Desamar
27 Septiembre 2007
Si amar es más difícil que ser amado, ¿por qué desamar habría de ser más fácil que ser desamado? El desolado de turno musita que “Pepita ya no me quiere, pero yo sigo loco por ella”. Acabamos de fabricar a una víctima inexpugnable, porque el amor es la coartada perfecta. Yo me apiado sin embargo de Pepita, obligada a desamar a alguien que le repugna profundamente. Mi juicio no se ve afectado por haber interpretado tradicionalmente el papel de ese desdichado, con notable convicción. Qué discernimiento cabe esperar de alguien incapaz de seleccionar a la persona que pueda amarle. Si nadie se come deliberadamente una seta venenosa, ¿por qué se enamora a conciencia de la persona equivocada?
“Para ti es muy sencillo”, reza el mantra de la persona desamada. Y aprovechando la perplejidad del desamante frente a esa sandez, se le adhiere en esa fase donde el afecto deriva hacia el estrangulamiento. Desamar equivale a liberarse de ese engorroso abrazo con elegancia, sin contagiarse de la ausencia de sentido del ridículo que padece el desamado. Emocionalmente, equivale a pasear por las calles junto a una persona en ropa interior. En aras de una mejor comprensión, nos estamos centrando en el caso más elemental, con sólo dos participantes. Vista la tensión acumulada en el dúo, podemos preguntarnos cómo se puede desamar a dos personas a la vez, y no estar loco.
Tras el triunfo del desamor, el desamado jura a sus confidentes que no volverá a enamorarse. Sin embargo, el disgusto hacia el amor se acentúa en el desamante, tras su costosa liberación del enamorado pertinaz. Sólo desamar contra tu voluntad está adornado de cierta grandeza, ese momento en cada biografía donde el mamífero se siente Humphrey Bogart al final de Casablanca. La infrecuencia de este papel recomienda olvidarlo, y aprender a conjugar el verbo amar en todos sus prefijos, la pleamar, la bajamar y el desamar. De paso, reclamemos un solo día sin el predominio de un ominoso sentimiento coactivo.
Es Mallorca, no son Espases
26 Septiembre 2007
El anterior Govern se extinguió sin percatarse de que podía destruir La Real, pero que jamás conseguiría liquidar la metáfora tejida en torno al monasterio. Cirer y Rodríguez quisieron combatir ese símbolo con gorilas, pero el rector Antoni Vallespir les venía recordando, desde tres años atrás, que “La Real se ha alzado en nombre de toda Mallorca”. Es arriesgado despreciar los contenidos metafóricos, Matas se hunde cuando suministra gratuitamente la traslación verbal más ajustada a su gestión: palacete.
A una metáfora no se le puede reprochar incoherencia, y funciona además en doble sentido. El PP no sólo buscaba en son Espases un ariete urbanístico para destruir la zona, sino un símbolo ejemplarizante de la exposición de cualquier territorio a la depredación sumaria. El estudio encargado por Antich incide en el poder metafórico, al advertir de la hostilidad de los vecinos de Son Dureta hacia una hipotética reforma en la sede actual del hospital. En efecto, cualquier barriada de Palma se soliviantará, porque la congestión no se circunscribe a una zona concreta. Es Mallorca, no son Espases, resulta imposible desvincularlas.
Para descifrar la metáfora, qué se habrá ganado si son Espases se traslada a otra ubicación, y se construye a mansalva alrededor de La Real. Hacemos de todo excepto un hospital, también Bush habrá pasado dos legislaturas sin incordiar a una becaria. Desde el 27-M, se hace hincapié en las causas de la catástrofe electoral del PP, como si el éxito subsiguiente fuera sólo una derivada de aquélla. El Govern semiprogresista ha de preguntarse seriamente por qué ha ganado. Se desenvuelve como si su llegada fuera un accidente, lo cual entraña un desprecio adicional a la inteligencia de los votantes. Al menos ocho de de cada diez mallorquines se oponen al actual modelo urbanístico. Históricamente, la izquierda se ve obligada a combatir esa lacra desde la oposición. Ahora puede hacerlo con una cuota de poder. Ya que no se atreve a hablar de utopía, que se encamine al menos hacia la metáfora.
