupción en la certeza de que siempre llegaría la instancia judicial donde todo habría prescrito, o donde nada habría tenido lugar. La intervención en Andratx supone la quiebra de la impunidad, de ahí que Miquel Ramis se quejara de que los detenidos en aquella operación fueran tratados en proporción a sus presuntos delitos. Los privilegios –leyes privadas– imperantes hasta la fecha descartaban la detención, que jamás se había producido.
Al día siguiente del comienzo del caso Andratx, ya indicamos que se había producido un chivatazo, que daría mucho que hablar. En Santa Margalida ha ocurrido lo mismo, y por idéntico conducto. En el primero de los municipios, la certeza que Matas y Rodríguez tenían de lo que iba a ocurrirle a Hidalgo no causó la dimisión del segundo, sino el reforzamiento de sus lazos con el presidente y el conseller. El PP todavía confiaba a ciegas en su inmunidad. Curado de la miopía, ha liquidado a Del Olmo antes de que se popularizaran sus manejos.
“Hidalgo echa a Del Olmo” sería otro titular posible de este artículo. Para la antología del disparate y la pomposidad, el primero de ellos proclamó en su día que “yo no tengo cintas grabadas, como el alcalde de Santa Margalida”. Y si no hay unos hechos que fundamentan las acciones de la justicia, ¿qué pánico infundado justifica la destitución? Por no hablar de la irrupción de un nuevo medio. En la era clásica, a Matas le bastaba con comprarse un par de periódicos con nuestro dinero, y el silencio –cuando no el apoyo a su inmaculada inocencia incorrupta– estaba garantizado. Hoy, la voz de Del Olmo, o de un señor que se le parece muchísimo, recita en Internet un auténtico vademécum de la corrupción, para jolgorio de la ciudadanía que prefiere que las esencias del funcionamiento de las instituciones le llegue sin mediatizar. Los conservadores respirarán tranquilos si destituyen a otra docena de alcaldes. A continuación serán recolocados en cargos públicos, para que sigan a lo suyo.
Coces precoces
26 Enero 2007
En un mismo día, sin salir de esta semana, las portadas andaban recubiertas por enfrentamientos juveniles en Alcorcón –tan juveniles que algunos líderes tienen doce años, apenas recuerdan a Aznar–, lobeznos proetarras que también cocean precoces –Franco es para ellos una postal en sepia–, por estar convencidos de que la libertad es una geografía incendiada, y hasta un turco de 17 años –nace al noventa, sólo conoce el siglo XXI– que asesina a un periodista porque ofende a su país. Ahora viene cuando les prohíbo humildemente que pronuncien en mi presencia las palabras marginación, desarraigo, inadaptación y demás pamplinas. No nos hagamos reír. Son las generaciones más privilegiadas desde el big bang. Sus mayores, hasta los cincuenta años y aún más, desconocemos el significado de la palabra opresión, porque andamos demasiado ocupados divirtiéndonos. Ellos, ni les cuento.
Hay algo peor que el autoodio, el odio a los demás para ocultarlo. Por lo visto, ese reflejo se adquiere temprano. Sus inoculados ni siquiera pretenden la emancipación. Participan con entusiasmo de la cretinización de las masas, y todos ellos –todos nosotros– aplazan el acero y el fuego para contemplar el partido correspondiente del Mundial de fútbol. Delante de las cámaras se quejarán, claro, de que no pueden estudiar Derecho en Harvard pero, si se les propone esa opción, prefieren una plaza de disc jockey y llorarse la discriminación. Qué difícil es vivir sin el status de víctima.
El amor a otra persona tampoco ampararía la locura adolescente o sin edad pero, encima, apuñalan o incendian en defensa de la identidad. Ni los científicos más evolucionados pueden precisar ese concepto, más allá de emparentarlo con los primates. Hoy les hemos adjuntado las pruebas de que el hombre desciende del mono en todos los sentidos. Queda claro que ha heredado sus atributos íntegros y su bajo centro de gravedad. (Con perdón para los simios que esto lean, pues son mucho más letrados que los restantes protagonistas de la columna).
