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Grande no me debe nada
31 Julio 2008

Vicente Grande apacienta multitudes. El club de sus acreedores cuenta con más socios que el Real Mallorca. Imaginen mi desazón, al comprobar que no me encuentro en ninguno de los colectivos citados. El genio de los negocios que se endeudaba en cuarenta millones de pesetas diarias –sin perdonar domingos y Navidades– no me debe nada, una carencia que me convierte en un paria en mi propia isla. Necesito figurar en esa lista, la envidia me corroe. Hemos de rechazar una sociedad de dos velocidades. Los banqueros con gabinetes de estudios y sueldos estratosféricos no deben tener el monopolio de regalarle dinero a Grande.
Lo noto. No se atreven a decírmelo, pero su mirada desprende conmiseración. Me echarían unas monedas, ni siquiera los billetes de 500 euros que han arrojado a los pies de los promotores inmobiliarios. Los inversores en Grande pasean ufanos por Mallorca, conscientes de haber revitalizado el sistema de castas. “He tirado cien millones de euros de viudas y pequeños ahorradores y aquí me tienes, con el contrato y el riñón blindados. Que se fastidien los beneficiarios de las obras sociales”. No desdeñemos la vertiente familiar del conflicto. Hay personas abocadas al divorcio, porque sus parejas no previeron la contingencia de inscribirse en la nómina de acreedores más rutilante del siglo XXI.
No se veía una recomposición semejante desde Brokerval, el mejor invento para perder dinero de los años noventa. Grande no me debe nada, pero me considero en deuda con los creadores de pobreza, que presentan una suspensión de pagos por 600 millones y al mes siguiente los han convertido en 835. Sólo se han equivocado en un cuarenta por ciento, y cuando alguien reconoce que adeuda 835, ¿cuántos debe en realidad? En agradecimiento al espectáculo que brindaba, el Govern le aplazaba en nuestro nombre el pago de los impuestos. Por tanto, abunda en la lógica que el director general de Tributos con el PP figure entre los impolutos administradores de la quiebra. Y yo fuera de juego. No soy nada.


Palma no es Bagdad
30 Julio 2008

Palma es una ciudad pacífica, más por desidia que por convicción. La llegada de extraños a Mallorca suscita sólo un olímpico desinterés. Estas certidumbres sociológicas no disuadirán al millar de policías que acarrea la Familia Real, cuyos mandos quieren adaptar la isla a su modelo de protección radical, inspirado en los controles de Bagdad. En mi circuito diario por la fachada de Marivent para homenajear a los Reyes he comprobado que, a fin de sentirse útiles, los agentes protagonizan un espectacular despliegue contra el tráfico en los alrededores del palacio.
En estos controles escalofriantes, un aparatoso montaje detiene indiscriminadamente a los coches frente a un agente que empuña un fusil, cuyo significado amenazador no se alivia aunque el arma apunte al suelo. El montaje, digno de Hollywood, ocasiona una estupefacción próxima al pánico en los conductores más curtidos, y debiera convertirse en una de las atracciones del verano mallorquín. Como máximo, los interceptados son culpables de una copa o un éxtasis de más, y preferimos no preguntar cuál es el protocolo fusilero si un turista nervioso efectúa un movimiento brusco.
La gota que colma el vaso muestra a los agentes armados deteniendo un autobús de la EMT con destino a Illetes, para examinarlo concienzudamente con entrada por una puerta y salida por otra. ¿Autobuses rigurosamente vigilados? Hasta los comerciantes se han quejado. No descartamos que un ministro del Interior presuma de haber abortado media docena de 11-S en Mallorca pero, en el único caso documentado de una tentativa de atentado regio –ETA, verano de 1995–, los funcionarios policiales se olvidaron de comprobar que el apartamento de los etarras fue alquilado a nombre de un muerto. El exhibicionismo es enemigo de la seguridad, cuya búsqueda despiadada genera más inseguridad. Por fortuna, la burocracia acaba por imponerse. Los controles al estilo Bagdad se repiten en el mismo punto, de modo que los conductores inocentes y culpables soslayan el engorro con un simple desvío.


