El 11-M todavía no ha ocurrido
31 Octubre 2007
Siete autores materiales del 11-M se suicidaron en Leganés. Dos más –y sólo dos más– han sido condenados en el mismo rango por la Audiencia Nacional. No todos ellos cargaron con el centenar y medio de kilos de explosivos con metralla, distribuidos en trece bolsas de deporte, que estallaron en los trenes de Atocha. Por tanto, al menos media docena de asesinos islamistas permanecen en paradero desconocido, por no hablar de las incorporaciones de nuevo cuño a la sed de sangre.
En esta situación de desvalimiento, procede aferrarse a Baudrillard, a quien también debemos la visión más lúcida del terrorismo. El pensador francés escribió el ensayo La Guerra del Golfo no ha tenido lugar, que hemos de adaptar con el pronóstico atroz de que El 11-M todavía no ha tenido lugar. La sentencia nos sume en la zozobra de que el verdadero impacto, el big one que se cierne sobre los californianos, está por venir. Gómez Bemúdez ha clausurado una era y ha declarado inaugurado el futuro del 11-M. Recordemos que los autores de la matanza casera se adoctrinaron a domicilio, y que componían una célula de bricolage, tan desestructurada como mortífera.
Los asesinos andan sueltos, el miedo de verdad sustituye al miedo a la verdad. Hasta ahora sólo vivíamos en vilo, como si fuéramos merecedores de una tragedia mayor por no votar al partido adecuado. Acebes/Zaplana nos mortificaban retroactivamente, aunque insistiéramos en que Bin Laden no votó ni remotamente en nuestro lugar. La patraña de que Al Qaeda ganó las pasadas elecciones –equivalente a sostener que el cadáver de Sadam derrotará a los Republicanos en las presidenciales de 2008– demuestra escasa fe en los comicios democráticos. Sin embargo, se difundió con tintes tan amenazadores que durante meses olvidé que yo no voté atemorizado por el 11-M, aunque no conciba otra forma de hacerlo en favor de Acebes/Zaplana. Ayer, en fin, aspirábamos a oír de labios de Gómez Bermúdez la sentencia que ningún juez se atreve a pronunciar. “No volverá a ocurrir”.
Más homenajes en son Oms
29 Octubre 2007
Nos congratulamos de la feliz idea de rendir homenaje a abogados involucrados en asuntos de corrupción. Nadie como un letrado aprecia la soledad en que se encuentra un narcotraficante o un estafador, y que el criminal –incluso supuesto– necesita del calor humano cuando es señalado por el dedo ciego de la Justicia clarividente. Los restaurantes de moda deberán lanzar reclamos para este nuevo segmento de clientela, “Homenajee a su presunto delincuente favorito en un ambiente de lujo y con las langostas de nuestros viveros”.
Sin embargo, este movimiento a favor de la honradez inmutable e inviolable de un colectivo se estrella contra el escándalo de son Oms. En las aristas de este polígono también aparecen abogados linajudos y encopetados, pero un homenaje podría entenderse como un respaldo a Maria Antònia Munar, cuya criminalidad colocan los asistentes a estos saraos a la altura de Landrú o del estrangulador de Boston. Por tanto, costaría asegurarse la asistencia inexcusable de quienes consideran que la venta de una parcela por triplicado es un acto no sólo irrelevante, sino encomiable y digno de protección jurídica.
Aun salvando la incompatibilidad entre PP y UM, la proliferación de homenajes puede inducir a la confusión de homenajeados y homenajeantes, generando un tráfico de cenas, sobremesas y acideces que merme la diligencia de los bufetes afectados. Aceptemos que la corrupción mallorquina –de haberla habido– estaría excelentemente asesorada en lo legal, y que su persecución puede acabar en un indeseable enfrentamiento entre los abogados y los funcionarios judiciales. Los memorables artículos en prensa, firmados por juristas de reconocido desprestigio, no han logrado el efecto deseado de amedrentar a la fiscalía Anticorrupción por lo que, como siempre en estos casos, sólo cabe reformar la ley. A partir de hoy, queda prohibido importunar a los personajes de tronío que cuenten en sus apellidos con las partículas de, y, i, von, Pantoja o asimilados. La Justicia, para quien se la trabaja.
