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La persona más importante
28 Agosto 2008

La primera superviviente de la tragedia de Barajas en abandonar el hospital admite que “el día 20 volví a nacer”. Tras visitar la interfaz entre vida y muerte, no menosprecia a los pasajeros que cayeron del otro lado del espejo, pero reitera la obligación de mantenerse en pie ante cualquier circunstancia. Su renacimiento conlleva el análisis de la existencia hasta entonces, y sólo en eso puedo acompañarla. Nunca estoy demasiado seguro de mis sentimientos hacia otros seres humanos, hasta que sobreviene la catástrofe. Cuando la normalidad se detiene en seco, localizo de inmediato a la persona más importante, porque es aquélla con la que me siento impulsado a entrar en contacto. El resultado del test es desconcertante, en especial para la receptora de la llamada. También es infalible.
Somos el animal distinto. No podemos pastar indiferentes, como las gacelas en cuanto el depredador ha atrapado a su presa. Sin embargo, las catástrofes incluyen el mandato de seguir viviendo, y una euforia negativa que sólo Cortázar supo narrar respetuosamente en la muerte ajena. Al desatascarse las sinapsis, se revitaliza el arcaico sentimiento de la dependencia, pero no sólo con las lectoras anónimas de un artículo. Pronto emerge la persona clave, la que establece la continuidad con la realidad dislocada, la que suma su fragilidad a la nuestra para hacernos indestructibles. El placer se expende en cápsulas individuales, ya sólo puede unirnos el dolor.
Lo inconmensurable facilita lo mensurable. La catástrofe no sólo ilumina la vida humana como contingencia perfectamente evitable, sino como la necesidad de compartir la vulnerabilidad con otras personas. Con una en particular, a la que de repente consideramos indisociable de nuestra necesidad de experimentar la supervivencia. Al fin y al cabo, una existencia es siempre casual, pero dos deben reflejar algún tipo de norma. “Volví a nacer”, dice la pasajera, cada uno a su manera. Los días que no querríamos vivir nos traen el aroma de los seres junto a los que querríamos vivir cada día.


La salud nasal de Letizia
27 Agosto 2008

En resumidas cuentas, Letizia ha protagonizado la primera operación de cirugía estética pagada con fondos públicos. El recurso al procedimiento más radical para corregir su nariz, confirma que lo auténticamente insoportable de la portada pornográfica de El Jueves radicaba en la prominencia facial de su caricatura. A raíz del fasto quirúrgico, un ejército de cortesanos se ha aplicado a celebrar el nuevo apéndice de la princesa, compitiendo con el fervor que desplegaron para glosar el anterior, cuando estaba vigente. De su celo se desprende la urgente imposición coercitiva de la restauración nasal. El Congreso tendría que debatir la regulación de un certificado de idoneidad estética para acceder a los altos cargos, el canon ministerial.
Al implantarse una nariz genérica, Letizia comparte el capricho de miles de ciudadanos, salvo que ninguno de ellos apela a la confusión de la estética con la medicina. Cuando disfraza su retoque de un problema de salud, la princesa ofende a quienes realmente padecen una enfermedad. La mentira le delata, a falta de saber por qué una profesión con pretensiones científicos se presta a la farsa. ¿Las personas con la nariz grande, las orejas desplegadas o los pechos discretos son enfermas? El asunto huele mal y, ya que se falsean diagnósticos, aportaremos que la única patología de la princesa es su inseguridad enfermiza. Compadezcamos de paso a los usuarios de yates, en tratamiento terapéutico por problemas de oxigenación.
Sería interesante recabar la opinión de Telma Ortiz, en torno a la desgracia que se ha abatido sobre su hermana en forma de enfermedad nasal provocada por el asedio mediático, pero aquí sólo cabe nuestro veredicto. Lo concentró Marilyn Monroe al sentenciar que “la imperfección es la belleza”, sin duda tras una encendida conversación con Arthur Miller. Con permiso de Letizia, seguiremos prefiriendo las mujeres a las que hay que amar por sí mismas, y no porque encajen en el clisé. La princesa ha renunciado a su identidad por segunda vez en un milenio. Se recortó por primera vez la nariz el día en que se casó con un Príncipe.