Los asesores, a la calle
28 Julio 2008

Extraño país, donde se nos anuncia que Antich le cederá a Armengol un poder que el primero no tiene ni hace nada por conseguir –Grande y sus ejecutivos cajeros se ríen de Mallorca–, con lo cual la presidenta del Consell debería estar aterrorizada en vez de eufórica. La situación se arranca hacia el vodevil en la otra derecha, porque el marcial Delgado define las pautas que la balbuceante Estarás sólo sabe copiar. El alcalde de Calvià no cumple lo que predica, como buen cristiano, pero la duplicidad no resta eficacia a su predicación. Al ventilarse a la mitad de sus 40 asesores, ha puesto en un brete a su partido y al Govern, tan generoso en la contratación de gandules.
La izquierda no roba, gasta. Tras la aplicación de un riguroso criterio de selección, sólo a los inútiles más perfeccionados se les encomienda una asesoría, en cumplimiento de la doctrina progresista de la corrupción homeopática, que duele menos pero mata igual. El equivalente biológico de los asesores son las sanguijuelas, sólo los cuñados superan al gremio consultivo en el índice de toxicidad. Desde la creación de la comunidad autónoma, he encontrado a escasos o tres políticos que justificaran su sueldo, pero ningún asesor figura en esa nómina escueta. La proliferación de asesorías siempre fue obscena, la crisis económica la ha hecho insostenible.
Un célebre asesor de Cort cifraba su trascendente cometido en la entrega mensual de un listado con las instalaciones deportivas de Palma –cada mes la misma lista–, a cambio de lo cual percibía una remuneración estratosférica. No queremos pecar por exageración. Existen diferencias entre los asesores y los cuatreros, pero a favor de los segundos. Y aquí no vale condenar a Delgado por español. La auditoría más bondadosa dejaría a todos los paniaguados del Govern con facultades de asesoramiento en la calle, donde con algún esfuerzo encontrarían un empleo a la altura de sus habilidades. Deberían sentirse aliviados al recibir la proverbial patada. Ya es mucho que no se les reclamen daños y perjuicios.


Chávez recupera el habla
24 Julio 2008

El mismo Juan Carlos de Borbón que fuera jaleado a raíz de su españolísimo “¿por qué no te callas?” a Chávez, será hoy alabado al proponer “¿por qué no hablas?” al intempestivo presidente venezolano. La ventaja de ser Rey, o de rebosar petróleo, es que siempre haces lo mejor aunque hagas lo contrario, acaparas las inteligencias. Tácticamente, resulta imprescindible que la reconciliación de los equivalentes contemporáneos de Pizarro y Atahualpa ocurra en Mallorca, donde “pásame la sal” es lo más hiriente que puede escucharse en una cumbre veraniega internacional.
En el cuento infantil de la política, el tosco Shrek venezolano que se negaba a degenerar en español se convierte en apuesto príncipe, una vez espolvoreado con el carisma regio. A continuación, el inventor de la metafísica militar a garrotazos ensayará una reverencia, a riesgo de sus cervicales consolidadas. Para clausurar la ceremonia, sus humanidades intercambiarán sudores en un fecundo y facundo abrazo. Nadie recordará que, si la globalización no lo impide, el “¿por qué no te callas?” pudo troncharse en un Roma contra Cartago.
Desde el fervor y la convicción que transmite la fealdad, Chávez recupera el habla. Ya puede llamar a Aznar por su nombre, imponer la dictadura de los titulares. Se rehabilitará en un extraño país, donde el Rey se olvida del protocolo y del petróleo para proferir un grito revolucionario. En cambio, el monárquico “¡Viva España!” brota en el estadio de fútbol de las gargantas de la plebe, progresivamente en paro. Mallorca a todos iguala al alza, aporta la geografía idónea para que el monarca y el Castro abombado suscriban el manifiesto por la lengua común, con acento de dólares y de euros respectivamente. Los nostálgicos palestinos y neoliberales no debieran olvidar que Venezuela le vende cada día a Estados Unidos un millón y medio de barriles de crudo, sobrenadando la discordia. Cuando hablan los jefes de Estado, olvide las palabras y remóntese a los números. La democracia no liberó a los Reyes del poder, sino de la retórica. Me callo.


