Estarás se regenera éticamente
29 Marzo 2007
Rosa Estarás presentó al Parlament, con su firma, la documentación del viaje a Moscú de Matas, que incluía como gastos oficiales las facturas del prostíbulo Rasputín. Estarás se hallaba al frente de la empresa Bitel, cuando se desviaron al Consolat de Matas los correos urbanísticos del Consell en manos de la oposición, una maniobra que el Tribunal Supremo consideró “inmoral” e “ilegítima”. Estarás era la destinataria personal de los informes de Operación Mapau, de captación de votos de emigrantes para el PP con fondos públicos, que el fiscal jefe del Supremo calificó de “éticamente reprochable”, y por la que tres magistrados del Tribunal Superior de Balears creen que la vicepresidenta debió declarar como imputada.
Con este pedigrí, a nadie le extrañará que, en cuanto Matas ha degradado a Estarás como aspirante a la presidencia de Mallorca que a él le repugna, la candidata promueva la regeneración ética. La suya, es de suponer. Sin duda, la aplicación de sus criterios morales en el Consell nos hará olvidar los grandes éxitos de Munar. Se podría alegar que la vicepresidenta ignora el significado de la expresión “regeneración ética”, pero eso no sirve de excusa para dejar una pistola en manos de un niño. Sólo cabe precisar que, si la Guardia Civil no lo remedia, Estarás hubiera desarrollado la limpieza de la mano de Eugenio Hidalgo y de Rodríguez.
Al acusar al Consell de degeneración, Estarás incluye por fuerza al partido mayoritario en esa institución. Así, llama degenerados a los 16 consellers de su partido que han votado religiosamente durante cuatro años a Munar, y que quedarán lógicamente excluidos de cualquier futuro político. Lo mismo cabe decir para s’Institut, repartidora engranada en el Consell y cuyo responsable es curiosamente el jefe de campaña de la vicepresidenta. Los votantes deberán decidir cuánto costará regenerar éticamente a una candidata así, y si en el interín no procederá confiarse a alguien menos empeñado en purificarse. Por fortuna, cada vez es más difícil engañar a los mallorquines desengañados.
Poca fe, Zapatero
28 Marzo 2007
Nuestros vecinos españoles –en su gala televisiva del martes, Zapatero circunscribió la España no peninsular a Ceuta, Melilla y Canarias– andan alborotados por una sobredosis de cafeína. Es la droga más barata que existe, pero en Tengo cien preguntas para usted el presidente erró por defecto, como cuando estaba en la oposición y siempre se quedaba corto de café. En Mallorca, 80 céntimos la taza suena a broma, porque aquí todo cuesta el doble. Los billetes de 500 euros fueron creados para abarcar los precios locales, y no es raro que vivamos en la geografía donde más abundan, un papel ideal para pagar el mobiliario de mansiones y palacetes. Hasta la corrupción sale más cara en la isla, como sabe cualquiera que haya intentado comprarse un político.
Si logras reunir 80 céntimos en Mallorca, los tiras, porque no te pagan ni una alcachofa. Con todo, la deficiente estimación del precio del café puede ocasionar una manifestación sabatina del PP, un millón de convocados al grito de “Zapatero, hombre de poca fe”, “Presidente, cafre con leche” y “Por un comercio justo, cumplimiento íntegro de los precios”. A fin de evitar traspiés, Rajoy exigirá que los cien interrogadores de su programa sean mallorquines, para garantizarse un 96 por ciento de preguntas favorables.
El político más sedante ha sido derrotado por un excitante. La conmoción no demuestra que la población controla sus gastos hasta el punto de conocer al céntimo el precio de un café, sino que sólo controlamos el precio de un café que podemos pagar. Simultáneamente, nos atrevemos a contratar hipotecas de centenares de miles de euros, de los que jamás dispondremos. Con un patinazo sobre los cafetales, el presidente ha desactivado temporalmente la tormenta caída sobre Otegi y De Juana. Zapatero necesita explotar su lado humano para gobernar, Rajoy ha de disimular que carece de humanidad para llegar a La Moncloa. Una vez completado el ciclo de líderes políticos, en los siguientes programas se interrogará a José María García y Belén Esteban. No todos notaremos la diferencia.
