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Rajoy interviene el PP balear
30 Abril 2009

Gabriel Cañellas le escribió a Rosa Estarás una carta donde le exhortaba a que liquidara la primera fila del PP en el Parlament. Se refería a los esclerotizados herederos de Matas, con su inconfundible olor a naftalina. En caso contrario, sentenciaba el patriarca, “date por muerta”. Y en efecto, ante la ineptitud de la jefa de la oposición –admitida por ella misma al implorar y planear su fuga–, Génova ha decidido enterrarla en Bruselas. Le ha preparado unos funerales de lujo, eso sí, aunque ni siquiera ocupa puestos de cabecera pese a las ventajas que le otorga la paridad.
Estarás no se merece ni un artículo más, pero la actuación del PP madrileño equivale a una intervención en toda regla de la sucursal de su partido en Balears. En parte por la impronta autárquica del mismo Cañellas de antes, en parte por los escándalos infinitos en que se han enfangado, los populares mallorquines habían gozado de una notable autonomía. Una parte considerable y creciente de sus altos cargos la aprovecharon para robar a mansalva, sin garantizar como mínimo las victorias electorales. Cuando la peste porcina alcanza un hedor insoportable, Madrid toma cartas en el asunto y Rajoy interviene el PP balear, dado que no se lo toma en serio ni su presidenta.
Aunque a algunos les parezca incomprensible, el PP no incluye a Estarás en las europeas para solidarizarse con la selección femenina elaborada por su correligionario Berlusconi. Madrid disuelve de hecho la ejecutiva, y teledirigirá los destinos del partido en la comunidad. Coloca a los populares de Balears al borde de una ruptura a la navarra, mientras comienza el casting de un Núñez Feijóo o un Basagoiti –preferentemente mujer–. Tal vez el digitado sea el alcalde de Marratxí, en quien se tienen depositadas demasiadas esperanzas. Esta revolución convivirá con la condena al olvido absoluto de la mujer que peores réditos electorales ha obtenido en Balears, tanto dentro como fuera de su partido. En agosto, hablar de Rosa Estarás será tan aburrido como hacerlo de Catalina Cirer. La extinción, es lo que tiene.


Estarás traspasa el muerto
29 Abril 2009

El anterior presidente del PP balear se fugó a Miami, no todo lo lejos que algunos desearían. La actual presidenta del PP balear es desterrada a Bruselas, probablemente por idénticos motivos. Con menos casos se ha sustentado la pandemia de los cerdos asesinos, por lo que hablaremos de una epidemia de deserciones. Rosa Estarás abandona el Parlament al día siguiente de pedir elecciones anticipadas, otro ejemplo de seriedad política en tiempos de crisis. Dijo ante las cámaras que le había caído un muerto encima, y lo traspasa a otra víctima, que en su día será pasaportada a Pekín. Por primera vez, la derecha mallorquina debe despertarnos algo parecido a la compasión.
Si el Govern es inmanejable, ¿qué calificativo aplicaremos al PP balear, que nadie quiere presidir? Queda claro el peso específico de Rosa Estarás en su partido, recibe el tratamiento dispensado a Magdalena Alvarez, la misma patada en la parte más comentada de la anatomía de Letizia Ortiz y Carla Tutti Frutti. Si han condenado a la vicepresidenta de Matas al ostracismo belga, es grave. Si se ha dado a la fuga, es peor. Si la presidenta del PP balear considera que lo mejor para su partido es que ella esté en Bruselas, sólo podemos coincidir.
Hasta el candidato socialista Jaúregui admite que la Eurocámara es un “cementerio de elefantes”, excelente imagen para la estampida en el PP balear. Dada la peripecia penal de los altos cargos de ese partido, sacarse el pasaporte es una cautela tan razonable como vacunarse contra la gripe porcina. En cuanto a la indemnización que Estarás cobrará por su despido, la jubilación de un eurodiputado permite comprarse un palacete, aunque sea por la vía legal. La ex jefa de la oposición sabrá encontrarle un hueco bruselense a su socio Miquel Nadal. La musa de Cañellas y Matas ha acabado su carrera en la línea que la marcó, con un sueldo opíparo y empeorando la situación recibida. Coloca a su partido a las puertas de la regeneración y de un presidente decente, con el vértigo que ello comporta. El PP balear no puede empeorar.


