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‘La clase’, sin remedio
30 Enero 2009

Los franceses todavía emplean el cine para pensar. La clase es el ejemplo más reciente de una película durante la que debes acariciarte sesudamente la barbilla. El título compendia la acción, un curso completo en un instituto de los suburbios, con alumnos de 14 años que han coronado el nirvana de la pasividad, salvo a la hora de enfrentarse a sus docentes. La pedagogía ha pasado de discutir si los profesores podían pegar a los alumnos a debatir si los alumnos pueden pegar a los profesores. Hace una década, los enseñantes se limitaban a lamentarse de que los alumnos estuvieran peor preparados que nosotros a su edad. Era falso, pero reconfortante. Hoy te informan de que no se atreven a girarse hacia la pizarra, sin que les recorra el escalofrío de imaginar que un discente puede lanzarles un cuchillo.
El género cinematográfico de La clase descarga sobre alumnos insoportables los traumas de profesores ejemplares. Su singularidad, ausente a menudo en los cultísimos comentarios que genera, consiste en que los docentes quedan peor parados que sus víctimas, y no sólo por llamarlas “golfas” –mucho más que un desliz–. Resume la esterilidad del proceso educativo, donde la transmisión del conocimiento es tan ajena a un alumnado cataléptico como a un profesorado donde hasta la abnegación se hace culpable.
La clase retrata la ineficacia absoluta del dispositivo escolar. La agonía del aula se disfraza de burocracia, en las infinitas discusiones de alumnos sin alfabetizar contra un profesor desbordado, con un resultado más indigente que un foro de internet. Por no hablar de los órganos educativos en los que han de intervenir hasta los familiares en tercer grado, para neutralizar a quien denuncie la triste realidad. Un enseñante clásico, que se limitara a un recitado del programa, surtiría mejor efecto que los esfuerzos baldíos por encontrar la distancia óptima. Nadie debe temer una rebelión en las aulas, la educación se ha hundido hasta ese punto adonde no queremos que llegue nunca la economía, pese a que sólo la primera podría remediar a la segunda.


El funerario público
28 Enero 2009

El funerario público tenía que acabar jugueteando –having fun– con el erario público, los palmesanos pagaban viajes a los allegados de sus abnegados gestores fúnebres. En la era del despotismo que se extiende de 2003 a 2007, un porcentaje abultado de dirigentes del PP decidieron saquear los caudales bajo su custodia, para satisfacer necesidades privadas. En el caso improbable de que fueran descubiertos, se restituían las cantidades sustraídas y asunto archivado. Por lo menos, Rodrigo de Santos y la expedición prostibularia al Rasputín sacaban dinero para satisfacer sus goces íntimos y personales. La Empresa Funeraria Municipal amplió el objetivo social, para incluir en la cobertura a los familiares. Vivos, según lo revelado hasta la fecha. No tenemos nada que objetar, los hijos y esposos de políticos merecen nuestra solidaridad y nuestro dinero, por soportar a gente así.
El desvío de fondos ocurría mientras la entonces alcaldesa Cirer se encomendaba a sus numerosas devociones –de las que ha hecho pública exhibición– en un templo adyacente, con lo cual queda divinamente exonerada. Hoy habla de un “error muy ocasional”, porque ocurría en muchas ocasiones. No olvidamos a los implacables servicios de fiscalización de Cort, tan eficaces como los del Govern. Y dado que la burocracia se dedicaba a comprar billetes aéreos a hijos y cónyuges de cargos públicos para facturarlos a la ciudadanía, ¿a cambio de qué realizaban los subordinados estas actividades?
La concejal del PP y presidenta por entonces de la Funeraria, dice que ese procedimiento era “más práctico”. Cómo no coincidir con ella, al precio que se ha puesto el transporte aéreo. Con decenas de viajes pagados al año, no vamos a preguntarnos cuándo recalaban en Palma para justificar su sueldo y atender al flujo desgraciadamente constante de cadáveres, porque los deseamos lo más lejos posible. Ahora bien, ¿cuántos billetes de cónyuges o amantes no serán nunca devueltos, al no aparecer publicados en un periódico? Buena pregunta para Cirer, si no estuviera incinerada políticamente.


