Adelantar en las rotondas
28 Febrero 2008
El hombre desciende del mono y, en esta degradación, el escalón ínfimo corresponde a quienes adelantan en las rotondas. La primera vez que contemplas ese sprint circular, te planteas el drama de los accidentes de tráfico en sus justos términos. ¿Por qué son tan bajas las cifras de muertes al volante? En contra del clisé, los automóviles ganan en seguridad y las carreteras se trazan sobre un firme impecable. Su drama consiste en compensar el atolondramiento humano, tan invencible.
Si he visto a una mujer –como último vestigio de la racionalidad– adelantando en una rotonda, todo está perdido. No hay disuasión posible para quienes están convencidos de que pueden sacarle ventaja a la vida en un recorrido circular y, por definición, sin principio ni meta. Empeñados en llegar antes al capítulo correspondiente de Los Serrano, se les olvida que las rotondas escenifican nuestra condena a subir repetidamente la misma piedra. Un optimista al volante se define como la persona que desea alcanzar el punto de partida antes que sus congéneres.
Las estadísticas del escalofrío en la carretera omiten que el noventa por ciento de las personas que conducen a 200 kilómetros por hora salen ilesas de la experiencia. No sólo en el momento de iniciarse en la borrachera de velocidad, sino a lo largo de toda su trayectoria suicida en la carretera. Es más probable que las consecuencias de su temeridad recaigan sobre terceros. La guerra de Irak ha demostrado que se malgastan miles de balas antes de matar a un solo ser humano, y los amantes del gatillo fácil argumentan que, si las armas están fuera de la ley, sólo poseen pistolas los fuera de la ley. El coche es un arma democrática, el artefacto mediante el que aspiramos a huir de nosotros mismos. En Mallorca, las rotondas son un género periodístico. Y paisajístico. No podemos evitar que haya conductores que se las tomen en serio, y pretendan adelantar en una plazoleta circular, dentro de una isla que tampoco tiene salida. Al blindar la prisión, crece la urgencia por escapar.
Solteros sin marcha atrás
Cuando le preguntan por la enmienda de su soltería con sus novias sucesivas, George Clooney corrige que no es soltero, puesto que estuvo casado y el celibato no admite marcha atrás. Numerosos divorciados infringen la sinceridad del actor. Por razones incomprensibles para los solteros auténticos, su desoladora condición es una de las falsificaciones de identidad más frecuentes, a cargo de quienes suscribieron antaño los votos matrimoniales. La soledad se asocia a una inocencia que no desmentiremos, en defensa propia.
Aunque ni siquiera alcanza la condición de crimen, el matrimonio tampoco prescribe. Al Pacino es el único soltero irremediable de Hollywood, pero durante un rodaje preguntaba a un compañero de reparto cómo podía estar un solo día sin hacer el amor. También Katharine Hepburn, que es la patrona de la independencia y el individualismo, estuvo casada. Durante tres semanas, pero el vínculo imprime carácter. En la liga de los modestos, mi soltería sólo documenta la inteligencia de las personas que pudieron perfeccionar ese estado civil. Sin embargo, el hecho de ser célibe por obligación no obstaculiza mi corporativismo. Hay que poner coto a la inmigración ilegal, en un territorio cuyos indígenas ya somos lo bastante lamentables.
Las amenazas que se ciernen sobre la soltería en extinción no deben empeorarse con el intrusismo de un batallón de divorciados, que se creen rejuvenecidos al falsear su pasado. Extrañamente, no se documentan casos de solteros que se hagan pasar por casados, pese a la leyenda de que el anillo dispara las posibilidades de seducción. De hecho, el mayor problema de los solteros es que cada vez hay más solteras, cuando el matrimonio es el templo del sexo, practicado incluso en ocasiones con el propio cónyuge. Los célibes no frivolizamos el vínculo matrimonial, nuestra reticencia prueba la trascendencia que le asignamos. El equilibrio sentimental se logra con una boda cada diez años, a ser posible con personas diferentes. Recomiendo el matrimonio. No para mí, sino para las demás.