La peste final, de nuevo
27 Abril 2009

Del mismo equipo que nos trajo las vacas asesinas, los corderos asesinos y los pollos asesinos, llegan ahora los cerdos asesinos. El ser humano es el único animal que siempre tiene otro animal a quien cargar las culpas. Con la ocupación absoluta y sin embargo creciente del planeta, han desaparecido los enemigos exteriores, todos anidan en la propia humanidad. La aplastante evidencia numérica no disuadirá a los artífices de teorías de la conspiración, encaminadas a asignar a unas docenas de personas –en laboratorios subterráneos– los crímenes que solo cabe atribuir a siete mil millones de ellas. Somos los árboles de una selva tupida, que proporciona sustento y transporte a virus y bacterias.
No hay en el mundo microorganismos suficientes para competir con la hegemonía del mamífero bípedo, por mucho que muten para humanizarse. De ahí que permanezcan latentes en células, sorprende que no se hable todavía de terrorismo vírico. La segunda venganza de Moctezuma actúa sobre los jóvenes adultos invulnerables, derrotados por sus propios mecanismos de inmunidad en cumplimiento de la paradoja que Michael Crichton desarrolló en Parque Jurásico. De momento, el ser humano le está ganando la guerra al planeta, gracias a la proliferación de las armas de superpoblación masiva.
En cuanto brotó la enésima peste, quedaba claro que salpicaría a España, porque Zapatero agarra todos los virus. Poco ayuda Trinidad Jiménez, anunciando con temblorosa voz de pánico que no hay motivos para el pánico. El mundo entero se atrinchera doctamente en las secuelas de la “gripe española”, una maldición que nos costará la silla en el G-20. De momento, cualquier persona que haya estado en contacto con cerdos se convierte en sospechosa, lo cual amplía notablemente el espectro de afectados. En lo que a nuestra pedagógica tarea respecta, escribimos este artículo a toda prisa, no tanto para alertar a la población como para evitar que el brote se haya consumido antes de su publicación. Aunque siempre podemos reciclarlo para la crisis de los salmones asesinos.


Genes en primera persona
24 Abril 2009

Sería posible construir un ingenio informático que lograra modificar su propia esencia? Ya existe, lo llaman ser humano. La autorización ministerial de la actuación sobre los genes de un embrión para proteger contra un tipo de cáncer resuelve un caso particular, y multiplica a cambio las incógnitas generales. La sociedad no es racista, pero la selección genética fabricaría un tropel de niños rubios con ojos azules, más Brad Pitt que Danny de Vito. La sociedad no es machista, pero el bebé a la carta provocaría una desproporción entre varones y mujeres que alentaría revueltas populares. No se suplanta a la naturaleza sin pagar un precio, a falta de decidir si el coste supera al beneficio.
No se puede hablar de los genes en tercera persona, un error que ya nadie comete con el cerebro. Contra esa torpe insistencia por alienarnos de nuestra intimidad, el químico y médico Laín Entralgo ya advertía que “no tengo un cuerpo, soy un cuerpo”, por mucho que el alma propicie mejores resultados literarios. El ADN nos sobrevivirá como especie y probablemente nos domina, pero nos sentimos dioses al franquear el umbral de nuestro software. Ahora sólo falta aclarar qué diferencia hay entre ignorar la ascendencia genética de una enfermedad y descubrir que está controlada por mil genes, con todas las interacciones posibles entre ellos. Costaría menos predecir si lloverá el 14 de abril de 2020.
La genética ha reducido la biología a un texto que presumimos de leer, pero sin entenderlo. Esa ignorancia nos aporta de nuevo una fenomenal excusa. Si somos incapaces de conocernos, cómo vamos a actuar en consecuencia. El descifrado del propio genoma ha desplazado al botox como técnica para juguetear con la fecha de caducidad de una persona. Quienes no pueden permitírselo, se abalanzan sobre los cuestionarios que comunican cuántos años de vida le quedan al incauto que confía en ese cálculo. En los genes rastreamos las respuestas que antes buscábamos en los cielos. Se trata en ambos casos de falsas esperanzas. No importa, vivimos de ellas.