Sí a las encuestas falsas
26 Marzo 2007
Una corriente de pensamiento aboga por suprimir las encuestas políticas que nos abrumarán en estas fechas preelectorales, dada su evidente falsedad. Los criterios de verdad obligarían también a retirar de la circulación esta sección, pero el instinto de supervivencia no es nuestro único argumento para reclamar la continuidad de los sondeos inverosímiles. Si acaso, y como cautela, deberían incluir la pregunta obligatoria “¿Cree usted que esta encuesta será falsificada?” Al publicar la respuesta, se le aplicaría el mismo maquillaje que al resto del cuestionario.
Soy un fanático de las encuestas porque representan una ficción numérica, la cumbre más depurada de la dictadura platónica. Dos más dos son cuatro, aunque dos sea una mentira. Me gusta vivir en un mundo porcentual, donde el 18 por ciento de mujeres son infieles a sus parejas, y el 65 por ciento de los hombres también son infieles a sus parejas, aunque los varones tengan que acostarse masivamente entre ellos para lograrlo, puesto que no hay un universo suficiente de mujeres dispuestas a confesar su infidelidad. También es importante saber que la probabilidad de ser abatido por un rayo es superior a la de morir en un accidente de aviación, especialmente cuando vuelas en medio de una tormenta eléctrica.
La sinceridad es el mayor vicio de la civilización hipertrofiada. Somos tan parecidos que de inmediato nos confiamos a nuestros semejantes, hoy cuesta infinitamente más obtener una discreción que una indiscreción. Sólo hacemos una excepción en este deplorable comportamiento cuando nos cruzamos con un encuestador. Este profesional desata nuestros instintos atávicos y mentimos incluso sobre el número de relaciones sexuales semanales, con la excusa de que creíamos que nos habían preguntado por nuestro número de calzado. En este régimen de los sondeos de lo insondable, una encuesta realizada en Mallorca no puede apreciar el porcentaje de votos de UM, y luego ya sabemos lo que pasa. Es duro despertar de la ficción de una encuesta a la triste realidad.
El juez House
23 Marzo 2007
Los pacientes exigen hoy ser atendidos –o mejor, desatendidos– por un doctor House:
–¿Qué tal es tu médico?
–No debe ser muy bueno, es demasiado simpático.
Se nos esfuman los días blasfemando contra los corazones acorazados, y las noches suspirando por recibir los azotes verbales de un ser despiadado. No soportaríamos el horror sin rehogarlo en humor, pero sólo licenciamos a hechiceros como el Doctor House para escanciar el licor amargo. (Vaya al grano, jefe). Por su juramento hipocrático, el médico televisivo sólo puede insultar a un paciente cada diez minutos. Para cubrir las necesidades globales, se exige el traslado de las técnicas sádicas a otras profesiones.
Zapatero, poco dotado para lo hiriente, nombró a un ministro de Justicia con la garantía de subvenir a las exigencias de sarcasmo de la población. Fernández Bermejo golpea con entusiasmo, pero tiene un punto redicho que coarta su ironía. A cambio, el mismo gremio ha suministrado a Javier Gómez Bermúdez, el auténtico juez House. El proceso del 11-M aborda la imposible tarea de encajar en la realidad, con luz y taquígrafos, la mayor exhibición de violencia que ha vivido la Europa en paz. Sin titubeos, el presidente del tribunal encarna el espíritu de competencia destemplada que exigía la opinión pública. Sólo padeció ante el “superinocente” Rafa Zouhier, que quiso imponer la ley de la calle.
