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Paul Newman, en portada
29 Septiembre 2008

Los periódicos del planeta irradiaban magnetismo el pasado domingo, coronados en sus portadas unánimes por la inmortalidad arrebatadora de Paul Newman. La prensa desafiaba al cosmos con la exaltación de la belleza humana, bajo el argumento irreprochable de que la evolución desde la bacteria hasta ese rostro cincelado requiere por fuerza de un soplo divino. A partir de esta constatación de supremacía, se dispara la hipérbole. La audiencia suspira por fecundar vínculos espontáneos con sus mitos, por lo que se apresura a otorgarles virtudes que acaban por desfigurarlos.
Puesto que Paul Newman era desoladoramente bello y arrastraba más carisma que la suma de presidentes norteamericanos, forzosamente debía ser un buen actor. Vuelve a confundirse la presencia con la interpretación. Su imagen soberana le incapacitaba absolutamente para el dramatismo, siempre sería la persona que puede doblegar voluntades aceradas con una sonrisa. En el momento de su plenitud, no lograba sobreponerse a su perfección física ni en La gata sobre el tejado de zinc. Cary Grant era un actor cuando la cámara apuntaba a su nuca. Al Pacino es un actor sin más que leer su nombre en los títulos de crédito. Brando es más grande que los anteriores. Cuando Paul Newman mira al objetivo, se disuelven las consideraciones profesionales. ¿Es un actor? Qué más da.
Para juzgar a Paul Newman en clave terrenal, sería necesario desfigurarlo antes con los martillazos humanizadores que Miguel Angel propinó a su Moisés. Tuvo la sabiduría de dejarse guiar por sus compañeros de reparto más dotados, pero también se puede amar a los dioses por las razones equivocadas. Transmitió su energía íntegra a Dos hombres y un destino, que conmueve al espectador más blindado, y nunca está tan cerca de una interpretación como en Al caer el sol o Twilight, donde encarna a un Bogart otoñal arropado por Susan Sarandon y Gene Hackman. En el resto de su filmografía, era demasiado inteligente y bello para someterse a las exigencias de sus personajes sin perturbarlos.


Descontrol aéreo
25 Septiembre 2008

La polémica pueril sobre las imágenes de la tragedia de Barajas, inaudita en una sociedad que se desayuna a diario con los aviones estrellándose en las Torres Gemelas, ha ocultado el auténtico escándalo en la gestión de la catástrofe. La postergación se debe a que el disparate se plasma en palabras, hoy sin glamour. Quienes creían que las conversaciones de una torre de control estaban codificadas hasta lo inverosímil, y que debían resolver en segundos la reacción a un accidente, han escuchado estupefactos un diálogo zarzuelero entre controladores y el centro de operaciones del aeropuerto madrileño. Los errores y dilaciones se suceden mientras mueren 154 personas, para cuyo rescate era crucial la intervención de los bomberos.
Como en un sketch de teleserie, una funcionaria se equivoca sobre la pista afectada. Tras informar en lenguaje coloquial de que se ha producido un accidente, llega el toque absurdo:
–¿De avión?
–Creemos que sí.
Sabia conclusión, dado que la conversación transcurre entre la torre de control y el centro de operaciones de un aeropuerto. Un personaje digno de Rafael Azcona se entromete para señalar que “El fuselaje del avión está repartido por la margen derecha. Yo no sé si estas piezas hay que guardarlas o qué se hace”. Cualquier espectador de Aeropuerto podría sacarle de dudas, pero queda el arranque de hidalguía al telefonear a los bomberos. El suspicaz receptor de la llamada inquiere con dotes de cancerbero:
–¿Me puedes dar más datos antes de pasarte?
–Pues no te puedo dar más datos.
Ignoramos si los libros de claves para el caso de tragedia sangrienta incluyen el formulismo “un momentito”, presente también en los inigualables diálogos. En breve, una comisión carísima dictaminará que hemos de pagar más por la seguridad aérea. La reacción a la catástrofe demuestra que no es un problema de presupuesto. O por ponerlo en palabras pronunciadas al gestionar el accidente:
–¿Tenéis alguna información de algo?