Antich, un títere de Nadal
22 Abril 2009

Olviden al comparsa Mateu Cañellas. En realidad, UM quiso proponer como candidato nacionalista a las europeas a Francesc Antich, lo cual obligaría al teórico president a dimitir para inscribirlo en las listas. Su vacante sería ocupada de inmediato por el imputado Miquel Nadal, por decisión propia según viene siendo habitual en su asunción de poderes cada vez más dilatados en el seno del Govern, de alguna manera hay que llamarlo. En los meses sucesivos, el Nadal susodicho desempeñará hasta que se aburra los cargos de obispo, presidente del Tribunal Superior, comandante general y sustituto de Manzano en la pretemporada del Real Mallorca. Sin embargo, ha declarado que “todavía no me siento preparado para sustituir a Dios, quizás el año próximo”.
Antich es el títere de Nadal, que a su vez actúa como hombre de paja de Estarás. Qué curioso que la vicepresidenta proponga el lunes la adscripción de Deportes a Turismo, y que el martes su infiltrado en el Govern haga realidad ese sueño. Consellers de ida y vuelta, un ejemplo de rigor en tiempos de crisis. La ignorancia de la ley se le presupone a UM, pues la imputación masiva de su cúpula demuestra que ha trabajado siempre al margen de la legalidad. Ahora bien, la estampa de Cañellas disfrazando la chapuza jurídica de gallarda aceptación resulta excesiva incluso para un partido a la deriva.
Escuchar a Estarás hablando de austeridad equivale a atender una disertación de Atila sobre derechos humanos. Por tanto, nada más fácil que gobernar Balears tras el gran atraco perpetrado en el Govern del que era vicepresidenta la jefa de Nadal. Es una tarea al alcance del presunto inquilino actual del Consolat, que se limita sin embargo a solicitar cada mañana a un funcionario la lista del Govern vigente, por si le han cambiado alguna cartera. Si se materializa la ocupación de todas las consellerias de izquierda y la de Manera por parte de Nadal, el bienintencionado Antich podrá retornar a su bicicleta y a sus coles. Nadie va a enterarse, por otra parte.


La Mallorca de Ballard

El recién fallecido J.G. Ballard era un novelista insidioso, porque las lectoras experimentaban la sensación de que sus libros les carcomían, en contraste con los pasatiempos sobre la Guerra Civil, los nazis de opereta y la adolescencia perpetua que denominamos literatura contemporánea. Al constatar que el horror sigue vigente y que el caos funciona con precisión quirúrgica en las tecnosociedades, el escritor inglés fue degradado a los estantes de las utopías de ciencia-ficción. El rescate sobrevino a lomos de su libro más banal, El imperio del sol, un repaso a su infancia en Shangai digno de una película de Spielberg.
La noción de imperio solar le convendría a Mallorca, donde un puñado de aventureros culminaron la evolución del Homo sapiens al Homo rapiens a veces denominada turismo de masas. La isla ejecuta una metáfora perfecta de las novelas más desoladoras de Ballard. Al analizar la libertad estrangulada por la seguridad, los paisajes inertes de Super-Cannes evocan por fuerza un enclave insular -geográfico o no- cuyo tráfico aeroportuario multiplica por veinte a la población, y cuya fisonomía responde a un distrito metropolitano tentacular, atomizado en urbanizaciones idénticas a la Eden-Olympia de la ficción.
Nadie abandona un libro de Ballard con mayor optimismo que al acometerlo, y algo parecido sucede con Mallorca. Leído desde ese perímetro, el autor suscita un desasosiego singular, porque se necesita olvidar para recordar con más fuerza el entorno esterilizado, el flujo de los ejecutivos alemanes que se hacen mallorquines de fin de semana. De hecho, el novelista escribió Crash a raíz de la construcción de una autopista que envenenó su hábitat, ¿les suena? En su afán por extender la noción de parque temático al cien por cien de su superficie, la isla materializa la pesadilla de Ballard. Los más escépticos nos redimirán de la hipérbole insistiendo en que aún no se parecen del todo, pero nadie negará que nos hallamos en el camino correcto hacia la apoteosis del conformismo.