El siglo de ‘The wire’
23 Julio 2008

Ni se imaginan el número de personas que me asaltan con un atribulado “¿qué debería hacer, para ser una ciudadana del siglo XXI?” Mi respuesta peca de escueta, como deberían todas las profecías. “Descárgate las cinco temporadas de The wire, preciosa”. A continuación procuro besarlas, pero en romanticismo prefieren el XIX al XXI. Se esfuerzan por adaptarse al tercer milenio, no lo niego. Sólo en el último mes, alguna ha asistido a recitales de Bruce Springsteen, Bob Dylan y Leonard Cohen –no rezongar, en Mallorca tendremos en cambio a Julio Iglesias–. Por desgracia, todos estos poetas nacieron en la mitad equivocada del siglo XX.
The wire, insisto. A primera vista, una serie de policías y ladrones en la irrecuperable ciudad de Baltimore, con un solo caso por temporada. En cuanto atraviesas la maraña de los capítulos iniciales, una gran novela escrita para el cine y publicada por la televisión. Como de costumbre, Maruja Torres –la habitante más joven del siglo XXII– aplaudió por primera vez en los MSM o medios masivos el advenimiento de una creación que entusiasma a Obama.
Hace un par de años, condenaba a las novias del siglo XXI a Las benévolas. Les prometía que esta novela les entusiasmaría tanto que no se atreverían a acabarla. Para entonces, ya había decidido que la televisión nunca superaría El ala oeste de la Casa Blanca. Me retracto. The wire antes que la tediosa Los soprano, que el catálogo para estreñidos sexuales –Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas– o que las series de dibujos animados –es más difícil reírse con Los Simpson que con Los Serrano–. El siglo XXI no debe gustar a demasiada gente. Así ocurre con The wire, que equivale a aplicar papel de lija a una herida, con dulzura superlativa. Posee la belleza de un violín en llamas, y adivine cuál de los artistas citados en esta columna utiliza esa imagen. ¿Una línea del diálogo? “Es mucho peor que un narcotraficante, es un promotor inmobiliario”. No te preguntes si estás preparada para The wire, pregúntate si estás preparada para el siglo XXI.


Sobre las espaldas de Suárez
21 Julio 2008

Adolfo Suárez hubiera preferido sentir esa mano amistosa en la espalda a principios de los ochenta, cuando se convirtió en el hombre más odiado de la historia de España. Sin embargo, si el Rey hubiera hecho el gesto entonces, habría sido para empujar a su primer ministro hacia la puerta de salida. La cronología daña invariablemente los afectos. Descalificar hoy la mano de Juan Carlos de Borbón, como una firma al dorso del primer presidente de la democracia, equivale a pretender que el amor llegue además en el momento en que lo necesitamos. Procede aprovecharlo y basta, en cualquier momento.
Por definición de Rey, la imposición regia de manos a Suárez debe simbolizar algo. Supongamos que representa el gesto que querría compartir buena parte de la ciudadanía, hacia el padre político de su pauta de convivencia. Entre los voluntarios para sumarse a la mano afectuosa en la espalda, no faltarían hoy quienes abofetearon histéricamente al presidente del gobierno, cuando se escribían los primeros renglones de la transición. Siempre fue acusado simultáneamente de temerario y cobardón, por políticos que ni en sueños hubieran reunido su temple. Bastaba intercambiar unas frases con él, para comprobar que su temperatura basal era la ironía.
Los protagonistas de la transición siempre cargarán con la cruz de la sospecha. Si nunca fueron enteramente franquistas, ¿cómo podrían ser demócratas al completo? La respuesta es que esa integridad no sólo carece de sentido, sino que está prohibida por la propia definición de democracia. Suárez encarna la enorme capacidad de olvido que exige la reconciliación. Profundamente humano incluso en sus carencias, sólo ofrece la garantía de que con cualquier otro hubiera sido peor. Al jubilarse, no asesoró a Slim ni a Murdoch. En la foto junto a su antiguo jefe, está vuelto de cara a la realidad. Advertimos el roce de dos vidas, al final de una gran amistad. El día en que el Rey comprendió a Suárez, y sin mediar palabra. Dos pueden amarse aunque sólo uno se entere. Uno nunca se entera.


