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Guardiola mejora tu vida
28 Mayo 2009

El Barça ganó la Champions alineando a nueve jugadores habituales en el equipo que ganduleaba el año pasado. El presidente del club no ha variado. La clave reside por tanto en las reformas de Guardiola. Ha puesto orden, ha impuesto un método, cuyos axiomas desvelamos en exclusiva porque también pueden mejorar tu vida:
“En cuanto te defiendes, pasas a ser atacado”. El tercer central no te blinda, incita el asalto del rival y genera inseguridad. ¿Cuánta vida hemos desperdiciado protegiéndonos de cataclismos que nunca iban a producirse? Nos negamos a ser creativos, y Guardiola ha curado a sus jugadores del vértigo de despegarse de la indolencia. El Barça impone su discurso porque no atiende a la perorata de sus rivales. Escuchas demasiado.
“En cuanto te consideras una víctima, pasas a ser esclavizado”. En el planeta ONG no se persigue la liberación, sino el reconocimiento de la inferioridad. Los pulgarcitos del Barça no pasarían un test de idoneidad futbolística, tú tampoco tienes excusa. El mejor equipo de la historia se levanta sobre los hombros de alfeñiques. David sólo vence a Goliat en un 30 por ciento de las ocasiones, Guardiola ha ensanchado ese margen. Este axioma se complementa con la ley de inversión de la abulia: “Algunos tienen que hacer menos de lo que pueden para que otros hagan más de lo que quieren” (arrinconamiento en las bandas de Henry o Etoo).
“La excelencia no es una cortesía”, transposición del clásico “Dios lo ve” en defensa del trabajo oscuro. Guardiola, que posee el don natural de la elegancia, otorga un toque sartorial a la pillería de Iniesta o Messi.
“No desobedezcas al reloj”, también llamado Xavi. La puntualidad es la primera regla de ajuste con la naturaleza. Los barcelonistas llegan a los goles en el instante decisivo (Chelsea-Barça). El tiempo es la cuarta dimensión de los futbolistas azulgrana. Lo que no ocupan en volumen, lo compensan en posesión temporal. En fin, Guardiola ha diseñado el primer método que no está reñido con la imaginación. Tampoco es infalible.


Es una vergüenza
27 Mayo 2009

A la vista de la espléndida factura de estas columnas, un observador imparcial concluiría que se elaboran mediante la transposición a la actualidad de alguna reflexión de Schopenhauer. Esa prótesis filosófica iluminaría los sucesos del presente, y el aderezo con perifollos de notable enjundia otorgaría al conjunto su proyección de objeto artístico en cuanto literario. Siento decepcionarles de nuevo, porque estos miles de artículos arrancan de una observación sanchopancesca, la minimalista “es una vergüenza”. Ante un atropello, un lirismo o una corrupción, mi inspiración no me empuja a una conexión con la esencia humana. Sólo se me ocurre que “es una vergüenza”. Vivo de esa frase.
He conjugado el verbo vergüenza en todos sus tiempos y modos. Ayer mismo, me asaltó que “es una vergüenza” el control de seguridad en Son Sant Joan, porque acabará de hundir la industria turística de Balears. Veo a Aznar y, antes de que se lance a perorar, yo ya he anotado que “es una vergüenza”. Escucho las aclamaciones a Los abrazos rotos de quienes no han padecido la película de Almodóvar, y exclamo que “es una vergüenza”. Y eso sólo por citar algunos de los artículos que les serán infligidos a ustedes en días sucesivos.
Sé que es una vergüenza cimentar sobre materiales tan frágiles, al borde del fraude al consumidor. Para compensar, imaginen mi trauma al pasar por la vida avergonzándome a diario, y condenado además a confesarlo. Tampoco puedo documentarme sobre el asunto que abordo, porque mi vergüenza crecería hasta la ebullición. Envidio a muerte la sutileza de mis colegas mesurados –”Almodóvar brilla por encima de la media del cine manchego”–, porque el primitivismo de “es una vergüenza” me arroja a un estilo bronco, de ángel exterminador. Me siento como si escribiera los artículos con mi cara a un centímetro de la tuya, y no precisamente para besarte. Además, al avergonzarme de lo ajeno soslayo la sana autocrítica, por lo que ha llegado quizás la hora del arrepentimiento. En dos palabras, soy una vergüenza.


