Si no juegas, ganas
30 Abril 2007
Es entonces cuando el séneca de turno se te aproxima sigiloso y te susurra que “para ganar, hay que apostar”. Es una frase digna de él porque parece evidente, así que es absolutamente falsa. La probabilidad de ganar a la lotería, jugando, es de uno en cien mil. Sin jugar, la relación pasa a ser de cero en cien mil, por lo que sólo desciende en una cienmilésima. Si creyéramos que estas oscilaciones ínfimas son relevantes, nos lanzaríamos alegremente desde la azotea de un edificio de cinco pisos, en la confianza de que el margen de supervivencia nos resulta favorable. O rebuscaríamos en los bolsillos el billete ganador que no hemos comprado, porque encontrarlo sería más probable que el acierto. O nos casaríamos, incluso.
“Para ganar, hay que apostar” es una linda teoría, sobre todo cuando toca explicársela a quien acaba de perder el amor eterno de su vida, la única vez en que apostó a ciegas. Ese entrecomillado idiota reposa en la superchería de que el riesgo concede un valor adicional a nuestra conducta. Ningún chasco, tampoco la acreditada inmoralidad de la Naturaleza, van a disuadirnos de que el esfuerzo y el entusiasmo han de verse recompensados por encima del escepticismo. Maldito Calvino. En cuanto hemos vivido lo suficiente para evaluar nuestras decisiones, sin embargo, nos damos cuenta con algún retraso de que hubiera sido igualmente efectivo dejarse arrastrar por los acontecimientos, tan sabios.
Adoptemos una fórmula de consenso, “si no apuestas, tampoco ganas”. La búsqueda intensa pero insensata de la aventura nos priva de las emociones de la contemplación. No se necesita haber nadado con tiburones en la mañana, para disfrutar de la puesta de sol en la tarde. Las ventajas de navegar a la deriva nos confirman que arriesgamos para perder, buscamos la derrota como el jugador de Dostoyevski –él nos leyó, para ahorrarnos el trabajo de hacer lo propio con su relato–. El hombre es el animal que opta continuamente entre lo desesperado y lo inesperado. No pienso tomarme ni la molestia de apostar por uno de ellos.
Rebelión hipotecaria
26 Abril 2007
El Banco de España (¿de verdad piensa vender un artículo que empieza con “El Banco de España”?) estima que la vivienda está sobrevalorada en más de un treinta por ciento. Dado el conservadurismo de ese ectoplasma, podemos afirmar sin exageración que su casa vale la mitad de lo que cuesta. La mano ciega del mercado empieza a tomarse la venganza de ese disparate, en las cotizaciones y expectativas de los gigantes del sector. Es otro bofetón a nuestra mitomanía, que nos hizo divisar en el sector ladrillo una inteligencia singular, como antes en el tecnológico.
El coste de la vivienda es todo lo que usted pueda pagar por ella. En este axioma reside el nudo corredizo que hoy amarga las noches de millones de españoles, con más fuerza incluso que un matrimonio. Los galeotes de la hipoteca contemplan su asfixia como un fenómeno irreversible. Sin embargo, las resquebrajaduras en el entramado esclavizador les ofrecen una vía de escape. ¿Quiere usted pagar por su casa lo que realmente vale, en los años venideros? En tal caso, aproveche la zozobra bursátil para cristalizar a su alrededor una rebelión hipotecaria, una huelga de pagos caídos hasta que el mercado inmobiliario se adapte a la racionalidad.
No se preocupe por los efectos de su rebeldía, sólo se resentirá el mercado de yates de superlujo para magnates repelentes. Tampoco debe amilanarse por una tibia respuesta a su movilización. No precisa el respaldo de un 30 por ciento del hipotecariado. Con la complicidad de un cinco por ciento de los estrangulados, las entidades financieras se arrodillarían ante ustedes y se verían forzadas a negociar. La sola amenaza de la puesta en marcha de ese movimiento espartaquista sería suficiente para acabar con la estafa inmobiliaria legal –¿o no lo es, pagar el doble de lo que algo vale?– En cuanto a las víctimas de su actividad liberadora, seremos los mismos a quienes el Estado roba actualmente para subvenir las desgravaciones a compradores de viviendas, alentando el falso encarecimiento y la irresponsabilidad inversora. Al ataque.