El punto ‘je’
27 Febrero 2008
Desde el pasado viernes, todas las mujeres tienen punto G, porque ninguna se atreverá a contradecir al científico italiano que lo ha localizado. El objetivo del doctor era exculpar a su compatriota Carla Bruni, por haber caído en las arras y G-arras de Sarkozy. La noticia puede calificarse como la más importante del año, aparte de la posible llegada de Obama a la Casa Blanca. De entrada, ha propiciado un intenso fin de semana de espeleología sexual. Matrimonios que habían perdido el mutuo interés erótico se han entregado a horas de manualidades subterráneas, con las incidencias del debate Rajoy/Zapatero como música de fondo. Curiosa pero también científicamente, estos episodios de bricolaje genital acababan con apelaciones vaginales a la madre del médico transalpino.
Quienes no se limitan a atender a los titulares, descubrieron que el punto G ha sido cartografiado mediante la técnica de ondas de ultrasonidos. Por tanto, han recurrido al microondas para la artesana labor de pulsar el Santo G-rial de sus parejas, no siempre con resultados satisfactorios aunque con más de una quemadura durante la exploración. A cambio, la noticia más importante desde la separación de Ana Obregón, y antes de la Eurocopa, ha conseguido que muchas personas se rían. Buscando el punto G, han alcanzado el punto je, más urgente.
Antes del descubrimiento del punto G, se nos insistía en que el sexo está radicado en el cerebro. En efecto, en el cerebro de quienes no lo practican. Entre los entusiastas, nadie olvida la primera vez que entró en colisión sexual con una persona que se reía, liberando así al sudoroso trámite de su melancolía. La localización del punto je no sólo dispara el potencial libidinoso de una relación. Quienes se ríen al hacer el amor, acaban haciendo el amor al reírse. Si manipula hábilmente esta zona erógena, no sólo alcanzará usted la risa sin necesidad de mantener relaciones sexuales, sino que también estallará en carcajadas ultrasónicas mientras su ser amado hace el amor con otro ser no tan amado. Je, je, je.
Fidel Castro decide morirse
25 Febrero 2008
Fidel Castro programa meticulosamente los días en que será portada mundial. Y lo consigue sin Carla Bruni al lado, que tiene más mérito. A menudo le basta vestirse con un chándal Adidas y proferir las sandeces de ordenanza. Cuando la actualidad se congestiona –Kosovo, Musharraf, el 9-M y las elecciones norteamericanas–, ha de subir la apuesta, por lo que esta semana ha decidido inmolarse en el altar de los telediarios. El comandante redactaba sus partes médicos, y arroja ahora el primer puñado de tierra sobre su tumba. Los tiranos victoriosos sólo fallecen por decreto, hágase su santa y última voluntad.
La dictadura obliga a convivir con los peores regüeldos del déspota, la democracia nos libera de las asperezas de gobernantes condenados a mostrar su mejor talante cada cuatro años. No descarten alegremente la hipótesis de que el castrismo sea el gobierno que nos merecemos, y sólo por una dispensa azarosa padecemos a tiranuelos renovables. Para unos y otros, Castro decide morirse sin que hayamos resuelto el dilema esencial sobre cuánto deberíamos odiarlo. Sólo lo desprecian tanto como a Pinochet quienes en realidad aman a Pinochet. El castrismo es detestable hasta que conoces a los anticastristas.
Fidel abandona la vida, porque la vida jamás se hubiera atrevido a abandonar a Fidel. En La guerra de los mundos, sobrevives a una docena de presidentes norteamericanos y te derrota un percance celular. Al desafiar al imperio estadounidense, el cubano demuestra que el heroísmo también cursa con sangre, vertida por quienes no tienen la presencia de ánimo suficiente. Descarte por profilaxis los análisis de quienes no le hablan de la desaparición de Castro, sino de la muerte de su propia juventud. Un dictador nunca se engaña sobre el ser humano, el ser humano se engaña siempre sobre el dictador. Como sea, el castrismo no deja huérfanos. Quienes siempre tienen el alma abierta a mensajes políticos espiritualizados, hace tiempo que suplantaron al barbudo comandante por Obama. ¿O alguien cree que el melifluo senador por Illinois seguirá pareciendo un cantautor folk si llega a imperator?