Letizia V y la genética de Estado
25 Mayo 2009

En el quinto aniversario de la ascensión de Letizia Ortiz a los altares monárquicos, es obligado refrescar que los Reyes no han conseguido que ni uno solo de los cónyuges de sus tres hijos responda al plan trazado. También en eso se asemejan a una familia cualquiera, con la salvedad de que en La Zarzuela se dirime la genética de Estado. Como su propio nombre indica, la Familia Real fabrica reyes, por lo que se ha de decidir si una mujer extraída de los españoles puede simbolizar a los españoles. Antes de responder, recuerde que las soluciones a este dilema ponen en un brete a la Reina actual o a la futura.
Si hace sólo siete años, alguien hubiera planteado a Letizia Ortiz la hipótesis de un enlace con un príncipe heredero, se hubiera mofado abiertamente de la situación. Ni el Rey contaba con ella, ni ella contaba con el Rey. Obligada por tanto a representar un papel –el amor no es una cuestión de Estado–, ha cumplido a la perfección su rol de agitadora. Si en el pasado lustro se despoja a la Familia Real de la esposa del Príncipe, sólo queda una sucesión de actos oficiales, pulpa para ¡Hola!. La princesa plebeya o plebeya princesa ha salpimentado La Zarzuela. Se entiende la desmoralización de la ortodoxia, ante la paradoja de que la parte menos monárquica de la Familia Real suscite la máxima atención popular.
El protagonismo de la infiltrada ha desatado por fuerza tensiones internas. La entrevista de Pilar Urbano con la Reina pretendía derrotar a Letizia en su propio terreno. El Jueves había confeccionado una portada análoga a la principesca con el matrimonio Aznar, sin apenas trascendencia. La antigua presentadora de telediarios es la metáfora exacta de la España democrática, demanda una biografía documentada y no servil. Los ciudadanos estamos preparados para simular –aparentar– lo que no somos, o para disimular lo que nos sucede. Ella tiene que simular y disimular al mismo tiempo. Su interpretación equivale a la de Obama, otra revolución que conjuga la monarquía y la genética. Y Letizia V actúa amordazada, que tiene más mérito.


Camps parece otro
22 Mayo 2009

Por culpa de la cenagosa atmósfera materialista en la que chapoteamos, la información sobre políticos corruptos se centra en las cantidades sucias que han percibido, sin atender a la repercusión de ese comportamiento sobre sus almas. Aunque sólo sea presunta o presumible, la corrupción cambia el carácter. Por ejemplo, el presidente de la comunidad valenciana no pasará a la historia como el primer imputado que se presenta ante el juez en coche oficial, o que es saludado marcialmente por los guardias civiles a la entrada de los juzgados. Desde que se viste al contado, Camps parece otro. De asténico figurante en un cuadro vertical del Greco, ha mutado en personaje exaltado de Almodóvar.
Nunca hubiéramos confundido a Camps con Jaume Matas, ahora no estamos tan seguros. El presidente valenciano ya ha sido perdonado por Rajoy, y el dinero puede restituirse porque pecunia non olet –aunque a veces apesta–. Ahora bien, a un político que ha derrotado hacia lo folklórico, le costará más recuperar su imagen y salvar su alma. En una intervención reciente, se desgañitó para manifestar que tenía “unas ganas locas” de declarar. Ningún presidente autonómico en ejercicio ha utilizado esa expresión de guión de Paco Martínez Soria, pero el aludido la repitió para confirmar que no había desliz ni exceso verbal.
Redundar en la expresión “ganas locas” en un mismo discurso es más inculpatorio que un regalo de dos millones de pesetas en trajes. En ese lenguaje florido no sólo aprendemos que la depravación moral ha superado a la económica, sino que la presunta corrupción cursa con los mismos síntomas en todas las latitudes. El desmelenamiento de Camps es más revelador de la situación investigada que su excelente liquidez. Comparen el histrionismo del actual presidente valenciano con la austeridad sobrevenida de su predecesor, desde que promociona la tarifa Zaplana. Los excelentes sueldos tienen un efecto salutífero sobre las almas, según sabríamos si no fuéramos tan materialistas.