Defendiendo a los bárbaros de sí mismos, el juez House ha convertido en seres reprobables a los equívocos abogados, tan mimados por Hollywood. Puede deberse a las condiciones de la escenificación, pero los letrados exhiben una elocuencia bajo mínimos. Gómez Bermúdez es excesivo, menosprecia con elegancia, suplanta la cojera con la cabeza afeitada y, al dar cobijo a una testigo presencial, nos puso al borde de las lágrimas. Bajo su batuta agria, será muy difícil demostrar que los acusados no hicieron lo que hicieron, pero siempre habrá un tragaluz por donde pueda filtrarse la teoría de la conspiración.
Un rojo vive en Mallorca
21 Marzo 2007
El Govern del Gran Ducado de Balears ha filtrado que Joan Joanet Joaníssim, dirigente del Partido Comunista Mallorquín RE –siglas de Ramalazo Ecologista– vive en Mallorca, una isla considerada unánimemente como un foco de multimillonarios y demás seres depravados. El ejecutivo autonómico ha difundido fotos de su casa y anexos. Según el Gran Duque de Balears, “podríamos aceptar que viviera en la pocilga adyacente, pero nos consta que reside en el edificio principal”. El partido en el poder perpetuo ha destacado la flagrante contradicción de que la vivienda del rojo se halle a sólo 50 kilómetros de la mansión multada de Boris Becker, a sólo 30 de la mansión multada de Michael Douglas, y a sólo 15 de la mansión de Claudia Schiffer que arruina un espacio natural. “Estas celebridades son tan de derechas que todas ellas han sido subvencionadas por nosotros, ¿puede considerarse izquierdista a quien habita en sus inmediaciones?”
La situación ética de Joanet Joaníssim se ha complicado tras la comprobación de que, al menos en una ocasión, visitó un hotel de cinco estrellas, para asistir a la boda de un compañero de promoción. “Y no estaba allí para roer los huesos”, destacó el Gran Duque. Testigos oculares aseguran haberlo detectado también a unos centenares de metros de Puerto Portals, y no se descarta que haya paseado por los pantalanes donde están atracados los yates a plena disposición del Gran Duque. Rumores sin confirmar han llegado a acusar al rojo de haber jugado al tenis, en el mismo club donde se ejercitan los miembros del Govern.
“Si es tan de izquierdas, ¿por qué no vive en Corea del Norte?”, manifestó el Gran Duque. No cabe descartar que, en fechas próximas, se descubra que Joanet Joaníssim tiene coche, “en lugar de arrastrarse a nuestros pies, como los rojos de antes”. El líder del Govern concluyó que “ahora sólo falta que este falso ecologista quiera presentarse a las elecciones, para así presumir de mandar en la isla de García Obregón. La izquierda ha traicionado todos sus principios”.
Matas los saca a la calle
19 Marzo 2007
Cerca de 50 mil urbanizadores ilegales –y no descartemos que entre ellos figurara algún fumador– se manifestaron el sábado por las calles de Palma. Dado que no hay ningún motivo para que la política de comunicación del Govern sea más racional que sus desatinos urbanísticos, combatió la convocatoria con gasolina. Flaquer nos descubrió el viernes que la proutesta respondía a “una estrategia electoral”. No me diga. ¿Hace falta ser conseller para llegar a tan sabia conclusión, sólo te hacen conseller cuando solemnizas lo obvio, o has de doctorarte en el Rasputín para destilar ese grado de análisis?
Matas, que también ha enriquecido su prosopopeya desde que se le impuso el toisón de Gran Duque de Ucrania o Rasputín II, recalcó que la manifestación pretendía un “cambio de sillas”. Otro prodigio de evaluación, nunca dejarán de asombrarnos. En efecto, es proubable que haber patrocinado la destrucción sistemática de Balears intranquilice a una parte de la población, que prefiera una opción más atenuada. Por tanto, no hay que restar mérito a la capacidad de movilización del Govern. Matas sacó a la calle a 50 mil personas.