Benedicto tiene otro infierno
22 Febrero 2008
Estadísticamente, el ser humano prefiere el paraíso. Sin embargo, se afana para convertirlo en un infierno, según atestigua la realidad del planeta. Con sus aires de Prejuicio Final, Benedicto Siglo XVI habla vigorosamente del ámbito infernal, con la envidia que reservamos para los lugares de vacaciones que nunca estarán a nuestro alcance. En cambio, el cielo se ha ausentado de las disertaciones papales. Hasta los terroristas islámicos se deleitan en imaginar un edén pletórico de huríes –otra cosa será su insatisfacción póstuma al ver incumplidas las promesas–. Por contra, la jerarquía eclesiástica se concentra en lo que mejor domina.
“El infierno existe y es eterno”. O sea, el diablo está desnudo. Benedicto ha redecorado el infierno para simular su novedad. Predica desde la deformación profesional. Cuando al inquisidor supremo del Vaticano le abruma la nostalgia, por fuerza ha de confesar que el infierno resume su razón de existir –para un nefrólogo, hasta la Liga se explica por una cuestión de riñones–. En esa añoranza late la insatisfacción ante la pérdida de bríos del pecado contemporáneo, cada vez más light. El ser humano no es lo suficientemente malvado para el Papa, y la apelación al averno siempre ha estimulado la creatividad pecaminosa.
La tenacidad de Benedicto en pro del infierno es envidiable. Incluso a quienes estamos condenados al cielo –por quien previó la incomodidad que nos suscitará–, nos asalta el arrebato de incorporar a los religiosos réprobos que serán condenados. En cuanto a la guerra por la nomenclatura, llamamos Paraíso al lugar que habitan hoy mismo Borges, Einstein, Groucho Marx o Mark Twain, cuyos átomos se funden con nosotros cada vez que respiramos. Al porfiar para cuadricular el universo, el Papa olvida la monotonía abrasadora de las calderas, que acaba por traicionar el objeto punitivo. Los pecadores no siempre están a la altura, por lo que el peor de los seres humanos tiene más cosas buenas que malas. En cuanto condenas a uno, has de hacer lo propio con todos. Benedicto inclusive.
La corrupción póstuma del PP
19 Febrero 2008
Cuando escribíamos que James Matas huyó a Miami para no pagar las facturas, nos regodeábamos en el hallazgo estilístico. Sin embargo, la realidad suplanta de nuevo a la metáfora. Más allá de la herencia lógica –próxima al billón de pesetas– de un Govern manirroto, también se nos condenó a pagar los gastos anejos del PP. No hay de qué avergonzarse, nos encontramos ante un ejemplo del funcionamiento modélico de la ventanilla única. La perfecta simbiosis entre el partido conservador y el gobierno autónomo lubricaba y rubricaba la eternidad de ambos. Sin intervención de la Intervención, que en Balears debe batir el récord de sudokus.
Un día descubrimos que habíamos dado de comer a la caravana de periodistas madrileños que seguían la campaña electoral de Rajoy. Al siguiente, que habíamos pagado el mitin entero. No nos quejamos. El presidente del PP protagoniza actos catárticos que enriquecen al conjunto de la población, de ahí que deban ser sufragados a escote por los habitantes de la comunidad. Más adelante, nos enteramos de que hay empleados del Govern –y dirigentes del PP, colateralmente– que se autoalquilan sedes a nuestro cargo por precios estratosféricos, en cuyo subsuelo desempeñan tareas ignotas. Este caso apesta de tal modo que hasta José María Rodríguez lo reprueba. La Intervención, a lo suyo. Por no pecar de reiterativos, pasaremos por encima de la creciente implicación del ex president y su conseller favorito en el caso Andratx. Omitiremos asimismo los 800 millones a Douglas y otros tantos a Pula.
La corrupción post mortem es una redundancia pero el PP balear, faro de la innovación, ha logrado que se desentierren póstumamente más manejos que durante su añorada vigencia en el poder. En cuanto a la relación entre los gastos desvelados a favor del PP y los desembolsados, pueden fijarla de uno a cien, y probablemente nos quedamos cortos. No nos sacará de dudas la única Intervención, en países distintos de Uganda, que encajó como oficiales los gastos en un puticlub de una legación autonómica.