¿Por qué están separados?
25 Abril 2007
Vamos a clausurar nuestro aclamado ciclo sobre la pasión amorosa, con la resolución del enigma fundamental de ese entretenimiento. Las artes narrativas enhebran una respuesta agotadora al interrogante “¿por qué están juntos?”. Es lo primero que pensamos cuando nos presentan a una pareja, y de lo único que hablan sus amigos cuando los emparejados están ausentes. Sin embargo, en los últimos tiempos han triunfado dos películas románticas a contracorriente –El ilusionista y El velo pintado–. Más allá de la impagable intervención en ambas de Edward Norton, nos ruboriza caer atrapados en la ansiedad de la distancia entre los enamorados, que creíamos desterrada a nuestra adolescencia.
Como siempre, la clave se halla en Billy Wilder, que viró la cuestión canónica y pasó a preguntar a los protagonistas “¿por qué están separados?”. El director de Con faldas y a lo loco era la persona más apropiada para diseccionar los sentimientos humanos, al no estar embrutecido por ninguno de ellos. En El velo pintado, la apoteosis de la separación a corta distancia se complementa con la potencia novelística de Somerset Maugham. Mientras conservas intacta la ironía, te planteas qué tipo de hombre podría aguantar meses ignorando olímpicamente a Naomi Watts, hasta que aprendes que ahí radica el objetivo de una película incomprensible con los códigos de la inmediatez actual.
Una vez arrastrados en la espiral del “¿por qué están separados?”, el alejamiento de Watts y Norton se nos hace insoportable, estaríamos dispuestos a colaborar para que se juntaran. El autor ha conseguido la participación del lector. Algo de eso imaginó ya Homero, cuando aproximaba infinitamente al ingenioso Ulises y a la tejedora Penélope, separados incluso cuando se reencuentran y él se finge otro. Llamamos amor al esfuerzo que hacemos para alejar de nosotros lo irremediable. A menudo triunfamos, un éxito que viene recompensado con nuestra Perdición, por acabar con el título de una de Billy Wilder.
‘Un homme et une femme’
23 Abril 2007
El presidente de Francia ha de ser francés, un obstáculo insalvable para una elección en condiciones. Ahora, el país que mejor sabe cómo tratar mal a las mujeres ha batido marcas de participación electoral, para decidir entre dos candidatos de sexos diferentes. Después de los desplantes en el olimpo de la filosofía –”¿quién se va a cuidar de los niños?”–, cabe preguntarse cuántos votos obtiene Sarkozy por no ser mujer, o cuántos gana por el hecho de que la alternativa sea femenina.
Cuando se pregunta a los norteamericanos si estarían dispuestos a votar a una mujer para la Casa Blanca, responden abrumadoramente que sí. Cuando se les pregunta si creen que sus familiares, amigos y compatriotas también se muestran indiferentes al sexo del candidato, responden que no. Por tanto, hemos evolucionado de los tiempos en que nos creíamos machistas, a la fase en que pensamos que los machistas son los demás. Tal vez quepa hablar de un avance. Además, y pese a los precedentes de homicidas femeninas en masa de la talla de Golda Meir o Thatcher, las encuestas nos enseñan que la mujer ha de acreditar que está dispuesta a la guerra –Hillary apoyando la invasión de Irak–, y el hombre ha de demostrar algo parecido a una sensibilidad –Sarkozy pidiéndole perdón públicamente a su esposa, por serle infiel y para que no se le largue en plena campaña–.