Somos una isla, por fin
18 Julio 2008

Al l fin solos, esto va tomando incremento. En cuanto se consolide la quiebra de todas las compañías aéreas que operan en Mallorca, y se decrete el cierre de Son Sant Joan por falta de combustible, seremos una isla sin paliativos. Técnicamente, habría que retirarle la etiqueta de insularidad a un territorio que se vende “a dos horas de cualquier aeropuerto europeo”. Se acabó, a partir de ahora habrá que precisar la distancia a remo con las metrópolis continentales. En cuanto se establezca que Marsella queda a 36 horas de boga de ariete, estrenaremos un nuevo eslogan turístico. “Si te gusta Mallorca, quédate. Para siempre”.
A cambio de recobrar el aislamiento, sólo perderemos la capacidad de vernos desde lejos, y a quién le interesa. Hemos dado la bienvenida a miles de inmigrantes opulentos, que se consolaban con la jaculatoria de que “en realidad, no parece una isla”, un desdén ofensivo para quienes ansiamos la soledad geográfica. Las islas han de estar excelentemente incomunicadas. Al Qaeda –la culpable global– desenmascara también a los mallorquines farisaicos, que se excusaban “porque en realidad viajo mucho y casi no paro aquí”. Ya sólo podrán viajar una vez, para largarse definitivamente y dejar de castigarnos con su cosmopolitismo de tafetán.
Air Zero, culmina el alejamiento. Nos quedamos sin compañías ni compañía, la persecución ha concluido. Sin petróleo, Mallorca dejará de ser un deporte de masas. En la actualidad, a la mayoría de personas que nos cruzamos por la calle ni las habíamos visto nunca antes ni volveremos a verlas. Y encima nos hacen una foto. Pronto partirán los últimos vuelos. A bordo, los desertores despegarán entre lágrimas de familiares. “Me marcho porque no soporto la insularidad”. Los inmovilistas nos conoceremos a fondo, nos averiguaremos. Apreciaremos a quienes no salieron de Mallorca en su vida, la isla entera emprenderá el rumbo a un mundo nuevo y solitario. Recuperamos nuestra identidad de mallorquines profesionales. Vivimos el año en que nos independizamos del continente. De Africa, obviamente.


El ‘boom’ de la construcción
17 Julio 2008

Si un fumador empedernido pasa de ochenta a sesenta cigarrillos diarios –con un recorte del veinticinco por ciento en su hábito–, ¿se dirá que su tabaquismo ha entrado en crisis, que se ha paralizado su actividad fumadora, que se ha librado de las enfermedades vinculadas al vicio o que constituye un ejemplo en la lucha antitabaco? Pues bien, en Balears se nos empuja a creer que el retroceso en la construcción supone la instalación de un odioso paraíso sin cemento, cuando las cifras de actividad siguen superando lo tolerable, porque lo sostenible quedó atrás hace años.
Quien no hubiera leído centenares de artículos sobre la crisis de la construcción, no la percibiría mirando a su alrededor en Mallorca. Alguien se olvidó de avisar a las grúas, impasibles en su posición dominante. Más grave resulta la insistencia por transformar a las víctimas en culpables. Durante los últimos cinco años, los precios de la vivienda han aumentado un 270 por ciento en Balears. Se han triplicado, prácticamente. Por fuerza, y aunque en muy distinta proporción, el boom debe haber enriquecido a los participantes en esa actividad. Se hace difícil que los trabajadores de otros sectores, con incrementos medios del 15 por ciento en el mismo periodo, no sólo sean obligados a solidarizarse con los potentados, sino a contribuir en el pago de precios abusivos por inaccesibles.
Hasta la fecha, la reducción de la actividad constructora se modera en Mallorca con relación al resto de España, notablemente más espaciosa. Mientras no se demuestre lo contrario, Balears vive un boom de la construcción, salvo que un consumidor de sesenta cigarrillos no sea un fumador, por el simplismo de que antes fumaba más. Con el agravante de que el suelo mallorquín ingiere ese humo inmobiliario cuando ya padece de enfisema. De ahí el absurdo adicional de apadrinar la construcción de cinco mil viviendas protegidas. Si la crisis es tan grave como aseguran quienes no la previeron, bastaría con que bajaran de precio las cinco mil casas más baratas, sin necesidad de construirlas de nuevo.