La corrupción solidaria del PP
24 Septiembre 2008

En el terreno de la delincuencia clásica, los narcotraficantes protestan porque el celo policial frente a su gremio contrasta con una mayor laxitud en la persecución del proxenetismo. En el campo de la corrupción política, el PP clama al cielo porque sus abundantes imputados reciben mayor atención de los fiscales que los militantes con cargos –penales– de UM. La diputada María Salom, la mejor perdedora de elecciones de la historia de Balears, saliva ante la hipótesis de haber descubierto un partido más podrido que el propio. Detecta además “corrupción judicial” en lo que la doctrina jurídica tradicional denominaba “persecución del crimen”.
Aunque apreciamos la solidaridad de Salom al negarse a monopolizar la vida corrupta de Balears, incluso UM lo tendría difícil para igualar la dieta de langosta, cocaína y prostíbulos que enmarca la corrupción del PP. La diputada derrotada tiene que aclarar si los presuntos abusos de menores deben recibir un tratamiento más benévolo cuando llevan la firma de un político popular, mientras su partido demanda genéricamente la cadena perpetua para ese tipo de delincuentes. Los tres dignatarios conservadores que han entrado en la cárcel palmesana cuentan con el aval de tres jueces de instrucción distintos, reforzados por decisiones de tribunales de la Audiencia de Palma. Ojalá los ciudadanos hubieran dispuesto de tantas garantías, frente al saqueo de las arcas públicas a cargo de los populares en la anterior legislatura.
Quizás Salom sostiene que ningún político del PP debería entrar en prisión por seguir el comportamiento habitual en el Govern Matas, y allí sí podemos seguirla. Nos desmarcamos sin embargo del dislate de Rosa Estarás al reescribir la historia, hasta el punto de proclamar que su partido acabó con Cañellas, cuando todavía no se han secado las lágrimas que ella derramó a su salida. El Pacto por la Corrupción auspiciado por la derecha se estrella con la exigencia de que los restantes partidos sean tan corruptos como el PP, donde hasta la portavoz habla desde el banquillo.


La memoria histórica de ETA
22 Septiembre 2008

Pese a su sacralización reciente, con la memoria histórica ocurre igual que con el libre mercado, depende de quién los administre. ETA sintetiza la perversión de ambos conceptos, al suspirar por el retorno de un cañamazo franquista que la justifique, y al actuar desde la región mercantilmente más boyante de España, gracias a las aportaciones de zonas desfavorecidas respecto al País Vasco. En tiempos en que la realidad se reduce a su expresión económica, el funcionario asesinado ayer contribuía generosamente a que sus asesinos gozaran de un bienestar superior al que les correspondía estadísticamente.
Los actuales etarras no nacieron durante el franquismo tardío, ni siquiera con la transición. Son hijos de un gobierno socialista, esgrimen agravios que sólo son frutos memorísticos de sus sentimientos y resentimientos. Desconocen la opresión, forman parte de la media España que ha venido a este mundo a divertirse. ETA ya sólo mata por matar, para demostrar y demostrarse que puede hacerlo. Ni siquiera se refugia en la coartada de la locura nihilista, según la cual las ideas surgirían de la muerte. El terrorismo vasco, ejercido por privilegiados que juegan a palestinos, es todavía más absurdo que el islámico.
Los etarras viven del cuento que les narraron, la memoria hipertrofiada es la única cualidad que no se les puede negar. Para combatirla en igualdad de condiciones, el respeto a la actualidad deberá compatibilizarse con la aspiración de quienes deseamos borrar el anacronismo de ETA de nuestros recuerdos. Con todo, el mayor memorión historicista del País Vasco es Ibarretxe, que plantea un referéndum como si la banda terrorista no existiera (primera pregunta de su referéndum quinielístico, “si previamente ETA manifiesta su voluntad inequívoca de poner fin a la violencia,…”). ETA legitima la antidemocrática ley de partidos, y después mata porque se aplica. Sin ETA, los objetivos de ETA que se pierden en la bruma de la memoria histórica serían más fáciles de conseguir. Y eso es algo que ETA no puede permitir.