La lección de Aíto a Spanair
25 Agosto 2008

El avión de Spanair despegó para un vuelo de rutina, uno más entre el millón que recorren el planeta a diario, pero se estrelló. Aíto debía estrellarse contra la segunda selección más poderosa de la historia del baloncesto, pero salió reforzado de la derrota gracias a que activó todos los mecanismos de seguridad. Uno de los protagonistas de esta historia se dejó guiar por lo previsible, y se quedó sin margen de maniobra ante la aparición del imprevisto. Menospreciar el peligro es la mejor manera de conjurarlo. El entrenador del Joventut respeta a la adversidad, gracias a lo cual anuló una diferencia entre España y Estados Unidos que puede estimarse en veinte puntos y que, con sus huestes en mejores condiciones, se había disparado a 37 una semana atrás.
Aíto es un extraordinario piloto para lograr lo humanamente posible. En Pekín nos ha enseñado que ni siquiera la certeza de la derrota –que caracteriza por ejemplo a la vida humana en su finitud– anula la exigencia de tomar las precauciones de un triunfo. Cuanto más si la victoria es protocolaria, como en un vuelo de rutina. La ética de Aíto consiste en combatir el nihilismo con la creación de belleza. El seleccionador no se descuida. Sanó a sus jugadores de la primera humillación, les exigió dureza defensiva y alejó a los americanos del aro. Cayó por el acierto rival en triples y por las faltas personales de sus hombres clave, pero no se le puede pedir más. ¿Y a Spanair?
La segunda lección de Aíto a Spanair llega tras la derrota. El seleccionador declara que “no hay que hablar de los árbitros, sino felicitar al campeón”. Es una frase extraída de la Ilíada, cuando Príamo reclama el cuerpo de su hijo Héctor a Aquiles para enterrarlo, sin lamentos. Los accidentes son inevitables en abstracto porque cada accidente individual es evitable. Cuando volamos, queremos a un Aíto en el despacho de la compañía que nos vende el billete, en la fábrica de donde ha salido el avión, en los talleres responsables de su mantenimiento, en la torre de control y, sobre todo, a los mandos del aparato. Pedimos demasiado.


Que pague el alcalde
21 Agosto 2008

Me encantaría que el alcalde de Pollença tuviera que pagar personalmente por el atentado que ha permitido a un excelentísimo Cortina en Formentor –acto de vandalismo legalizado que a buen seguro estará ausente de las jornadas gastronómicoculturales auspiciadas por el Govern progresista en ese enclave–. No entiendo por qué la mamarrachada habría de ser sufragada por los ciudadanos en su conjunto, cuando la mayoría de ellos hubiera prohibido esa aberración estética. Por tanto, sólo puedo aplaudir que una magistrada contenciosa haya enfocado la responsabilidad de una demolición infinitamente demorada hacia el primer edil de Santa Margalida. De paso, me río cuando el titular de ese cargo en Pollença sentencia que “es muy heavy que se multe directa y personalmente a un alcalde”. Debiera adjuntar su sueldo y el de sus asesores, así como el número de demoliciones que ha llevado a cabo históricamente su municipio.
El auto judicial será recurrido y el Tribunal Superior no ha sido precisamente un amigo de la ecología balear, pero el chalet de Doña Pi sólo se derribó –para construir otro más grande, gentileza de Cort– cuando Fageda fue amenazado personalmente. En Andratx, donde más de la mitad del Urbanismo es criminal, nunca se ha procedido a una demolición. ¿Cuándo se derribarán los mamotretos de ses Covetes y Llucalcari, una mofa diaria de la entera Administración de Justicia? Los alcaldes mallorquines se alborotan en lugar de enmendarse. Tan mentirosos en lo urbanístico como en lo político, alertan que no habrá candidatos para sus puestos. Hasta la fecha, ningún cargo ha quedado desierto por falta de aspirantes, ojalá fuera así. Además, si los consejeros de las empresas responden con su patrimonio de los desaguisados de la sociedad, cuesta entender la evasión del presidente de una corporación municipal. Curiosamente, ninguno de los munícipes con vestiduras rasgadas anuncia que va a dejar la alcaldía por temor a las multas. La conclusión es meridiana. Son conscientes de la destrucción que alientan y les sale muy rentable.


