Sí a las encuestas falsas
26 Marzo 2007
Una corriente de pensamiento aboga por suprimir las encuestas políticas que nos abrumarán en estas fechas preelectorales, dada su evidente falsedad. Los criterios de verdad obligarían también a retirar de la circulación esta sección, pero el instinto de supervivencia no es nuestro único argumento para reclamar la continuidad de los sondeos inverosímiles. Si acaso, y como cautela, deberían incluir la pregunta obligatoria “¿Cree usted que esta encuesta será falsificada?” Al publicar la respuesta, se le aplicaría el mismo maquillaje que al resto del cuestionario.
Soy un fanático de las encuestas porque representan una ficción numérica, la cumbre más depurada de la dictadura platónica. Dos más dos son cuatro, aunque dos sea una mentira. Me gusta vivir en un mundo porcentual, donde el 18 por ciento de mujeres son infieles a sus parejas, y el 65 por ciento de los hombres también son infieles a sus parejas, aunque los varones tengan que acostarse masivamente entre ellos para lograrlo, puesto que no hay un universo suficiente de mujeres dispuestas a confesar su infidelidad. También es importante saber que la probabilidad de ser abatido por un rayo es superior a la de morir en un accidente de aviación, especialmente cuando vuelas en medio de una tormenta eléctrica.
La sinceridad es el mayor vicio de la civilización hipertrofiada. Somos tan parecidos que de inmediato nos confiamos a nuestros semejantes, hoy cuesta infinitamente más obtener una discreción que una indiscreción. Sólo hacemos una excepción en este deplorable comportamiento cuando nos cruzamos con un encuestador. Este profesional desata nuestros instintos atávicos y mentimos incluso sobre el número de relaciones sexuales semanales, con la excusa de que creíamos que nos habían preguntado por nuestro número de calzado. En este régimen de los sondeos de lo insondable, una encuesta realizada en Mallorca no puede apreciar el porcentaje de votos de UM, y luego ya sabemos lo que pasa. Es duro despertar de la ficción de una encuesta a la triste realidad.