Desde el preciso instante en que apuntamos al atractivo de Ségolène Royal, y cómo evitarlo, la estamos hundiendo como futura presidenta de Francia. Bendito país de los galos irreductibles, donde los dilemas acaban siempre reducidos a la secuela de Un homme et une femme. Al igual que sucede con la película de Lelouch, en la segunda vuelta se medirán dos viudos de sus partidos respectivos. Periclitada la guerra de las ideologías, el duelo decisivo no se libra entre el conservador y la izquierdista, sino entre el hombre y la mujer. Nos hallamos ante un caso práctico de la Ley de Igualdad de Zapatero, que lleva tres años gobernando desde su lado femenino. Algunos lo han confundido con la izquierda.
Lady Di sigue viva
19 Abril 2007
Durante un cuarto de siglo, los periodistas llegaban a la redacción para ser saludados con un imperativo “búscate un Watergate”. Todo cambió en el verano de 1997. La presunta muerte de Lady Di entre los brazos –y entre las piernas, según parece– de su amado desató la primera oleada de histeria global. La canonización inmediata de tan vacuo personaje modificó el grito de guerra de los redactores jefe, “ a ver si me traes algo de llorar, con velitas, mensajes enternecedores y osos de peluche”. Al compatibilizarlo con la cultura de la celebridad, el necroperiodismo se hizo selectivo. No se replanteó la concepción social de la muerte, sólo de determinados cadáveres exquisitos. “A mi novio le ha dado por morirse el mismo día que la princesa del pueblo, cómo se atreve a fastidiarme el homenaje a Diana”.
Los sucesivos 11-X han brindado oportunidades inmejorables para mantener viva a Lady Di. Con locutores obligados a llorar en pantalla y Elton John cacareando en todos los altavoces, se desvirtuaba a fondo la interpretación del suceso. El resultado era estéticamente deplorable, pero emocionalmente irrebatible. Los árabes enriquecieron la coreografía con aportaciones tremendistas, pues degollaban a algún paisano para certificar su duelo por las caricaturas de la princesa británica.
El memorial más reciente de Lady Di se desarrolla en una universidad de Virginia. Los alumnos repiten la liturgia londinense de 1997. Su recién descubierta espiritualidad les permite pasar de las aburridísimas fiestas con drogas y sexo a la sensibilidad ante las cámaras. Jóvenes ágrafos baten sus primeras armas en el memento poético, “no os olbidamos”. Cumplimentado el ritual, queda tiempo para las cervezas. Estas efusiones no resultan inofensivas –en cuyo caso quedarían fuera de nuestro privilegiado rincón–, porque afianzan por ejemplo las atrocidades de Irak. Atrévase a expresar el dolor a su manera, o a contenerlo. Repítase que Lady Di fue el ser más cursi del universo. Algún día nos darán la razón, a nosotros y a Isabel II de Inglaterra.
Hurgando en lo más hondo
18 Abril 2007
Nunca he hablado de sentimientos con un hombre. Con las mujeres no hablo de otra cosa. Pronto salta el tema de la pareja a la que recién han dejado. Todas las mujeres acaban de abandonar a alguien, aunque alguien a menudo no se haya enterado todavía, y ellas tampoco. Entonces, les formulo a bocajarro una pregunta:
–¿Has hurgado en sus cosas, has revisado sus mensajes y sus e-mails?
Nunca responden de inmediato, preferirían confesar sus perversiones sexuales. Tras pensárselo:
–Hasta el último correo electrónico, todas las papeleras de su ordenador, los SMS, las llamadas recibidas y enviadas.
–¿Y qué descubriste?
–Que me daba asco de mí misma, y que ya no podía mirarle a la cara. También descubrí un montón de frases arrebatadas que nunca me había dedicado, que iban dirigidas a otras personas y viceversa. Me enteré por fin de sus auténticos apetitos sexuales. Y sin embargo, era yo quien me sentía culpable.