Penelópez
24 Enero 2007
Para opinar sobre una película, en ocasiones conviene haberla visto. Si se trata de Volver, también ayuda haberla olvidado. De todas formas, la mayoría de los presentes no la deglutirán hasta que se fragmente en formato miniserie, insertada como intermedio de doscientos anuncios por una televisión comercial. Es la exhibición que más justicia le hace porque, pese al esfuerzo de la crítica anglosajona, Hollywood no se ha dejado tomar el pelo por esta sitcom. Penélope Cruz es lo único interesante en la revisión de la España cañí, por lo que ha sido nominada para embellecer la victoria en los Oscars de Helen Mirren, a quien imita Isabel II en sus comparecencias públicas.
Almodóvar ha comprobado que una película sólo puede tener una diva. El cineasta exhaló un bello manifiesto, según el cual prefería la nominación de Penélope a la propia, lástima que lo dijera cuando ya no había disyuntiva. Tendrían que haber enviado a los Oscars a Alatriste, una descacharrante comedia, pero hemos venido a cantar a nuestra actriz. Los más ignorantes han destacado que ha logrado el reconocimiento pese a ser española, cuando en realidad sólo lo ha alcanzado porque hace de española. Su triunfo con Volver confirma que le cuesta actuar y hablar inglés al mismo tiempo. Es Penélopez, y en el otro idioma sólo tiene un registro, “¿qué son esas cosas que salen de mi boca?”. No se pierda la experiencia, equivale a contemplar a Viggo Mortensen vocalizando como un español del siglo XVII. Antes de Cristo.
Sofía Loren –a quien calca Penélopez en Volver– también era grande únicamente en italiano, y Hollywood sólo le sirvió para sugerir amoríos con Cary Grant. Nuestra compatriota compartió el error, pero todo se encarrila. Tom Cruise se ha casado con una actriz peor que ella, y se separó de otro novio cuando debieron sugerirle que no le convenía una pareja que compitiera con ella en pectorales. Interpreta al estereotipo que tienen los americanos de la racial mujer española, pero esos depravados prefieren la disciplina inglesa.
Un cargo para Rodríguez
22 Enero 2007
Aberración psicológica del periodista: Al escribir los apellidos Hidalgo o Rodríguez, y dado que aparecen siempre emparejados, he de reflexionar un instante para saber si me refiero al ex alcalde o al todavía conseller. Hasta el momento no he cometido errores de bulto en la identificación –¿Rodríguez es alcalde o conseller?–, y esta destreza en la sutileza nominal impide que mi puesto de trabajo sea subcontratado a un país del Tercer Mundo, por una fracción de mi sueldo. Gracias a que Hidalgo/Rodríguez funciona como una hermandad indisoluble, ustedes se pierden la implacable ironía nigeriana.
A pesar de la inminente mayoría arrebatadora del PP, será difícil renovar a Rodríguez –¿o es Hidalgo?– en la conselleria. Sin embargo, su vinculación con el caso Andratx obliga a encontrarle un cargo paralelo. Maria Antònia Munar ha acudido en su auxilio. Cuando la presidenta del Consell Inmobiliario de Mallorca propuso la creación de un superfluo Defensor del Territorio, todos pensamos que debía quedar un militante de UM sin salario público. Sin embargo, el candidato ideal para la prelatura de nueva creación es el conseller. Desde esa oficina, Rodríguez –¿o es Hidalgo?– podrá poner en práctica las enseñanzas de sus largas conversaciones con Hidalgo –¿o es Rodríguez?–.