Inmobiliaria Chacón&ZP
24 Septiembre 2007
Carme Chacón arrastrará por siempre las secuelas de no haber sido ministra, cuando las políticas de ese rango posaban para Vogue. A modo de premio de consolación, Zapatero le ofreció una sesión fotográfica a dúo, en el mismo marco incomparable donde fueron inmortalizadas María Teresa Fernández de la Vogue y sus compañeras. Con la excusa de que plagiaban medidas estériles de la anterior titular de Vivienda –encaminadas a reparar con ayudas a quienes se atrevan a alquilar pisos a jóvenes–, los supermodelos presentaron oficialmente la recién creada Inmobiliaria Gobierno de España.
Los agentes inmobiliarios Chacón y Zapatero patrocinan el acceso al contrato de esclavitud hipotecaria, bajo el subterfugio de que impulsan los alquileres. Saben que, en menos de un año, los inquilinos desesperados darán el salto hacia el alquiler vitalicio, eufemísticamente conocido como hipoteca. La llamada a la emancipación obligatoria no tiene por objeto una sociedad adulta, sino impedir que los veinteañeros se despisten y gasten en asuntos ajenos a la hipoteca. En la disolvente cultura, por ponerse en el caso más nocivo para un veinteañero. Una vez encarcelados en el piso que tardarán medio siglo en sufragar, su dedicación a la vivienda será absoluta.
Por ejemplo, la mayoría de los gamberros que queman efigies regias no están angustiados por una hipoteca. Tampoco votan PSOE, pero una cosa lleva a la otra y, en cuanto te ligas vitaliciamente a un banco o caja, la corrección hacia el voto socialista se da por añadidura. Por una vez, no estamos desvariando. Los socios fundadores de la Inmobiliaria Chacón&ZP reconocen con su gesto que un sueldo no basta para subsistir, dado que no cubre la necesidad mínima de la vivienda. En lugar de aumentar los salarios –más dinero para que el ciudadano lo administre a su albedrío– o actuar sobre los especuladores, el Gobierno de izquierdas exterioriza su adhesión inquebrantable al mercado. Las hipotecas nos obligan a añorar los tiempos en que había una sola superstición verdadera.
Soledad del sábado noche
20 Septiembre 2007
El sábado noche destila la soledad más perfecta, sin drenaje. Marilyn Monroe se suicida porque no puede soportarla desde esta orilla. Seres más atrevidos la han querido soslayar mediante el matrimonio, que permite saborear el aislamiento por duplicado. En el penúltimo día, la semana siguiente parece inalcanzable, la pasada se pierde en las brumas. Las estadísticas confirman que el lunes por la mañana presta el horario más propicio para incoar un infarto, pero la mayoría de depresiones se incuban a raíz de la soledad del sábado noche.
Alcoholes y drogas se destilan para mitigar esa enfermedad contemporánea. Hubo un tiempo en que el terror acosaba al ser humano todas las noches. La concentración de ese efecto en un día a la semana transforma las restantes jornadas en presagios. Igual que cada organismo repite en su desarrollo embrionario las fases de la emergencia de su especie –la ontogenia resume la filogenia–, la soledad del sábado noche compendia el estupor que acompaña a la experiencia humana desde su génesis. No pretendas fracturarla en una temporada íntegra de Los Soprano o de la inconmensurable El ala oeste. Te asaltará a cada imagen.
El sábado por la noche, nadie es presidente de una empresa ni ministro. Nos agolpamos en los cines para que a la salida sea otro día. Don Juan se queda sin sus señoras casadas, Doña Juana comprueba que a su amante le ha florecido un súbito instinto paternal y familiar. No debe confundirse ese fenómeno con la soledad por la ausencia de una persona concreta, una trivialidad que se desparrama por toda la semana y que cicatriza sin secuelas. Para combatir la soledad del sábado noche, hay que enriquecerla. Dicen que sólo una vida social fructífera te coloca en el estado de ánimo óptimo para emprender una labor intelectual, pero te priva asimismo del tiempo para ella. A crear, pues, ahora que estás en soledad. Sé que debería aportar una solución más concreta, pero llevo 51 líneas sin encontrarla. Mañana por la noche tendré tiempo para pensar en ella. Les cuento.