Ese día, la pareja está rota, curiosamente en el momento de comunión más íntima, el desnudamiento absoluto. Es imposible cenar junto a alguien de quien acabas de leer cómo ha pasado realmente la tarde. Ninguna de las personas que han ejercido de hurones se reconocen en esa actividad fisgona. Nuestra vida está regida por lo improbable, por lo que nunca pensamos que haríamos. Quienes publicamos todo lo que nos sucede, nos sentimos paradójicamente a cubierto –se nos desenmascara en dosis homeopáticas, más asumibles–, pero la primera regla para la subsistencia de una pareja es que nunca sepas de la otra persona más de lo que ella cree que sabes. Conocer lo justo, encajar de buen grado la representación. Tampoco procede el victimismo. La creencia estúpida de que sólo nos quieren a nosotros, no debe completarse con la absurda convicción de que sólo nos engañan a nosotros. La verdad es lo de menos, cuesta entender que no tienes ningún derecho de propiedad sobre las mentiras ajenas. O las aceptas o te vas, no pretendas domesticarlas.
Maria del Palau Janer
16 Abril 2007
El fichaje de Jaime Matas por la lista de Maria de la Pau Janer es balsámico, porque agradecemos cualquier jugarreta pirotécnica que retire a Rosa Estarás de las portadas, y la arrincone a su verdadera dimensión de chica Interviú. La irrupción de la atractiva novelista recluye a la vicepresidenta en su madriguera clandestina de IB3, de espaldas a la inmensa mayoría de la población y donde hará menos daño.
Hablamos de la lista de Maria de la Pau, porque nuestra laureada escritora sólo trabaja para sí misma. Ya ha tenido a su servicio a PSOE, CiU y a la casi totalidad del espectro nacional y nacionalista. Estoy seguro de que mi gran amiga ganará las elecciones, el PP todavía no lo tiene claro. Su contratación no demuestra la apertura de miras de Matas, sino su desesperación. El artífice de Bitel y Mapau –todo legal, oiga– estaría dispuesto a poner un voltor en sus listas y en el escudo de la fachada de su palacete, con tal de mantenerse en el poder.
El no de Kournikova obligaba a rellenar el número ocho de la lista con una candidata de similar prestancia, y Matas ha encontrado en Maria del Palau Janer a una princesa a la altura de su palacete. Alguien sugerirá que la ganadora del Planeta ha sido postergada a un lugar tibio, pero la segunda plaza estaba reservada para Rafael Nadal, que en un par de semanas protagonizará la payasada más cara de la historia de Mallorca. Por doscientos millones de pesetas, confío en que el ex tenista y el suizo Federer se comerán literalmente la hierba y el batido de tierra de su show carnavalesco. Entretanto, los restantes miembros de la candidatura del PP deberán superar el trauma de compartir mitines con alguien que ha escrito libros en lugar de colocar ladrillos, la actividad sacrosanta hasta la fecha. “¡Ahora sólo falta que tengamos que leer!”, dijo explícitamente uno de los diputados populares. En fin, una sociedad a la que afectan estos ruidos merece ser gobernada por quienes los promueven. Dicho de otra forma, Balears se plantea el 27 de mayo si es una región madura, o simplemente vieja.
A media hora de Argel
12 Abril 2007
Los termómetros mediáticos desgranan la última matanza de Argel como si transcurriera en una realidad ajena. Abstráigase por tanto de la actualidad y consulte el mapa más próximo, donde verificará que la capital argelina se halla a la misma distancia de Mallorca que Valencia. En lenguaje trágico, el 11-M está mucho más alejado de la isla que los último atentados del Magreb. Se alegará la superioridad de la estructura política sobre la geográfica –Radio Nacional de España da la lista de comunidades donde el lunes de Pascua es festivo, y omite por supuesto a Balears–, pero esa jerarquía peca de convencional en la era de los vuelos de bajo coste.