La humillación postrera

Dado que el mayor atentado terrorista de la historia de Europa estalló en trenes, se decidió torturar a los pasajeros de avión con medidas tan abusivas como estériles. La obligación de descalzarse y la prohibición de embarcar ensaimadas explosivas se complementaron con el veto a los libros, aunque esta última medida fue anulada tras comprobar que no importunaba a los pasajeros. Los jerarcas aeroportuarios y los ministros que legislaron los tormentos no se sometían a ellos, porque disponen de tretas para soslayarlos. He padecido ese suplicio ochenta veces en los últimos diez meses, y aceptaré el veredicto de cualquier psicólogo que dictamine que la vejación acumulada cursa con secuelas irreversibles.
Nadie puede garantizar la seguridad absoluta, por lo que se impone un régimen de prioridades basado en la racionalidad y no en la histeria contagiosa de Bush. Tras el miércoles de dolor en pleno agosto vivido ayer, se ha desplomado la escala de pánicos impuesta por España y Europa con complicidad y secretismo. Comportarse como si Bin Laden viajara en cada vuelo palidece frente a la urgencia de los controles mecánicos, una vez que se confirma que el correcto funcionamiento del vuelo en sí debe prevalecer sobre el estado de los calcetines de los pasajeros, e incluso sobre el placer implícito de atormentarlos que sólo podemos compartir.
Antes de morir por razones que nunca se aclararán del todo en un miércoles de ceniza, los pasajeros del JK 5022 –víctimas de una tragedia que la página oficial de Spanair denominaba “incidente” anoche– sufrieron la humillación postrera. Fueron tratados como sospechosos por los eurócratas de Bruselas, con unos bríos punitivos que quizás debieron enfocarse hacia la localización de las causas que desencadenaron efectos devastadores. Aguardamos con ansiedad el comunicado conjunto de España y Europa, donde se nos informe con maldisimulada autosatisfacción de que no había ningún terrorista a bordo del avión siniestrado. Es un consuelo.


Corrupción en bolsas
18 Agosto 2008

La corrupción en el consorcio Turismo Joven Sexual discurre por los cauces habituales en Balears –”lo hacía todo el mundo”, reconocen los acusados–, hasta que reparas en una operación consignada por la fiscalía. “Recibieron 60 mil euros en tres pagos, los cuales se efectuaron en efectivo entregándoles el dinero en bolsas en distintas cafeterías”. Hasta aquí podíamos llegar. Además de cobrar, lo hacían en bolsas de plástico que contaminan el medio ambiente. A mayor ensañamiento, la institución del Govern Matas fraccionaba el pago, lo cual intensifica el impacto ambiental, dado que en ningún punto se matiza que en las sucesivas entregas se reutilizara la bolsa inicial.
No hablo de oídas. Yo también cobro 60 mil euros por este artículo, y acabo de comprobar que esa cantidad encaja holgadamente en una sola bolsa de plástico, salvo el caso improbable de que los sobornos al Govern se pagaran en calderilla. Si es el caso, redactaré la rectificación correspondiente. Dado que la fiscalía calcula un robo global de 800.000 euros, habría sido necesario el concurso de 40 bolsas de plástico, y sólo estamos hablando de uno entre el centenar de departamentos del ejecutivo del PP. Así se explica la plastificación masiva de nuestras playas y montañas. Qué porquería.
Para ser asimilada definitivamente por la población, la corrupción del anterior Govern sólo necesitaba un pequeño gesto ecológico, esperemos que en una próxima legislatura obliguen al cobro de comisiones en envases de papel. No nos guía la parcialidad, aplaudimos que el intercambio de dinero, siempre según los fiscales, tuviera lugar en “cafeterías”. Se corrige así la tendencia del PP a que esos tratos cuajen en prostíbulos homosexuales, en clara contravención de la doctrina eclesiástica. El derroche de plástico ocurría además en un ejecutivo presidido por un ex ministro de Medio Ambiente. Se empieza por robar cientos de millones de pesetas con la condescendencia de la superioridad, y se acaba pidiendo bolsas de plástico de más en un supermercado. No tienen conciencia. Ecológica, claro.