Y más Imaz
19 Septiembre 2007
Vasco es la única palabra que en España debes tomarte más en serio que madridista o barcelonista, muy por encima de catalán. En el polo opuesto, mallorquín es un gentilicio que los españoles se toman a broma, y viceversa. Mallorca nunca le otorgaría a la españolidad el rango suficiente para plantear una secesión. Equivaldría a proclamarse independiente de las intrascendentes hormigas. En esta jerarquía geográfica, Josu Jon Imaz demuestra que los vascos, además de quintaesenciar las virtudes españolas e incluso alguno de sus vicios, también podrían aspiran a encarnar los valores europeos.
Felipe González llamó a Imaz “una bendición”. Su expulsión del PNV tiene por objeto evitar que puedan votarle. Al sacar del ruedo a los candidatos que serían apoyados masivamente –el ya citado, Gallardón–, se demuestra que los partidos no hacen política de espaldas a los ciudadanos, sino en su contra. El líder saliente ha sabido acompasar la valentía en el discurso y la acción, hablar para la masa sin someterse a sus pulsiones, desatender a quienes desecran la vida. Estas calidades lo hacen molesto para Rajoy, que recurrió a su prosa de pisapapeles para despedirlo como “correcto y educado”.
Durante la negociación con ETA, Imaz derrotó a Zapatero en ecuanimidad, escepticismo y capacidad de análisis. El peneuvista domina la impostación, el socialista viene acuciado por el deslizamiento hacia la impostura. Tras el anuncio de la retirada de su presidente, el PNV se envolvió en el silencio de una sociedad secreta, una secta o una orden cartuja. La exaltación nacional ahorra pronunciamientos sobre realidades menos idílicas. La simplificación nacionalista es tan manejable que sus siglas deberían tener más votantes. Abstrayéndose de su partido, si ello fuera posible, Imaz ennoblece la labor de quienes estamos condenados a hablar de política. Es posible que su salida sea solamente la primera parte de su regreso. Antes de consumarlo, habrá que rebajar la ponderación de la palabra vasco.
Quinteto español en la final
17 Septiembre 2007
Nos encontramos en el Palacio de Deportes de Madrid, donde España y Rusia dirimen la final del Eurobásket. El pabellón cobija a los titanes de esa disciplina. El seleccionador español, José Luis Rodríguez Zapatero, alinea a un quinteto interclasista. Aznar juega de base, con unas mechas que acentúan su temple. Ruiz Gallardón consigue por fin ser el número dos. La presencia de Serrat por las alas mata dos pájaros de un tiro. Es el puesto obligado para quien canta “Se equivocó la paloma se equivocaba”, y el ensamblaje con los astros del PP está garantizado en el autor de Mis gaviotas. Rajoy jugará de cuatro, que es su posición natural. Almodóvar no sólo redondea la alineación como autor del himno patriótico que los jugadores cantan en el vestuario –Hable con paella–. Además, su dirección resultó decisiva en la victoria sobre los gigantes balcánicos, que dio lugar a Mujeres al borde de un ataque de serbios.
Entrenada por Rusa Díez, la selección de Rusia alinea a Putin I, Putin II, Putin III, Putin IV y Kirilenko. Desde el comienzo del partido se advierten signos preocupantes. España dispone únicamente de dos sistemas, porque el planeta del baloncesto se expresa en inglés y Aznar sólo sabe contar hasta two. Rajoy justifica su apodo de Black Hawk Down, pues no altera su semblante de persona que acaba de salir de un helicóptero estrellado. Almodóvar se niega a desprenderse de sus gafas de sol, y persigue a Putin IV mientras le grita “Atame”.
Gallardón zancadillea aviesa y repetidamente a Rajoy. Serrat sólo consigue avanzar golpe a golpe. Incomprensiblemente, el mejor equipo de VIPs españoles de la historia cae derrotado, tras una canasta del ruso Gyorgyi Bush. El seleccionador Zapatero retira a sus tropas y garantiza que en Pekín presentará un cinco paritario, reforzado por la fina estilista Fernández de la Vogue, la tiradora Carme Machacón y la no menos ministra Mercedes Cabrera –hija del legendario malabarista Carmelo Cabrera–. Serrat entona la Saeta para resumir el dolor de un pueblo. La jet se apunta al voleibol.
