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Sitios a los que no iré
29 Diciembre 2008

Tengo bastante avanzadas mis promesas para 2009, cuya redacción elevaré a definitiva el próximo junio. El capítulo fundamental abarca la relación de los sitios a los que no iré. Por ejemplo, a ninguno de los actos donde te convocan con el sinuoso “queremos invitarte”. Al oír esas palabras juntas, me recorre el mismo escalofrío que cuando una mujer sugiere “cuídate mucho”, y comprendo de inmediato que ella va a cuidar de otro. Nadie le insinúa “queremos invitarte” a un pintor con caché, en el sobreentendido de que se le obligará a decorar las paredes. Sin embargo, la invitación a un bufón conlleva una exhibición de sus monerías, frecuentemente tan gratuita como ingrata. La tarifa del huésped.
En Mallorca, el énfasis por contratarte o invitarte se complica por la necesidad de equilibrarte, como si tu intervención requiriera de un desinfectante posterior. Se ha corrido el bulo de que no soy suficientemente conservador, y se piensa en el antídoto para huir de una contaminación diabólica. ¿Por qué te invitan entonces?, se preguntaría un ser ajeno a los códigos insulares. Muy sencillo. El mallorquín es de derechas, pero odia ser acusado de derechista. La distinción mantiene su validez sustituyendo “de derechas” por “español”, una sutileza incomprensible en la metrópolis.
Otra técnica de neutralización consiste en “invitarte” junto a miembros de otros medios de comunicación. “No vaya a ser que la invitación a este cretino me cueste una pulla en otro periódico”, piensa juicioso el anfitrión. En fin, una vez cursada la convocatoria parece que te hayan adoptado. Te llaman continuamente, para recordarte el acto. Olvidan que los días son sedentarios, y tienen la mala costumbre de no deslizarse por el calendario. Se quedan quietos, nomás. Me apercibo demasiado tarde de que no quieren meterme en sus vidas, sino meterse en la mía. Por eso, en 2009 sólo acudiré a los sitios donde no me inviten, me falta articular la forma de decir que no y que se note. El rechazo ha de ser ostentoso y sé que, en cuanto conozca a mi sustituto, la negativa se verá justificada con creces. Para ambas partes.


Mis gargantas profundas
24 Diciembre 2008

Mark Felt, que viene de morirse, no fue la garganta profunda del Watergate porque ansiara la regeneración ética de la administración Nixon. Simplemente, el alto cargo del FBI se sintió postergado en sus expectativas de promoción laboral. También en periodismo, los denunciantes de escándalos son a menudo peores que los denunciados. Este detalle no rebaja el valor de sus revelaciones, pero obliga a una verificación exhaustiva. Por mi experiencia en gargantas profundas –menos dilatada de lo que desearía–, facilitan el trabajo pero no lo resuelven. Su función es corroborativa.
La diferencia entre una garganta profunda y los confidentes habituales –contactos, fuentes, filtraciones– es la misma que entre la pornografía y el erotismo respectivamente, aunque la precisión sea superflua. La primera se singulariza por su poder de penetración y su alcance, no siempre ligado a su puesto en el escalafón. En contra de lo que el cinismo periodístico induciría a pensar, he conocido más gargantas profundas suicidas o altruistas que animadas por un interés egoísta. Procede también distinguirlas del chivato incontinente o cotilla. Carecen a menudo de una agenda propia. Son capaces de actuar por amor, no necesariamente a cambio de amor.
La clave radica en la relación entre el periodista y su garganta. Como su nombre anatómico indica, el guía pretende un ejercicio de ventriloquía, expresarse a través de otro. Bob Woodward relata que sólo Felt señalaba una cita. No es una particularidad de su caso, sino una regla general. Las gargantas profundas establecen el contacto, no tiene sentido dirigirse a ellas sin haber sido convocado. Además, esta urgencia impertinente podría impulsar a solicitarles una información de la que no disponen, y su orgullo herido mataría el vínculo. Hablamos en todo caso de una especie extinguida, gracias a la diseminación de rumores por internet y a que hoy sería el periodista quien tendría que acallar a su garganta profunda, para no verla en La noria reclamando su cuota de popularidad.