Nájera denigra a los cuñados
15 Febrero 2008
La noticia de que Aina Calvo había reservado uno de los momios o prebendas de Cort para un hijo de Margarita Nájera, en lugar de concedérselo a un cuñado de la consellera de Trabajo, ha disparado las alarmas. La marcha atrás no enmienda el abominable atentado de Cort –que no acierta ni cuando se equivoca– contra los derechos inalienables de los cuñados. En las últimas semanas ya habíamos advertido un sibilino desplazamiento de las preferencias del Pacto de Progreso hacia hijos, esposos, compañeros sentimentales y demás seres accesorios. Sin embargo, nunca se había registrado un ataque de tal calibre a la línea de flotación del cuñadismo, la ideología que gobierna España desde la muerte del dictador.
Matas nunca lo hubiera hecho, él sabía lo que vale y cuesta un cuñado. Nos consta que la Asociación de Cuñados de Próceres de Balears ha tomado cartas en el asunto, y baraja la posibilidad de una huelga que paralizaría la actividad de la Comunidad Autónoma. Una consellera de Trabajo como Nájera debería esmerarse, en la protección del gremio que ha desaguado sin quejas la actividad subterránea de la administración regional.
Un hijo viene dado, un cuñado no se improvisa. Requiere una formación especializada. Nájera argüirá que, debido al auge de las rupturas matrimoniales, cada vez hay menos cuñados en condiciones de efectuar el trabajo sucio a cambio de suculentas remuneraciones. Para un político, es más sencillo ir colocando a sus amantes sucesivas, una perversión muy documentada en los Governs. Sin embargo, y de cundir la discriminación hacia los cuñados de la ex alcaldesa de Calvià, se desencadenaría una espiral degenerativa. Se empieza por colocar a los primogénitos de consellers, y se acaba convocando un concurso en condiciones, instaurando así una democracia para la que no estamos maduros. Esperemos que el enchufado finalmente por Cort sea cuñado del jerarca correspondiente. Y sí, puede alegarse que el hijo postergado es la víctima, pero siempre se le puede nombrar subdirector del Basural.
Te amo por ahora
13 Febrero 2008
Si sólo se ama una vez, ¿cuál fue? Y si se ama tan fácil como se cambia de móvil, ¿qué más da el amor? Cuando el sentimiento evolucionó de diversión a inversión, la introducción del cálculo disipó cualquier ilusión de perdurabilidad. El privilegiado que se casa con Carla Bruni, lo hace pensando en recuperar a su anterior esposa, por lo que no debe sorprender que los novios plebeyos repasen la lista de asistentes al enlace, por si hallan entre los invitados un cónyuge más conveniente. Hemos pasado de estimar a no desestimar. “Te amo por ahora”, con la misma fe que deposito en Inditex, BBVA o Ferrovial. Les entrego mi pasión bursátil, a la espera de opciones más rentables.
El amor es la variante más depurada del canibalismo. “Te quiero” demuestra que las palabras correctas expresan a menudo sentimientos equivocados. La pasión momentánea descarta la planificación. En cambio, la expectativa de duración obligaría a reformar el juramento en “seguiremos juntos hasta que la muerte nos separe, pero la naturaleza de nuestra relación se acomodará a las diferentes personas en que nos iremos transformando mientras tanto”.
El amor es una nostalgia desde la que castigamos a personas actuales. Sólo entiendes el amor cuando no estás enamorado, y esa comprensión lo ahuyenta en lugar de atraerlo. Algún resquicio clandestino sobrevivía a la liquidación, pero las bodas homosexuales han liberado de la sospecha romántica a esa variante amatoria –qué gran argumento para la campaña del PP, el PSOE ha asesinado el sentimiento gay a fuerza de burocratizarlo–. Los manuales de autoayuda han rematado al amor con su lema individualista, “Amate a ti mismo como desearías que las otras te amaran”. A raíz de esa autosuficiencia, millones de personas no buscan una pareja, sino un espejo. Cunde la fatiga, al transportar todo el día el cristal azogado para que el otro se mire en él, que eres tú. La erradicación del romanticismo nos hace más sinceros, no más felices. Amar es equivocarse, y no siempre estamos dispuestos a reconocerlo.