Volar tras la catástrofe

Mientras quede una compañía aérea en pie, habrá que seguir volando, pero nadie olvida el primer día en que cogió un avión tras el accidente de Barajas. Un mes después de la catástrofe de Spanair, el comandante Martín de Air Europa se dirige al pasaje con una amabilidad sobresaliente –”permítanme que me presente”–, al tiempo que su Boeing-737 se encamina hacia la pista de despegue de Son Sant Joan, rumbo a Madrid. El piloto se gana de inmediato la fidelidad de los viajeros, pero también él es consciente de la especial sensibilidad de las fechas. Por eso, remata la despedida protocolaria,“disfruten del vuelo”, con la coletilla“relájense”. A nadie se le escapa el tono de la recomendación. Los pasajeros le toman hoy el pulso a cada vibración del aparato. A la obsesión se le suma el remordimiento implícito de que nunca hemos estado tan pendientes de otra persona como lo estamos de nuestro avión. Incluso los más precavidos, o especialmente ellos, se sienten traicionados porque el desastre de Barajas desoyó las plegarias de los viajeros, más sinceras en el aire que en cualquier templo terrenal y que aquel día sólo ornamentaron lo irreparable o irreparado. Por eso, mi vecina de asiento ha reforzado las medidas de seguridad. “Yo rezaba cuando ya habíamos despegado, ahora lo hago cuando entramos en la pista”. Miles de pasajeros comparten a diario
el recuerdo –variante laica de la oración– del avión que no despegó. La concentración en el acto de volar no sólo prolonga el vuelo en contra de lo pretendido, también ilumina curiosas paradojas. Por ejemplo, las respuestas a las preguntas sobre cuánto debería cobrar un piloto y cuánto debería cobrar el piloto de tu avión no siempre coinciden (tampoco cuando se habla de cirujanos). Finalmente, el acto más orgulloso del ser humano se cumple en condiciones de rutina. Con la ayuda de un comandante experimentado, las sesenta toneladas metálicas admiten el eufemismo ingrávido de pájaro. La seguridad absoluta consiste en no volar. A la llegada se reza menos.


Soy un estúpido de Bardem
17 Septiembre 2008

Leer una entrevista a Javier Bardem debe ser la forma más refinada de masoquismo que conozco, a poca distancia de soportarlo en Mar adentro. Sin embargo, cuando me dijeron que el actor hablaba de mí en el New York Times, cedí a la tentación. En efecto, allí estaba yo, entre quienes se atreven “a criticar mi trabajo”. El ganador de un Oscar nos despachaba, junto a cuarenta millones de españoles indefensos, con un categórico “Dejadlo ya, sois un manojo de estúpidos”. El exabrupto adquirió el rango de una revelación, porque entendí súbitamente que sólo la estupidez colectiva podía explicar su éxito.
A falta de averiguar el impacto de Bardem sobre un público inteligente, triunfa entre los estúpidos. Se trata de un argumento razonable, pero el actor quiso embarullarlo con un desmentido mentiroso, basado en dificultades de “comunicación lingüística”. En primer lugar, “stupid” se parece lo bastante a “estúpidos” para que incluso un intérprete mediocre advierta la coincidencia semántica. Máxime cuando en otra respuesta de la descacharrante entrevista asegura que “sueño en inglés”, algo que no logró ni Shakespeare y que dificulta el diálogo si la mujer de tus sueños es Penélope Cruz.
En realidad, Bardem me llamó “estúpido” –este artículo es algo personal– porque creyó que el inglés no admitía traducción al castellano, de modo que los “estúpidos” españoles nunca accederían al meollo de su discurso intelectual. El actor es tan limitado que, en otro momento de la entrevista, asegura que “no creo en Dios, pero creo en Al Pacino”, un plagio sonrojante de la frase de Fernando Trueba al recibir su Oscar, “no creo en Dios, pero creo en Billy Wilder”. Qué ocurrente. Sigue siendo el novio que todas las madres querrían robarle a sus hijas, pero lo mejor que puede hacer por su carrera es no pronunciar ni una palabra que no figure en un guión. Los necios españoles han descubierto al auténtico Bardem. Cuando hagan lo propio con Woody Allen, tendrán que retirarle el Príncipe de Asturias. Qué mérito tiene alcanzar la gloria en un país de estúpidos.