Cazanazis viejos
16 Julio 2008

Me introdujo a la diáspora nazi un consumado maestro de periodistas, Frederick Forsyth. En concreto, lo hizo a través de Odessa, una novela que siempre defenderé por encima de Chacal –justamente incluida en el canon de los escolares británicos–. A partir de aquella ceremonia inciática, no voy a presumir de haberlo leído todo sobre cazanazis, pero sí de haber leído demasiado. Me familiaricé con apellidos como Wiesenthal o Klarsfeld, en una atmósfera que siempre asocié a legajos polvorientos. Sus herederos han localizado ahora al enésimo Doctor Muerte en Chile. Se llama Aribert Heim, pero poco importa. Mató a inocentes desde una crueldad inimaginable, dato inherente al nazismo. Tiene 94 años, y ese anacronismo me parece más relevante.
Me solidarizaba con los cazanazis que perseguían a Gregory Peck en Los niños de Brasil. Me distancié al observar la energía dilapidada para juzgar a Maurice Papon, con 87 años cumplidos. Ahora mismo, acorralar a un asesino en serie de 94 años por lo que hizo siendo un veinteañero puede ser estrictamente justo, pero no enriquece a los espectadores de ese proceso. Si acaso, cumple con la tradición humana de perseguir los crímenes con retraso, además de reverdecer el mito de Hitler, el monstruo más apasionante de la historia de la infamia. En los juicios, junto al acusado debería colocarse un espejo que reflejara la sala.
Los cazanazis envejecen junto a sus presas, pero hay un enigma de orden superior. ¿Por qué no ha muerto el Doctor Muerte, agobiado por el recuerdo de sus inyecciones letales? Sobreestimamos el peso insoportable de la culpa, ese presagio que nos libera de cometer los crímenes que no serían descubiertos. Los nazis se adaptan perfectamente a ese tormento. Se les hace llevadero, soluble en la práctica entregada de la jardinería. Para sobrevivir, el asesino ha de empezar por matar a diario su propio pasado. Y si nos consideramos afortunados, es porque Frederick Forsyth tiene un sucesor. Se llama Philip Kerr, y lo leemos con idéntica fruición.