Morir por (el) Mallorca
21 Mayo 2009

Leo otra entrevista con la africana Rama Yade, porque es tan bella. La secretaria de estado de Sarkozy asegura que “moriría por Francia”. Es una propuesta demasiado esdrújula para metabolizarla sin un desvío por mi realidad circundante. Me tranquilizo al pensar que nadie moriría por Mallorca. O por lo menos, ningún mallorquín lo haría. Si alguien proclamara enfervorizado que “moriría por Mallorca”, sabríamos a ciencia cierta que no es mallorquín. Yo mismo, moriría antes por Francia que por Mallorca, porque la patria de la filosofía y de los quesos incorpora un lustre adicional al martirio.
Excepcionalmente, no critico a nuestra isla irrepetible. Quien está dispuesto a morir por Francia, también está dispuesto a matar por Francia, empeño que geográficamente nos sitúa en el itinerario de víctimas probables. Nadie mataría por Mallorca, un esfuerzo agotador y que los nativos desdeñarían además cuando se lo ofrendáramos. En cambio, sobran candidatos que “matarían a Mallorca”. Tampoco aquí somos peyorativos, la inmolación del territorio que un día elegimos para nacer es la mayor prueba de humildad que puede brindar un pueblo.
Toda regla tiene su excepción, y también la ausencia de voluntarios para el sacrificio. Esta semana se conmemora la primera década de la gesta de Birmingham, cuando un equipo sin más poderes que el pasaporte de la isla alcanzó la final de la Recopa de Europa. Tras la derrota inevitable, los autocares abandonaban el estadio con la escarcha en sus ventanas de los ojos humedecidos de los aficionados mallorquines. Lloraban por (el) Mallorca, nunca había observado ese fenómeno. El milagro se debió a que Cúper fue la primera prueba que tuvimos de la existencia de Dios. La divinidad siempre acaba por aburrirse y abandonarnos a nuestro albedrío, pero tal vez podamos concluir que la salvación no ha de ser sangrienta. A falta de patriotas que “morirían por Mallorca”, basta con encontrar un puñado de personas que “vivirían por Mallorca”, entre las sobras de los millones que “vivirían en Mallorca”.


Adolescentes culpables
18 Mayo 2009

Hay que prodigar la píldora del día después porque los adolescentes no están educados sexualmente. Hay que inundar las aulas de ordenadores porque los adolescentes no están educados en general. La victimización universal ha reducido el círculo de presuntos culpables, los políticos adultos han encontrado un reo que no va a molestarse en protestar por su incriminación. Zapatero inocula sus proyectos informático y farmacéutico con la insinuación de que la adolescencia no está funcionando como debiera. En el próximo capítulo, se acusará a los teenagers de haber desencadenado la crisis financiera y de haberse enriquecido con la corrupción, por no estar educados económicamente.
Nadie se plantea que el abandono escolar pueda ser la respuesta más higiénica a la atmósfera en las escuelas. Quienes aguardan a las adolescentes en la farmacia, para recriminarles que su imprevisión les obligue a adquirir la píldora del día después, no ponen objeción alguna a regalarle un carísimo by-pass múltiple a un fumador empedernido. O instalado en la obesidad. No confundan nuestra diatriba de hoy con la patética imagen de un columnista pequeñoburgués multiplicando los arrumacos hacia un colectivo discriminado, Sartre en las barricadas del 68. Los adolescentes no leerían esta sección, otra prueba de que su educación dista de ser tan deficiente como proclaman los políticos.
La inculpación a los adolescentes no causa extrañeza en labios de políticos desbordados. Sin embargo, las alocadas jóvenes que me hicieron enloquecer cuando compartimos adolescencia, se han convertido en madres controladoras, muy proclives a sintonizar con el estribillo de la falta de educación de las próximas generaciones. Este país –cualquiera de ellos– no tiene un problema con sus adolescentes, sino con la eterna adolescencia de sus personas maduras. Y dado que los jóvenes no van a leernos, podemos escribir con tranquilidad que su mayor crimen consiste en soportar a estos adultos sin rebelarse.