La futura designación como Defensor del Territorio explica la votación de ayer en el Consell. La institución aprobó, como paso previo, que nuestro protagonista abandone la conselleria. A lo largo del caso Andratx, Rodríguez –en el supuesto de que estemos hablando de él, y no del otro– ha demostrado un conocimiento exhaustivo de las acciones de la Justicia en materia de urbanismo. Cuando era necesaria una alcaldada, avisar a un detenido o diseñar una estrategia para liberarlo, allí estaba él como experto, una mezcla de arquitecto, abogado y celador montando una celada. Nadie ha defendido su territorio, y el de Hidalgo, como Rodríguez. Con su nombramiento, no podrá dormir tranquilo ningún infractor urbanístico de un partido distinto al PP.
Ecuatorianos
19 Enero 2007
Los pueblos de Iberia han encontrado finalmente una bandera rojigualda bajo la que caminar juntos sin resquemores. Con el añadido de una franja azul, el pabellón de Ecuador se ha convertido en la enseña unánime desde el 30 de diciembre. El Pacto Antiterrorista se firmaría con más facilidad en Quito que en Madrid. La ecuatorización de la política ha resuelto el dique periodísticamente correcto que impedía adjuntar la nacionalidad de la víctima o perpetrador de un acto criminal, cuando la lista de preguntas esenciales que se hace el lector apuntan al sexo, procedencia y edad de los afectados. Ecuatoriano es hoy la palabra más frecuente en la prensa, el veinte por ciento de su presencia en Google está ligada al atentado de la T4. La xenofilia también puede ser xenofóbica.
Llamamos español a cualquier persona que enarbola una bandera ecuatoriana. Días antes de que ETA asesinara a dos nativos de ese país, uno de sus compatriotas ya fue agraciado en la lotería navideña pese a que uno de sus hijos se llama Estalin, el patronímico más determinista que cabe imaginarse. El apagado Zapatero aseguró en el Congreso que los ecuatorianos tienen derecho a la felicidad “como cualquiera de nuestros ciudadanos”. Las precisiones innecesarias –”te deseo que estés vivo”– son las más hirientes. Rajoy sólo mencionó a los fallecidos de pasada, y suerte tuvieron de no llevarse alguno de los pescozones destinados a Zapatero.
El mayor de los folklorismos se llama solidaridad. Los ecuatorianos deberían preocuparse por no ser tan ecuatorianos porque, a fuerza de profesionalizar su procedencia, pueden acabar pareciendo alemanes, sojuzgados por su geografía. Hoy les asalta una falsa sensación de poder. O peor, de igualdad. Si son tan queridos, es porque se les considera inofensivos. Los mallorquines estamos acostumbrados a que los madrileños nos traten como a ecuatorianos, del uno de julio al 30 de agosto. Somos ecuatorianos transitorios, el adjetivo más apropiado para cualquier nacionalidad.
El ministro hace Justicia
17 Enero 2007
El Estado tiene que dialogar con los neandertales de ETA y con los medievales saudíes –país desde el que se financió el terrorismo de Al Qaeda–. El tinglado mediático presume de flexibilidad y versatilidad, pero el lunes respetó la agenda carpetovetónica del pleno del Congreso, cuando la noticia más importante para el país mostraba a un ministro del Gobierno plantándose ante los integristas de Arabia. No pretendo camuflar la desorientación de Zapatero. Al contraponer la dignidad de la mujer al suministro de gasolinas –poniendo en peligro los todoterrenos de nuestros ecologistas–, el gesto de López Aguilar supone para el Gobierno un contratiempo mayor que la amenaza terrorista.
A nadie le extraña que Bush permita a miembros de la dinastía Bin Laden que abandonen Estados Unidos al día siguiente del 11-S, que Blair suspenda una investigación de sobornos a la familia real saudí para no cortar el chorro, o que el Rey vuele a Alemania para contemplar el apasionante Arabia-España del Mundial. A falta de saber cómo hubiera reaccionado una ministra Vogue, negarse a un acto universitario donde no se permitía la entrada de las periodistas es hacer Justicia, por encima de los intereses de un Gobierno siempre cobarde –Couso, CIA–. López Aguilar también ha dado una lección a las feministas, tan machistas en cuanto se traspasa la frontera de Palestina. La solidaridad, con burka entra.