El Terreno de Santos
14 Julio 2008

La obsesión por las actividades nocturnas de Rodrigo de Santos ha desplazado a un segundo plano la ubicación de su frenesí. No nos referimos a Casa Alfredo sino, ampliando el foco, al Terreno en su conjunto. Los periodistas obcecados y tendenciosos insistíamos en que ningún concejal de Cirer había visitado en años la barriada que flanqueaba Bellver, porque no podía entenderse de otra manera el abandono que padecía. Y sin embargo, resulta que el responsable de urbanismo y número dos de la alcaldesa pasaba las noches en medio de la degradación del entorno, más arquitectónica que moral.
En cuanto se repara en el locus de la ajetreada vida de Rodrigo de Santos con fondos públicos, se produce un viraje en el escalafón de sus crímenes. El más grave es el mantenimiento en su actual estado del barrio donde pernoctaba, y que debió elevar a la condición de joya urbana. En favor de quienes todavía insisten en que el número dos de Cirer era un buen gestor, admitimos que no pecó de parcialidad en el tratamiento a los inmuebles deteriorados. El legendario Black Cat apunta a unas ruinas. En otros locales gays, el estado higiénico es tan lamentable que el sida no constituye en ellos la mayor amenaza.
En el paradisiaco mundo religioso que De Santos preconizaba, su comportamiento se paga con la hoguera. En el nuestro, mucho más pragmático, la redención inmediata del concejal se hubiera conseguido mediante la asequible penitencia de devolver al Terreno algo de su prestancia de antaño. Salvo que nos equivoquemos absolutamente, y el escenario deprimido fuera indispensable para que el concejal desarrollara en plenitud sus pulsiones, cuando se adentraba en las callejuelas con su coche oficial. Frente a la fantasmagoría de la Palma señorial, el único barrio digno de una leyenda ha sido castigado por partida doble por el concejal encarcelado. Cambio de régimen y ahora sí podemos afirmar, con toda propiedad, que ningún concejal de Aina Calvo ha visitado El Terreno en años. Esperemos no volver a equivocarnos.


Los bancos me persiguen
11 Julio 2008

Mis únicas vinculaciones bancarias se plasman en una cuenta normal y corriente, cuyo contenido no confieso antes por vergüenza que por discreción. Si hace dos años hubiera solicitado la venia de mi banco, para encauzar mis ahorros hacia un producto más rentable, me hubieran sacado de la oficina a patadas, tras conminarme a que no volviera por allí salvo para suscribir una hipoteca de cadena perpetua. Mi tiempo les costaba dinero.
Por lo tanto, y ya que no me lo preguntan, les informo de que la crisis económica es de aúpa, dado que hasta dos empleados bancarios me han urgido en días próximos pasados a que replantee mi vulgar patrimonio en cuentas más favorables. Para ellos, por supuesto. Los bancos y cajas –que son bancos construidos sin riesgo y a costa de los pobres– me persiguen, con más ahínco que a Vicente Grande. Nunca me había sucedido antes, sin que mi calado financiero se haya modificado. Si este acoso lo ejercen conmigo, y pueden consagrar unos minutos de su personal a cautivarme, imaginen la presión que soportan los seres humanos que realmente tienen dinero.
Zapatero no sabe cómo explicarle a su país que, en tiempos de crisis, es más importante salvar a un banco que a los trabajadores. Celebro el retorno de la banca a su actividad primitiva pero, a la vista de su avidez, les recomiendo a ustedes que aguanten si pueden, hasta que muerdan el polvo los ejecutivos de las instituciones donde la prepotencia sólo se ha visto superada por la inconsciencia. Me halaga ser seducido –y pagar con la misma moneda, ya que de dinero hablamos– a eficientes empleadas de voz aterciopelada, pero me niego a encomendar que se jueguen mi sueldo al póker los mismos fenómenos de feria que no supieron prever la llegada de la crisis, o que regalaban mis ahorros a espuertas a los promotores hoy en quiebra, mientras a mí me regateaban un céntimo. Al ritmo que va la inflación, prefiero saber que mi cuenta normal y corriente la desaprovecho yo, como hasta ahora. Si nos hundimos todos juntos, será mucho más entretenido.