Ahorrar en libros de texto
13 Septiembre 2007
Si la gratuidad de los libros de texto en Balears fuera un asunto económico, el revuelo debería orientarse hacia la algarada callejera en el caso de las asfixiantes hipotecas. La biblioteca escolar es una anécdota, por comparación con los contratos de esclavitud inmobiliaria. Dado que la servidumbre hipotecaria se asume sin rechistar, no estamos dirimiendo una cuestión crematística, sino cultural. En concreto, el desdén hacia los libros, en torno a cuya ausencia de valor real se ha instalado un amplio consenso. Si se decidiera suprimirlos, no se suscitaría polémica alguna, porque lo más probable es que la medida pasara desapercibida.
Hay que ahorrar en libros de texto para pagar más de hipoteca. Músicas y películas ya son gratuitas para los delincuentes que las descargan de internet, frente a los idiotas que insisten en pagar ingenuamente por esos artefactos. Los libros figuran en el escalón inferior, y abundan las personas que se escandalizan al descubrir ahora que llevan al dorso una etiqueta con el precio. Un libro siempre es caro, en tanto que el precio desorbitado de una vivienda sólo aumenta su poder de seducción. Insistiendo en el valor comparado, ¿por qué desgrava la compra de viviendas, y no la de papel impreso? En otros términos, ¿por qué los infelices que todavía compran libros –colectivo afortunadamente en retroceso– han de subvencionar a quienes se dejan robar al contratar una hipoteca?
El valor nulo de los libros, empezando por los de texto, mide indirectamente el aprecio a las enseñanzas contenidas en ellos. Ni siquiera serían abiertos, si no pavimentaran el pasaporte a los títulos académicos, indispensables para emplearse en un trabajo que permita suscribir una hipoteca. Obviamos las críticas al descuido en su escritura, ¿ha visto usted el nivel técnico de la construcción? Cuando los libros se expendan gratuitamente, los condenados a usarlos se inventarán otra excusa para seguir despreciándolos. Al dogma “No queremos libros caros” le sobra una palabra. “No queremos libros”. Punto.
Cómo no aprender inglés
12 Septiembre 2007
Con miii método, usted no aprenderá inglés ni que pasen mil años, half-assed imbecile. Si ha entendido esta expresión, y va a querellarse contra mí por haberla escrito, para qué diablos insiste en que no sabe inglés, pompous asshole. Si lo que desea es gastar dinero a cambio de perder el tiempo, miii método se compone de seis lecciones imprescindibles para desprestigiar el inglés, cockeyed parrot:
Cómo distinguir si un texto está escrito en inglés o en otra lengua muerta cualquiera, loony bin. Es suficiente un simple recuento de palabras acabadas en -ing, o comprobar que ese sonsonete repetitivo se debe a que no ha sintonizado usted la BBC, sino Al Jazeera.
Cómo conseguir que un stuffed sucker deletree correctamente Malboro Cantree y Güinet Palltrow.
Cómo perderle el miedo a un idioma donde las palabras gay, bastard, record, prostitution, video, heterosexual, manager, gin-tonic, sexy, penalty y Osama bin Laden significan lo mismo que en castellano, sonofawalrus.
Cómo distinguir si las imágenes de la páginas porno granniesdrinkitall.com han sido tomadas por un fotógrafo inglés, o por el famoso fontanero polaco haciendo horas extras disfrazado de fotógrafo polaco, bullshit manufacturer by the loads.
Cómo acostumbrarse a que cuando una inglesa dice Not quiere decir Yes –y cuando dice Yes procede salir huyendo–, con lo cual carece de sentido aprender un idioma en el que todas las palabras tienen el mismo significado, bucketful of leeches.
Cómo distinguir si la frase “Are you looking at me, pomodoro figlio de fettucini impregnato de mozzarella?” corresponde a Robert de Niro en Taxi Driver o a Aznar en Georgetown.
Después de decenas de cursos que traicionaban la promesa de inculcarle el idioma que habla todo el mundo excepto usted, por fin una publicidad no engañosa. Con miii método, usted no aprenderá nada del inglés, pero el inglés tampoco aprenderá nada de usted, dimwit.