El indefinido mallorquín
16 Abril 2009

Mallorca no debe limitarse a exigir una mejora en la financiación. Es urgente una revisión de la deuda histórica gramatical, con la incorporación del tiempo verbal a bautizar como el indefinido mallorquín. Hablo a menudo con ciudadanos de esa adscripción por cuestiones de trabajo –en otro caso sería una perversión–, y siempre abandono la conversación con una sensación de perplejidad. “¿Cómo te llamas?” es una pregunta insultante para un indígena, que no sólo se sentirá agraviado sino que responderá con todas las variaciones del “depende”. Y el intercambio impreciso sobre su identidad se prolongará durante minutos, hubiera sido más práctico que te mostrara el DNI.
El indefinido mallorquín no debe confundirse con la desconexión de la actualidad. El aborigen isleño se mantiene perfectamente al tanto de lo que ocurre, precisamente para dominar las vías de escape que le liberen de un pronunciamiento. Estos días, el integrante de esa etnia se te adelanta “hay que ver, el Govern”. Más que nada por congeniar, le replicas que “en efecto, UM no sabe lo que quiere”, y te intercepta preocupado “no, UM va a la suya”. Siempre en aras de la convivencia, apuntas a que “es el PSOE, falto de autoridad”. Y enseguida, “la autoridad no siempre es buena”. Desesperado, le apuntas que “la culpa es del PP ya se sabe”. Y aquí se produce finalmente la sintonía. “Sí, ya se sabe”.
Si criticas a una persona concreta, el indefinido mallorquín se inhibirá, pero te lanzará el nombre de la presa por si has olvidado vituperarla. El siempre abandona la conversación sin emitir un solo juicio concreto. En los domingos de elecciones, los sobres se introducen en las urnas en blanco, porque el mallorquín no se define ni en el anonimato de un sobre cerrado. Los integrantes de las mesas electorales no comunican esa disfunción, porque ellos también son mallorquines y harían cualquier cosa con tal de evitar un follón. Un personaje de Graham Greene afirma que “antes tendría sangre en mis manos que agua como Pilatos”. No era mallorquín, lo juro.


Lo que me gusta y lo que no
15 Abril 2009

Enrique Vila-Matas, propietario del ego más compacto de la literatura contemporánea en castellano, anunció en un artículo que algún día publicará la lista de “lo que me gusta y lo que no me gusta”. Adviertan el tono dulcemente amenazador del futurible, intimando su desazón por la calidad menguada de los halagos que recibe. Nos estimula a que lo alabemos todavía más estruendosamente, aunque no puede quejarse del comportamiento de quienes piensan que los ascensos literarios pagan el peaje de la sumisión a los maestros autoproclamados. Si no se esmeran, pueden verse incluidos en la relación de cosas que disgustan al solemne escritor, uno de los mejores del siglo XX.
Desde que leí ese artículo, escribo con la convicción de que Vila-Matas desaprobaría todas y cada una de mis deposiciones, lo cual me condenaría a un infierno por encima de mis posibilidades, aunque no a aparecer en una lista de gustos y disgustos que por fuerza se reserva para desprecios de mayor enjundia. Por si acaso, no escatimaré elogios a un escritor de libros siempre atractivos, por lo menos hasta la página 50 en que se queda inexplicablemente sin combustible.
Vila-Matas ha animado un mecanismo peligrosamente reversible. Quienes amamos la literatura como la rama malograda del cotilleo, pagaríamos una fortuna por saber lo que a Paul Auster “le gusta y no le gusta” realmente del escritor catalán. Sin embargo, no hemos llegado hasta aquí para hablar de autores transatlánticos de 50 páginas, sino de la vida eterna. En mi pronóstico sobre ese inacabable tránsito, algún día se sabrá en efecto todo lo que hemos dicho y pensado sobre nuestros semejantes, todo lo que nos gustaba y nos disgustaba de ellos. Las ondas de nuestros juicios y prejuicios han sido recogidas en los anaqueles del universo, como si hubieran sido pronunciados ante un micrófono. Frente al barullo que desatará su publicación, ríase de los temblores que provoca el descifrado de nuestro ADN y de las enfermedades que nos acechan. Seguro que más de uno piensa ya de otra manera.