Pilotos de Iberia creativos
22 Diciembre 2008

Los pilotos de Iberia no han hecho una huelga encubierta, gracias a lo cual todos los vuelos en que yo participo despegan con hora y cuarto de retraso –sí, exactamente–. Disfrutar de ese tiempo enlatado en un avión sería insoportable, por lo que los comandantes han ideado un ritual infalible para entretener al pasaje. Consiste en enumerarle las excusas que justifican la permanencia del avión en tierra. La creatividad que despliegan en esta faceta hallará un hueco en los futuros libros de management empresarial. Gracias a sus inesperadas dotes histriónicas, llego tarde a todos sitios, pero me río un montón.
Tras la inevitable “llegada tardía del avión” –cómo no, pues procede de otra hora y cuarto de retraso–, un cachazudo piloto mallorquín nos avisó de que se había cargado un exceso de aceite en el motor, singularidad que obligó a abrir su carcasa ante la atenta vigilancia del susodicho, que se ausentó de la aeronave. Los inconvenientes técnicos del club de la comedia aérea son tan variados que te compras un Palma-Barcelona y bajas del avión convertido en un ingeniero aeronáutico. Este mismo día, el comandante devolvió a la terminal al pasaje a medio embarcar, para que se desentumeciera y ahuyentara los trombos asesinos. Una semana después, un colega nos detuvo hora y cuarto porque aguardaba el catering de bebidas. Lo comunicó tan compungido que casi le damos a beber de nuestras lágrimas. Durante ese tiempo, mantuvo sedienta a la plebe. Un uno por ciento de viajeros compran bebidas en el aire.
Subes a un avión y te encuentras con una pantomima de Els Joglars. Les confieso que no evito los vuelos retrasados en favor de compañías más puntuales y, por tanto, anodinas. Dado que no ha ocurrido ni ocurrirá ninguna desgracia, me pregunto por las consecuencias de un incidente en estas condiciones, pero el mayor error de Iberia consiste en no encomendar la compañía a sus pilotos, más innovadores que sus gerentes. Si no hay huelga, y se trata de una decisión estricta para los vuelos de que yo disfruto, no importa. Este artículo también es personal.


El derrumbe a medias
18 Diciembre 2008

Es mezquino extraer consecuencias políticas de la crónica de sucesos o de la meteorológica, por algo el derecho inglés habla de acts of God. Salvo que Dios en Mallorca utiliza siempre los mismos apellidos. La furia de los elementos se abate sobre las geografías más resguardadas, y ni una legislación depurada evitará el derrumbe de un edificio, aunque los hoteles mallorquines muestran una especial proclividad a rodar por los suelos. Sin embargo, contener las catástrofes en su nivel actual requiere de una estricta vigilancia. Los síntomas apuntan en sentido contrario, a riesgo de que se multipliquen las desgracias inevitables.
Sobre los cuatro fallecidos de Cala Rajada no sólo se ha desplomado un hotel tambaleante. También les ha caído encima una nube de papeleo a medio cumplimentar. Ya sabemos que los certificados y licencias no tienen demasiada importancia, que alcaldes y secretarios habitan un margen de arbitrariedad, con la amplitud que el diccionario encaja en la impunidad. En un documento oficial no son cruciales ni la fecha, ni el firmante, ni siquiera el contenido. Hay que rendir culto a la flexibilidad burocrática, creando una zona de laxitud donde impere la ficción de la legalidad. Dar fe, atestiguar, conceptos lábiles en una Mallorca que firma “a ciegas”.
En Cala Rajada se ha estrenado el Decreto Antich/Nadal sobre obras hoteleras de “interés autonómico”, que pueden iniciarse sin licencia y con los resultados que hemos contemplado. Que se procediera a la reforma del hotel antes de publicada la ley también es una minucia. Qué más da que un hecho exista, con tal de que alguien rubrique su existencia. Al ayuntamiento de Capdepera se le olvidó ejecutar su oposición a la reforma del hotel, otro lapsus inofensivo excepto para cuatro personas. La responsabilidad absoluta no garantiza que no se repitan derrumbes como el ocurrido esta semana, la irresponsabilidad absoluta garantiza que volverán a repetirse. Y que los certificados a medias, con los datos cambiados, exonerarán a los culpables.