Consumidores en paro
15 Septiembre 2008

Los insultos más lacerantes de la modernidad son “inmigrante” y “trabajador”. Se condena a los primeros a la expulsión y se penaliza a los segundos con el paro, dos castigos siempre inminentes. La condición denigratoria de ambos términos se refleja en que nadie llama inmigrantes a los mafiosos rusos, o a los jeques árabes que aterrizan en el vecindario. Del mismo modo, jamás se confundiría con trabajadores a los altos ejecutivos con todoterreno adosado, por motivos obvios. La bonanza económica alienta la tentación de una confusión de clases, la crisis recoloca a cada quisque en su nicho. En el caso que nos ocupa, con la colaboración inestimable de un Gobierno socialista.
“Inmigrante” y “trabajador” se traducen por derechos menguados de ciudadanía. El ministro Corbacho ha denunciado que ambos colectivos parasitarios estorban el fulgor de las macrocifras, por lo cual ha decretado la extinción de los inmigrantes y, ante la imposibilidad momentánea de desterrar a los trabajadores, su reducción al rango todavía inferior de parados. La sinceridad económica del Gobierno consiste en vaticinar a cada declaración el crecimiento del desempleo. En cambio, ningún ministro ha presagiado todavía la multiplicación de las quiebras y suspensiones de pagos, que sería de mal tono para un ejecutivo servil hacia el colectivo empresarial.
Los trabajadores sólo disponen de su trabajo, porque la burbuja inmobiliaria inflada por el Gobierno –la compra de casas se subvenciona mediante desgravaciones– les ha impedido ahorrar. Derrotados en lo económico, pueden reivindicarse en la batalla del lenguaje, reclamando la etiqueta de consumidores. Los ministros equiparan a los parados con desahuciados, pero el titular “España se acerca a los tres millones de consumidores en paro” sembrará el terror incluso entre los socialistas conversos de neoliberalismo. Los políticos saben por propia experiencia que una sociedad puede funcionar sin trabajo, pero no sin gasto. Por lo demás, la crisis es psicológica. Sobre todos para quienes no la sufren.