La última vez que nos vimos, noté apagado a López Aguilar, afectado por el desconsuelo de quien ha sido obligado a abandonar el cargo. Su doliente condición de saliente será esgrimida para denigrar su arrebato de decencia. Los reproches surgirán de la izquierda, de los bonos, moratinos y alonsos que doblaron el espinazo galantemente ante Rumsfeld, y que hubieran encontrado las palabras más dulces para justificar, ante las periodistas, las razones de Estado que obligaban a continuar con el programa sin ellas. A diferencia de sus colegas, el ministro de Justicia no entrará en el cielo de Mahoma pero, quién querría compartir toda una eternidad con gente así.
Rajoy quiere guerra
15 Enero 2007
En Madrid pegas una patada y brotan doscientos mil manifestantes, por lo que nos concentraremos en el protagonista indirecto del estrépito. En Zapatero, prácticamente enmudecido en la sesión extraordinaria de ayer, y que sigue siendo el español más afectado por los últimos asesinatos de ETA. Frente a su excesiva sensibilidad, el atentado ha infundido nuevos bríos a Rajoy. Rejuvenecido, la paz le parece una cobardía. Quiere guerra –contra el terror, contra la izquierda, contra quien sea– y, si alzó el tono por encima de lo recomendable, fue porque su histrionismo no desataba una beligerancia recíproca. Su interlocutor callaba porque está convaleciente de melancolía.
Los insultos desaforados de Rajoy a Zapatero no pretenden airear sus fallos, sino que olvidemos el pecado original del candidato conservador, a veces llamado José María Aznar. Con este líder visionario en La Moncloa, y con su sucesor de ministro del Interior, el terrorismo se cobró en España tres centenares de vidas humanas, más que en cualquier otro país europeo. El hoy presidente del Gobierno nunca cuestionó la política antiterrorista, ni ninguna otra. Sus fieles le reprochaban falta de combatividad, aunque hoy puede replicarles que debe a ese silencio su cargo actual.
Zapatero no podía vencer ayer aunque convenciera. Si Rajoy no pensaba detenerse ni ante la frase “los hechos, hasta debajo de la manta hacen bulto” –cuando uno de los ecuatorianos asesinados se hallaba en efecto bajo un cobertor–, difícilmente podría neutralizar su furia de lector embravecido del último Alatriste. Obsesionado por consolidar a sus radicales, exige al presidente las virtudes que el PP desdeñó en el poder. Cuando el rival accede, lo insulta por blando. El presidente se limita a recular, como ese proceso cuyo reloj siempre atrasaba, por lo que cabe hablar del retroceso de paz. Zapatero habrá aprendido que gobernar no consiste en hacer bien las cosas, sino en reaccionar con acierto ante las cosas que salen mal. En lugar de empeorarlas, como es su caso doliente.
Rodríguez ya entiende Bitel
11 Enero 2007
En ejemplar sentencia, la Audiencia de Palma decidió que las comunicaciones de la oposición podían ser desviadas al despacho de Jaime Matas y leídas allí sin delito, dado que correspondían al ámbito de la “Administración pública”. El Supremo añadió la ilegitimidad y sinvergonzonería del espionaje perpetrado por el Consolat en el caso Bitel, peros los valores éticos preocupan en el Govern menos que un catarro. El desprecio hacia el espiado Francesc Quetglas, que el president prolongó más allá de la muerte del diputado socialista, fue la única reacción del PP frente al escándalo.