Compre, por caridad

En Navidad, compre por caridad. Qué gran eslogan de publicidad, y todavía no he empleado la palabra felicidad. Si aspiras a ser solidario, no mires hacia Darfur, dirígete al comercio más próximo sin pasar de largo, y compra un objeto cualquiera. No has de fingir que te gusta, y el precio es simbólico porque el dinero vuelve a ser gratuito y además no existe, ha sido arrastrado por los planes de rescate miliardarios. Con el simple gesto de señalar un artículo de las estanterías para su empaquetado, culminarás un ejercicio de altruismo caritativo del que te enorgullecerás durante el año próximo.
Comprar ha pasado a ser un artículo de primera necesidad, desligado del gusto y del precio para vincularse directamente a la compasión. Es lícito utilizar la crisis para ahorrarse el viaje a la ciudad donde habitan nuestros familiares engorrosos, pero el consumo debe continuar. No pierdas el talento de escandalizarte ante un mundo en el que unos tienen tanto que vender y otros tienen tan poco interés por comprarlo. La desgracia ha caído del lado del vendedor. Si las fiestas navideñas conservan la capacidad de ablandar tu corazón, derrama esa ternura filantrópica en alguna caja registradora. Y no dejes propina, compra algo más con ella.
Por primera vez, ofender a los destinatarios de nuestros regalos no será la única razón para adquirirlos. El comercio caritativo requiere optimismo. Si escribo aquí que nadie comprará nada, el tam-tam resonará en las conciencias endurecidas de nuestros conciudadanos, que se resistirán al dispendio compasivo para acordarse a esa ley. Contra el desánimo, nuestra caridad puede cambiar las cosas. Hay que predicar con el ejemplo. La locura consumista fue un día la mayor amenaza social, y hoy constituye la única vía de salvación. Nos estamos jugando la supervivencia o, como mínimo, las últimas Navidades de la historia en su actual configuración comercial. Si no somos piadosos en nuestras compras, en años venideros habrá que recuperar la espiritualidad, y eso sí que sale caro.


El ego cósmico de Miquel Nadal
15 Diciembre 2008

A juzgar por sus declaraciones, Miquel Nadal está convencido de que el universo fue creado para que él reinara en Mallorca. Aceptando esa hipótesis, el Creador se mostró muy desconsiderado con los restantes mallorquines. Ya se encargará la realidad de desengañar al presidente de UM o de confirmar su ego cósmico, pero la fórmula de darle todo lo que pide –la presidencia de su partido, la conselleria de Turismo– para evitar que actúe como un francotirador marginal, conlleva secuelas catastróficas. Quizás el papel crucial que se ha adjudicado en el orden universal sea el de vector del apocalipsis.
Después de sonrojarse, los altos cargos de UM –o sea, todos sus militantes– confiesan que sucumbieron a Nadal para estabilizar el partido y el Govern, con el resultado de que la formación ha perdido su tímido aroma nacionalista y ha minado el ejecutivo semiprogresista. La insistencia de Antich en cometer el error equivocado le llevó a aceptar a pies juntillas la autoproclamación de su actual conseller de Turismo, una prueba del bajísimo concepto en que el president tiene a su ejecutivo y a la autonomía.
En su entrevista dominical con este diario, Nadal no muestra la más mínima preocupación por la suerte de los mallorquines, con una sola excepción. Entre los grandes planes que ha alumbrado para sí mismo, figura una moción de censura contra el Govern donde ocupa la cartera decisiva para el futuro de Balears. Es decir, el mayordomo a perpetuidad de Maria Antònia Munar –cuesta más separarlo de ella que a Estarás de Matas– se repudiará a sí mismo, en la confianza de que su ego flotante hará el resto. La latitud permite al PP cobijar sensibilidades distintas a las de Rodrigo de Santos o Antònia Ordinas. Dada la estrechez de UM, no hay diferencia alguna entre Bartomeu Vicens y el resto de jerarcas. Así, Nadal pone la mano en el fuego por su mayor enemigo, consciente de que la combustión será mutua. Esta idea de la política como negocio alimenta su éxtasis de situarse a la vez dentro y fuera del Govern, mientras acomete su misión cósmica.


