Nadal, un blindaje a tiempo
17 Marzo 2009
Las imputaciones judiciales por presunta corrupción han llegado al jefe de la oposición al Govern, el conseller Miquel Nadal. Su partido clama contra la persecución judicial, una treta esgrimida por todos los partidos pillados con el código penal en la mano, ya sean PP o PSOE. Como los malpensados son ambidextros, otros se admirarán de la precipitación mostrada por el presidente de UM para acceder al gabinete de Antich, una experiencia que nadie calificaría de excitante. La única ventaja de pertenecer a ese club es el aforamiento o blindaje inmediato –del que antes carecía el titular de Turismo–. Ahora se halla tan sólo al alcance del Tribunal Superior, que jamás ha condenado a un político de derechas porque todos son inocentes.
Nadal lucha para convertir a UM en una marca blanca del PP, y la imputación –ya se sabe que jueces, policías, fiscales y sastres se han confabulado contra los conservadores– le ayudará a propagar su cruzada. Máxime cuando ayer descubrimos en qué consisten las “carreteras a la mallorquina”, de que se jactaba Maria Antònia Munar. También aquí las suspicacias son ambidextras. Mientras la ejecutiva del partido mallorquinista denuncia una cacería, y copia a los populares incluso en la foto semanal de comunión junto a Rajoy, algún ciudadano concluirá que el abultado número de casos de corrupción y la exigüidad del calendario obligan a la acumulación de emociones.
UM sigue dando espectáculo, nadie la iguala en este apartado. La consellera Estarás –Nadal la ha colocado en el Govern– debe reclamar de inmediato a Antich la aplicación de su doctrina sobre la igualación de presuntos corruptos. “Destituya a su titular de Turismo, con el cual pactaremos en el PP verdadero tan pronto como sea expulsado del ejecutivo”. En cuanto al conseller blindado, debe sentirse tranquilo al margen de lo que hiciera. No tiene nada que temer, porque los consellers no se tocan. Salvo que prefiera romper el Pacto y quedarse a la intemperie. De momento, la dimisión la ha presentado ante su dócil partido, y no ante el todavía más dócil Antich. No fuera que.