La convocatoria de la manifestación disponía de menos medios que los invertidos por el PP en desacreditarla, en la proporción de diez a uno. Se produjo además en la apoteosis de la presencia pública del president confirmando que, en cualquier faceta de la vida, es preferible no salir en IB3 si se quiere mantener un prestigio mínimo. La afluencia lograda por el Govern también demuestra que una porción considerable de la opinión pública distingue entre un gallinero y Andratx donde, si la fiscalía no lo hubiera remediado, Hidalgo sería hoy el arma de destrucción masiva de Matas. Los aviones subvencionados que sobrevuelan la isla deberán encontrar objetivos más sustanciosos, el Govern pensaba que engañar a la población era tan sencillo como liquidar el paraíso. La extrapolación política de lo ocurrido el sábado es inmediata, pero la historia de Mallorca la prohíbe de modo terminante.
La ecotasa vendrá de fuera
15 Marzo 2007
En Mallorca contemplamos el clima como algo que sucede en el extranjero. Mediterráneo funcionaba a modo de salvoconducto, que atemperaba las extremidades atmosféricas. Ahora aprendemos abruptamente que hay que estirar la escala termométrica hasta los 50 grados centígrados. Además, y al igual que toda geografía de lujo, la isla genera toneladas de dióxido de carbono en exceso con respecto a su población. No se trata de una maldición en ciernes. El líder conservador británico David Cameron ya ha anunciado la creación de un impuesto, que golpeará directamente a quienes vuelan con frecuencia. De momento, Gordon Brown ha rebajado un informe sobre el cambio climático, surgido del propio gabinete Blair, en el que se limitaba la cantidad de gases carbónicos generados por cada ciudadano. Sin vuelos baratos, adiós Mallorca.
La ecosatánica ecotasa llegará a Balears, salvo que nos la impondrán desde fuera. Los hoteleros castristas mallorquines deberán reforzar su izquierdismo, y rogarle a Gordon Brown que gane las elecciones. La actividad desarrollada en la isla no sólo es insostenible para ella misma, sino que daña al resto del planeta. Un billete Palma-Nueva York contamina más que el consumo anual de un automóvil, un detalle que escapó a los celosos ecologistas que se fueron de vacaciones a la cumbre de Rio. De hecho, los líderes verdes son los más viajeros y contaminantes del planeta.
Aunque el énfasis del Govern en Kournikova le impide la obtención de datos fiables al respecto, no es descabellado afirmar que cien mil ciudadanos extranjeros poseen una residencia en Mallorca, a la que se trasladan una media de dos veces al mes. Esa frecuencia es impracticable. Si el cambio climático va en serio, las tarifas aéreas se encarecerán apreciablemente. El recargo equivale a una ecotasa, más radical y con la diferencia de que no repercutirá en pro de la conservación de Mallorca, sino que empeorará la economía de una región empobrecida. Por supuesto, nada de ello figura en el debate político en curso.
Provoca a Mahoma, listo
Un fotógrafo miedoso ha publicado dos catálogos pornográficos sobre la única religión que consiente que se burlen de ella, vulgo el catolicismo. El insigne creador debe ejercer con toda libertad su cobardía artística. Por lo mismo, la libertad crítica obliga a consignar que su oeuvre no es transgresora, sino que destila una beatería de la peor especie. Antes de disparar, se ha cuidado mucho de enterarse de qué creencias admiten una visión genital sin degollar a quienes la intentan. Si tuviera un mínimo de coraje, este denunciante con preservativo colocaría en grado de erección o transexualizaría a los mitos de la única fe auténtica de la actualidad, que es el Islam. ¿Por qué no desnuda a Mahoma o disfraza de lechones a sus seguidores? Todos sabemos por qué.