La pitada fue una fiesta
14 Mayo 2009

Treinta mil vascos y otros tantos catalanes se desplazaron cientos de kilómetros para celebrar una competición llamada Copa del Rey. Ninguno de los términos de esa expresión me impulsaría a caminar de aquí a la esquina, por lo que debo asombrarme del patriotismo inconmensurable de quienes se sacrificaron para homenajear in situ al Jefe del Estado. Esa migración futbolística revela un fracaso del independentismo, a cuyos portavoces ni se les hubiera ocurrido promover el absentismo de la afición. Finalizado el espectáculo, Puyol y Xavi –nombres de procedencia inequívoca–, enarbolaron el trofeo regio como si materializara sus sueños, otra ofrenda sudorosa a Juan Carlos de Borbón.
Sigamos con el principio. Si abono unos euros para ver una película o un partido –aunque nunca de la Copa del Rey– y me endosan cualquier himno, abuchearé esa interrupción con todas mis fuerzas. No como republicano, sino como consumidor defraudado. La pitada de Mestalla fue una fiesta, que además contribuye a arrancar a los Reyes del útero privilegiado donde nadan en el líquido amniótico de la adulación. (Siento repetir el argumento del Tribunal Supremo, al absolver a los diputados de Batasuna que le cantaron el Eusko Gudariak al monarca). La final enmarcó el fracaso de quienes desean convertir al deporte en rehén de sus pretensiones políticas, ya sean monárquicas o independentistas. Sólo los burócratas podían empeorar la situación, y se pusieron manos a la obra.
La supresión del himno abucheado en TVE es un insulto a la audiencia muy típico de los periodistas, convencidos de que los ciudadanos no resistirían el impacto de la verdad. Con todo, esa decisión no la adopta autónomamente un jefe de deportes, sin una intimación previa de los edecanes de palacio filtrada por sus superiores. Los informadores sumisos y los funcionarios desmedidos aumentaron el volumen de la pitada, transformando un homenaje al Rey en el mayor éxito del independentismo. Siempre sospechamos que La Zarzuela estaba llena de antimonárquicos, sin contar a la princesa.


La calle sólo-bici
13 Mayo 2009

Algún ciudadano habrá reparado en el curioso fenómeno de que las vías palmesanas han encogido a la mitad. El carril sólo-bici ha sido sustituido por la calle sólo-bici, un todoterreno únicamente puede circular por la angostura resultante si arranca los retrovisores de los coches aparcados, cumpliendo así la misión para la que fue concebido. De este modo, Palma se convierte en la ciudad con más kilómetros de trazado ciclista y menos bicicletas de Europa. Esos vehículos sólo aparecen cuando estás cruzando, con el resultado traumatológico de rigor. El cambio de fisonomía ha sido diseñado por autoridades que circulan en coche oficial o que tienen pagados los gastos de transporte.
La reformulación del asfalto olvida a la víctima de los depredadores automovilísticos y ciclistas, a veces llamada peatón. La vía pública se divide en una zona donde pueden matarlo sin pagar más precio que el incremento de una estadística, y una región de penumbra donde la condena a muerte se sustituye por una serie de fracturas óseas. El porcentaje de conductores asesinos en coche equivale a la proporción de psicópatas sobre dos ruedas sin motor. La adaptación de la ciudad a las bicicletas se malinterpreta con su conversión en un velódromo, donde los ciclistas circulan a más velocidad que los automovilistas –véase el Molinar–.
Por comparación con la Palma doblemente congestionada por coches y bicicletas, la Vía de Cintura en hora punta parece la Patagonia. La reducción de las calles a la mitad se complementará con la subvención a la compra de automóviles, para garantizar el colapso en una sabia aplicación de la lógica de izquierdas ensamblada a la ilógica capitalista. Nadie explica por qué se le habría de comprar un coche nuevo a quien no le compraríamos ni uno de segunda mano. El resultado no será un aumento de las bicicletas que justifiquen las calles sólo-bici, sino de los coches que se pretendía extirpar. Son disfunciones típicas cuando los políticos concluyen que, si un peatón ni siquiera tiene valor para armarse de una bicicleta, tampoco debe votar.