El ‘Batman’ que nos merecemos

Hollywood ha desarrollado en Batman XXX el arma promocional más melodramática, consistente en matar al protagonista de una película entre el rodaje y el estreno. La autoinmolación de Heath Ledger, en aras de la taquilla, demuestra que no hay elogios más sinceros que los póstumos, cuando su destinatario ya no puede robarnos un contrato. Ojalá la técnica liquidatoria se afianzara en películas de Matt Damon, Ben Affleck, Jennifer Lopez, Nicolas Cage y Meryl Streep.
Gotham suena a cuento de hadas comparado con la corrupción en Mallorca, pero imaginemos que debiéramos tomarnos en serio El caballero oscuro o Batman XXX. Ofrece un espectáculo visual equivalente a volver a contemplar la inauguración de los Juegos de Pekín. Es decir, podría alargarse o acortarse en una hora de metraje, sin que notáramos la diferencia. En cuanto al auténtico protagonista, todas las artes tienden a la música y todas las interpretaciones aspiran a Marlon Brando. El actor fallecido compendia los visajes de su maestro, con escala en La casa de té de la luna de agosto y La ley del silencio. A saber, se inclina el rostro unos quince grados desde la vertical, se mantiene inmóvil y se despliegan las muecas faciales. Estos recursos le bastan al Joker de Heath Ledger para polarizar los aplausos del público, entrenado para identificar al único personaje con una brújula moral articulada. En cuanto a la labor del director Christopher Nolan, nunca pensamos que aborreceríamos a la mágica Maggie Gyllenhaal, hasta el punto de suspirar por un cambio en el actor elegido como cordero sacrificial.
La película presume con indecencia de esconder críticas letales a Bush y plácemes a Obama, cuando suministra más píldoras de filosofía barata que Matrix. Según una de las jaculatorias, el protagonista “no es el superhéroe que Gotham necesita, pero sí el que se merece”. Pues bien, Batman tampoco es la película que necesitamos, pero probablemente sea la película que nos merecemos. Volverá a inundar las salas, qué importa que lo consiga por las razones equivocadas.


Corra, señor Cañellas
13 Agosto 2008

El último portaestandarte del peliagudo linaje Cañellas nos ha dejado boquiabiertos. El atlético conseller de ese apellido ha declarado a IB3 –la cuarta conselleria de su partido, UM– que su antecesora Rosa Puig fue una víctima de la corrupción rampante en su departamento. Como dato contradictorio de esta tesis, basta con apuntar que uno de los cabecillas de la trama era concejal del PP por Algaida al igual que la desdichada ex consellera, además de ejercer de mano derecha de la misma. Sin embargo, desistimos de polemizar con un Mateu Cañellas que se declara indocumentado, para plantearle sólo de dónde surge su fe en la inocencia absoluta de Rosa Puig, tajante aval que no se atrevería a suscribir ni Rosa Estarás.
Entendemos que Mateu Cañellas –este apellido exige la mención continua al nombre adyacente– ha de cumplir las órdenes de su jefe Miquel Nadal, a quien le debe el cargo, y colaborar con brío en dinamitar el Pacto. Sin embargo, agrava su obediencia ciega cuando confiesa que le costaría detectar un caso de corrupción semejante en su departamento. Es decir, se declara incompetente para interrumpir un posible –y previsible, dada la tradición del Govern– escándalo, que puede desarrollarse mientras perdemos el tiempo escribiéndole. En tal caso, lárguese corriendo según es su especialidad, señor Cañellas, porque no entendemos demasiado bien en qué consiste su cometido.
Son cosas que pasan, sostiene el acólito de Nadal, que finaliza su sermón jurando que es una trama “doméstica”. ¿Le parece doméstico, señor conseller, que un alto cargo de su departamento, al que usted no sabría detectar, se embolsara 60 mil euros sobre una factura pública de 180 mil euros, según ha confesado el constructor implicado? ¿A qué cantidad empezaría usted a preocuparse? Esperemos que la corrupción vigente no sea la misma que en el Govern Matas, porque las declaraciones son asombrosamente parecidas. Por lo que pueda pasar en el futuro, aclaremos desde ahora que Antich también es president del conseller Cañellas. No tendrá excusas.