Mutatis mutandis –no despreciemos un toque culto–, las comunicaciones de José María Rodríguez han sido ahora necesariamente intervenidas por orden judicial, después de que el conseller avisara a Hidalgo de su detención con el explícito “la información es que sería hoy”. El Govern en pleno se alarma ante la investigación, y exterioriza su conmovedora sensibilidad ante la divulgación de las conversaciones de un político. Bastaría adjuntarles la magistral sentencia, pero hay más. Matas y compañía destacan que las llamadas interceptadas con todas las garantías, no como en Bitel, se hicieron desde el teléfono “oficial”, pero que son “privadas”. Curiosa utilización de los caudales públicos, amén de confirmación de que pagamos las comunicaciones íntimas y su control policial. El precio de la lucha contra la corrupción supera al precio de la corrupción.
Los derechos de Rodríguez como ser humano, en el mejor sentido de la palabra, son inalienables, además de infinitamente más relevantes que la intimidad de un maldito rojo. Por otra parte, y conociendo al personaje, preferimos no conocer las conversaciones del conseller, bastante avergonzados estamos con lo que ya sabemos de su participación en el caso Andratx. Además, nos parece tan escandaloso intervenir las comunicaciones de un miembro del Govern, como impedir que desde la sede del Govern se intervengan las comunicaciones de la oposición. Adónde vamos a parar.
La víctima se desnuda
10 Enero 2007
La gran ilusión de Ana María Ríos estribaba en posar desnuda para Interviú, aunque fuera cobrando. Para lograrlo, tuvo que ser detenida por la policía mexicana, internada después en una “sucia cárcel”. Hay artistas y escritores que llegarían más lejos para colmar su ambición, el exhibicionismo de la peluquera gallega tampoco es más falso que la caridad de Angelina Jolie. Sin embargo, ella fue liberada entre el clamor de efusiones multitudinarias, que suscitaban adhesiones unánimes. Si alguien se hubiera desentendido del espectáculo, habría sido lapidado. Las ventas de la revista se cimentan en aquella corriente de solidaridad, explotada ahora comercialmente.
“Peluquera desnuda” –o “periodista desnudo”– no alborota el quiosco. “Víctima desnuda” es un afrodisiaco. ¿Por qué sólo el posado libera nuestra ironía? Ser víctima ayuda a triunfar, y Ríos encontrará un precio justo para sus vicisitudes sentimentales, un escaño en Dolce Vita, un hueco en Gran Hermano. Ha empezado su particular calvario, ya pueden montar manifestaciones masivas para rescatarla de otro infierno carcelario. Tras su martirio circunstancial, la ahora agraciada pretende investir paradójicamente su desnudo de la misma virtuosidad que intentaron profanar las autoridades mexicanas. Metida en retóricas, prefiere exhibirse desnuda que esposada, una interesante disquisición sobre una sociedad que sigue juzgando con más severidad al sexo que a la violencia.
Bienvenido el reportaje, si nos libera de la tiranía de las víctimas –o de los exhibicionistas disfrazados de tales–, que exigen dedicación exclusiva porque es la única manera de rentabilizar posteriormente su desgracia. Su voracidad nos despista de personas dolientes que necesitan más atención, pero no gritan, sino que sobrellevan o sonríen. Qué descorazonadora resulta la falta de corazón de algunas víctimas. Desorienta comprobar que hasta los más desgraciados se rigen por los mismos instintos que nosotros. Si es que queda alguien ajeno a uno de los infinitos victimarios vigentes.
Google apesta
8 Enero 2007
La ventaja de llamar imbécil a alguien en estos tiempos es que lo será por toda la eternidad, gracias a Google. Perecerá el autor del insulto, desaparecerá en buena lógica su destinatario, pero la sentencia de imbecilidad perdurará en los archivos de Internet. Cada vez que sea recabado el nombre del ultrajado, surgirá orlado por un categórico “Fulano de Tal, perfecto imbécil”. Quienes somos imbéciles a los ojos del buscador –y deseados demasiado esporádicamente por alguna ser humana que en él bucea–, le agradecemos la meticulosidad en consignar nuestras carencias. Sin embargo, en un día ocioso nos atrevimos a preguntarnos si la fenomenal empresa era igual de quisquillosa al husmear la autocrítica.