No me entrometo en la dimensión artística de los catálogos –la fotografía es un arte al alcance de cualquier propietario de una cámara digital–, pero creativamente nos hallamos ante un mediocre que recorre un camino mil veces trillado. Satirizar al Cristo o exponer su sexualidad, uy qué susto. Como se ve, el trabajo atesora la mediocre parcialidad suficiente para ser financiado por una consejeria socialista, y prologado por su titular. Así ha ocurrido en Extremadura, en vez de editar el provechoso superventas Las mayores idioteces proferidas por Rodríguez Ibarra.
El retablo se completa con los obispos, que siempre parecen extraídos de un cuento infantil. Están más anticuados que el artista, si piensan que la basura fotográfica conmocionará a los cristianos que piensan pasarse la Semana Santa en la playa, rodeados de cuerpos desnudos. El único logro del fotógrafo medroso consiste en superar en rijosidad a la religión que desacraliza, siempre desde el burladero. El público, maduro a diferencia de sus creadores, seguirá a lo suyo, ajeno a los traumas del chico de la cámara. Los socialistas, a profesar de islamistas y, desde este rincón, no al relativismo. Hay culturas más retrógradas que otras, aunque los pusilánimes no se atrevan a criticarlas.
La derecha se endurece
12 Marzo 2007
Me preguntan a menudo por qué voto sistemáticamente a la derecha. No dejan de asombrarse cuando les respondo que comporta menos convicción y compromisos que la izquierda, con idénticos resultados. Hagamos la prueba, ¿fue el año 1994 especialmente feliz o desgraciado para usted? Ni lo recuerda, y muchos tampoco saben a ciencia cierta si gobernaba entonces el PP o el PSOE –era González–. Planteemos un dilema más genérico, para no pecar de egoístas, ¿qué bancos han obtenido más beneficios en las eras de Aznar y Zapatero? En igualdad de condiciones, me quedo con la opción que no implica llorar hipócritamente a diario la extinción del oso panda.
La izquierda obliga a poner tu vida al servicio de tu ideología, la derecha consiste en no complicarte la vida. Así era hasta que el PP desarrolló las armas de manifestación masiva. La convocatoria semanal en Madrid, o la inversión imprevista en banderas, endurecen el título de conservador, que pronto exigirá de un cursillo previo. En eso pensaba mientras participaba –real o virtualmente, no hay diferencia desde Baudrillard– en la mayor concentración con un objetivo difuso de la historia reciente. Cuando me aseguraron que se desarrollaba contra la amenaza terrorista que pesa sobre España, me personé con una pancarta en la que se leía “Bin Laden, rata asquerosa, púdrete en prisión”. Me miraron mal. “Será sinvergüenza, Bin Laden no toca”.
Dado que Al Qaeda insiste en apoderarse de España, la manifestación no tenía que ver con el terrorismo, sino con demostrar que la derecha puede ser tan exigente y agotadora como la izquierda. Pregunté a los convocados: “¿Rescataría usted a una persona que se está ahogando, o se cercioraría antes de que no se halla en esa situación por su propia voluntad?” Solidaridad incondicional. Añadí, “¿y si esa persona es De Juana?” Les ahorro la respuesta. Zapatero subestimó el asco que produce ese etarra pero, quienes odian más a De Juana que a Bin Laden, poseen una excelente memoria histórica. La misma que nos trajo el 11-M.
Monte su propia conspiración
8 Marzo 2007
Teoría de la conspiración es creer que tu mujer te engaña con su profesor de tenis para castigar tu postura sobre la negociación con ETA, y no por las excelentes prestaciones atléticas del agraciado. Miles de ciudadanos desearían ser neoconspiradores, pero creen que se necesita una especialización, y que no se puede maquinar una fabulación en condiciones sin sustancias como el ácido bórico o el dinitrotolueno, desprovistas del mínimo glamour. Falso.