Zapatero en ‘Cien Hermanos’
27 Enero 2009

El concurso televisivo Tengo cien preguntas para usted tolera mal las reediciones. Este sucedáneo de Gran Hermano, o Cien Hermanos, se asemeja al original en que la segunda remesa de confinados ya conoce los trucos del político que se dispone a engañarlos. Zapatero se enfrentó anoche a ciudadanos toreados, que habían preparado el debate mejor que él. Abrió el fuego un fontanero navarro que se expresaba con la fluidez de un asesor económico de Obama. El segundo interpelante disparó a bocajarro. “Todo el mundo se daba cuenta de la crisis menos usted. ¿Ha despedido a sus asesores?” Son preguntas que desaconseja el periodismo moderno, más preocupado por averiguar de qué color es el albornoz que le regaló Sonsoles en Navidad, o si le horroriza la caza del zorro.
Para rebajar la tensión, las cámaras mostraron a un participante bostezando enérgicamente. Zapatero se colocó al borde del abucheo de un foro resabiado, a falta de averiguar si la interrupción de las cuestiones económicas se debió a la irritación en ascenso de los concursantes, antes que a la imperiosa necesidad de retomar un desfile militar prehistórico. El presidente tiene la ventaja de que no busca apabullar, sólo seducir –sinónimo de adormecer–. Por eso se refugia en que “la economía es un estado de ánimo”. Y a animoso no le gana casi nadie. Cuando se siente acosado, se refugia en la humildad. “Voy a explicarlo, si puedo”.
Si no lo sabe Obama, ¿cómo va a saberlo Zapatero? El programa Tengo cien preguntas para usted reconcilia a los políticos con los periodistas, cuyas dentelladas son menos sangrientas. El presidente compareció con una talla menos en la americana y la corbata torcida, para dar idea de sus desvelos. No despistó con ese vestuario al empresario mallorquín que le reprochó que “yo viviría con la trercera parte de lo que gana usted”. En fin, “dar la cara” implica ser abofeteado, por lo que hemos asistido a la última entrega de Tengo cien preguntas con el presidente del Gobierno. Siempre nos quedará Gran Hermano LXXXVI.


UM es del PP
22 Enero 2009

Rosa Estarás, vicepresidenta del gobierno autonómico más corrupto de la historia de España, abandonó ayer su letargo para anunciar urbi et orbi que UM pertenece al PP. Dado que es la única verdad que ha pronunciado en los últimos años, el rigor periodístico obliga a singularizarla. De hecho, Miquel Nadal es la reencarnación de Matas, salvo que el segundo es más nacionalista que el primero. A falta de ponerle fecha al nuevo contrato entre las fuerzas de derechas, no conviene cegarse con dos espejismos. En primer lugar, la presunta actitud numantina de los resistentes del partido regionalista es pura fachada, de valor nulo en un partido donde las exigencias morales nunca han sido acuciantes. La segunda perplejidad arranca de la presencia de tres consellers de UM en el Govern Antich, pero se disuelve porque el propio president ha sembrado las semillas de su destrucción.
Antich pagará caro el error de haber infiltrado al PP en su Govern, en la figura del mismo Nadal antes citado. El president no solo corroboró su docilidad enfermiza, sino que activó la bomba de relojería que le han colocado bajo la mesa. La izquierda balear no ve más allá de sus narices y no tiene narices. La representante del dúo cómico Matas/Estarás afirma que posee el título de propiedad de UM porque así le consta. Los estrategas se refugiarán en la inviolabilidad y fidelidad al Pacto de Progreso de los tres diputados regionalistas que debieran apoyar una maniobra contra el Govern. Yo no la veo tan clara.
Cualquier excusa servirá para que los purísimos de UM se desenganchen de la izquierda y voten junto al PP en el Parlament, y ese argumento se llama Francina Armengol. Por supuesto, nadie garantiza que la reedición en clave PP/UM del Govern más corrupto de la historia vaya a ganar las elecciones. Estarás es una catástrofe ambulante, por fortuna para Balears y para su partido, y los sondeos avalan que las elecciones anticipadas precipitarían la extinción de la UM de Nadal, probablemente la única buena noticia de este artículo.