La Postguerra Civil
26 Octubre 2007
En su libro esencial Postguerra, subtitulado “Una historia de Europa desde 1945”, Tony Judt concluye que “la postguerra ha durado en Europa mucho tiempo, pero finalmente está llegando a su término”. Siempre a contrapié, Zapatero se ha empeñado en reverdecer la Guerra Civil que preludió el conflicto mundial. Esta incipiente obstinación presidencial –paralela a su latente convicción de que seducirá a ETA– le propinará algún disgusto al país, si el líder socialista prolonga su mandato. La redundancia implícita en la memoria de la historia olvida a menudo la historia de la memoria. A saber, que los recuerdos cambian más deprisa que la actualidad. ¿Qué pienso de lo que me ocurrió diez años atrás? Depende de cuándo me pregunten. Mis opiniones sobre los hechos que me conforman se modifican a diario, dando por resultado un hoy confuso pero apasionante.
En su libro monumental, Judt habla explícitamente de “mantener a raya el pasado”. Tras una empresa fallida, los gurús del management aconsejan “minimizar las pérdidas y no mirar atrás”. En cambio, Zapatero quiere que todos veamos la película que él prefiere, con la osadía de los políticos en cuya victoria nadie confiaba. Como himno de su apelación estetizante, Las 13 rosas parecen las ministras camino del posado de Vogue. Nuestro concepto de desmemoria no coincide con el imperante en la época hacia la que quiere pastorearnos.
La geografía le preocupa a Zapatero menos que la historia. Si se sigue destruyendo el entorno a la velocidad que él alienta, no va a quedar paisaje sobre el que asentar su rememoración. La transición política reposó en el cinismo de que, si te preguntan por la memoria histórica, puedes responder “¿cuál de ellas?” El presidente postula una evocación sin efectos secundarios, como su pensamiento. Es una simplificación lógica en quien sacramentaliza el matrimonio homosexual, olvidando que disparará las tasas de divorcio entre homosexuales. Además, enzarzarse en la postguerra es el camino más rápido hacia la preguerra.
Cecilia, reina por un día menos
24 Octubre 2007
Las presidenciales francesas consagraron a dos seres deslumbrantes, Ségolène Royal y Cecilia Sarkozy. La primera perdió la elección y la segunda perdió por elección. Reina por un día y no más, se ha resistido a enajenarse a la larga lista de cosas que no hay que hacer por amor. El porcentaje de consortes de jefes de Estado que se separan voluntariamente de sus cónyuges es nulo. Perder el poder, aunque sea regurgitado por otro, es el patíbulo social. La esposa de Sarkozy ha desenmascarado a quienes atribuyen la continuidad matrimonial a la razón de Estado, coartada baladí de vanidades acuciantes.
Un listín telefónico se queda corto para recoger la larga nómina de personas dispuestas a cualquier humillación, con tal de sorber su cuarto de hora de gloria. En Cecilia –vestida con tal elegancia que ningún diseñador permite olvidar su cuerpo– celebramos a quienes se han atrevido a tomar una decisión contra sus intereses, reclamando un poco de silencio. Ha querido vivir en la sombra, no a la sombra de un marido coronado. Sólo comprende el poder quien lo abandona, y nuestra heroína se enfrenta ahora a la xenofobia larvada de sus compatriotas. Desde que se divorció del presidente, Cecilia Ciganer Albéniz ha vuelto a ser española, esa maldición.
Nos abstendremos de adjetivar la convivencia entre una hermética y un cinético. Sólo queremos glosar a esta española anticastiza y, en ibérica venganza, identificarla con la Cecilia de Simon&Garfunkel. Desde su letra premonitoria –“Oh, Cecilia, estoy arrodillado/ suplicándote que vuelvas a casa”–, se narra la desventura de Nicolas Sarkozy, en unos versos que se remachan en “me levanté para lavarme la cara y, cuando volví a la cama, alguien había ocupado mi lugar”. La liberación de la primera dama francesa contrasta con la amargura creciente de las princesas consortes, porque ningún sueño es como nos lo habían contado. Al negarse a ejercer de cortesana, Cecilia nos ha dejado sin excusas. Si no te gusta tu situación, lárgate. También lo sé decir en francés.