El neoconspirador debe recordar la numeración básica de la cadena suspicaz: Un acontecimiento es un caso aislado, dos son coincidencia, tres conforman una tendencia que ya podemos llamar conspirativa, cuatro o más suponen una vulgaridad a enterrar en las páginas interiores del periódico. El mecanismo de fabricación se aclara con una trama concreta. Nos referimos a la Conspiración Miró, tan real como la Fundación Miró. En el último atentado del IRA en Londres, ardió una obra de Joan Miró. Años después, las Torres Gemelas son atacadas por Bin Laden –ya sabemos que no fue él, pero ése es otro montaje–, lo cual conllevó la desaparición del tapiz mironiano del vestíbulo. Ergo, el terrorismo internacional conspira contra el artista fallecido en Mallorca.
En este punto, los escépticos intentarán disuadirle de su teoría irrebatible. No importa, disponemos de argumentos adicionales. Por ejemplo, los mirós incautados a los detenidos en la Operación Malaya y en el caso Andratx. Nuestra conspiración es tan sólida como la novela Angeles y demonios de Dan Brown, con las obras de Miró trazando una ruta de la perversidad. Ya puedo imaginar a Tom Hanks, luchando por detener la próxima bomba en un entorno mironiano. Un artista anciano pavimenta el mundo de cumbres de la belleza, que serán destruidas por una mente criminal. Fin de la clase magistral y un ejercicio práctico: Averigüe en qué estadios ha marcado sus goles Ronaldinho esta temporada. Uno de los espectadores morirá de un infarto, en los seis meses posteriores a cada partido. Otra conspiración, sin duda.
No insistas, ¿o sí?
7 Marzo 2007
Siempre que me consultan, les conmino a que no se humillen ante otro ser humano, “y menos por amor”. Contribuyo así a restablecer la dignidad del cosmos, desequilibrada cada vez que la contumacia de la persona insistente le hace creer a la insistida que irradia poderes especiales, cuando sólo es la destinataria de un capricho pasajero. Sin embargo, ahora no estoy tan seguro de una doctrina que he predicado con celo apostólico, y la única diferencia es que acabo de leer Una gata sobre un tejado de zinc.
En día tan significado como hoy, propongo dos modelos femeninos sobresalientes, en el ámbito literario. La Tessa Quayle de Le Carré, que Ralph Fiennes llora magistralmente en El jardinero fiel, y la Maggie del drama sureño de Tennessee Williams, que ha conmovido mi dogma. Si nos ponemos españoles, me quedo con Carmen Díez de Rivera y Maruja Torres, pero no me aparten de la tesis central sobre la persistencia. Maggie insiste ante su esposo, el alcohólico Brick, a quien ha engañado. Sin desprenderse jamás del cinismo, lucha con denuedo por lo que cree –Camus despreciaba la esperanza, pensaba que todo lo que vale la pena debe ser conquistado–.
Me parece estarle oyendo, estimada lectora, “se sufre tanto al insistir”. También aquí nos sirve Maggie, que se despreocupa de los latigazos que conlleva su perseverancia. No actúa por altruismo, sino por triunfar en su empeño, y su táctica es la insultante naturalidad. Cuando porfiamos, dejamos de ser nosotros mismos, nos rendimos de antemano. La gata no se traiciona, no se pierde el respeto ni la ironía. Llega un momento en que sufrimos por el varón, el presunto solicitado. Cuesta entender por qué desea recuperar a alguien tan francamente inferior a ella. Por amor aunque, cuando lo expresa, el insistido le replica que “tendría gracia que eso fuera verdad”. La mujer que me viró la opinión no gana a Brick, se gana a ella misma mientras homenajea a su presa, “os dáis por vencidos con tanta belleza”. El orgullo está en insistir. Hablando en pura teoría, claro.