Un observador extraterrestre –insertamos aquí un homenaje póstumo a Kurt Vonnegut, quizás el mejor novelista que he leído– no se andaría con distinciones bizantinas entre Mallorca y Argelia. Cuenca mediterránea, y sólo con muy buena voluntad podemos adscribirnos a la privilegiada orilla del Norte. Para los amigos del terror simbólico, nos hallamos una hora al este de la matanza de Atocha, dos horas al sur de las bombas en el Metro de Londres y media hora al norte del atentado de Argel. Somos la encrucijada perfecta y despreocupada, con lo a pecho que el integrismo se toma las cruces y la falta de prejuicios.
Confortablemente instalados sobre un polvorín, nos negamos a reinventarnos como africanos en peligro de ser reconquistados a bombas. Sin embargo, el primer mandamiento del pensador argelinomenorquín Albert Camus nos impone el deber de no mentirnos a nosotros mismos. Como en una fantasía delirante de Vonnegut, hemos de preguntarnos si el cambio meteorológico amenaza a la isla con más vigor que el terrorológico, por no hablar de la autodestrucción en la que nos hemos embarcado con tanto ímpetu como acierto. Con este panorama, se hace inverosímil la sonrisa que vamos a esbozar sin embargo ahora mismo. Al hacerlo seguimos, una vez más, las instrucciones de Vonnegut, el escritor ideal cuando te ha tocado vivir al borde del abismo.
Falsificador de cartas
11 Abril 2007
No sólo quise ser Cyrano, lo fui hasta la extenuación. Antes de reírse, repase el arsenal de cartas de sus amantes, y examine cuidadosamente los textos que no cuadran con el temperamento del remitente, aunque la ceguera de la pasión le impidiera distinguirlos en su momento. No es improbable que disponga usted de una carta mía con otra firma, porque llegué a la sobreexplotación, en el papel de nazareno de escribanía. Torpe al expresar mis sentimientos, bordaba las emociones ajenas, dándose la paradoja de que una carta con la que yo fracasaba estrepitosamente, pasaportaba al éxtasis a quien me había solicitado ayuda letrada. O sea, que me embargaban las emociones correctas, pero andaban desencaminadas. A menudo tenía que vencer el escepticismo de mis intermediados:
–Ella no es así.
–Pero es así como quiere ser vista.
Nunca cobré, aunque tampoco hubiera estado de más. Sólo se acordaban de mi contribución cuando sobrevenía la separación. Toda reclamación era poca, olvidaban que ellos mismos me habían encomendado que sustentara su relación sobre un embuste. ¿No es siempre así?
El preámbulo ha de servir para expresar mi solidaridad con otro campeón del anonimato literario. Los socios de una ONG recibían cartas del presunto niño sudamericano al que apadrinaban, el cual les agradecía su contribución económica y además no existía. Por tanto, había alguien encargado de redactar los textos infantiles emotivos, y de suscitar un caudal de sentimiento para que el flujo de dinero no se interrumpiera. Su oficio equivale al doblador de gemidos de cine porno, inspirar orgasmos con desgana. Adiestrado para escribir y dibujar como un chaval, el amanuense es el único inocente de la trama. La falsedad es colateral, pues la caridad nunca ha pretendido combatir la pobreza, sino apaciguar al donante. Con su caligrafía desorbitada, el niño apócrifo creaba más emociones en una semana que la mayoría de nosotros en una vida. Quiero pensar que por eso lo hacía él, porque por eso lo hice yo.
La clave electoral
9 Abril 2007
Para qué quiere usted encuestas, si puede contar con mi opinión infalible. Buscar otra fuente de certeza sobre las elecciones inminentes, equivale a entretenerte con el Playboy cuando tienes en la cama de al lado a la playmate del mes, esperando a que acabes la amena lectura. Vamos a acertar con la clave del nuevo Govern de Balears, desde el desinterés más absoluto por la jornada electoral y sus prolegómenos. Disfrutaremos del domingo 27 de mayo aislados del mundanal ruido electoral. No perderemos el tiempo con los morrocotudos sondeos israelitas a pie de urna, incapaces de adivinar ni el sexo del encuestado. A eso de las diez de la noche, o cuando sea que acabe el último partido de la jornada liguera, formularemos nuestra pregunta oracular: ¿Ha entrado Unió Mallorquina en Cort? Desde la respuesta a este minúsculo dato, lo sabremos todo sobre el Consolat y aledaños.