Nadal cobra por ser mallorquín
12 Diciembre 2008

Sobrellevamos el martirio de ser mallorquines. Recibimos el maltrato de Gobiernos y Governs, nos exprimen España y Alemania. Con este panorama, cobrar por ser mallorquín parece un sarcasmo, pero Rafael Nadal va a lograrlo por gentileza de Francesc Antich y Miquel Nadal –no es familia del anterior, aunque también vota al PP–, con la excusa promocional. En caso contrario, ¿podría el deportista apostatar de su mallorquinidad?, ¿exigirá derechos de autor la voraz SGAE a quien emplee la expresión “tenista mallorquín”? El texto del espot que camuflará el generoso dispendio dirá “Hola, soy mallorquín. Mallorca es un lugar maravilloso, lleno de gente como yo”. De no haber cerrado un acuerdo, se grabaría “Hola, soy mallorquín. Mallorca es un lugar horroroso, lleno de gente como yo”.
Los mallorquines pobres pagarán al más rico de entre ellos, a cambio de nada. Curioso, aunque los hoteleros ya nos tenían acostumbrados. Matas le regalaba 600 mil pesetas diarias a Michael Douglas. Debido a la crisis, Antich sólo le abonará 500 mil al tenista, hasta coronar el millón de euros anuales. A cambio de esa cifra, deberían exigirle al menos que pinte alguna cúpula. Esperemos que los fondos no se distraigan de la ayuda al desarrollo, porque al atleta ya lo tenemos muy crecidito. La cantidad equivale al sueldo de sesenta profesores, desde luego mucho más superfluos.
Ahí van los datos. General Motors factura anualmente quince veces más que Balears. ¿Cuál ha sido la última medida publicitaria del gigante automovilístico? Rescindir su contrato con el golfista Tiger Woods, que le salía a mitad de precio que Nadal al Govern. También Microsoft quintuplica la producción de Balears. Pese a ello, ha renunciado a la promoción de LeBron James, el monstruo de la NBA. Ahora mismo, tres millones de páginas de Google enlazan a Rafael Nadal con Mallorca. ¿Para qué necesitamos más, y por qué hemos de pagar lo que tenemos gratis? Aun admitiendo que Matas sufragó a Kournikova, la cual no sabría situar a la isla en un mapa.