Al Gore que más calienta
22 Octubre 2007
Al Gore vuela a Palma en jet privado, con lo cual contribuye al cambio climático más que cien mallorquines en todo 2007. Al cabo de un año en ese régimen de vuelo, ha recalentado el globo más que la población entera de Mallorca. El poder destructivo de su huella de carbono equivale a soltar una manada de brontosaurios en una megalópolis. Estoy a punto de afirmar que su tournée daña más al planeta que su siesta de ocho años en la Casa Blanca. Siempre puede argumentarse que, si invitas a Brad Pitt y Angelina Jolie, viajan en jets separados, por lo que se duplica el cinismo climático.
El estilo de vida del ex vicepresidente equivale a combatir el recalentamiento con lanzallamas. El Instituto de la Empresa Familiar cumple con el heliotropismo de arrimarse al Gore que más calienta, aunque nos asombra la curiosa ausencia en esa entidad de las instituciones públicas y partidos políticos, las empresas que emplean a un mayor número de familiares. Abonar mil doscientos euros per cápita, para escuchar las obviedades del inventor del cambio climático, es un gesto de conmovedor altruismo. Máxime si se recuerda que estamos ante un hombre al que ha derrotado incluso George Bush, incapaz de obtener victorias en Afganistán, Irak o Corea del Norte.
Mirar al cielo donde se recorta la silueta del jet de Gore, so pretexto de salvar a la Tierra, es más supersticioso que encomendarse directamente a la divinidad. Quizás el Creador ha sentenciado ya a un planeta donde los espabilados se visten de verde. Los ecologistas no quieren reducir las colas en los aeropuertos, sino saltárselas y vivir en el pescante de un reactor privado. Les molesta la masa, como a todos. El ex vicepresidente sería un mensajero divino porque, con un par de miles de Gores, la destrucción del globo está garantizada. En pleno festival de tornados, el responsable de la meteorología balear sentencia que “el tiempo es muy variable”, como si hablara de mujeres. A eso lo llaman ciencia. Con todo, bienvenido sea el cambio climático, si me lo explica Angelina Jolie.
Quién no controla al Govern
18 Octubre 2007
Si todo poder corrompe, el poder de un Govern semiprogresista corrompe a medias. Nos limitaremos a abordar la corrupción técnicamente, para preguntarnos si es probable pillar a sus autores. La conclusión es que pueden gobernar tranquilos, el férreo control mediático que ejercen les garantiza una legislatura en la que apenas salga a la luz un porcentaje ínfimo de sus semidesmanes. No habrá nadie para denunciarlos. Así ocurría ya en la era del despotismo, estamos prevenidos. La jungla de la administración autonómica se compone de un centenar de conselleries, entidades y empresas. La mayoría de ellas son inservibles, pero hoy nos referiremos a las trapisondas deliberadas.
En una estimación conservadora, cada uno de esos entes protagoniza anualmente tres escándalos. Trescientos manejos corruptos al año, camuflados tras un primer biombo por los centenares de periodistas y asesores encargados del maquillaje gubernamental. Con tanto trajín, algunos ya no saben si son de derechas o de izquierdas, aunque nosotros no olvidamos. Para superar ese frontón, supongamos que en toda Balears haya cuatro medios informativos –y aquí pecamos de audacia– con capacidad y ganas de denunciar. Funcionando a pleno pulmón, desentrañarán una treintena de desvergüenzas, apenas un diez por ciento.
A lo largo de la legislatura, la mitad de los entes autonómicos sólo llegarán a la audiencia en una atmósfera de incienso, sin encajar una reprensión en toda la legislatura. En una isla ludópata, quién no apostaría por maniobras con un noventa por ciento de probabilidad de salir indemne. Hubo un tiempo en que una sola persona soportaba el peso informativo de toda la comunidad. Los Governs sucesivos han levantado un gigantesco mamotreto, para que sus enjuagues sean opacos a la ciudadanía. El Govern pone los medios para que los medios no controlen al Govern. Son Espases sirve de liebre. Mientras tanto, se prodigan las contrataciones, se suavizan las aristas y no hay nadie allí para contarlo. Mejor así, porque la prensa siempre exagera.
