Cirer se entera de su nulidad
23 Marzo 2009
La renovación del PP tras perder todas las instituciones de Balears ha consistido en el regreso de José María Rodríguez. Su anticipada pugna con Cirer brindaba uno de los espectáculos más hilarantes de los últimos tiempos, pero esta reedición de King Kong contra Godzilla ha sido interrumpida por el abandono de la peor alcaldesa de la historia de Palma, todos los sexos incluidos. Para la historia, el estupor acompañará cualquier intento de explicar sus cuatro años en Cort, un encumbramiento que un palmesano sólo puede asumir desde la vergüenza. Dado que ahora se concentrará en el Real Mallorca –su principal vocación–, se acentúa notablemente el peligro de descenso mallorquinista.
La carrera política de Cirer demuestra las limitaciones de la inspiración divina, su único bagaje intelectual. Al igual que sucede en los autos sacramentales, ha sido hundida por un libertino como Rodrigo de Santos. Conocía sus aficiones, pero sucumbió a la fe en la impunidad de su partido. De este modo, Casa Alfredo se erige en el motor de la renovación del PP. En su entusiasmo por la cesantía, Cirer ha abdicado incluso de expectativas que nunca la hubieran acariciado, como la candidatura a Cort en 2011.
Hasta Fageda exhibía cierto lustre por comparación con Cirer. La cúpula de su partido le endosó la derrota de 2007. Injustamente, porque la ex alcaldesa no hubiera sabido ni cómo perder unas elecciones. Su única función actual consistía en votar algún día una moción de censura que catapultara a Miquel Nadal y su secretaria a la alcaldía, la última humillación para la lista más votada. Cañellas introdujo en 1993 por sorpresa a Estarás, Cirer, Flaquer y Matas. Desataron las falsas esperanzas que suelen acompañar a la juventud, hoy son sólo la generación Rasputín y hasta su promotor exige su deposición inmediata. Al autodisolverse, Cirer se ha limitado a constatar la evidencia de su nulidad. En su caso, hasta eso tiene mérito. Los palmesanos siempre podremos perdonarla, Palma lo tendrá más difícil.