Cuando encontramos los insultos que recibimos en Google, es Google quien nos insulta, olviden la cháchara legal. Pagamos con la misma moneda, para encontrar sólo dos menciones de “Google es basura” –67 para el equivalente “Google is shit”–. El categórico “Google apesta” asciende a 96 citas –”Google sucks” alcanza las 33.400–. Si tenemos en cuenta que la palabra Google aparece 866 millones de veces en Google, ¿todas las otras referencias son elogiosas? Sólo un osado se atreve a concluir que “Google es peor que Microsoft”, lo cual en la red supone un insulto más grave que aludir a la filiación materna.
Enfrascados en nuestro experimento, hemos buscado a los fundadores de Google, los juveniles Larry Page y Sergey Brin. Cada uno alcanza idéntico número de menciones, un millón. ¿En cuántos de estos dos millones de referencias se afirma que son mentirosos, o necios, o que apestan? En una, y no muy claramente. Es decir, varios miles de veces menos que su seguro servidor. Ni Scarlett Johansson suscita en Google la unanimidad entusiasta que despiertan los creadores de Google. ¿Habré descubierto una censura relevante, o sólo una empresa perfecta? Si la tecnología te insulta pero no se insulta, será porque ha adquirido ya el rasgo fundamental de la dimensión humana. La autoindulgencia.
‘Babel’ es sólo una excusa
4 Enero 2007
Sin demasiada cita previa, Babel se ha erigido en la romería laica de las Navidades. Colas en las taquillas y fervor ante la versión original, a cargo de espectadores que no necesariamente van a adorar al niño Brad Pitt, primogénito de Angelina Jolie. No desvariemos, pero admito que esta película me inflama. No deseo restarle ni un espectador al enclenque enfermo cinematográfico, pero tampoco me resigno a callar ante una estafa presuntamente multiculturalista y solidaria. Contemple usted el belén híbrido, ya que le apetece. Necesito su colaboración para que desmonte a la salida mis argumentos en contra de la película. Si se atreve.
Alejandro González Iñárritu es uno de esos almodóvares o almogávares que se inventan periódicamente los pasolinis, para justificar su idolatría. Con dos transplantes de corazón en una sola película –21 gramos–, se hizo con el récord mundial de la historia del cine. En Babel ha batido la marca de personajes llorando en primerísimos planos. Después de haber infectado la novela contemporánea, las secuelas de García Márquez arrasan en tedio lacrimógeno al cine iberoamericano. El director ha pretendido demostrar que “las fronteras están dentro de nosotros”. Entre la longitud de esa frase y los 142 minutos de Babel distan 141 minutos y 50 segundos, que no ha sabido rellenar. Sólo falta Stevie Wonder cantándose algo mestizo.
La ramificación japonesa es absurda –¿por qué no se sigue la peripecia del dueño del autobús?–, no se entienden ni el disparo ni la espiral mediática. El verdadero mensaje hermanador de Babel reza que Brad Pitt no da la felicidad. Su escena inicial junto a Cate Blanchett –quién la pillara– es el único momento brillante. Cuando ella le pregunta “¿Qué estamos haciendo aquí?”, el espectador se siente inundado de solidaridad. Me quedo con el amor más acá de la muerte de El ilusionista, la joya de la temporada. Prefiero incluso El perfume. Reconozco tan sólo que cualquier excusa es buena para recuperar el vicio de la sala oscura. Babel es sólo una excusa.