Rajoy, sólo para “gente normal”
11 Febrero 2008
Rajoy es el político más cansino de la historia del Universo, a menudo parece aburrirse en sus propios mitines. Su gestualidad narcoléptica no puede ser natural, sino fruto de horas de ensayo. Mientras una parte de la ciudadanía todavía no ha decidido contra quién votar, el líder conservador repiquetea su mantra de la “gente normal”. Esa definición abarca indistintamente a quienes aman la paella y a quienes desean ilegalizar a ANV. La derecha gobernaría, si cabe, desde el costumbrismo marcado a hierro en los inmigrantes. Recupera el discurso zarandeado por Unamuno con En torno al casticismo. (A propósito, Almodóvar debiera jalear al PP que reivindica su ideario cinematográfico, en vez de lastimar las posibilidades de Zapatero junto a los artistas imbéciles).
La adscripción a la norma de la “gente normal” de Rajoy funciona por exclusión. Los genéricos “españoles” o “ciudadanos” le resultan insuficientes, su discurso necesita abominar de quienes descuadren su jerarquía normativa. Acuña seres inferiores, los anormales. Llega así a la encrucijada y, en su más puro estilo amilanado, se acobarda dialécticamente. Entonces, “ni le llamo familia ni dejo de llamárselo”.
En su furor normativo, Rajoy propone “gobiernos normales”, compuestos por seres como Acebes y Zaplana. Le falta precisar si la “gente normal” posee ese rango antes de votarle, y por eso lo hace, o si sólo adquiere esa condición al introducir la papeleta en la urna. El sufragio como bautismo de la religión de la normalización, que no es opcional sino coercitiva. El PP creará un “contrato de normalidad”, y vigilará mediante los exámenes pertinentes el ajuste de los antiguos ciudadanos. En caso de suspender la prueba, serán tratados como inmigrantes, porque el maniqueísmo es la gran aportación de Aznar a la convivencia. La ilegalización no debe ceñirse a partidos políticos, sino a cualquier español disidente. En todo lo cual anotamos un pequeño error de cálculo. La “gente normal” es una minoría absoluta, aunque enriquecida por Almodóvar.
La ‘aerotrópolis’ de Palma
7 Febrero 2008
Supongamos que, en un arrebato identitario, nos preguntáramos por el enclave que mejor define a Palma. Los inefables historiadores se apresurarían a enarbolar Bellver o la Catedral, tan socorridos. Sin embargo, estos monumentos son apenas dos lagunas que estorban una correcta urbanización del entorno, a cargo de la profesión más antigua de la isla. Ni construcciones medievales ni Mustang Ranch, la ciudad viene definida por Son Sant Joan, que combina además los rangos de templo y de fortaleza. De hecho, es uno de los recintos más desalentadores del planeta en ambos apartados.
Palma no es una aglomeración con una instalación aeroportuaria aneja, sino una ciudad a un aeropuerto pegada. También para este fenómeno contamos con una palabra de nuevo cuño, aerotrópolis. Designa en principio la actividad comercial y urbana que se concentra alrededor de los aeropuertos, en ciudades donde las pistas se hallan a más distancia del núcleo urbano que los confines de Mallorca. En nuestro caso, el ámbito aerotropolitano abarca la entera realidad palmesana, por su inmediatez.
Son Sant Joan engloba una población flotante, nunca mejor dicho, de 23 millones de habitantes anuales. Son tantos como en la mayor aglomeración del planeta, amontonados en una superficie insignificante. En relación al tamaño de la isla, no existe un flujo similar en todo el planeta. El incesante vaivén nos enseña que la solución para descongestionar Mallorca consiste en reducir el tiempo máximo de permanencia en ella. Limitándolo a seis meses al año para indígenas y visitantes, la densidad se reduciría a la mitad. El milagro mallorquín no consiste en su esclavitud aeroportuaria, sino en la capacidad para vivirla desde la indiferencia más absoluta. Con la lógica de la aerotrópolis, Palma debería ser un enclave aeroportuario que sirviera a una urbe superior –de varios millones de pobladores–, sólo que ésta no existe. La mayor estructura urbana de Balears se llama Mallorca, la ciudad-región. Su única escapatoria es el aeronacionalismo.