Ellos berrean, ellas chillan
10 Julio 2008

Un día al año voy a la playa. Ese acontecimiento acaba de producirse, y ustedes padecerán las consecuencias. La playa, ya saben, la excrecencia pulverulenta que supura plásticos y que rodea las zonas más desgraciadas de la costa mallorquina. En cuanto tomé posesión de las arenas, rodeado por mis compañeros mamíferos como en un documental de La 2 sobre pingüinos, me asaltó una marea de sonidos cacofónicos. Emisiones guturales, ululares, alaridos, la banda sonora de Braveheart.
Sobresaltado, me tranquilizo en cuanto me informan de que esta algarabía es cotidiana. Me entretengo en descomponer la sinfonía, y descubro una lamentable y tozuda tónica sonora. Ellos berrean, ellas chillan. Sin una sola excepción. Los machos de la especie se reconcilian con el simio que llevan dentro a través de explosiones sonoras en el rango de los graves tormentosos, las hembras agudizan la voz hasta el límite de resistencia de una vajilla. La asociación del berrido con el varón y del chillido con la mujer se hace tan perfecta, que llego a imaginar que se trata de un esfuerzo pactado. O quizás de una ordenanza a la llegada a la playa. Prohibido entrar perros y emitir bramidos discordantes con el sexo del bañista.
La desigualdad no se esfumó al anular la discriminación de juguetes bélicos –todas mis novias han recibido en algún momento el obsequio de un flamante kalashnikov–. La expresión vocal del comportamiento histérico sigue pautada sexualmente. A fin de enmendar esta disfunción, acabamos de encontrarle un sentido al ministerio de Igualdad. Bibiana –la mitad femenina– y Aído –la masculina, siempre según el criterio de la ministra– han de conjurarse para diseñar una campaña que distribuya estocásticamente los berridos y chillidos. Bajo los lemas “Si eres mujer, berrea” y “Machote, ¿quién te dijo que chillar era de nenas?”, en el vocerío playero será indistinguible el sexo de cada grito. Todo ello, salvo que se demuestre que berrear y chillar son acciones predeterminadas genéticamente. Con las trenzas de ADN no puede competir ni Zapatero.


El secuestro de Betancourt
9 Julio 2008

Ingrid Betancourt narra vívidamente su secuestro. “Mis captores me agarran y me atan unas cadenas por todo el cuerpo, que llaman micrófonos. Después, me obligan a repetir mil veces la misma historia. Ni siquiera atienden a lo que digo. Gritan entre ellos, o se dirigen a mí dando voces conminatorias –¡por aquí!, ¡más fuerte!–, para aumentar mi estrés. No puedo avanzar un paso sin topar con uno de ellos, que reinicia el interrogatorio. Me doy cuenta de que soy su rehén, y de que sólo me canjearán por una historia más apetitosa. Por desgracia, estamos en julio, faltan noticias y mi cautiverio se alarga”.
Para Betancourt, “lo peor del secuestro es la rutina. Ahora mismo, me han puesto las cadenas 237 veces –que serán 289 cuando alguien lea esto–. La insistencia en las preguntas, una vez que estoy encadenada, tiene por objeto mi desmoronamiento psicológico. Para que pierda definitivamente el contacto con la realidad, me lanzan destellos o me someten a focos intensos. Uno de mis secuestradores más voraces –a quien apodan Sarkozy– aprovecha la mínima oportunidad para toquetearme. Con la excusa de registrarme, me palpa por todo el cuerpo, mientras profiere expresiones zalameras y guiña el ojo a sus compinches. Siempre va acompañado de una muñeca hinchable, llamada Karla o algo así”.
Betancourt reanuda la enumeración de sus tribulaciones en la esclavitud. “Has de estar siempre a disposición de tus captores. En ninguna hora del día conozco el descanso. Por las noches te despiertan de improviso, con una voz que parece proceder del otro extremo del planeta, y reanudan su interrogatorio para pillarte desprevenida. También hay secuestradores apostados a pocos metros de donde duermo, para disuadirme de una fuga. Y siguen gritando. Intento sonreírles, para aliviar los malos tratos, pero llega un momento en que confesarías cualquier acusación que te formularan, a cambio de unos minutos de libertad”. En este momento afloran a su rostro las lágrimas, que están a punto de ahogar la conclusión. “Añoro la selva”.