Obama contra Antich
11 Mayo 2009

La autodisolución del PP balear y de UM ha dejado a Antich con las manos libres para no gobernar Balears. Ningún problema es lo suficientemente minúsculo para Obama, que ha decidido encabezar la oposición contra el president. De momento, ha encomendado a catorce congresistas una carta contra un tebeo del Govern, que reproduce los tópicos sobre Oriente Medio de una izquierda que ejerce de propalestina y prosaharaui, con un nivel de vida proisraelí. El cómic “para niños contiene sentimientos antiisraelíes”. Los parlamentarios estadounidenses muestran una sensibilidad estremecedora, si se tiene en cuenta que todos ellos firmaron sin parpadear las declaraciones de guerra que han matado “con fondos públicos” a miles de iraquíes y afganos, por no hablar de cinco mil soldados americanos.
Si hubiera dicho de los israelíes la mitad de lo que llevo escrito de los mallorquines –y eso que somos indiscutiblemente el pueblo elegido–, hasta Barbra Streisand me hubiera reprochado por carta mi antisemitismo. Los americanos recuperan el tiempo perdido, porque tardaron años en denunciar el genocidio de Hitler. Hoy prodigan los memoriales del Holocausto nazi, la matanza equivalente de Stalin gozó de mejor prensa al tratarse de un aliado. A cambio, no abundan los museos sobre la esclavitud, ni sobre el exterminio de la población indígena.
La próxima carta de los subalternos de Obama contra Antich criticará la hegemonía del mallorquín Rafael Nadal, “porque ahonda en el complejo de inferioridad de los indefensos niños norteamericanos, que han de ser tratado psicológicamente cuando el tenista apabulla a un deportista de nuestro país”. Y para que nadie añore la propensión de esta sección a la cultura, hemos amontonado las citas eruditas al final. “ Me crié en la confesión hebrea pero, al hacerme mayor, me convertí al narcisismo”, “cada vez que escucho a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia”. Fueron escritas por Woody Allen, judío y antisemita, en un idioma que la mayoría de congresistas norteamericanos pueden entender.


Cómprame un coche
8 Mayo 2009

Convivo desde la infancia con la impresión de que hay demasiados coches. Debe tratarse de una percepción errónea porque ahora, cuando abundan más que nunca, me quieren convencer de que son demasiado pocos, y de que las ventas se han estancado aunque al mirar en cualquier dirección parezca lo contrario. No sé dónde pretenden colocar los nuevos automóviles pero, de acuerdo con los manuales de economía, la caída de ventas de un objeto puede asignarse a dos razones. La primera, que no hagan falta más vehículos, o que no interesen en su actual configuración. La segunda, que sean demasiado caros para que alguien los compre.
Fue precisamente un fabricante de coches, Henry Ford, quien predicó que debía fabricar productos accesibles a sus trabajadores. Si ahora no lo son, hay que bajarlos de precio. Ahora bien, los imaginativos intermediarios han encontrado una solución genial, consistente en que los automóviles sean pagados por quienes no pueden o no quieren comprarlos, a través de ayudas públicas del Govern o del Gobierno según los casos. Supongo que la medida incluye a los todoterrenos, cuya única función consiste en amenazar a los usuarios no blindados de la carretera. Por supuesto, los beneficios de la compraventa no serán repartidos a escote, sino que irán directamente al vendedor que no consigue colocarlos.
La campaña se titulará “Cómprame el coche que tú no puedes comprarte”. Además, y en cuanto se subvencione la compra con 1.500 euros –pongamos por caso–, el precio de los automóviles subirá de inmediato en esa cantidad, con lo que se reanudarán las quejas y habrá que aumentar la subvención. Ese comportamiento no es original, ya ha ocurrido con los pisos vía abusivas desgravaciones fiscales, y ha originado el desastre inmobiliario que ha llevado a España al colapso. La iniciativa privada ha encontrado la salvación en la nacionalización de sus pérdidas. Cuando se insiste en que nadie entiende la economía, se omite que es mejor no entenderla, para evitar una revolución.