El arte, por los suelos
21 Enero 2009

Se llama crisis cuando hemos de apiadarnos de los ricos. Atribulados ante sus equilibrios para pagar el tercer yate, hemos descuidado el hundimiento del mercado del arte, el principal argumento que nos impulsa a negar que una recesión sea enteramente catastrófica. Hoy te puedes llevar dos tiburones en formol de Hirst por el precio de uno –al discutir si un objeto es una obra de arte, lo conviertes en una obra de arte–. El creador enemistado con la higiene y dotado de “una visión insobornable” se adapta dócilmente a los colores que encajan con tu sofá. Los herederos de los grandes maestros rebajarán la tarifa que cobran por autentificar falsificaciones. Retrocede incluso el gangsterismo de las encopetadas casas de subastas, que ya fueron condenadas por dedicarse al robo organizado. Una obra de Picasso que se queda sin comprador es una victoria de la cultura, y a Don Pablo ya no le importa demasiado.
Como particularidad autóctona, en Mallorca desaparecerá el arte para alemanes, si la crisis ha dejado algún teutón por los contornos. Los lienzos con colores estridentes mal combinados –Miró se emborracha con Motherwell– servirán para alimentar a los cerdos, que los apartarán para paladear las bellotas, mucho más nutritivas también intelectualmente. La crisis pulverizará deo gratias a los imitadores de Barceló, porque se podrá comprar una obra auténtica del fértil pintor por el precio de una copia indigesta.
Me concentro en el precio porque siempre que he hablado con un artista ha sacado el dinero a colación. Sólo esporádicamente ha insertado argumentos estéticos en la charla. El tinglado artístico saldrá a flote cuando pintar un metro cuadrado de lienzo –son cursis hasta en la nomenclatura– equivalga a decorar idéntica superficie de pared con titanlux, dado que se requiere la misma pericia en ambos casos y los muros cumplen una función más comprometida que los murales. Como preguntaba Oscar Wilde al autor de una exposición de cuadros mayestáticos, “¿todo pintado a mano, supongo?”.


Alemany necesita al Mallorca
19 Enero 2009

Mateu Alemany ha sido recibido en el Real Mallorca con honores de Obama. A juzgar por la unanimidad de los encomios, no sólo femeninos, ningún líder empresarial, político o deportivo de la isla se le aproxima en carisma. Se le otorgan poderes de dictador, que se reunirá consigo mismo, deliberará en solitario y sanará a continuación al club agonizante. Para entibiar la fanfarria ambiental, los entusiasmados son los mismos que jaleaban a Paul Davidson como redentor de la entidad futbolística y por tanto religiosa. Pasando por una vez del disentimiento al desistimiento, concedamos que la salvación del Mallorca pasa por Alemany pero, ¿y la salvación de Alemany?
El presidente y su club se necesitan mutuamente. Su divorcio no ha rendido frutos futbolísticos a ninguna de las partes. Alemany ha aceptado porque no podía hacer otra cosa. Remoloneaba ante la oferta para que le desinfectaran el club, del mismo modo que regateamos por el objeto que tenemos decidido comprar en cualquier caso. Desde que abandonó la presidencia del Mallorca, el ejecutivo acometió la campaña por la Federación con tanta ilusión juvenil como atolondramiento. Del macroorganismo federativo al microorganismo insular, ha descendido de categoría sin degenerar necesariamente en sus apetitos. La ambición está a menudo reñida con el destino.
El Mallorca y Alemany comparten los mayores hitos de su carreras respectivas. El primero amplifica las cualidades del segundo y lo rescata del anonimato, el segundo otorga glamour al club, en el sentido etimológico de hechizarlo. La palabra procede de gramática, y el fútbol tiene la suya. El presidente no podía permitirse la desaparición del club, su salvación profesional depende de la supervivencia de la entidad que atesora su currículum. Aunque nunca tuvo elección, obedecer a su estrella también es una forma de valentía, comúnmente llamada sensatez. Y para redondear con el argumento definitivo, nadie se haría cargo del desastre que hereda Alemany, si no lo necesitara ferozmente.