Supermartes de redención
En España se buscan candidatos puros. En Estados Unidos los prefieren corruptos, a condición de que la audiencia tome las riendas de una purificación que debe desarrollarse cara al público. El imperio no celebra una elección, sino una redención, en la que se dirime qué aspirante a la Casa Blanca ha evolucionado desde un punto de partida más reprobable. Para conquistar el despacho donde fue humillada por una becaria, Hillary Clinton ha sido obligada a apearse de su prurito de arpía manipuladora. Obama coqueteó -coketeó- con la cocaína en sus años mozos. McCain abandonó a su primera esposa gravemente enferma, y la segunda robaba los fármacos de una ONG para saciar su adicción química. Vencerá quien se muestre más necesitado de perdón.
El pecado es el deporte nacional de Estados Unidos. Sus medios de comunicación actúan como un gigantesco confesionario, la opinión pública se solaza en la redención de sus mitos. Bush obtuvo la presidencia en cuanto convenció a sus compatriotas de las turbulencias alcohólicas de su biografía, frente a un Al Gore que sólo podía redimir un ligero sobrepeso. Bill Clinton enderezó sus opciones -en un supermartes- cuando se consolidó la lista de sus amantes. Nada aparecia tanto el votante norteamericano como un arrepentimiento en hora punta.
La democracia no fue concebida sn mácula. Se cimenta en un arduo proceso de rehabilitación, el voto lleva aparejado el perdón. Los aspirantes han de ser disculpados incluso por su raza o sexo -Jack Nicholson asegura que Hillary es “el mejor hombre para ese trabajo”-, de ahí que Clinton persiga a los hombres negros y Obama a las mujeres blancas. El ambiguo veredicto del supermartes de redención demuestra que los antagonistas Demócratas no han purgado enteramente sus pecados originales. Para vencer, tendrán que rastrear algún escándalo adicional en su biografía. A cambio de la subsiguiente contrición del candidato, los votantes están dispuestos a cargar con la penitencia que conllevará su victoria.
La claridad de la pasión
5 Febrero 2008
La calificación “excelente persona” no debe ser dispensada jamás por un periodista, pero se la impongo sin contemplaciones a Ian McEwan, el novelista anglosajón más valorado hoy en el mundo. Tuve la oportunidad de entrevistarlo en público, un curioso experimento oficiado en Deià. Saboreé el contraste entre su flemática cautela y los tortuosos senderos que emprenden sus novelas. Prefiero las más comerciales –Sábado–. Fui a ver la que será película del año, la Expiación basada en otro de sus relatos, para que no me gustara. No me gustó, pero extraje un concepto que me persigue desde entonces, “la claridad de la pasión”.
El impacto se agranda porque vamos al cine sin pensar y a no pensar. Si hubiera obtenido una idea de cada película que he visto, sería sabio como Lao Tsé. La expresión demoledora de Expiación procede de la novela de partida –“El hombre que, con la claridad de la pasión, te hizo el amor en la biblioteca”–, pero en la pantalla se superponía a una imagen del mar, siempre confuso. La pasión es la supresión de las dudas, una acción decididamente irresponsable. Sólo al sucumbir a ella nos embarga la certeza de ver con nitidez. Y nos equivocamos.
Pasión es amor sin peso ni tasa. Traspasar la claridad de esa opción irracional exige arrostrar un peligro, normalmente en la forma de engaño. Así ocurre en Expiación, y de paso querrán que les desvele por qué falla como película. Porque comete el error de vulnerar la unidad del protagonista –Cecilia, Briony o Robbie– y, en especial, la unicidad del ambiente. Magistral en la mansión, le sobran las escenas bélicas y hospitalarias, y sólo Vanessa Redgrave salva un epílogo que en su ausencia coronaría un monumento kitsch. El mayor error en la adaptación de una novela consiste en respetarla. El guionista Christopher Hampton ha estado más pendiente de satisfacer a McEwan que a los espectadores. Suerte de Keira Knightley, convertida por primera vez en un monstruo de la pantalla. Con su erotismo incorpóreo, ella encarna y explica la cegadora claridad de la pasión.
