La ecotasa vendrá de fuera
15 Marzo 2007
En Mallorca contemplamos el clima como algo que sucede en el extranjero. Mediterráneo funcionaba a modo de salvoconducto, que atemperaba las extremidades atmosféricas. Ahora aprendemos abruptamente que hay que estirar la escala termométrica hasta los 50 grados centígrados. Además, y al igual que toda geografía de lujo, la isla genera toneladas de dióxido de carbono en exceso con respecto a su población. No se trata de una maldición en ciernes. El líder conservador británico David Cameron ya ha anunciado la creación de un impuesto, que golpeará directamente a quienes vuelan con frecuencia. De momento, Gordon Brown ha rebajado un informe sobre el cambio climático, surgido del propio gabinete Blair, en el que se limitaba la cantidad de gases carbónicos generados por cada ciudadano. Sin vuelos baratos, adiós Mallorca.
La ecosatánica ecotasa llegará a Balears, salvo que nos la impondrán desde fuera. Los hoteleros castristas mallorquines deberán reforzar su izquierdismo, y rogarle a Gordon Brown que gane las elecciones. La actividad desarrollada en la isla no sólo es insostenible para ella misma, sino que daña al resto del planeta. Un billete Palma-Nueva York contamina más que el consumo anual de un automóvil, un detalle que escapó a los celosos ecologistas que se fueron de vacaciones a la cumbre de Rio. De hecho, los líderes verdes son los más viajeros y contaminantes del planeta.
Aunque el énfasis del Govern en Kournikova le impide la obtención de datos fiables al respecto, no es descabellado afirmar que cien mil ciudadanos extranjeros poseen una residencia en Mallorca, a la que se trasladan una media de dos veces al mes. Esa frecuencia es impracticable. Si el cambio climático va en serio, las tarifas aéreas se encarecerán apreciablemente. El recargo equivale a una ecotasa, más radical y con la diferencia de que no repercutirá en pro de la conservación de Mallorca, sino que empeorará la economía de una región empobrecida. Por supuesto, nada de ello figura en el debate político en curso.
Provoca a Mahoma, listo
Un fotógrafo miedoso ha publicado dos catálogos pornográficos sobre la única religión que consiente que se burlen de ella, vulgo el catolicismo. El insigne creador debe ejercer con toda libertad su cobardía artística. Por lo mismo, la libertad crítica obliga a consignar que su oeuvre no es transgresora, sino que destila una beatería de la peor especie. Antes de disparar, se ha cuidado mucho de enterarse de qué creencias admiten una visión genital sin degollar a quienes la intentan. Si tuviera un mínimo de coraje, este denunciante con preservativo colocaría en grado de erección o transexualizaría a los mitos de la única fe auténtica de la actualidad, que es el Islam. ¿Por qué no desnuda a Mahoma o disfraza de lechones a sus seguidores? Todos sabemos por qué.
No me entrometo en la dimensión artística de los catálogos –la fotografía es un arte al alcance de cualquier propietario de una cámara digital–, pero creativamente nos hallamos ante un mediocre que recorre un camino mil veces trillado. Satirizar al Cristo o exponer su sexualidad, uy qué susto. Como se ve, el trabajo atesora la mediocre parcialidad suficiente para ser financiado por una consejeria socialista, y prologado por su titular. Así ha ocurrido en Extremadura, en vez de editar el provechoso superventas Las mayores idioteces proferidas por Rodríguez Ibarra.
El retablo se completa con los obispos, que siempre parecen extraídos de un cuento infantil. Están más anticuados que el artista, si piensan que la basura fotográfica conmocionará a los cristianos que piensan pasarse la Semana Santa en la playa, rodeados de cuerpos desnudos. El único logro del fotógrafo medroso consiste en superar en rijosidad a la religión que desacraliza, siempre desde el burladero. El público, maduro a diferencia de sus creadores, seguirá a lo suyo, ajeno a los traumas del chico de la cámara. Los socialistas, a profesar de islamistas y, desde este rincón, no al relativismo. Hay culturas más retrógradas que otras, aunque los pusilánimes no se atrevan a criticarlas.