En brazos de mis mujeres maduras
14 Abril 2009

Cuesta aceptar la manía de envejecer que asalta a nuestros coetáneos. Cada vez tropiezo más a menudo con mujeres que insisten en aparentar veinte años más que yo, pese a que ese tiempo atrás compartíamos calendario. Son las mismas que un día te llamaron amante y hoy se apresuran a jurarte amistad eterna, para que no se te ocurra explorar más allá de ese afecto portátil y de baja intensidad. Civilización significa que puedes hablar sosegadamente con personas junto a las que el sexo interrumpía antaño cualquier intento de conversación.
La curiosidad no ha envejecido, por lo que tanteas sobre sus relaciones actuales, simulando indiferencia y desde el halago de que “estoy seguro de que sigues levantando pasiones”. Y entonces te entregan como respuesta las numerosas variantes de estas frases:
-El problema no son los pretendientes mayores, sino los más jóvenes. Es un engorro, cuesta encontrar la manera adecuada de tratarles.
Sufres esas palabras como el latigazo de los celos renacidos hacia tus interlocutoras, que creías amortiguados después de que otras mujeres los pisotearan. ¿Qué es eso de “más jóvenes”? Te escandaliza que sus amantes no hayan envejecido al mismo ritmo que ellas. Y sobre todo, te parece intolerable que las veinteañeras no se hayan enterado de esta ley aparentemente universal de seducción a cargo de los más jóvenes, al menos en lo que a tu experiencia respecta.
Hace los mismos veinte años de antes, la vida cultural se vio arrasada por una novela de escaso fuste -en eso, nada ha cambiado-, pero con el afortunado título de En brazos de la mujer madura. La incitación del encabezamiento se hace cruel, cuando imagino En brazos de mis mujeres maduras a unos jovenzuelos que, por no respetar la cronología, ni siquiera han visto a Anne Bancroft en El graduado. Envejeces cuando las mismas mujeres que te dejaban por hombres mayores, hoy te abandonan por hombres más jóvenes. Todavía no he acertado a distinguir qué duele más.


Despréndete
9 Abril 2009

Hay personas que han venido al mundo para quedarse. Toman posesión de su vida, la reconvierten en una propiedad inmobiliaria. La clavetean al suelo por medio de toneladas de objetos inútiles. La felicidad consiste en responder a una pregunta clave, ¿de qué estoy dispuesto a desprenderme? A la celebrada frase del Cristo, “niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”, únicamente le sobra el “sígueme”. La materia no se crea ni se destruye, sólo se amontona. Cuando el volumen de tus posesiones supera tu capacidad de consumo, eres tú quien ingresa en el rango de desecho. Por higiene social, habría que arrancarte y lanzarte a la basura junto a tus pertenencias.
La crisis facilita el proceso de limpieza, el desprendimiento que hoy predicamos. Es preferible que piensen que eres pobre –con lo cual estás de moda–, a que imaginen que estás cambiando de vida, uno de los trances más humillantes para un humano. Procede liberarse del instinto de emulación, según el cual sólo podíamos superar a seres más despreciables que nosotros por la acumulación objetiva. Rodearte de cosas inútiles no te hace más sociable, sino más inútil. La Ley de la Gravedad Económica, patrocinada por Ikea, sostiene que nada es caro si lo necesita un número suficiente de personas. El truco consiste en que sigan pagando mientras tú te descuelgas de la manada.
Deshacer es más ecológico que hacer, aunque ni los objetos ni las personas pueden recuperar su inocencia primitiva. El aprendizaje del desprendimiento ha sido abrupto para quienes han descubierto que una hipoteca no da la felicidad. El modelo está en los beduinos. Cuando un ordenador alberga más memorias que cien palacios de Buckingham, puedes llevar el universo bajo el brazo. El nomadismo se ha hecho realidad como condición privilegiada, pero obliga a estar vigilante, a revisar a diario el somero equipaje. Hay que eliminar lo superfluo para ser superfluido. Ahora que me miro, el cuerpo en sí mismo contiene porciones de discutible eficacia, pero no vayamos a desprendernos en exceso.