Mujeres embotadas

En las últimas fechas, usted ha contemplado a cientos de mujeres con botas desfilando marcialmente por las calles de la ciudad, con la particularidad de que ninguna de ellas iba conmigo. Dado que usted atribuyó esa falta de coincidencia a una cautela femenina, me apresuro a enmendarle, porque la incompatibilidad arranca de mí. Las botas con señora dentro y yo combinamos mal, sus usuarias siempre vienen de ser fotografiadas por Helmut Newton. Además, el embutido cursa con un extraño efecto anatómico, que les dispara el mentón hacia el cielo como un resorte. El conjunto desprende la voluptuosidad de un batallón de cosacos.
Ni botas ni botox, no sé si me captan. En lo personal, nadie te asegura que una mujer con botas no se presente a la siguiente cita con una pamela. La bota pertenece a la ortopedia y no al calzado, es una prenda inmobiliaria. En la mayoría de casos, la tortura de caminar dentro de ellas me parece una expiación ajustada a los desaires que me brindan las mujeres embotadas. Las pragmáticas refugian su embotamiento en el frío ambiente, pero la moda consiste precisamente en desligar al clima del ser humano.
Las botas, para el gato. La belleza embotada es un oxímoron. A una mujer le sientan tan postizas las botas como un bigote, aunque haya hombres dispuestos a dejarse seducir por ambas cualidades. Antes de incrustarse en ese armazón, debieran cavilar mi consejo digno de Coco Chanel, “nunca te vistas con un objeto que no puedas ponerte en la cama ni que figure en el uniforme del pescador de salmones”. Resignado a la obsesión de la mujeres por llevar calzado y desde mi natural dialogante, propongo una solución de consenso en los coquetos botines, porque convierten en fruto pecaminoso a señoras casadas por la ortodoxia. No espero tener más éxito en invierno que en mis sentenciosas diatribas veraniegas contra los bermudas, por lo que me consolaré con la fugacidad de las modas. Al fin y al cabo, las pasiones duran menos que un par de botas, sobre todo para quien tiene que sobrellevarlas.


Brokeback Berlusconi
10 Diciembre 2008

Berlusconi es la mayor plaga que se abate sobre Occidente. Al censurar Brokeback Mountain –nunca sabes si le has colocado suficientes kas– en la televisión estatal italiana, los efectos benéficos de abreviar la tortura de los espectadores se neutralizan con creces, porque nos vemos obligados a rememorar esa película insoportable. Los apóstoles de la libertad de expresión olvidan que se trata simplemente de un negocio de 25 mil millones de pesetas, recaudación en salas. Cuando amainó la fiebre en torno a ese tostón, me alivió pensar que jamás volvería a mencionarla. Olvidaba la perfidia de Sua Emittenza, que nos la ha devuelto a cachos. Brokeback Berlusconi, literalmente.
Para proteger al ciudadano y esquivar las acusaciones de censura, la Rai debió emitir quince veces consecutivas la escena de la tienda de campaña –más timorata que un anuncio de Dolce&Gabbana– y suprimir el resto del pastiche de vaqueros enamorados. La mayor ironía de Brokeback Mountain es que las dos actrices se meriendan a los presuntos protagonistas masculinos, excesivamente conscientes de su aportación seminal a la historia del mal cine. A diferencia de los crédulos europeos, Hollywood no se dejó estafar y votó a la excelente Crash como la mejor película de esa cosecha.
Vayamos con la tesis. Si no hubiera visto Brokeback Mountain, me consideraría una persona estéticamente mejorada. Por desgracia, eso ocurre con el noventa por ciento de la producción artística, y se debe a que la crítica es ya indistinguible de los propagandistas a sueldo. En cuanto a la integridad de la obra de creación, no me hagan reír. El único mensaje de la película ha sido impuesto por los productores que se han forrado con ella. Por no hablar de que la versión del director de Blade Runner es muy inferior a la manipulada por los estudios. En fin, la Rai volverá a programar Brokkkebakckk, ahora con todas las kas. Admitamos que los italianos merecen su revisión íntegra por votar a mamíferos como Berlusconi, pero incluso para ellos resulta una tortura excesiva.