Solteros parásitos
17 Octubre 2007
Según Pascal, todos los males de la humanidad derivan de la incapacidad del hombre para quedarse a solas en su habitación –de las mujeres, que se preocupen ellas–. Vamos a reivindicar este arrinconamiento, dentro de nuestra cruzada contra el régimen esclavista o hipotecario. En Japón arraigó la definición de “solteros parásitos” o “parasaitu shinguru”, para designar a los jóvenes acantonados en la vivienda paterna hasta bien entrada la treintena. No todos ellos son hikikomori, enclaustrados en su habitación y sin contacto con la realidad, en el supuesto de que consideremos real lo que ocurre en la calle de la Cerveza.
El equivalente español de los “solteros parásitos” han caído en las garras de los agentes inmobiliarios Zapatero y Chacón, confabulados con la hidra financiera para uncirlos cuanto antes al yugo hipotecario. En cambio, el parasitismo es mimado en Japón, por su potencial de gasto. El dinero que sus militantes se niegan a dilapidar en una vivienda cochambrosa, con acabados nigerianos y a precio de Manhattan, pueden invertirlo en viajes, artículos de lujo, moda, ocio y demás sectores que están siendo estrangulados por la hegemonía del ladrillo. De este modo, disfrutan de un aumento significativo de la calidad de vida, gracias a que no tienen que desprenderse de la mayor parte de su renta para sufragar un piso.
Bajo la superchería de “las leyes del mercado”, el precio de la vivienda se calcula como la cantidad que un número suficiente de incautos están dispuestos a abonar, sin alzarse en una revuelta popular. Contra este modelo tiránico, la auténtica rebeldía consiste en negarse a participar, como hacen tres de cada cuatro treintañeros japoneses. Los solteros parásitos serán un contrasentido para quienes aceptan sumisos un precio de usura por un piso, y que en toda su vida sólo le han plantado cara a sus progenitores. En nuestro próximo número, abordaremos el drama de las parejas parásitas, instaladas en casa de los padres de uno de los contrayentes.
Francina contra Antich
15 Octubre 2007
La derrota de 2003 sumió a Antich en honda depresión, y lo jubiló de la política autonómica. La versión oficial refiere que se le invitó a encabezar de nuevo la candidatura al Govern, en la certeza de que rechazaría el compromiso. Nunca formules una pregunta de la que ignoras la respuesta, y el resto es historia. El diputado en Madrid regresa al Consolat, pero era Francina Armengol quien se había negado a agachar la cabeza ante el PP durante los cuatro años del despotismo, manteniendo una semblanza de cohesión en el PSOE local. De haber pensado que existía un resquicio para recobrar el gobierno, se hubiera valorado mejor la gesta de la hoy presidenta de Mallorca.
Antich es alérgico a los titulares, por lo que nos sabíamos condenados a entretener la legislatura con el canibalismo del PP y los exabruptos periódicos de los dinamiteros minoritarios. Sin embargo, son Espases ha aflorado el duelo franciscano de Francesc contra Francina, que quiere ser califa en lugar del califo. Una de las ventajas de Antich es que puedes comunicarle que Munar le supera en visión –yo lo he hecho– sin que se inmute. Por tanto, ha de ser consciente de que los tres presidentes socialistas de consells poseen una talla por encima de la suya.
Y así entramos en la historia-ficción o contrafactual. Los socialistas de salón aventuran que otro candidato hubiera obtenido un mejor resultado el 27-M, pero el autor de las tres gestas de 1999, 2004 –empate a diputados estatales con la derecha– y 2007 sigue siendo Antich. Si Francina se presenta y pierde en la lista autonómica, como hace habitualmente en Inca, nadie se hubiera sorprendido. Ni por ésas se valora en propiedad el milagro del Govern semiprogresista. Se argumentará que el PSOE balear es un alfeñique, por lo que no resistirá la fricción sin fractura. Sin embargo, el PP le ha sacado un notable rédito al divorcio entre Gallardón y Esperanza Aguirre, similar al incubado ahora en Mallorca. Si bien Madrid parece gobernado por dos partidos antagónicos, su vitalidad reside quizás en ese forcejeo.