Marmota contra mariposa
8 Abril 2009

Fui adiestrado en el periodismo de contar historias, no siempre falsas. Aprendí que la metáfora es más complicada que la realidad que ha venido a simplificar, lo cual obliga a refugiarse en el clisé. Por ejemplo, el efecto mariposa –a pequeñas causas, grandes consecuencias–, sobre el que escribí otra fenomenal columna reciente, asequible por un precio módico en mis obras completas. Precisamente, he llegado hasta aquí para confesar que me equivoqué de bicho. La marmota ha derrotado al maldito lepidóptero. No hay artículo en castellano que no recurra al tópico del día de ese mamífero, para subrayar la repetición rutinaria que empobrece nuestra existencia.
Marmota contra mariposa. Dos animales marinos, como su propio nombre indica. El insecto adquirió notoriedad al revolotear en un libro de James Gleick, Caos. El autor lo utilizaba para demostrar la imposibilidad de la predicción meteorológica, porque al batir sus alas en el Mediterráneo podía desencadenar un tifón en Asia. O no. El cuadrúpedo somnoliento ha accedido a la celebridad gracias a la película de Bill Murray, titulada El día de la marmota salvo en España, donde uno de los responsables de la estampida de espectadores decidió llamarla Atrapado en el tiempo. El protagonista sufre la tortura de despertar cada mañana al mismo día, como si fuera uno de nosotros en lugar de una estrella de cine.
El día de la marmota ha superado al efecto mariposa en todo el planeta, hasta el punto de que el New York Times la ha proclamado una de las diez películas clave de la historia. Lo cual no es exageración, sino despropósito. El efecto marmota aparece también en la última novela de Lorenzo Silva, El blog del inquisidor. Ibarretxe acusó al PSOE de convertir los comicios vascos en “las elecciones de la marmota”, y el roedor ha abandonado su madriguera para aflorar incluso en crónicas futbolísticas. Lugares comunes y animales comunes, porque sin las fábulas no admitiríamos que hay desastres sin culpa y que estamos fabricados con la materia de los bostezos.


Amor por sextuplicado
7 Abril 2009

La revolucionaria Rosa Luxemburgo le escribe a su amado que ha leído seis veces la carta que le responde. Abruma la espeluznante precisión, los comunistas nunca dejarán de asombrarnos. Puedes evocar una o dos relecturas, pero sentenciar que has devorado un texto por sextuplicado exige una contabilidad digna de un plan quinquenal. ¿Efectuaba una inscripción cada vez que leía la carta? Quizás se detuvo a la sexta lectura porque su amor empezó a flaquear, a causa de la reiteración estomagante. Al igual que sucede con los pueblos supuestamente primitivos, en los que el múmero cuarenta significa incontables, la líder marxista debió rastrear un término más sentimental en cuanto menos preciso. Por ejemplo, “he leído tu carta infinitas veces”, una sentencia correcta a partir de dos. O una, si nadie está vigilando.
Cuando has leído una carta amorosa exactamente seis veces, te sientes implícitamente obligado a batir esa marca en la siguiente misiva. El amor se somete así a una disciplina implacable, “llegaré tarde, todavía me quedan tres lecturas de la carta de Dimitri, que cada día escribe más dilatado”. Si la Luxemburgo hubiera profesado el liberalismo en lugar del comunismo, anotaría que “he leído tu carta seis veces, con una desviación estándar de más menos dos”. En cualquier versión, quién querría compartir esa pasión estadística.
Mi vida está cicatrizada por mujeres más exigentes que Rosa Luxemburgo, por lo que comparto íntegramente la desazón de su enamorado, si sólo consiguió que su siguiente misiva fuera leída en cuatro ocasiones. Imbuido de un arrebato numérico, en cierta ocasión le pregunté a Ella cuántas veces había leído mi última carta. “Menos de una, 0.75 para ser exactos”, me replicó con una precisión que hubiera envidiado la Luxemburgo. Esta añade, en el texto que nos brinda hoy excusa, el quejido “¿alguna vez tendré mi propio bebé?” Estaba avanzando el fin del comunismo con ocho décadas de adelanto. Una revolución jamás podía prosperar con líderes así.