Electrocardiograma móvil
11 Agosto 2008

A través del móvil recibimos internet, los últimos rodajes porno, las incidencias meteorológicas, los goles del Madrid y alguna llamada. Se ha convertido en nuestro órgano más íntimo, aunque todavía con el engorro de que debemos arrastrar con él y perderlo, en lugar de incorporarlo literalmente a nuestra anatomía. En la mayoría de personas, preferiríamos conocer el contenido de su teléfono a los archivos de su cerebro, y estamos hablando sólo de los seres humanos que todavía no han descargado sus memes y mentes en el celular, una minoría en decidida regresión.
Hubo un tiempo en que aguardábamos a que el teléfono sonara para reaccionar, aunque nunca era Ella la voz que nos acogía al otro lado. Con el móvil actuamos como si estuviera permanentemente conectado, absorbiendo cada una de nuestras palabras con destino a una audiencia ignota. Ya nadie pregunta “¿no me estarás grabando?”, sino “revisa la batería, no sea que te quedes sin pilas y pierdas algún matiz de la conversación”. Así nos aproximamos a nuestra tesis de hoy que, como de costumbre, no tiene nada que ver con lo que llevamos escrito. Me cuesta dos párrafos centrarme.
En una ampliación insospechada de su rango de servicio, el telefonino monitoriza nuestro músculo cardiaco. Una revisión de la agenda equivale a un electrocardiograma móvil, se amontonan las sensaciones conforme desfilan los nombres capitales de nuestra vida con sus precisiones ridículas –casa, móvil–. Además, el test ejercita la memoria con más fuerza que un sudoku, para averiguar qué diferencia hay entre Isabel, Mabel y Luzbel, o para confirmar si LX es Antoinette –así codificada porque su marido se ausentaba los lunes y miércoles– y HD es Mariane, o viceversa. Percibes los vuelcos de tu corazón, y las palpitaciones se acompasan al desfile de los capítulos biográficos sintetizados en media docena de letras. Sobre todo, y en casos de duda, no intentes resolver ninguno de estos enigmas identitarios efectuando una llamada. Es el camino infalible hacia la autodestrucción.


Tortuga rara en Cabrera
8 Agosto 2008

La suelta de tortugas, que la Reina protagoniza anualmente en Cabrera, incluyó ayer la liberación de un quelonio de rareza singular. Había sido hallado en las inmediaciones de la Lonja, aunque también se aclimata al interior de la isla, pues un ejemplar similar fue avistado en Algaida. En el momento de su captura, daba la impresión de aburrirse, y de no haber realizado actividad alguna durante el último año. Esta afición al letargo se complementa morfológicamente con unas características formaciones calcáreas orbiculares, que le confieren el aspecto de llevar gafas. Según el consenso de los biólogos, se trataría de una Franceschelys Antichatus. Se desarrolla con especial brío en cautividad, donde llega a alcanzar una longitud de 175 centímetros.
Dotada de la capacidad de autocontrol suficiente para hibernar en agosto, la tortuga Antichatus no se inmuta ante ninguna agresión exterior. Se refugia bajo su caparazón y, cuando un depredador se dispone a atacarla, le ofrece súbitamente la otra mejilla. Este gesto defensivo desquicia a los tiburones, su enemigo natural. En la juventud, su rostro está forrado por una capa pilosa que remite con el tiempo. Durante los trámites que precedieron a su liberación en Cabrera, el quelonio no emitió sonido alguno, pese a que la Reina le habló en la media docena
de idiomas que domina, y con los cuales siempre había conseguido comunicarse con las tortugas más ensimismadas.
Pronto se estableció una corriente de simpatía entre la esposa del Rey, su nieto Froilán Marichalar de Borbón y la remisa Antichatus. “Yo entiendo lo que te pasa”, le susurró el niño. La Reina acarició al galápago con especial ternura, antes de depositarlo mansamente en las aguas de Cabrera. El quelonio se hundió con lentitud, mientras la Reina agitaba los brazos a modo de despedida, en la pose que la ha hecho famosa. El galápago no volvió a salir a la superficie. De regreso a Mallorca, los expedicionarios que habían participado en la suelta de tortugas sintieron un vacío, como si faltara uno de los pasajeros del viaje de ida.