Dios viaja en autobús
15 Enero 2009

Cabe imaginar la honda preocupación de Dios al ser declarado improbable por los ateos, también creados por El. “Probablemente Dios no existe”, anuncian desde los autobuses urbanos, con lo cual le conceden un amplio margen de verosimilitud. De hecho, el lema puede leerse perfectamente como “Es posible que Dios exista”. Con un ateísmo de tan reducida combatividad y acentuado pavor al desmentido –aunque menguarlo equivale a denigrar la obra divina– , la cruzada contra Dios se hace más tibia y estéril que la oposición de Rajoy a Zapatero.
En estos tiempos de fe privada y ateísmo público, la utilización de Dios para hacer publicidad de su inexistencia –con lo cual no se toma su nombre en vano, sino con toda la seriedad que requiere– demuestra la relativa cotización de la divinidad entre las obsesiones ciudadanas. Así, la leyenda “Probablemente el Banco de Socuéllamo no existe” sería prohibida por el Comité de Autorregulación de la Publicidad, al considerarla ofensiva y pese a que la citada entidad bancaria se declara invisible ante la desaparición de una cuota sustancial de fondos de sus clientes, en el caso Madoff o estafas asimiladas. En una sociedad que da por evidentes las entelequias financieras, quién puede fiarse de su pulso al descalificar a las entidades metafísicas o más.
En el país de “ateos por la gracia de Dios” –en la autodefinición de Buñuel–, los descreídos son más educados que los fieles que creen en Dios para darle un día su merecido, o cuya fe se sustenta en el ansia de contemplar a los ateos asándose en el infierno hasta la eternidad. ¿Prefiere Dios a quienes lo niegan o a quienes lo dan por sentado? Las iglesias oficiales, confinadas en templos semivacíos y que sólo viajarían en autobús bajo palio, deberían aprender del empuje ateo. Al fin y al cabo, la divinidad también se expresa a través de ellos, y algo tiene que ver en sus dotes de movilización. Es probable que el Dios de los sindiós no exista pero, dada la posibilidad que ellos mismos le adjudican, siempre nos quedamos sin saber qué pensaría El de todo esto.