Gracias por su paciencia
2 Abril 2009

La filosofía te golpea en los lugares más insospechados. Así, cuando el comandante Salvá, de Air Europa, rubrica la bienvenida a su pasaje con un misterioso “muchas gracias por su paciencia”. Estupefacción entre los pasajeros que no dominan la isla, cuyos registros se ven bloqueados irreversiblemente. Y sin embargo, estaban recibiendo la primera lección del extraño territorio al que se encaminaban, a cargo de un piloto ejerciendo de anfitrión. Las cinco palabras entrecomilladas rebosan elegancia, diffidence, esa forma de restarse importancia sin perder la clase. Así éramos los mallorquines, antes de que dejáramos de serlo. Los ingleses del sur, en apreciación coincidente de Cela y Graves. Personas que no se engañan, cuesta determinar en qué momento empezamos a tomarnos en serio.
La crisis económica en que andamos embarrancados se ha traducido en un lenguaje con sabor a pésame permanente. Maniqueos y radicales hacen su agosto. Tanto el derrumbe financiero como su abordaje rebosan la impaciencia que el comandante desdeñaba al elogiar a su paciente pasaje. Nada es definitivo para quien puede expresarse. Al hablar no siempre se miente, pero siempre se desmiente. “Gracias por su paciencia” enaltece al interlocutor, para demostrarle que no estás subordinado a él.
Sin olvidar la pedagogía. Cada año, millones de personas se dirigen apasionadamente a Mallorca, pero sin el mínimo interés por su geografía humana. Al contrario, pagarían un plus por encontrarla vacía y más propicia a su enajenamiento vacacional. Los indígenas críticos la tratamos como a una prisión de la que no deseamos escapar. El comandante echa a volar la personalidad mallorquina sin adornos, porque la isla tolera mal las zalamerías. Utiliza la precariedad como un aliciente, vive la finitud costera como  punto de espera de algo que no acaba de llegar, seguramente porque no existe. Todo lo cual importará a un número decreciente de mestizos. En fin, gracias por la paciencia de haber desembocado aquí, aunque sea la primera vez. Y buen viaje.


Microeconomías
1 Abril 2009

Has calculado euro a euro el castigo de la crisis a tu bolsillo, pero buscas un test rápido para discernir si también te ha golpeado mentalmente. En caso de que reúnas tres o más de los síntomas siguientes, precisas de la ayuda psicológica que excede las posibilidades de un articulista:
Aprietas el tubo de pasta dentífrica hasta su último suspiro, y sientes una exagerada satisfacción al comprobar que te va a durar un día más.
La crisis ha triunfado donde fracasaron un centenar de métodos persuasivos para que dejaras de fumar.
Colocas exactamente un cubito menos de hielo en cada vaso.
Cavilas en todo momento de la conversación si has llamado o te han llamado, para cortar en el primer caso a la primera oportunidad. De hecho, cada vez te cuesta más marcar un número, sólo empleas el móvil para descolgarlo.
Obsequioso anfitrión, le propones a un invitado, “tu cuarta cerveza, Pepe”, y a otro, “¿verdad que te vas a comer un tercer plato de pasta, Juan?”
Pones el coche en punto muerto en las cuestas abajo.
Aplazas el divorcio por un argumento exclusivamente inmobiliario.
Conoces en todo momento el nivel del líquido en las botellas de tu nevera.
Cuando se te agujerea un calcetín, emparejas el superviviente con otro que tiene casi idéntico color.
Sientes una imperiosa necesidad de acudir al lavabo después de pedir la cuenta en el restaurante, por si algún comensal ya ha pagado cuando regreses.
No salías con mujeres por miedo al compromiso, ahora lo haces por miedo al presupuesto de la velada.
Sigues sin leer los libros que tienes, pero ahora los compras en edición de bolsillo.
Pierdes horas filosofando sobre si la fecha de caducidad de un alimento significa que ese día puede comerse o ya no.
Te consuelas pensando que el ahorro te adelgazará, cuando la dieta económica es como la lipídica. Al final siempre pesas lo mismo.