Barceló vale más que Antich
11 Septiembre 2008

Puede que exista alguna persona que crea que Joana Barceló vale menos que Francesc Antich, pero vive lejos de Balears. No nos sorprendería que la presidenta del Consell de Menorca a perpetuidad fuera ministra de Zapatero –aunque carezca de blog y ya haya cumplido los fatídicos 32–. Sin embargo, nos deja boquiabiertos que se resigne a una conselleria en el Govern que pasará a la historia como el primer Govern que no pasa a la historia, porque el tránsito le pilló sesteando. Nos extenderíamos aquí en el atrevimiento de un president que ficha a subordinados más inteligentes que él, pero estaríamos subestimando la capacidad de Antich para rehuir el liderazgo.
La designación de Barceló abofetea a Francina Armengol, al enfriar sus ínfulas hereditarias. La presidenta del Consell de Mallorca hubiera preferido que Antich entregara el departamento de Trabajo a Jaume Font, antes que a la socialista menorquina cuyas aspiraciones al Congreso torpedeó hace unos meses. También quedan amansadas las pretensiones sucesorias de Rosa Estarás, que cada vez recuerda más a Hillary Clinton asegurando que no tiene nada que ver con su marido. Para expresarlo en forma numérica, la valoración de Barceló en las encuestas se obtiene sumando las puntuaciones de las otras mujeres citadas en este párrafo magistral.
Balears pasa a ser gobernada por menorquines –Barceló, Moragues–. No tengo nada que objetar. Exigí nacer en Menorca, y sólo me remitieron a Mallorca tras ser declarado excedente de cupo. Prefiero las islas donde subsiste esa concatenación de irregularidades que llamamos paisaje, y donde el idioma inglés es un síntoma de clasicismo, en vez de vacua modernidad. En el cambio de guardia, algo habrá tenido que ver la caldereta de langosta, el animal totémico de la comunidad que los dirigentes del PP devoran en ritos báquicos y gratuitos. En la desternillante lista de inquilinos del Consolat, Antich aspiraba a suceder a Matas, pero no sabía exactamente para qué. Ahora ha decidido que alguien tome las riendas de su Govern. Esperemos que no sea demasiado tarde.


Infieles hasta los genes
10 Septiembre 2008

El periodismo se ceba en la actualidad, pero se ha especializado en reciclarla. Tengo ante mí una portada del semanario Time correspondiente a 1994, donde se lee “Infidelidad: puede estar en tus genes”. Queda claro que los infieles son reincidentes y que la genética puede ser muy divertida. Aquella primitiva información y su reedición de 2008 se concentran en las personas con una pulsión traicionera, olvidando a quienes poseen el gen que les condena a ser burlados por las sucesivas parejas que jalonan su existencia. Es mi caso. El mundo se divide entre las mujeres que me han engañado sin haberme conocido, y las que sólo me fueron fieles después de abandonarme. La revelación llegó cuando le pregunté a una de ellas:
–¿Me engañas porque está en tus genes?
–No, está en los tuyos.
No somos infieles hasta la médula, sino infieles hasta los genes. El mundo pertenece a los intrépidos, hay que responsabilizar a las víctimas de las desgracias que atraen genéticamente. A mí me engañan incluso los genes, porque no he tenido el valor de enfrentarme a ellos. Celebro desde aquí a las personas que se declaran infieles a su ADN, que se despegan de esa hebra microscópica para hacer su santa voluntad sin interferencias bioquímicas. A los perdedores nos consuela que la infidelidad salvaguarda la pareja, porque requiere obligatoriamente de un incauto a quien engañar.
Jamás me acostaría con una persona fiel, mi primera pregunta es “¿a quién estamos engañando hoy?”. El sexo pierde mucho interés si no estás traicionando a alguien mientras lo practicas, y aquí radica en mi opinión el fracaso del matrimonio. Sobre todo, de los matrimonios con personas a las que utilizabas para engañar a un tercero. Los seres humanos servimos de vulgar empaquetamiento a unos genes que dominan nuestra existencia, por eso nunca hablo mal de los míos. Somos más ingenuos de lo que pensamos, en especial quienes se creen genéticamente blindados contra el engaño. ¿O acaso ellos no han leído hasta aquí?