Divorcio a la italiana
6 Mayo 2009

En Italia se está rodando la secuela de Divorcio a la italiana en formato de telerrealidad, con Berlusconi y Veronica Lario como antagonistas. El primer ministro teme el castigo de sus votantes católicos. No por el hecho de divorciarse –su matrimonio es más ficticio que su rostro–, sino por traicionar la doble moral en que reposa el derecho canónico, con licencia para anular por esterilidad un sacramento con hijos. Los potentados con vitola vaticana no se separan de sus esposas, conjuran la líbido mediante agarrones con el servicio de ambos sexos por los rincones de la mansión. A la ortodoxia católica, que bendice a los jóvenes que envía a morir en el campo de batalla, no le preocupa el aborto, sino que se legisle sobre el particular. Combate la diseminación democrática de los privilegios de casta.
Estamos incurriendo en el imperdonable error de tomarnos en serio a Berlusconi. En el origen de su divorcio, el premier italiano había montado en el Parlamento Europeo una ópera bufa digna de Dario Fo, una auténtica suplantación de la personalidad del Nobel y anarquista accidental. Al colocar en Bruselas una remesa de mamachichos –otra vez, la democratización de la lujuria–, estaba denunciando el hundimiento de Europa en sus países fundacionales. Las chicas de calendario del amigo de Aznar se incorporarán al Partido Popular Europeo, donde compartirán grupo muy católico con Mayor Oreja y Rosa Estarás.
Por primera vez, un gobernante culpa de su divorcio a la oposición. El guionista Berlusconi ha programado un enfrentamiento electoral con su esposa. Este episodio batirá records de audiencia y consolidará el carácter dinástico de Occidente, con los Bush, los Clinton, los Kirchner, los Bruni. En el capítulo final, el primer ministro sucumbirá ante la belleza botticelliana de Noemi Letizia –demasiadas coincidencias, pero no sigamos por este camino–, que a sus 18 años sólo le aventaja en 54. Nadie negará que el italiano conoce a su público tanto como a sus votantes. España no necesita un Obama, sino un Berluscónez.


El enamoradizo Pere Batle
4 Mayo 2009

En la última novela de John Le Carré, El hombre más buscado, el banquero protagonista mantiene la fachada honorable de su institución, mientras en el doble fondo canaliza operaciones más inconfesables. Sin embargo, se derrumba al enamorarse. No destriparemos la trama pero, en el universo de las altas y oscuras finanzas, un pecado es menos disculpable que un crimen. El personaje creado por el escritor inglés se llama Tommy Brue, y tiene la misma edad que Pere Batle, el director general de Sa Nostra que procede ahora a una precipitada jubilación. No incidiremos en las causas del abandono, sorprendente cuando los altos ejecutivos reclaman una ampliación de la vida laboral de sus súbditos, y cuando hay que encauzar los excesos de tiempos pretéritos.
Al igual que ocurre con otros ilustres desaparecidos y fugados recientes, en breve plazo se conocerán las razones que han motivado el apresurado relevo en la cúpula de la caja. Aquí nos interesa el carácter enamoradizo de Pere Batle, por supuesto en el ámbito financiero. Cayó fascinado ante el desbordante Juan Piguillem –piensen en un Mario Conde rubio– y la consecuencia fue el escándalo de Inmobiliaria Alcázar, que ha llegado a los tribunales por vía penal. También se dejó seducir por el zalamero Vicente Grande –a quien hoy no habla– y, a base de darle cientos de millones de pesetas diarios, la agencia Fitch Ratings incluye el alocado compromiso con el ex presidente del Mallorca entre las razones concretas que obligan a rebajar la calificación de la entidad mallorquina.
Los auténticos números uno no se enamoran, por eso los excelentes segundos –Pere Batle es uno– nunca hacen buenos primeros, aunque su ascenso interesa a quienes desean ejercer el poder en la sombra. El ejecutivo sustituido quitó y puso presidentes hasta hundir la presidencia en el anonimato, llevó la caja al lugar más inoportuno en el momento más inoportuno. Por fortuna, la crisis global a todos iguala, y ninguna entidad crediticia es dueña de su destino. Si quieres disimular un árbol, quema el bosque.