Tanto en 1999 como en 2003, Formentera aportó la clave contaminada para conocer el signo del Govern. Conociendo el resultado en esa isla, se podía predecir el desenlace en el conjunto de la comunidad. Lo siento, pero ese síntoma ha periclitado. Olvide también la campaña de perfil subterráneo de Antich, y a los candidatos con aspiraciones cuyo nombre habremos olvidado el 28 de mayo. Omita las extrapolaciones siempre infieles sobre la España monoteísta del PP, tan extranjera a nuestros asuntos. Déjese de la estabilidad del mapa electoral, y demás monsergas a que recurrimos los analistas cuando no sabemos cómo llenar las dos líneas finales de un artículo.
Volvamos a la clave, la entrada o no de UM en Cort. Si la respuesta es afirmativa, el PP se quedará sin mayoría absoluta en Palma, Mallorca, Menorca y Eivissa –no, no importa que el partido de Munar no concurra en los departamentos de ultramar–, y a pactar. Con los mallorquinistas fuera del ayuntamiento palmesano, mayorías absolutas populares a discreción. Hagan lo que quieran con toda esta sabiduría gratuita, sólo los consultores políticos cobran por mentir a gusto y al gusto de cada cual.
Mercaderes en el templo
5 Abril 2007
La religión verdadera y la religión verdad era no significan exactamente lo mismo. Sin embargo, hay algo de obsceno en que las altas finanzas, la única creencia incontestable del milenio, hayan tomado al asalto la semana consagrada íntegramente al culto religioso anterior. O a huir de él en las pistas de esquí, que para el caso es lo mismo. Con Endesa, Enel, Acciona, e.On, CNMV, Telefónica o Iberia en liza, los blasfemos veraneantes de Semana Santa no han incumplido venialmente la devoción a las enseñanzas de su infancia. Los infieles han querido desentenderse del Mercado en la playa, y pagarán caro su agravio al becerro de oro.
Quienes aman apasionadamente el dinero no se preocupan de lo que se puede hacer con él. Su fe absolutamente desinteresada no pretende un premio, se sustenta en sí misma. Llevada al extremo, la propiedad es un crimen porque la economía de casino exige desprenderse cristianamente de los bienes atesorados, apostar lo conseguido para tener el alma en vilo. Ese mundo sin posesiones –empeñadas en hipotecas y malabarismos bursátiles– sublima el hecho religioso. Si la meditación y el éxtasis muestran la misma intensidad frente al futuro de una inversión o ante una creencia, por qué no igualar la espiritualidad de ambas experiencias.
Los mercaderes nos han expulsado del templo. El neomisticismo se aloja en Lloyd’s y Channel Four de Rogers, Agbar de Nouvel, Prada de Koolhaas y Prado de Moneo. El sólido hermanamiento de fe y finanzas se palpa en las nuevas guerras, tal que Irak. Es difícil ser tan católico como pretende Benedicto Ratzinger, aunque todos cumplamos a ratos con esa dieta. En cambio, la religión bursátil cuenta con los practicantes más entregados. No hay secreto sin fatiga, por lo que han lanzado una Opa contra la Semana Santa para enseñorearse de ella, contagiándola de una inflamada inflación que ha elevado el precio bíblico a treinta millones de denarios. Hágase la luz, que Endesa ya nos pasará la factura, también a los incrédulos.
No los aparenta
4 Abril 2007
Cuesta encontrarte con alguien de cualquier sexo, presumirle con cierto orgullo de que trabajas en esta casa, y que te suelte:
–Pues a mí la que me gusta es Pilar Garcés.