Último avión a Mallorca
8 Septiembre 2008

Cada semana, un caso de corrupción más y una compañía aérea menos. Ante la evidencia de que robar a los mallorquines sale más rentable que transportarlos, la solución de consenso conducirá a la creación de empresas de aviación rotuladas como Corrupta o Air Corrupt o Sobornair. Se alimentarán con el combustible más abundante en Mallorca, el desvío de fondos públicos a los bolsillos de los políticos. Esconderán sus auténticas tarifas bajo una maraña de suplementos y recargos. Igual que ahora, por otra parte.
En momentos de zozobra, la población atribulada mira hacia sus gobernantes. Por desgracia, el Govern también mira hacia otra parte. Así se desprende del folleto El moment econòmic de les Illes Balears, publicado por la conselleria de Economía. En ese instructivo análisis oficial leemos que “Las empresas de transporte aéreo, afectadas por el encarecimiento del petróleo y por una demanda menor, se ven obligadas a aplicar diferentes medidas, como la reducción de las frecuencias de vuelos, el aumento de los precios de los billetes y la reestructuración de recursos humanos”.
Es decir, un Govern de izquierdas de una comunidad insular condenada al tráfico aéreo justifica –”se ven obligadas”– el encarecimiento de la única forma de abandonar la isla. Cuánto tiempo hace que no pagan un billete de su bolsillo. Por si esto fuera poco, disculpa el despido masivo de trabajadores, con la “reestructuración de recursos humanos” de la jerga ultraliberal. Una gran noticia para los seiscientos empleados de Futura, que no tendrán la suerte de los políticos y asesores. En fin, no olvidamos que la conselleria celebra el regreso a la ratonera mallorquina, porque también entiende “la reducción de las frecuencias de vuelos”. Antich y el conseller que le llevó a la derrota en 2003 han decidido evitar el remordimiento metafísico que caracteriza al progresismo, por el expeditivo procedimiento de actuar siempre a la derecha. De la corrupción desatada del PP a la aceptación resignada del PSOE, hay que apresurarse a coger el último avión.


Nadal desbanca a Ramon Llull
4 Septiembre 2008

Amo el tenis porque es un arte inteligente, pero no caminaría de aquí al telemando para ver un partido de Federer. Las líneas rectas también son perfectas, pero nadie se detiene a contemplarlas durante dos horas. Mi desafección tenística arranca de campeones como Courier o Sampras, cuya suma de atractivos igualaría el carisma de un boniato. Todo cambia al introducir a Nadal en la ecuación. Inyecta al deporte, y no sólo al suyo, una dimensión adicional, más importante que su currículum para justificar el premio Príncipe de Asturias. Olviden el músculo. El tenista mallorquín ofrece el cóctel de salvajismo, fiereza creativa y sangre fría más excitante del circo deportivo. Si exceptuamos al mayor monstruo de la Creación en ese apartado, Michael Jordan.
Para que se entienda, las selecciones españolas de fútbol y baloncesto juegan mejor a partir de Nadal, y no viceversa. Frente a las críticas sobre su juventud –procedentes de quienes ahogaron sus mocedades en un barril de cerveza–, el tenista recibe el galardón con cierto retraso, por culpa de haber nacido en una geografía no excesivamente madrileña. Se ha acostumbrado a atinar siempre en lo deportivo y a desatinar con igual precisión en lo político, porque seguramente estos errores ideológicos propulsan su carrera inigualable. Nadal ya no necesita a España, es España quien ha de apropiarse de un jovenzuelo que escala los últimos peldaños en la lista de los mayores deportistas mundiales de la historia.
El tenis boxístico, rebelde y desestructurado de Nadal merece el premio de nuestra atención, pero el Príncipe de Asturias lo ha recibido en su calidad de sobrino de Toni Nadal, inspirador de los principios del pensamiento del tenista. Bajo esa tutoría, el campeón ha arrinconado al también filósofo Ramon Llull, que era la mayor gloria mallorquina sin necesidad de leerlo. Por lo menos, con Nadal nos hemos tomado la molestia de algún madrugón. Claro que si el Beato hubiera vivido en el siglo XXI, también se hubiera dedicado al espectáculo. Hubiera sido Nadal o Madonna.