La economía ha muerto
4 Diciembre 2008

La única disculpa que tiene la economía es que ya no existe. Con ella ha muerto el último dios creado por el hombre a su imagen y semejanza. Hablar de crisis equivale a llamar indisposición a un cadáver. Periclitan los estériles esfuerzos por reavivarla, los billetes de los planes de ayuda tienen el mismo efecto que arrojar confetti en un funeral. Si la comparamos con la única disciplina que le hacía la competencia, la economía se practica hoy con el mismo entusiasmo que el sexo dedicado exclusivamente a la reproducción.
En los años esplendorosos, comprabas una barra de pan en la convicción de que efectuabas una inversión, barajabas dos hipotecas y revisabas las cotizaciones bursátiles con el rabillo del ojo. La pasión imprimida al gasto no tenía precio, nadie se pregunta cuánto cuesta una religión. Las sectas basan su éxito en limitar el número de adeptos que accederán a la salvación. La particularidad de la economía, frente a creencias más dudosas, consistía en que no había gloria posible sin un número suficiente de fieles sobre los que alzarse, de ahí surgía la voluntad de adoctrinamiento a martillazos.
Sin salir de España, 34 de los 35 valores del IBEX han bajado su cotización en el último año, con promedios de caída por encima del veinte por ciento. No hay compañías que suban, jugar a la Bolsa ya sale más caro que poner el dinero en un Banco. El cien por cien de las empresas no se fundarían ahora mismo, mantienen la inercia del crecimiento de las uñas. Estaban ahí, desmontarlas es más enojoso que mantener su funcionamiento ficticio. Compramos el pan porque algo hay que comer. Por lo menos, hagamos oídos sordos a los expertos desacreditados, que porfían por anunciar las virtudes de un mercado que sigue perdiendo batallas después de muerto. Como no hay mal que por bien no venga, el fallecimiento de la economía arrastrará a su hija revoltosa, la ecología. No hablamos desde el nihilismo apocalíptico. Cuanto antes expidamos el parte de defunción de la economía, antes podremos hacer negocio con sus despojos.


Grosske destierra a los Reyes

El descubrimiento histórico de que la Reina no vota a Izquierda Unida –una exclusiva de Pilar Urbano– no dispensa la animosidad genérica de Eberhard Grosske hacia las monarquías, que acaba de hacer extensiva a los Reyes Magos desterrándolos abruptamente de Cort. Los soberanos de Oriente son ajenos a la religión, dado que aparecen en La vida de Brian. En cuanto a la polémica sobre su existencia, no son más ficticios que la Palma prometida por Aina Calvo. El comportamiento del teniente de alcaldesa se adentra en el maltrato a menores cuando recurre a una estratagema pueril, la estrechez de las calles, para exorcizar sus fantasmas regios. Insulta a los niños, al presuponerlos tan débiles como los adultos a quienes retira la cruz de los caídos de madrugada, para no herir su sensibilidad.
¿Qué viene a continuación?, ¿Grosske justificará la expresión “Cabalgata de los Reyes Vagos” como una errata del programa oficial? Para no pecar de católicos, los beateos o beatos del ateísmo acantonados en Cort montarán otro homenaje al Basural. Las Navidades laicas nos permitirán averiguar cuántos progresistas harán gala de papanatismo en la inminente visita a Palma de Woody Allen –cobrando, claro–, para demostrar que no sabe tocar el clarinete. Montarán una procesión en pos de una foto junto al rey Mago Splendini, papel interpretado por el neoyorquino en Scoop.
Si de niño has creído en Lenin, tienes mucho camino avanzado para sentir devoción adulta por los Reyes Magos. Pese a ello, el exaltado Grosske utiliza el pretexto de que las Navidades se festejaban durante el franquismo, para imponernos su pasión diabólica en Sant Antoni. Siempre bajo la coartada de proteger a la población, porque los progresistas soltarían osos panda en los sanfermines. Con la Navidad no se juega. Háganse las luces callejeras, y más le vale al concejal de Palma por Sencelles que los Reyes le traigan el título de coordinador general de IU. Aunque bien pensado, si Grosske viviera en Madrid, obligaría a que La Zarzuela se trasladara a otra ciudad.