Ayuda a tu constructor
11 Octubre 2007
No te equivoques. Ese promotor inmobiliario que te ha encadenado a una hipoteca de cuarenta años, y que ha destrozado por el camino media isla con edificios deplorables, es una víctima. Sus márgenes de beneficio se han contraído, de triples a dobles dígitos. Es posible incluso que deba desprenderse de uno de sus yates. A duras penas puede satisfacer la cuota de los voraces políticos –en Mallorca existe el precedente de un constructor que pidió un préstamo para pagar un soborno–. Con el desinflamiento de la burbuja inmobiliaria, la profesión favorita de los mallorquines ha perdido fulgor.
Para mejorar la situación del sector inmobiliario, doliente y agobiado por unos precios que se resisten a seguir creciendo al galope, cabía la posibilidad de crear un ente especializado en su tratamiento. Se denominaría Urbanizadores Anónimos, y allí serían atendidos los promotores sollozantes:
–Me llamo Paco Cementón, y soy urbanizador. Mis hijos no me saludan cuando llego a casa. En cuanto me ven, se largan con los todoterrenos que les compré.
Tan estremecedor testimonio se solaparía con los pucheros de Celedonio Unaplantamás:
–La urbanización ha afectado mi vida sexual. Cuanto más construía, menos hacía el amor.
Sin embargo, el incansable Antich ha encontrado una alternativa solidaria que, al igual que en Son Espases, permita seguir construyendo. En sus palabras taumatúrgicas, “hay que pactar con los promotores, ahora que no pasan por su mejor momento”. Con los hoteleros, este pacto sirvió para transformar sus establecimientos obsoletos en rentables apartamentos. En el caso de los inmobiliarios, nos limitaremos a pagar a escote –y con la coartada de que lo hacen las instituciones públicas– el sobreprecio obsceno que ellos han impreso a sus hormigones. Es decir, ganarán y perderemos los mismos, una ley básica para preservar el orden natural de las cosas. Ayuda a tu promotor. El no lo haría.
El ministro Garzón
10 Octubre 2007
Procede hablar del ministro Garzón, porque sigue ejerciendo de funambulista en el afilado alambre entre la justicia y la política. Vio frustrado su sueño de desempeñar un ministerio por lo civil, y lo ha ocupado por lo judicial. Su dilatada carrera, más relevante que la de algún presidente del Gobierno, se atiene sólo al concepto hegeliano de la historia, sin detenerse en fruslerías burocráticas. Moldea los acontecimientos, el empleo es circunstancial. Se lució pastoreando el proceso de paz, con un tono admonitorio sobre el puesto que los dirigentes abertzales podían ocupar en las manifestaciones del alto el fuego sin infringir la ley. Dado que ETA insiste en matar, pega un puñetazo ministerial sobre la Mesa Nacional de Batasuna, para resolverle al dialogante Zapatero la crisis que lo tiene paralizado.
Inclasificable y excéntrico, el hoy ministro Garzón sólo nos garantiza que lo hallaremos en las portadas. Conecta mejor con el pueblo que con los códigos. Acaba de decretar que el armatoste jurídico se modifica según que ETA se halle o no de alto el fuego. Sin embargo, esa circunstancia no tuvo traslación al aparato legislativo. Es posible que los jueces –un país pendiente de la Audiencia, el Supremo y el Constitucional– asuman funciones ajenas para suplir la inoperancia de los políticos. Al hombre que ha encarcelado de nuevo al plenario de Batasuna, incluida la responsable de feminismo, nunca le ha molestado graduar el termostato. Un día aplaca pacificador, al siguiente fulmina con un auto restallante.
Llamazares ha advertido contra la tentación de simpatizar con Batasuna, pero la cobertura democrática ampara a los seres más reprobables. Con todo, no se han derramado lágrimas excesivas por los encarcelados. Al igual que ocurrió con los Conde/De la Rosa, la mayoría silenciosa entiende que son unos granujas privilegiados, que hablan bajo la cobertura de las carteras abultadas de billetes o de las sobaqueras abultadas de pistolas. El barullo es tan fenomenal, que hasta los nacionalistas se verán tentados a ponerle una vela a San Garzón, ministro.
