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Nadal, la frase del año
18 Marzo 2009

Siempre he sospechado que el doctor Johnson era mallorquín. En uno de sus aforismos establece que, cuando alguien sabe que va a ser ahorcado en un par de semanas, su mente se concentra admirablemente. La actualidad nos obliga a coincidir. Mientras aguardamos una rueda de prensa del PP para denunciar la persecución de la fiscalía anticorrupción contra el pacto de progreso –el presidente del Consell de Eivissa, el conseller de Turismo–, las imputaciones sacuden el metabolismo de los implicados de forma conmovedora. Nunca hubiéramos imaginado que las expresiones “Miquel Nadal” y “perla dialéctica” pudieran aparecer en un mismo artículo, pero nos ha dejado boquiabiertos la lucidez del presidente de UM, al anunciar su incumplida voluntad de “dar paso a gente joven, que no tenga un pasado tan vinculado a Maria Antònia Munar como yo”.
La persecución de la corrupción en tiempo cuaresmal atenta contras las más elementales normas de urbanidad, pero la sentencia de Nadal es lo más cercano a una confesión que puede extraerse de un político. Su aullido no debe ser desdeñado como una mera argucia para desviar su responsabilidad, aunque ya es curioso que el dardo más afilado que recibe Munar provenga de su vástago. El conseller –escribo a las 13.14 de ayer– admite la existencia de un clan, y la urgencia higiénica de su extinción, para garantizar la viabilidad económica de la sociedad anónima que lo sustenta.
En su raptus clarividente, Nadal ofrece además una salida honrosa a su inseparable Rosa Estarás. La presidenta accidental del PP respiraría aliviada, si se atreviera a anunciar que “hay que dar paso a gente joven, que no tenga un pasado tan vinculado a James Matas como yo”. La confesión es más reconfortante que el perdón, y sólo ella convierte al culpable en víctima. En todo caso, el vehemente líder de UM no tiene de qué avergonzarse. Tanto la carretera de Manacor como el obsequio de can Domenge fueron planificados de acuerdo con los principios inspiradores de su partido. De los dos.