Poner el acento andaluz
14 Enero 2009

Tomarse a broma los tópicos regionales –verbigracia, con chanzas sobre la indolencia de los mallorquines, que siempre estaríamos de vacaciones– demuestra una carencia de imaginación equivalente a tomarse en serio esos clisés, un comportamiento patente en quienes hoy exhuman a García Lorca para incinerar a Montserrat Nebrera. En cuanto al acento “de chiste” que la parlamentaria catalana endosó a Magdalena Alvarez, sostengo que Eugenio fue el mejor contador de chistes en castellano que ha tenido España, y redondeaba el efecto llevando al paroxismo su acento catalán. Con perdón.
“La inundación de Dakota del Norte le recuerda a los americanos que Dakota del Norte existe”, “Dakota del Norte lidera la disponibilidad de aparcamiento en Estados Unidos” o “Sin noticia de Dakota del Norte en las últimas 48 horas”, son tres titulares de la magistral revista satírica norteamericana The Onion que hoy serían prohibidos a este lado del Atlántico, en aras de lo autonómicamente correcto. Ya es curioso que una diputada del PP en Cataluña sea acusada de romper España, cual si fuera una gorgona nacionalista. Su partido la expedienta en realidad por haber criticado el acento gallego de Rajoy, antes que por tomarse a chacota el habla atropellada de la ministra. Con la medida sancionadora, no le dejan más salida que el exilio o ERC.
Por fortuna, el incidente ha ocurrido entre dos mujeres, de la misma raza, solvencia económica comparable y religiones asimiladas. De lo contrario, se le podrían haber extraído a la caricatura vértices antisemitas o racistas, que hubieran hecho las delicias de los profesionales del rasgamiento de vestiduras étnicas. La verdadera ofensa de Nebrera a Alvarez –la llamó “cosa”– ha quedado sepultada en una gazmoñería acentuada, que sonrojará a quienes la revisen de aquí a unos años. Entretanto, habrá que aclarar si en el mundo feliz en construcción, donde se vetan incluso los comentarios al traje regional de Chacón en la Pascua militar, va a quedar un resquicio para el humor. Es decir, para la libertad.


Sólo vende Nespresso
12 Enero 2009

El que quiera propaganda, que la pague, pero la caída de la inversión publicitaria nos autoriza a hablar de marcas comerciales sin levantar suspicacias. Ya no se compra ni a periodistas, aunque hoy analizaremos una excepción a la regla de la extinción de toda actividad mercantil en el planeta. Los practicantes de la microeconomía habrán advertido las colas kilométricas junto a la tienda de Nespresso en Palma, tanto durante las navidades como en periodo de rebajas. La euforia contrasta con los establecimientos de moda de lujo que ocultaban sus escaparates para proceder a liquidaciones del 80 por ciento, en periodo prenavideño.
Sólo vende Nespresso, y no lo hace a precio de Zapatero. Nunca he probado ese café –es terrible hablar de marcas, cuando aludes a Charlize Theron se hace innecesario especificar que no te has acostado con ella–, y me niego a incurrir por dos motivos. Una masa de compradores de esa envergadura ha de estar forzosamente equivocada. Además, la tecnología culinaria más sofisticada que soy capaz de manipular es la cuchara. Tampoco los entomólogos comen hormigas, y la distancia me ha permitido concluir que los adeptos no andan en busca de cafeína –droga de oscilante condena médica–, sino de optimismo. En medio de la depresión ambiental, les entusiasma formar parte de una empresa que funciona. Son los consumidores más arrojados, quieren vivir la crisis bien despiertos.
En efecto, te apuntas a la cola unos minutos y rebosas bienestar. Lo he hecho, para desengancharme cuando se acercaba el mostrador en aplicación de las leyes contra el endeudamiento. El secreto no está en el café, según demuestra la crisis mundial de las cadenas de cafeterías. El cliente de Nespresso adquiere la sensación placentera de que ahorra sin comprar barato, satisface simultáneamente las exigencias de austeridad y voluptuosidad. Al ensamblar ambas cualidades, George Clooney encarna la imagen perfecta de la marca, aunque en ningún caso vamos a brindarle publicidad gratuita a ese depredador.


