Rajoy responde sí y no
31 Marzo 2009
Muy mal andan las cosas, si hemos de tomarnos en serio a Rajoy. Pertenece al apasionante círculo de políticos a quienes formulas una pregunta y no te quedas a esperar la respuesta, porque se te ocurren cien cosas más importantes que hacer. Salvo que fingir interés por su contestación te garantice unos minutos en prime time, para presumir ante los amigos. Así ocurre en Tengo una pregunta para usted, donde la notoriedad televisiva congregaría a un centenar de interrogadores aunque el entrevistado fuera un futbolista.
El eterno jefe de la oposición volvió a explotar su estampa de registrador de la propiedad con sentimientos. Este sería el primer artículo sobre Rajoy en que apareciera también la palabra voluptuosidad, pero nunca había llevado una barba tan bien arreglada. Una entrevista con ciudadanos consigue más audiencia que un encuentro con periodistas, porque los segundos han perdido el reflejo de corregirle con un “Mariano, que la pregunta es fácil”. En las sucesivas ediciones de este psicodrama televisivo, los espontáneos ganan en atrevimiento. No sólo le replican que “entiendo que no quiera ver en televisión a la presidenta de Madrid”, sino que aplauden al díscolo. Por fortuna, al presidente del PP no le cuesta cambiar de opinión, en esta versatilidad basa su supervivencia política. Si le presionan, primero pierde el timón de los datos –“Trillo no es hoy ministro de Justicia”, cuando nunca lo ha sido–. Después responde sí y no.
Rajoy perdió las elecciones teniendo razón, y reivindica la previsibilidad que le garantiza la derrota. Ni siquiera genera la hostilidad que hoy estrena Zapatero. Con el presidente del Gobierno en pleno casting ministerial, Rajoy es el mejor vicepresidente del Gobierno con el que puede contar. O viceversa, basta con ampliar el tongo de Euskadi. Podrían haber colocado el vídeo de la anterior edición de Tengo una pregunta con el mismo personaje, y nadie lo hubiera notado. Y si no coinciden con esta visión, recuerden que ayer por la tarde contemplé una intervención del auténtico Obama. El caviar no combina con todo, desconfíe de imitadores.