En Pekín, a jugar y callar

La atlética vicepresidenta del Gobierno se ha investido de seleccionadora nacional olímpica, para inculcar al mocerío hispano el lema imperativo en las competiciones de Pekín, “A jugar y callar”. España no competirá por obtener un máximo de medallas, sino de silencios. A Fernández de la Vogue sólo le faltó añadir que los infractores serán confinados en una jaula de bambú, hasta que llegue el momento de deportarlos de vuelta a España. La número dos de Zapatero concluyó que “ni siquiera autorizaremos a nuestros deportistas la crítica sana a personajes que encajan difícilmente en este planeta, tales como Rajoy”.
Las palabras de la vicepresidenta abanderada se interpretaron erróneamente como una incitación a la censura, cuando fueron efectuadas en defensa propia. Incontables estudios científicos avalan que un cerebro humano que se pasa doce horas al día sumergido en una piscina no siempre se halla en una posición inexpugnable, a la hora de emitir un veredicto sobre la deuda del Tercer Mundo. La estampa de una estrella del volei playa, aderezada con un escueto bikini, que recoge su presea al grito de “solicito desde aquí la independencia de una región que China está oprimiendo, viva Transilvania libre”, sólo puede ser empeorada por el campeón de badminton, reclamando que “el Everest y los mares circundantes sean declarados patrimonio de la humanidad”. En ambos casos, los excesos verbales darían al traste con varias décadas de diplomacia de apaciguamiento, amén de provocar el derrumbe del régimen de Pekín.
De la advertencia vicepresidencial quedan exentas las figuras ya consagradas, porque ninguna de ellas cometería el error de apartarse ni una palabra del guión que les escriben sus patrocinadores comerciales. Tras resaltar que el oro olímpico será fundido para pagar los desplazamientos de autoridades españolas a Pekín, De la Vogue recordó que su lema “ a jugar y callar” extiende su validez a los engorrosos jueces de la Audiencia Nacional, empeñados en imputar a los gobernantes chinos por crímenes que todos los Gobiernos han cometido. A juzgar y callar.


Un treinta por ciento menos
4 Agosto 2008

Tal vez figure usted entre quienes han percibido que estos artículos han empeorado últimamente en un treinta por ciento. De hecho, no hay satisfacción comparable a la de concluir que nuestro columnista de guardia escribe peor hoy, cuando ayer nos limitábamos a comentar que producía basura. Mi única defensa es que he degradado mi prosa a conciencia, acuciado por la obligación solidaria de sintonizar con la coyuntura económica. Me afecta la crisis de los demás como si fuera propia, la somatizo. He indagado en el sufrimiento empresarial, y todos los negocios encuestados coinciden en su diagnósticos. “Giramos –o vendemos, o movemos, o fabricamos, o distribuimos, o ganamos– un treinta por ciento menos”.
En mi muestreo, ningún hombre de negocios modera la rebaja de sus expectativas en un diez por ciento, ni las abisma hasta un cincuenta. El termómetro económico se ha atascado en el “treinta por ciento menos”. Los consumidores gastamos todo lo que tenemos y al precio que nos imponen. Nuestra magnanimidad no tiene precio, por lo que peca de insuficiente para forzar una remontada. Dado que el optimismo es decisivo según Zapatero y Solbes para afrontar la crisis –o sea, para que no les salpique a ellos– recuerde que, si sus ingresos han menguado un quince por ciento, dobla usted los resultados de la media de sus coetáneos. Es un triunfador.
Dado que no podemos gastar un treinta por ciento más porque no lo tenemos –salvo que volvamos a pedir prestado, agravando la situación de la que queremos salir–, se debería aplicar globalmente una reducción de un treinta por ciento en todas las magnitudes económicas, empezando por los precios. Así alcanzaríamos el grado cero de la economía. Por motivos estéticos, no dejaré vacío un treinta por ciento del espacio que ocupa este artículo, pero lo he escrito con ese porcentaje de ahorro de tiempo. Espero que no se note aunque, si así fuera, he desperdiciado un treinta por ciento de mi horario laboral en los últimos años. En euros siempre es menos, claro.