Diez mil horas
8 Enero 2009

El intelectual planetario de moda es Malcolm Gladwell. Al no tratarse de un futbolista, tiene dificultades para penetrar en España, donde se han editado sus celebrados The tipping point –la singularidad que provoca un vuelco en la situación, la gota que colma el vaso– o Inteligencia intuitiva –sabiduría a primera vista–. El tercer ejemplo de su empirismo de lo minúsculo lleva por título Sobresalientes. Siempre en la línea de derribar mitos y clisés sin desvirtuarlos, combate aquí la genialidad genética, pese a la común etimología. La inspiración llega a través de la transpiración.
Con el afán contable que caracteriza a los number crunchers o trituradores de números, Gladwell ha redondeado el tiempo preciso para dominar una asignatura. Se necesitan diez mil horas de concentración –la dedicación ha de ser intensiva, no vale estar colgado del móvil–
para obtener la maestría en cualquier disciplina. El requisito no es inalcanzable. A razón de diez horas diarias, en tres años podrá componer usted una ópera, o lograr que su niño obeso juegue como Messi. Por desgracia, la tesis del empeño propio deja sin excusas a los fracasados.
¿No tiene usted diez mil horas sueltas? Quienes han vivido 50 años son gente escasamente reseñable, en cuanto que ese logro no requiere preparación específica y sorprende de improviso a la mayoría de quienes lo coronan. Pues bien, todos ellos han disfrutado de 450 mil horas sobre la tierra. Si descontamos las 150 mil horas que han desperdiciado durmiendo, y les otorgamos generosamente la friolera de cien mil horas de ocio –suficientes para disfrutar de otros tantos episodios de Aida–, todavía les restan 200 mil horas para convertirse en triunfadores. Según los plazos de Gladwell, en ese medio siglo podrían haber adquirido una pericia sobresaliente en veinte asignaturas, aunque la mayoría no han perfeccionado ni una. Por tanto, obligue a su niño obeso a tocar el violín mientras regatea como Messi. No se resigne a que cumpla los cincuenta convencido de que la vida es una pérdida de tiempo.


Chacón eclipsa a Letizia
7 Enero 2009

Gracias a la acelerada modernización de España, hoy mete más miedo un obispo con bákulo kalashnikov que un general de división acorazada. La vigente jerarquía de pánicos autoriza a la afición a entretener la Pascua Militar calibrando el rímel de la ministra, único dato geopolítico de espesor que suscitó un estremecimiento popular. Dado que Juan Carlos de Borbón acudió al acto vestido simplemente de rey, el jefe supremo de las fuerzas armadas fue neutralizado por Carme Chacón, que presentaba el nuevo uniforme de infantería sin distintivos. Sin embargo, la verdadera víctima del esmoquin ministerial fue Letizia Ortiz. Por primera vez desde que vive en un cuento, la futura reina se vio postergada al papel de comparsa. La moda se imponía a la cirugía estética, con dos narices.
Frente al atuendo de bailarín de tango de Chacón, la Reina y su nuera parecían sobrevestidas. Según el protocolo, el traje largo femenino se traduce por “arramblen con las cortinas, si ya reciclaron las alfombras en la fiesta del año pasado”. El aparatoso resultado cuenta con la única ventaja de incorporar su propia instalación de aire acondicionado, supongo. Al ocasionar más revuelo que si hubiera acudido a la Pascua sin vestido, la ministra no sólo ajustaba cuentas con las personalidades presentes. A falta de cola, arrastraba la frustración de no haber participado en el reportaje de Vogue, orquestado por Fernández de la Idem a sus colegas. Otra venganza consumada.
El traje chaqueta o lo que sea arrinconó también la iniciativa regia de un alto el fuego inmediato en Gaza, lo cual mide la relevancia de ambas propuestas. Chacón, en fin, no ejerce únicamente de primera ministra de Defensa, sino de primera ministra a secas. Antes incluso de que Letizia llegue al trono, ella puede ser candidata a la presidencia del Gobierno por el PSOE, e incluso por el PSC. Esperando a Obama para ponerse a sus órdenes, se ha apuntado a la liga de las “mujeres con pantalones” que encabezó orgullosa Hillary Clinton. A la Pascua Militar también asistió un tal Zapatero.