Son Espases, el engaño continúa
8 Octubre 2007
Son Espases nunca fue un asunto sanitario, sólo urbanístico. El Govern de James Matas digitó ese solar para propulsar la especulación en tres frentes. El primero y principal, la construcción a mansalva en la margen izquierda de la carretera de Valldemossa, donde las fincas fueron adquiridas por los tiburones inmobiliarios en cuanto dispusieron de la información privilegiada. El segundo vértice, a menudo olvidado, radica en los alrededores del actual Son Dureta, asfixiados por el cemento y mucho más fáciles de vender con la promesa de liquidar el hospital de los pobres. El tercer foco, que ya ha resultado insoslayable, era la adjudicación de la construcción y gestión del nuevo edificio –en un procedimiento que “transpira grosería”, según un juez del Tribunal Superior–, a favor del generoso Florentino Pérez. O, si hemos de ser sinceros por un día, de sus jefes. Los hermanos mallorquines March mantienen relaciones más que excelentes con el PSOE.
Perdida la batalla del hospital, Antich, Armengol y Thomàs han querido redimir su ejercicio de política emocional al servicio de la especulación. Lo han hecho llorando, y ya se sabe que las lágrimas emborronan el mapa. Entre tanta mucosidad, estos ilustres socialistas no han ofrecido la mínima garantía de paralizar los frentes especulativos que dependen únicamente de ellos. El engaño continúa. El conseller limosnero –más desvalido que si hubiera dimitido, incapacitado para llevar a cabo actuación alguna en los próximos años– anuncia una tímida “protección del entorno”. Esta expresión con resabios franquistas incluiría la compra de inofensivos bocados de las fincas colindantes, pero permitiendo que La Real padezca, con el beneplácito semiprogresista, la urbanización pantagruélica que diseñó el PP. Las perspectivas para el viejo Son Dureta pecan también de ambigüedad. Dado que el resultado es idéntico, detrás de la decisión de Antich deben ocultarse las mismas razones especulativas y de financiación que fueron evidentes con la derecha. De momento, obviaremos los intereses privados.
Obsesión a la medida
4 Octubre 2007
No acierto a explicar qué estado de enajenación me impulsó a pedir una entrada para El club de los suicidas, pero no nos desviemos de la trama que hoy nos ha convocado. A partir del minuto setenta de la proyección, cuando me torturaba el hecho mismo de fijar los ojos en la pantalla, me puse a pensar sin remedio en una mujer. Ella fue la tabla de salvación que me permitió sobrenadar esa película de alcantarilla. Por supuesto, su imagen se difuminó en cuanto concluyó la proyección, y me vi asaltado por un hambre consistente. Desde aquella noche vivo en la zozobra provocada por ese raptus de fijación obsesiva. ¿No me habré enamorado en un descuido?. Respuesta: En 1970, con sólo dos cadenas al alcance del inexistente telemando, esa concentración en el objeto deseado no alcanzaría un nivel patológico alarmante. Ahora bien, en 2007, con 500 canales televisivos y nada que ver en ellos, media hora de evocación de una conciudadana garantizan que reúno las credenciales de una obsesión.
En cuanto el marcador del partido se pone tres a cero, no puedo dejar de pensar en ti. En un mundo atomizado, que se expende en spray, cinco minutos consagrados a un solo objeto o mujer –o mujer-objeto, sintetizando– equivalen a dos semanas de desangramiento amoroso en la antigüedad, que se clausura en 2005. Entre la Champions y el narcisismo, apenas si nos queda tiempo para obsesionarnos con alguien. Por fortuna, los aviones se retrasan y ese tiempo muerto nos concede un discreto paréntesis emocional.
Hay que fabricar obsesiones a la medida y a medias. No son el fruto de una sociedad más cautelosa, sino más dispersa. Si consiguiéramos el diez por ciento de las cosas que deseamos a lo largo de un día cualquiera, falleceríamos por sobredosis. La frivolidad obsesiva nos inyecta el antídoto a ese diluvio de excitaciones. Esclavo de la fragmentación, yo sólo te pido los tres minutos que te obsesionas en destripar este rincón. Las 23 horas y 57 minutos restantes, puedes dedicarlos a seres más banales. A todo, menos a ver El club de los suicidas.