Madeleine, viva o muerta
10 Septiembre 2007
Cualquiera puede engañar al analfabeto Beckham o al Papa –basta repasar la lista de supersticiones que cree a pies juntillas–, pero los padres de Madeleine se han burlado de la clase periodística en pleno, ese cuerpo de descreídos. La desaparición y cacería mediática de la niña ha de examinarse desde la vergüenza profesional. La prensa ya no hace preguntas, la necesitaba muerta o en las garras de extraños. Le aplicó el mismo criterio que convierte un Islandia-España en un acontecimiento histórico. Ya nadie desea ser tachado de impopular. Los periodistas se limitaron a ofrecer lágrimas, a condolerse y congraciarse con los padres. Formular una sospecha implicaba pecar de indelicadeza.
Madeleine nunca fue una víctima, sino una presa. Viva o muerta, todo por la audiencia. Cada vez que un periódico ha publicado una foto llorosa de la madre, el diario ha mentido. No ha contestado ni contrastado la versión oficial, se ha sometido a los criterios de la autocomplacencia. Debería empezar por confesar que yo también he sufrido por la médico inglesa. Es bella, el exutorio de la inocencia contemporánea. Una pareja desarreglada y obesa hubiera levantado suspicacias desde el primer momento. Por no hablar de las críticas xenófobas a la policía portuguesa, a cargo de los infalibles británicos que mataron a un brasileño por confundirlo con un terrorista.
Los abusos a Madeleine no enmarcan un hecho aislado. Se empieza disculpando la muerte de miles de iraquíes como un avatar político, se acaba tolerando que personas lo suficientemente bellas aporten su versión inatacable de un suceso que les concierne. Por el camino, se encomienda la salvaguarda del planeta a futbolistas y cantantes. Ajena a la mínima indagación, la prensa vanidosa se refugia en el criterio de la primicia sucesiva, como si la verdad fuera un juego de suma cero: “Fuimos los primeros en publicar la mentira, y hemos sido los primeros en desmentirla”. Queda decretada la era de la tranquilidad absoluta para el mentiroso, criminal o no. Del periodismo no tiene nada que temer.
Pavarotti y el ‘gol canto’
6 Septiembre 2007
Luciano Pavarotti interviene en la ceremonia inaugural de un torneo deportivo –sumisión del bel canto al gol canto–. Minúsculo sobre el terreno de juego, su recia imagen se agiganta en la pantalla situada sobre la tribuna de gol. El tenor canta mirando al palco, pero los miles de espectadores de la tribuna han girado el rostro hacia su imagen apantallada –sumisión del in vivo al in vitro–. Al advertir esta disfunción, el artista extrañado también se retuerce hacia el altar catódico. Todos los presentes acaban mirándose en el espejo que les justifica. Sumisión de la realidad a su reproducción.
Este incidente, un clásico en las historias de terror sobre la televisión, obliga a replantearse la muerte de Pavarotti. No se extinguirá mientras se conserven la imagen o la voz, más definitivas que sus constantes vitales. La audiencia lo quiere así. Il divo no es il vivo, exige la distancia de una pantalla y ningún ataúd va a apartarnos de esa convicción. Desde la tenacidad de mi cargo como presidente de la Sociedad de Enemigos de los Amigos de la Opera, sólo cabe añadir que el renacimiento fugaz de la pasión operística exige la muerte de su practicante esencial. El tenor más famoso de los últimos tiempos ha sido descubierto en un sucedáneo inglés de Operación Triunfo.
La ópera es el espectáculo más caro para quienes no van a la ópera, obligados a sufragar la falta de fondos de los presuntos aficionados. Será el lenguaje universal, pero nadie atiende. Escuchar a Pavarotti equivalía a asomarse al cráter de un volcán. Pasó de la interpretación a la posesión, en su voz puede detectarse el rastro sonoro del big bang. Tal vez su arte periclita porque no hay oídos a la altura de su voz. Todavía no sabemos por qué preferimos escuchar a Pavarotti que a Rajoy. Mejor así, dado que este enigma alimenta a un batallón de psicólogos. La identificación por la voz vulnera los criterios de homogeneidad que impone la pantalla, pero pronto se convierte en un instrumento para controlar al ser humano, por medio de esa misma pantalla a la que se rindió Pavarotti en el estadio.