Enero, mes del amor
5 Enero 2009

El género articulístico más detestable se centra en el paisaje o el calendario, con cimas infaustas del estilo de “Mayo ya no es como antes” o “Mi infancia en la granja”. Sólo un columnista ególatra inflige a lectores inocentes y presuntamente propalestinos su propia cronología. Así que vamos a hablar de meses. Una mentira, no por repetida menos creíble, vincula al amor con la Navidad. Esta alianza se había hundido en el descrédito, antes de ser rescatada por perturbados que se enmascaran en la película Love Actually, desde la que se proponían amenidades como enseñar cartelones obscenos a las amigas casadas con otro. Ese arranque de imbecilidad las reforzaba en su elección.
Por si queda algún creyente en la virtualidad amorosa de la Navidad, aporto mi propia estadística, no más desastrosa que los datos de quienes se refugian en el anonimato. Imbuido de espíritu navideño, a lo largo de las últimas semanas me he reconciliado con una o ninguna de mis Ellas. A cambio, y debido a las intimidades que propician los festejos, me he peleado con tres. Proyectando hacia la cifra siempre excesiva de seres humanos sobre el planeta, en estas fechas entrañables se han registrado tres mil millones de reencuentros sentimentales. A cambio, se han documentado 18 mil millones de rupturas. El milagro radica en que la especie sobreviva a este balance catastrófico. Y así llega nuestra oda a enero.
El efecto destructivo de la Navidad surge de la nefasta insistencia en aproximar a personas que nunca debieron conocerse. Por no hablar de los reconciliadores profesionales o alcahuetes remendones, empeñados en aplicar la Memoria Histórica a los afectos caducados. Por fortuna, enero repara el estropicio como mes del amor, treinta días durante los que a nadie se le ocurrirá proponerte que “no puedes faltar, conocerás a gente muy interesante”. Sí, al último hombre en comprarse un móvil. Con su corazón de hielo, enero minimizará tus errores sentimentales. Según avanzamos, siempre que te enfrentas al paisaje o al calendario, te acaba saliendo un horóscopo.


Obesidad pasiva
2 Enero 2009

Los occidentales se pasan la vida adelgazando, se encontrarían huecos si no tuvieran peso que perder. Ni un solo día han estado conformes con el veredicto de la balanza. Si hubieran padecido la misma insatisfacción cultural, estaríamos rodeados de premios Nobel. Con el cambio de año se renuevan los votos de la religión a régimen, para que ninguna distracción –aprender inglés, entre las más insidiosas– se interponga entre un creyente y su inalcanzable objetivo, reducir la inflación personal durante los próximos doce meses. Todo el mundo presume de una dieta infalible, pero la mía funciona. Cada día arrastramos sin rechistar la comida que engullimos. Para calibrar el efecto de los kilos de más, los dietistas recomiendan agarrar un objeto pesado y soportarlo durante unas horas, pero nadie se sometería voluntariamente a este experimento. La situación cambiaría si nos desplazáramos con nuestra ración diaria de calorías a cuestas, antes de devorarla.
Cada mañana se nos debería obligar a cargar con el alimento que pensamos consumir a lo largo de la jornada, junto a la basura –envases, latas, plásticos– que ese consumo genera. Nadie estaría autorizado a comer más de lo que puede transportar. De repente, las necesidades insaciables disminuirían apreciablemente, porque sólo nuestra pereza supera en intensidad a nuestra hambre. El sobrepeso que afecta a la población entera –puesto que los delgados también se sienten amenazados– surge de la facilidad para encontrar comida. El esfuerzo de trasladarla aminoraría la frustración de los adeptos de la dieta vitalicia.
Si este método también falla, y dado que aún no hemos decidido si fumar es peor que engordar, siempre queda la alternativa de decretar el peligro de la obesidad pasiva, o apetito desmedido que sobreviene al contemplar cómo se ceban los demás. A partir de ahora, sólo se podrá comer en el exterior de los lugares de trabajo y edificios públicos. Hay que combatir al obeso pasivo, que se niega a gastar en dietas y especialistas sin que esta cautela mejore su condición.