Por una corrupción de calidad
3 Septiembre 2008

Una alianza contra la corrupción entre PP y PSOE equivale a que Bush contratara a Bin Laden como consejero de seguridad nacional. Cuando me aseguran que Rosa Estarás va a atajar, desde la oposición, la cleptomanía desatada por su Govern, echo mano de mi cartera. Sin embargo, la proliferación de escándalos ha disparado las alarmas sobre una degradación de los estándares corruptos, cada vez nás masificados. Para facilitar una pedagogía del vaciado de las arcas públicas, populares y socialistas de Balears pueden empezar creando un nuevo ente autonómico parásito, el Consorcio Corrupción Joven. Funcionará bajo un eslogan de consenso, “Por una corrupción de calidad”. Para redactar sus estatutos, bastará con copiar los de IB3.
La galería fotográfica de los corruptos más recientes demuestra que el Govern Matas favoreció el intrusismo profesional en este campo. Por descuido o ligereza, se propició el enriquecimiento de personajes sin un mínimo de formación en las áreas de soborno y saqueo. Gracias al Consorcio Corrupción Joven, nos ahorraremos imágenes de directivos robando los ordenadores de sus despachos oficiales a la hora del relevo. Las nuevas generaciones serán adiestradas en los laberintos de la putrefacción cool, aunque sea a costa de desilusionar a personas sin la entereza suficiente para trasnochar a diario en prostíbulos, o para someterse a una dieta de langosta y cocaína.
La corrupción se ha democratizado –¿a alguien le sorprendería que fueran ciertas las acusaciones de Gosálbez contra altos cargos de su partido?–. Hay que restituirle las virtudes que la convirtieron en un arte elitista, al alcance únicamente de los expertos. El PP se abraza al PSOE porque considera que un corrupto de la izquierda lava a mil corruptos de la derecha, si bien es cierto que los progresistas han perfeccionado las corruptelas de baja intensidad. El Consorcio Corrupción Joven homologará las técnicas autorizadas, redactando un código ético. No queremos ver a más políticos comiendo nuestra langosta con las manos.


Al turista desconocido
1 Septiembre 2008

Los monumentos al soldado desconocido se popularizan tras la Primera Guerra Mundial. No implican un reconocimiento al anonimato del individuo en ejércitos innumerables. Son erigidos a modo de solución expeditiva, ante la multiplicación de cuerpos irreconocibles tras las explosiones causadas por los nuevos ingenios militares. Cómo evitar la parábola masificada con Mallorca, donde los cuerpos exánimes y tendidos remedan una atmósfera postbélica, bajo la especie de que sólo están tomando el sol. Diez millones de visitantes suponen veinte millones de metros cuadrados de epidermis bronceadas. El sol a todos iguala superficialmente, y para nivelar los estados de ánimo se riega el verano mallorquín con cerveza, en cantidades que refundarían anualmente el mar Mediterráneo.
La isla entera es un monumento al turista desconocido, pero necesitamos un memento más manejable. La redecoración de la Platja de Palma debe incluir un monolito totémico ante el que depositen protocolariamente un ramo de flores las personalidades que nos visitan, desde los ministros de Zapatero hasta Ana Obregón. A continuación, se les explicará que los turistas no son desconocidos por voluntad propia, sino que ese anonimato fue impuesto por los indígenas aprensivos, como requisito para aceptar la invasión anual. Nos opusimos al turismo selecto por una cuestión de orgullo, no estábamos dispuestos a postrarnos ante personas concretas para agradecerles nuestro enriquecimiento. La humillación desaparecía si eran intercambiables.
El monumento al turista desconocido vendrá acompañado por una leyenda escueta, “Gracias por no quedarse”. Si Dalí insistía en que lo mínimo que se le puede pedir a una escultura es que no se mueva, lo mínimo que se le puede exigir a los visitantes ocasionales es que se desplacen incesantemente. Deberían sentirse privilegiados, al conservan la capacidad de sorpresa cuando millones de personas comparten su elección de destino. Por ejemplo, el mallorquín no puede hacer turismo. Sólo puede huir de él.