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Estarás se regenera éticamente
29 Marzo 2007

Rosa Estarás presentó al Parlament, con su firma, la documentación del viaje a Moscú de Matas, que incluía como gastos oficiales las facturas del prostíbulo Rasputín. Estarás se hallaba al frente de la empresa Bitel, cuando se desviaron al Consolat de Matas los correos urbanísticos del Consell en manos de la oposición, una maniobra que el Tribunal Supremo consideró “inmoral” e “ilegítima”. Estarás era la destinataria personal de los informes de Operación Mapau, de captación de votos de emigrantes para el PP con fondos públicos, que el fiscal jefe del Supremo calificó de “éticamente reprochable”, y por la que tres magistrados del Tribunal Superior de Balears creen que la vicepresidenta debió declarar como imputada.
Con este pedigrí, a nadie le extrañará que, en cuanto Matas ha degradado a Estarás como aspirante a la presidencia de Mallorca que a él le repugna, la candidata promueva la regeneración ética. La suya, es de suponer. Sin duda, la aplicación de sus criterios morales en el Consell nos hará olvidar los grandes éxitos de Munar. Se podría alegar que la vicepresidenta ignora el significado de la expresión “regeneración ética”, pero eso no sirve de excusa para dejar una pistola en manos de un niño. Sólo cabe precisar que, si la Guardia Civil no lo remedia, Estarás hubiera desarrollado la limpieza de la mano de Eugenio Hidalgo y de Rodríguez.
Al acusar al Consell de degeneración, Estarás incluye por fuerza al partido mayoritario en esa institución. Así, llama degenerados a los 16 consellers de su partido que han votado religiosamente durante cuatro años a Munar, y que quedarán lógicamente excluidos de cualquier futuro político. Lo mismo cabe decir para s’Institut, repartidora engranada en el Consell y cuyo responsable es curiosamente el jefe de campaña de la vicepresidenta. Los votantes deberán decidir cuánto costará regenerar éticamente a una candidata así, y si en el interín no procederá confiarse a alguien menos empeñado en purificarse. Por fortuna, cada vez es más difícil engañar a los mallorquines desengañados.