Estarás gana por indiferencia
7 Julio 2008

El juez condenó a Delgado y Estarás –que se habían jurado fidelidad eterna– a medirse en un congreso presuntamente ilegal. Hasta el PP balear acusa al PP balear de corrupción. La denunciada replicó que ella no entraría jamás en litigios con la familia, una línea de diálogo extraviada de Los Soprano. La celebración del cónclave confirmó que el alcalde de Calviá no sirve de alternativa, y que la número dos de Matas ni siquiera suscita oposición, sólo indiferencia. En este apartado, ha logrado igualar a Rajoy.
Según la denuncia, la candidatura de Estarás volvía a implicarse en una operación Mapau, ahora rehaciendo censos internos del partido con sus habituales maniobras en la oscuridad. En el congreso subsiguiente del PP, no la respaldaron ni los emigrantes cuyo voto captó con fondos públicos desde el Govern –no hubo delito, por lo que debería presumir de aquella campaña–. Consiguió menos votos que avales a su candidatura, porque una cosa es el sufragio secreto y otra las sugerencias siempre amistosas cara a cara. Esta disfunción avala por sí sola la impugnación del ágape. Además, los apoyos de la ganadora no alcanzaron a la mitad de los compromisarios que, pese al grado literal de compromiso que los define, se abstuvieron en masa. Excelente presagio electoral.
Balears no puede entenderse sin el PP, pero la jeraquía de ese partido se ha empeñado en desentenderse de Balears, generando la absoluta indiferencia de compromisarios, afiliados y votantes. Ha abierto un cisma con la sociedad, cuyo síntoma es la victoria a medias de Estarás. Víctima de sus propias limitaciones, se presentó como terapia contra Matas, cuando en las autonómicas sólo le había aventajado en el municipio de Escorca, por un voto. Nadie ha sido tan duro con ella como Delgado. Y se ha quedado corto, según demuestra la mayoría absoluta de comisionados del partido que se negaron a votar a la lugarteniente de Matas. Finalizado el congreso que tal vez no se ha celebrado por ilegal, el PP balear tiene presidenta. Ya sólo le falta un líder.


Me gustaba el falso goya
5 Julio 2008

Imagino a un asiduo del Prado, que visitaba anualmente el museo para admirar la brutalidad de El coloso de Goya, y para confraternizar con el pesimismo swiftiano de su autor. De repente, le dictaminan que el cuadro en cuestión es “de otra mano distinta”, por decisión de unos burócratas. ¿Debería decepcionarle desde ese instante, si antes le subyugaba? Me gustaba el falso goya, por lo que en mi caso no hay un desmentido, sino la confirmación de que el arte falso me interesa más que el verdadero. Me sumo así a los crédulos convencidos de que el chef de moda está en la cocina, el día en que ellos visitan uno de sus seis restaurantes.
No tiene mérito convencer a la humanidad de las virtudes de un cuadro pintado por Goya, la magia consiste en atribuirle identidad goyesca a una obra que no salió de sus pinceles. En la actualidad, esa ciencia del embeleco se llama marketing. No sólo Salvador Dalí, también Francis Bacon firmaba papeles en blanco, para seguir apostando en la ruleta de Montecarlo. Las falsificaciones consiguientes se venden como originales, y a precio de menú en un restaurante a cuya cocina no se ha acercado en meses el firmante del establecimiento. Pese a la impostura, un eminente crítico de arte local detectó en los papeles “la pincelada inconfundible de Bacon”. Con dos huevos.
El coloso habrá sido mostrado a numerosos estudiantes por respetables profesores, como un compendio de las características de la obra goyesca. Aun así, estamos lejos del autor que escribió un catálogo depurado de obras de Rembrandt, falsadas todas ellas por la posteridad. Para relativizar al artista aragonés, hay que instaurar la categoría de las obras que podría haber pintado Goya, y abrirles una sala en el Prado. Velázquez es solo perfecto y Goya es apasionante, aunque quizás me esté guiando por cuadros que no pertenecen a ninguno de ellos. En este mundo de evidencias restringidas, sólo yo he escrito este artículo, no importa lo que sostengan los expertos así que pasen dos siglos. La pincelada inconfundible, ya saben.


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