Aguirre hace la India
2 Diciembre 2008

Sentenciamos que la huida de Esperanza Aguirre de Bombay se produjo en el momento idóneo –la violencia amainó una vez que la intrépida política abandonó la India–, aunque nos preocupa más averiguar qué pintaba allí. Las primeras declaraciones sobre la suerte de la primera dama de Madrid fueron emitidas in situ por su fotógrafo, una incorporación cuando menos curiosa a un séquito que se aloja en el hotel Oberoi, con habitaciones entre quinientos y mil euros por noche. A continuación intervino la jefa de comunicación de la presidenta, con idéntica tarifa. Desistimos antes de escuchar las opiniones de las previsibles maquilladora y estilista presidenciales, también alojadas democráticamente en el establecimiento. En prueba de austeridad, voló al subcontinente sin sus animales de compañía.
Si los presidentes de las 17 autonomías tenían previsto desplazarse a la India con fotógrafo particular y alojarse en el Oberoi, las portadas de los últimos días pueden encaminarlos a geografías más pacíficas, aunque no más baratas. Aguirre debe eludir el argumento de que huyó apresuradamente porque su papel en los acontecimientos era nulo, puesto que eso obliga a plantearse para qué viajó allí en primer lugar. Tampoco ha de sucumbir a la tentación de afirmar que el atentado iba dirigido contra su persona, hipótesis harto improbable porque no se ha localizado a militantes del PP en Bombay.
La aguerrida Aguirre ha hecho la India, con la convicción que otros invierten en hacer las américas. Para demostrar que supera a Rajoy en coraje, no hacía falta viajar hasta Bombay, y escapar a los balazos fue la decisión más sabia del periplo. De paso, y como aún no se había registrado en el Oberoi, quizás ahorró a los contribuyentes una noche en la suite. Ocurre sin embargo que el instinto de fuga que guió a la presidenta es difícil de asimilar por los progresistas. Es notorio que todos ellos hubieran militado contra el apartheid, caso de nacer en Sudáfrica. De haber venido al mundo en Alemania, hubieran sido furibundos antinazis. Como los franceses, verbigracia.


El tonto contemporáneo

Los tiempos cambian, pero los tontos permanecen. Para que no lo pisotee si tropieza accidentalmente con él, detallaremos las características del tonto contemporáneo. En primer lugar, no es un delincuente que descarga –roba– películas de la red. Paga 6.5 euros para ir al cine incómodo y frío, donde se reúnen a hablar las personas que no saben ver la televisión en silencio. Su tontería llega así al extremo de sufragar el vicio ajeno. Avergüenza confesarlo, pero este triste mamífero tampoco obtiene la música ilegalmente de internet. Compra los CDs, ya les advertimos que el animalejo exhibe un comportamiento pornográfico.
El tonto contemporáneo se dirige al quiosco para satisfacer su sed de información. Allí adquiere periódicos y revistas, porque no considera abusivo pagar una cantidad módica a cambio de escuchar el rumor del planeta. Es tan tonto que no posee ni casa, porque no quería endeudarse o porque no se la podía permitir. Ni siquiera los persuasivos mafiosos, disfrazados de ejecutivos de instituciones financieras, le convencieron con la vana promesa de que ellos avalarían la operación. Simultáneamente, el estúpido pagaba las desgravaciones tramposas por la compra de vivienda –delincuencia de Estado, denunciada por la UE y la OCDE– que han llegado a sumar el uno por ciento del PIB. Por si esto fuera poco, el muy tonto da hoy su dinero a los bancos que concedieron hipotecas irresponsables a quienes se las podían permitir todavía menos que él.
El tonto contemporáneo es religiosamente pagano, paga por todo. Deposita sus ahorros en una caja que se los regala a un imprudente insolvente, y que después amenaza al tonto con guillotinarlo si entra en números rojos. Después vota al partido que mantiene en sus cargos a los autores del atropello anterior. Paga el precio real de billetes aéreos y habitaciones de hotel, sin salirse del presupuesto –los amigos de las gangas que el tonto equilibra siempre tienen el agua al cuello–. El muy imbécil siente la obligación moral de restituir una deuda, así que empieza por no endeudarse. El tonto contemporáneo, antes llamado ciudadano.