Si piensa que necesita rematarte, añade que “tú también acertabas bastante”. Entiendo por qué lo dicen, pero eso ahonda el dolor. Dado que la Garcés no nos lee para no contaminarse, les informo con delectación de que también ella cumple años, aunque sólo sean cuarenta –ya sé que resulta extraño que sea mayor que yo–. Boicoteé su primer artículo de opinión en defensa propia, pero era inevitable que acabáramos codo con codo, por mucho que pueda demostrarse empíricamente que esta columna se eleva unos centímetros por encima de la suya.
¿Detenerla? Sí, también hay gente que se cree capaz de frenar un tsunami. Sus artículos son una montaña rusa de escepticismo, sarcasmos, mandobles y, cuando te has pertrechado de escudo y coraza, enjareta un arranque emocional que te desarma. Te herirá con su acidez, te matará con su dulzura. Just like a woman –de cuarenta, no lo olvide–. Cómo no aplaudir a una persona con arrestos para ser todavía más malintencionada, cómo no alabar a quien te cantará las verdades a la cara, aunque preferirás que no lo hubiera hecho. Periodismo desde la mujer libre, el que más cautiva a los hombres.
(Cuarenta, aunque no los aparente ni los apacente). Siempre tengo una perversidad aviada para estos casos, por lo que les aseguro que Garcés suena mejor de viva voz que en prosa, deslenguada antes que desplumada. Nunca cometas o pronuncies una tontería a menos de un kilómetro de ella, porque su radar la atrapará y serás despellejado en vivo. Confiaba en que las edades de Pilar limitarían su radio de acción, en vano. Llevo veinte años esperando a que se verifique el terrible “el tiempo te cambiará” que le pronostiqué, y seguiré esperando así que sean otros veinte. Entretanto, podría vivir con las sobras de su humor intemporal. Tal vez lo he hecho, algún día.
Mujeres exclamadas!!!
2 Abril 2007
La mujer no es un ser perfecto, grado que presumiblemente alcanzaría en ausencia de hombres. Entre las costumbres femeninas que causan una vaga incomodidad, figura en primer lugar su pasión por erizar los e-mails y SMS de signos de exclamación, en las ubicaciones más intempestivas. “Hola” es una palabra lo suficientemente cursi para no utilizarla jamás por escrito, y eso sin necesidad de aderezarla con las estacas puntiagudas que la transforman en interjección. “Hola!!!!” significa que una señora deja un recado. El número de palitroques adjuntos ni siquiera está relacionado con la última performance sexual del destinatario, con lo cual equivaldría por lo menos a las estrellas que conceden los críticos de cine.
Ni siquiera sé en qué tecla del móvil se halla el signo de exclamación, aunque con gusto escribiría cada palabra de mis artículos entre interrogantes. La mujer espolvorea sus asombros decorativos sólo al final de la frase, arrastrada por algún impulso morboso. Hemos escrito enciclopédicamente sobre las mujeres aclamadas y reclamadas, hoy nos centramos en las exclamadas, cuyos mensajes de sobresalto interjectivo te transmiten la inquietud de no estar viviendo con la intensidad suficiente.
Antes de reclamar la cuota exclamativa masculina, cabe recordar que “te quiero” expresa un sentimiento con la austeridad indispensable. En cambio, “te quiero!!!” huele a pirotecnia fallera, aunque aquí elucubro porque nadie me ha transmitido jamás ese binomio, salvo en defensa propia. Los signos de exclamación no enfatizan, frivolizan. Su proliferación se produce mientras los fósiles de la comunicación escrita se quejan ritualmente del carácter efímero de correos electrónicos y mensajes telefónicos, sin añadir un afortunadamente. De ahí que, en aplicación de la misma ley por la que me niego a responder SMS donde se sustituye el “que” por “k”, tampoco me doy por aludido en mensajes con más de dos signos de exclamación por línea, que es la media femenina. Lo siento, Charlize!!!