Nuestro primer millón
3 Enero 2007
Llamamos mallorquín a quien no entiende que haya gente que pueda vivir en otro sitio. Desdeñada inicialmente como una simple peculiaridad administrativa, esa condición ha degenerado en una enfermedad endémica. El efecto multiplicador hace que cada vez haya más personas que no le ven sentido a vivir en otro sitio, con los cual este sitio se hace progresivamente inhabitable. Balears en su conjunto –Menorca y Eivissa sufren patologías similares, pero me quedan un poco lejos para aplicarles este documentado estudio– ha superado el listón del millón de residentes. Mallorca tiene la población del conjunto del archipiélago hace siete años, por lo que alcanzará su propia cifra millonaria a corto plazo, y los dos millones antes de la mitad del siglo.
La descongestión de Mallorca exigirá persuadir, a quienes la consideran ineludible, de que su presunción resulta errónea. Sin embargo, desde el mismo aeropuerto hay inmensos cartelones con el objetivo contrario, un canto entusiasta a los valores insulares. No hay que encarecer a la isla en el extranjero, sino viceversa. La promoción exterior debe reorientarse como promoción del exterior en Mallorca. En Son Sant Joan hay que insertar vallas con un desafiante “¿Qué diablos hace usted aquí, por qué no ha volado a Córcega?”
Ya que la contratación de Michael Douglas –a quien venimos de pagar sus 600 mil pesetas diarias– ha tenido una influencia insignificante en el flujo de entradas, quizás pueda contribuir a acelerar las salidas, y retrasar unos años nuestro segundo millón. Bastaría retratar al actor en actitud retadora –su único registro dramático–, y titular “Michael Douglas consigue que 30 mil mallorquines se instalen en Botswana”. Incluso se podría ampliar su disponibilidad, invitándole a realizar una campaña casa por casa, aterrorizando a los niños. Aparte de diseñar eslóganes como “Mallorca, la isla donde puedes cruzarte con Ana Obregón”, para atizar la estampida. Bien mirado, no entiendo cómo hemos aguantado aquí tanto tiempo.
Corruptamente íntegros
1 Enero 2007
La investigación del caso Andratx contabiliza un centenar de chalets desparramados por espacios naturales que no admitían ese sarpullido, un obstáculo solventado gracias a las malas artes de la trama. Al margen del atentado medioambiental, cada una de esas “viviendas unifamiliares” multiplica en precio a los 50 millones de pesetas del soborno del Túnel de Sóller, dicho sea en honor de quienes aseguran que el escándalo en curso no tiene excesivo calado. Además de un precio y de un porcentaje, cada vivienda tiene también un propietario individualizado, cuya nómina motiva nuestro asombro de hoy.
En la lista de “casos” o casas enumerados por la fiscalía, no sorprende la presencia de un nutrido elenco autóctono, demostrativo de que los mallorquines dominan las reglas imperantes –y el precio consiguiente– a la hora de ejercitar el fulanismo urbanístico. Sobran ejemplos de que, en Mallorca, ejercer de corrupto o corruptor depende exclusivamente de un azaroso reparto de papeles intercambiables. Los códigos están perfectamente pulimentados, y nadie se escandaliza a condición de que se opere con la discreción que exige nuestra idiosincrasia.
Ahora bien, en la relación de desaguisados figura un importante retén de súbditos extranjeros, mayoritariamente alemanes y británicos. Se pasarán cien años en la isla, chapurreando apenas nuestros idiomas secundarios –castellano, catalán–, pero enseguida aprendieron los cuotas y resquicios del sistema legal, que permiten que todo suelo sea urbanizado aunque no sea urbanizable. Del arribo al arrimo, se documentaron sobre los horarios nocturnos en que el ayuntamiento de Andratx funcionaba como un club de conseguidores. Enlazados con los linajes categóricamente autóctonos, demuestran que la corrupción es una herramienta de hermanamiento de los pueblos, a menudo menospreciada por quienes sólo contemplan la integración en términos de ball de bot. Ladies und Herren corruptamente íntegros del sumario, no se dejen humillar. Son ustedes tan mallorquines como el que más.
