La humillación postrera
21 Agosto 2008
Dado que el mayor atentado terrorista de la historia de Europa estalló en trenes, se decidió torturar a los pasajeros de avión con medidas tan abusivas como estériles. La obligación de descalzarse y la prohibición de embarcar ensaimadas explosivas se complementaron con el veto a los libros, aunque esta última medida fue anulada tras comprobar que no importunaba a los pasajeros. Los jerarcas aeroportuarios y los ministros que legislaron los tormentos no se sometían a ellos, porque disponen de tretas para soslayarlos. He padecido ese suplicio ochenta veces en los últimos diez meses, y aceptaré el veredicto de cualquier psicólogo que dictamine que la vejación acumulada cursa con secuelas irreversibles.
Nadie puede garantizar la seguridad absoluta, por lo que se impone un régimen de prioridades basado en la racionalidad y no en la histeria contagiosa de Bush. Tras el miércoles de dolor en pleno agosto vivido ayer, se ha desplomado la escala de pánicos impuesta por España y Europa con complicidad y secretismo. Comportarse como si Bin Laden viajara en cada vuelo palidece frente a la urgencia de los controles mecánicos, una vez que se confirma que el correcto funcionamiento del vuelo en sí debe prevalecer sobre el estado de los calcetines de los pasajeros, e incluso sobre el placer implícito de atormentarlos que sólo podemos compartir.
Antes de morir por razones que nunca se aclararán del todo en un miércoles de ceniza, los pasajeros del JK 5022 –víctimas de una tragedia que la página oficial de Spanair denominaba “incidente” anoche– sufrieron la humillación postrera. Fueron tratados como sospechosos por los eurócratas de Bruselas, con unos bríos punitivos que quizás debieron enfocarse hacia la localización de las causas que desencadenaron efectos devastadores. Aguardamos con ansiedad el comunicado conjunto de España y Europa, donde se nos informe con maldisimulada autosatisfacción de que no había ningún terrorista a bordo del avión siniestrado. Es un consuelo.
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- Autor :mvalles
Con todo mi aprecio y respeto, ¿qué tiene que ver la pesadez del control de seguridad a la zona de embarque de los aeropuertos dependiente de AENA/Ministerio de Fomento con las exhaustivas verificaciones de mantenimiento a un avión de una Cía. aérea privada controlada por entes tanto nacionales como internacionales?. A mi me preocuparía más ver que tipo de controles de seguridad se llevan a cabo en el puerto de Palma sobre los camiones y coches que embarcan en las bodegas de los barcos con pasaje. ¿Ninguno?.
Sólo nos sentimos fastidiados por los retrasos por causas técnicas al dar por seguro que llegaremos a destino. Sólo nos molestan las medidas de seguridad aeropoirtuarias cuando damos por seguro que la amenaza terrorista no se cumplirá en nuestro vuelo, porque queramos o no y gracias a eso cada vez lo tienen más difícil, pero no imposible.
En cuanto al “incidente”, craso error gramatical. Hasta cierto punto comprensible debido a la tensión de los primeros momentos. No creo que la situación les dejase hacer filigranas literarias. Sus compañeros de los medios de comunicación dicen barbaridades con tal de llenar párrafos o minutos en directo. Si estar en antena significa sacar a quién diciendo cualquier cosa, lo hacen. Si tienen que sacar imágenes terribles, lo hacen. Tengo claro cual de las dos cosas es la más reprochable.
Mi más sentido pésame a las personas afectadas.
Ya se ha anunciado que los datos que se obtengan de la caja negra del avión de Spanair no serán dados a conocer públicamente. Lo entiendo, pero dudo. Dudo porque ya está bien que nos sigan estafando como acabo de leer en Migramundo.blogspot.com. Lo dudo porque siguen estafando y, aunque no tenga nada que ver quizás, o no, me enervan las estafas de las compañías aéreas de low cost como Air Madrid que estafó a miles de personas y no ha pasado nada. Con este último accidente también me siento estafado.
http://es.youtube.com/watch?v=Nn-xyWe0POo