Se agrava el Estado de De Juana
5 Marzo 2007
Estos días, un guardia civil es asesinado en el tiroteo con unos secuestradores. Uno de sus agresores cae herido en el vientre, y recibe atención en un hospital público, sufragado con el esfuerzo fiscal del funcionario fallecido. ¿Cómo explicarle la contradicción a los familiares de la víctima? El dilema se resuelve con más facilidad al analizar la alternativa: Rematar al presunto asesino, vengarse después con sus allegados, quemar la casa donde vive hasta la raíz, declarar la guerra al país del que procede. La interrupción del ciclo de la violencia siempre es arbitraria, lo lógico sería seguir matando. Curiosamente, se declaran propietarios de la historia de España quienes se empeñan ahora en olvidar su lección más sangrienta. Hace dos sábados, ya confundieron a la Justicia reclamándole venganza. De Juana –el monstruo más fácil de odiar– les aporta la excusa perfecta, pero tenían otras. No vale de mucho recordarles que los derechos humanos sólo tienen sentido si se aplican a los canallas.
Según en él es costumbre, Zapatero ha desactivado una bomba haciéndola estallar. Ni humanitarismo lacrimógeno ni rendición al chantaje pero, en la nebulosa negociación intermedia, ignoramos todavía qué pretendía el Gobierno cuando liberó al etarra de su propia locura. Para no agravar el estado de De Juana, se agrava el Estado de De Juana. Si no se disponía de una contrapartida explícita del entorno de la banda, a qué tal apresuramiento. Repulsivo como un muñeco malencarado de Egon Schiele, y después de acabar con 25 personas, el terrorista decide matar a quien tiene más a mano. No ha conseguido ni el mínimo respeto de la opinión a su ensayo petrarquista de “Un bel morir tutta la vida onora”. En él no cabe el suicidio, sólo el asesinato. El espíritu de la transición reposa en una frase de Felipe González, “no brindo por la muerte de ningún español”. Se refería a Franco, pero sirve aquí perfectamente. (Los familiares del guardia asesinado vivirán su tragedia en silencio, y que no se les ocurra estorbar. Su muerto no es políticamente correcto).
El trabajo os hará felices
1 Marzo 2007
El degenerado Edmund Phelps obtuvo el Nobel de Economía del año pasado, pese a haber proclamado que el trabajo es esencial para la felicidad humana, algo que tal vez sea cierto cuando trabajas de Premio Nobel. En opinión de este pervertido, deslomarse para que otros se enriquezcan supone una “fuente de estimulación mental” y una “realización personal”, la plasmación de la “buena vida” aristotélica. El economista no debe estar muy ocupado, si puede perder el tiempo leyendo a Aristóteles. En todo caso, es una doctrina ideal para predicarla a los trabajadores de Irak.
La asimilación del entorno laboral a un paraíso actúa como una coartada opresora, para lograr que cada vez haya menos sitios donde ser infeliz a gusto. Quien critica la esclavitud se convierte en un inadaptado, y las infinitas contradicciones del pensamiento occidental siempre permitirán encontrar un Aristóteles –o un Bertrand Russell, que compartía esa doctrina– para justificar la tiranía. Se trata de angostar el ámbito en el que un ser humano puede maldecir abiertamente su destino. Los contratos incluirán una cláusula que obliga al asalariado a mostrar felicidad y a contagiarla a su desempeño. Poco importa que el trabajo enriquecedor sea el que no tienes y, probablemente, el que pagas a otros con tu dinero.
Simultáneamente, por lo que no debemos descartar un complot, economistas a la caza del Nobel postulan una módica siesta de quince minutos en el lugar de trabajo. Quienes creían que la universidad de Harvard se dedicaba a actividades de una mínima resonancia académica, se asombrarán al saber que ha dictaminado que quienes pegan una cabezadita sin separarse del ordenador reducen su riesgo de enfermedad coronaria, aunque jamás rebajan el peligro hasta los niveles de quienes no trabajan. Los economistas conspiran para reforzar los vínculos laborales, de modo que el único contacto con el hogar sea la hipoteca. ¿Para cuándo un estudio sobre las virtudes de casarse con el compañero de mesa?.