Toni Roig de La Real
3 Octubre 2007
Siempre que escribo “los mallorquines”, sé que el apelativo irá seguido por un atributo desagradable. Hoy vengo a pedirle perdón a Toni Roig, porque la cosa no iba con él. Hace algo más de un año, los analistas de derechas –y sobre todo los de izquierdas– vaticinaban una victoria arrasadora del PP triunfal en Balears. El creador del grupo folk Al-Mayurqa se negaba a endosar ese fatalismo. Fue la primera persona, casi la única, a través de la cual percibí que algo podía cambiar en las elecciones. Su entusiasmo llevaba aparejado el shock postraumático, porque “los progresistas no hacen lo que predican”.
Roig podría haberse equivocado, pero se distinguía de los izquierdistas de salón en que no se limitó a esperar el cambio, salió a su paso. Su entereza no admitía resquicios, frente a los silencios cómplices con la era del despotismo. No es de buena educación insultar a los inquisidores pero, mientras PP y UM lo censuraban en la vana esperanza de acallarlo, él creía cumplir con el código juglaresco al retratarles. Aunque nunca arrojaba la toalla, debió ser duro verificar que la música no amansaba a las fieras. Cuando lo entrevisté, pronto advertí que no necesitaba guías para expresarse, por lo que me concentré en escrutar su rostro de guerrero inmóvil. Entiendo la conmoción o emoción compartida que ha seguido a su muerte, y que empequeñece los anfiteatros donde se le conmemora.
Será por siempre Toni Roig de La Real, porque allí encontró una causa a su medida. La izquierda bromista –”al Pacto de Progreso le faltó valor para embestir a los hoteleros”– puede ponerle su nombre a uno de los callejones del laberinto urbanístico en que desembocará Son Espases. La despedida masiva a este folklorista nada folklórico fue el encuentro de los votos perdidos, además de entrar en franca contradicción con una sociedad acantonada en su parálisis. Frente a ella, el músico fallecido demostró que el mayor pecado de “los mallorquines” –ahora sí viene un atributo peyorativo– ha consistido en traicionar la forma de ser de los mallorquines.
El siglo XXI no ha empezado
1 Octubre 2007
Cada vez que me preguntan sobre la apasionante Educación para la Ciudadanía, replico “¿de qué siglo?” Los manuales de esa asignatura han sido escritos y van a ser enseñados –o ensañados– por personas que se han pasado la mayor parte de su vida en el siglo XX. Por alguna razón que los historiadores no aciertan a explicarse, sus códigos han quedado obsoletos. Hubo un Y2K, aquel efecto que en la Nochevieja de 1999 iba a anular los ordenadores del planeta, excepto que afectó tan sólo a las computadores personales, en otros siglos llamadas cerebros.
En consecuencia, la mayoría de ciudadanos del siglo XXI habitan despreocupadamente el XX, porque en las teleserie de comunidad de vecinos no se explica esa contingencia. Si alguien desea calcular su ubicación temporal, basta que responda a la pregunta “¿en qué siglo piensa usted, cuando alguien se refiere al ‘siglo pasado’?” En efecto, a la mayoría de parroquianos se les atraganta todavía la evidencia de que la Guerra Civil tuvo lugar en la centuria anterior, por mencionar un acontecimiento que llevamos colgado a perpetuidad como un escapulario.
También para esta dislocación temporal disponemos de una solución, que escapa a los programas de Educación para la Ciudadanía. En lugar del obsoleto cumpleaños –que remite a la mayoría a un suceso datado en el siglo pasado–, hay que festejar la fecha en que una persona accede en propiedad al siglo XXI, a entender como la jornada en la que se ha pasado más días en este siglo que en el pretérito. De momento, sólo los menores de catorce años –venidos al mundo más acá de 1993– pertenecen estrictamente hablando al siglo XXI, pero la nómina crece a diario. No sólo con los recién nacidos, también con los recién incorporados tras atravesar el ecuador. En 2010 se abarcará a quienes nacieron en 1990, en 2020 se llegará a 1980, y así sucesivamente. Hasta que no llegue el alba de su plena inserción en la contemporaneidad, puede usted seguir hablando de los Beatles como si fueran un fenómeno de este siglo.