Agentes Solidarios
5 Septiembre 2007
El tamaño de Córcega dobla al de Mallorca. En cambio, su población es cuatro veces menor que la nuestra. Por tanto, su densidad demográfica es ocho veces inferior a la mallorquina, o hasta diez veces si tomamos en consideración nuestra inflación turística. Imagine que en la habitación donde usted se encuentra ahora mismo a solas –supongo que no permite que nadie vea que está leyendo esta sección del periódico–, aparecieran súbitamente otras ocho personas. Esa es la diferencia entre una isla medianamente poblada, en un mar sobresaturado, y el sucedáneo de Hong Kong que habitamos.
Los científicos experimentan con ratas porque odian a los animales, pero nuestro ensayo puede llevarse a cabo con los limitados mamíferos humanos. Si colocamos ocho de ellos donde uno ya sería multitud, no hemos de preguntarnos qué sucederá, sino proceder directamente al cálculo del tiempo que transcurrirá antes de que estalle la violencia. Podrá medirse en segundos. Mallorca no sólo pretende sobrevivir en esas condiciones de aglomeración, sino que las obras en marcha garantizan que la población se doble en el espacio de unos años. O sea, veinte personas donde debiera haber una.
Aquí llega nuestra aportación impagable –constructiva, dado que hablamos de ladrillos– para apaciguar un polvorín superpoblado. El Govern semiprogresista debe crear a toda prisa el cuerpo de los Agentes Solidarios, una iniciativa pionera que será pronto imitada en Shangai, El Cairo y Rio de Janeiro. Su única misión conocida será la sonrisa, con lo cual ya trabajarán más que una porción considerable del cuerpo funcionarial. Siempre risueños, no perderán la calma ni un instante. Se limitarán a circular entre los ciudadanos cada vez más amontonados, apaciguándalos con su flema. La suavidad y la expresión dulce serán sus armas, sin un ápice de ironía ni de irritación. Los conflictos anulados garantizan la rentabilidad del Agente Solidario. Es uno de los oficios más duros que se me ocurre. Si no me cree, pruebe a pasarse sonriendo el día entero de hoy.
Basta Yo
3 Septiembre 2007
Me asombra el error sistemático al escribir el nombre del prepartido político Basta Ya, que en realidad es Basta Yo. Atiende al castizo “yo me basto”, es un grupo disolvente para vedettes con ansia de protagonismo. Saltamos del partido-masa al partido-ego, en un elitismo de arte y ensayo que tiene a Savater como filósofo-rey. Quienes le admiramos por su trabajo –dar que pensar y qué pensar–, no vamos a seguirle automáticamente si se dedica a la pintura o a la política. Según esa regla, también deberíamos comprar un disco de Paris Hilton porque nos atraen sus vídeos sexuales, o quedarnos arrobados ante Woody Allen tocando mal su clarinete. Se me ocurren miles de propuestas a Scarlett Johansson, pero entre ellas no figura que pilote un avión en el que yo viaje. Yo no me basto.
El segundo ego en tamaño de Basta Yo pertenece a Rosa Díez. Su exhibicionista renuncia demuestra que las ambiciones cercenadas son letales para una organización. Yo me basto para imaginar que un PSOE con idénticos militantes y principios, pero con ella de secretaria general, le parecería acogedor. El ungüento de la pureza peligrosa ya lo vendió Ciutadans a la derecha del PP –desde cuándo la promoción de una idea asegura su destino ideológico–, y el desconcierto actual de sus militantes nos exime de comentarios. Ni ellos mismos saben para qué sirve su engendro.
Habría que aclarar el país real y sin fisuras al que desean conducirnos los idealistas. Siria y el Irak de Sadam son modélicos en cuanto a identidad y unidad nacionales. No sirven Estados Unidos –dos millones de presos, Ku-Klux-Klan–, Inglaterra –Ulster, terrorismo islámico a cargo de ingleses–, Italia –Camorra, ‘Ndraghetta. Cosa Nostra– ni Alemania –resurgir neonazi–. El eslogan “el partido al que usted desearía votar” olvida que la mayoría de personas suscriben a regañadientes el ideario de las formaciones que votan, y por eso lo hacen. La democracia es imperfecta. Quienes desean salvarla, también. Para enterarnos, no necesitamos otro partido.
