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Regreso de internet
31 Julio 2009

La globalización de los contactos personales llamada internet reposa en la improbable creencia de que tu vecino de Alaska es más ingenioso y comprensivo que tu vecino de la casa de al lado. No sabría replicar el entusiasmo de un mago de las no tan nuevas tecnologías, cuando me desbrozaba las infinitas conexiones que abrían, sin más contrapartida que esclavizarse a una pantalla durante horas. Tras la mezcla de arenga y ditirambo, concluí que un ser humano que leyera dos páginas de Séneca bien seleccionadas al día no sólo obtendría un enriquecimiento personal más acusado que el obseso de la red, sino que contribuiría en mayor grado a la salud social y, por extraño que parezca, a una más favorable disposición del cosmos.
Llámenme racista, pero no conozco a nadie que se haya hecho inteligente gracias a Internet, aunque resulta imprescindible para solidificar carencias y prejuicios. También refuerza, seamos ecuánimes, los recursos de personas que ya llevaban la inteligencia puesta. Han encontrado un potente archivador inmediato y el diccionario universal. Sin embargo, sólo la generación que se creyó que la banca era una profesión excitante puede trasvasar la inteligencia y la creatividad a la colección de todas las palabras.
Internet como religión significa que es absurdo beber un whisky en vaso de cristal de roca junto al mar, cuando puedes ingerirlo directamente de la botella, o lamerlo del suelo, en un sótano húmedo. Es posible, pero me cuentan la primera historia de un cultísimo hombre de letras que ha regresado del más allá de internet. Hizo de la red un modo de vida, fue pionero en pulsar sus variaciones. Ha clausurado la exposición a todos los humanos, ha comprado las cinco temporadas de The Wire en CD y ha hallado otra forma provisional de la felicidad. Internet subestima la infinita capacidad de aburrimiento del ser humano. Ningún tráfico suprime al peatón, aunque se reserva la posibilidad de atropellarlo. Sólo Internet se basa en la arrogancia de que exterminará las posibilidades anteriores. Sin crear nada a cambio.


Hay que vacunar a la ministra
29 Julio 2009

Las empresas globales de matriz anglosajona han empezado a sustituir los contaminantes apretones de manos por una sonrisa a prudente distancia. El ministerio de Sanidad propone importar esta medida, para reducir las oportunidades de contagio de la gripe A. Parecen iniciativas desmesuradas, hasta que se recuerda que el desfile de la victoria de la Primera Guerra Mundial en Filadelfia precedió a una oleada de casos griposos en esa ciudad. La histeria del sida obligaba a la penetrante cuestión preparatoria “¿con quién te has acostado antes?”, pero sólo si el diálogo debía desembocar en la cama. En cambio, el virus H1N1 cabalga por vía aérea. Es el sueño de un paranoico.
Por boca de Trinidad Jiménez, el ministerio insiste en que no hay motivos para la alarma. Mientras tanto, patrocina escenarios dignos de una película de catástrofes, que propiciarán que el inofensivo doble beso en la mejilla sea más pornográfico que encender un cigarrillo en un lugar público. Ante una hipotética propagación masiva de la gripe A, la cuarta ministra mejor puntuada de Zapatero se muestra más preocupada por aminorar su responsabilidad que por las consecuencias catastróficas de la pandemia desatada. La eterna aspiración de los políticos consiste en culpar a los ciudadanos de sus males. Para lograr ese objetivo, la titular de Sanidad no necesita distinguir un virus de una bacteria. Al contrario, la indiferencia hacia el agente facilita el desmarque de sus efectos.
La politización del virus H1N1 se manifiesta en la tibia reacción ante el fallecimiento del bebé Rayan, hijo de una víctima de la gripe A. Desde la oposición, el PSOE no hubiera escatimado artillería en torno al “terrorífico error”. Una vez que Trinidad Jiménez garantiza la vacuna a las profesiones de riesgo, es obligado preguntarse si la ministra piensa vacunarse. El Gobierno es una actividad de peligrosidad indubitable, sobre todo para los gobernados. Garantizadas las dosis para la arriesgada titular de Sanidad, ¿a quién se podrá negar la vacuna sin caer en el agravio comparativo?


Cumbre hispanomallorquina
27 Julio 2009

En el Primer Pacto de Progreso, los empresarios asaltaban ayuntamientos democráticos y la ensoberbecida Junta Hotelera llegó a autoconvencerse de que su golpe de Estado liquidó el experimento. En el segundo Pacto, y con idénticos protagonistas, los hoteleros no dan un paso sin ronronear mientras se frotan en los pantalones de Antich. La cumbre hispanomallorquina del pasado fin de semana ha sido un festival de caricias y carantoñas. De una parte, un Govern y un Gobierno de izquierdistas reconvertidos. De otra, unos hombres de negocios que no reconocen más izquierda que la de Fidel Castro. La riña con la Ceoe sólo demuestra que la patronal prefiere llevarse mal con Zapatero a entenderse con Rajoy.
La cumbre hispanomallorquina concluyó con una reunión entre Miguel Sebastián y el sector –rima con terror–, un simposio tan concurrido que parecía la mesa de los hermanos Marx. A juzgar por la asistencia, hay más empresarios turísticos que turistas. Si hemos entendido la peticiones del sector –rima con pavor­–, el turismo será un gran negocio para ellos si lo pagamos a escote los ciudadanos. En todo lo anterior me resisto a llamarlos emprendedores mallorquines. El astronauta Aldrin visitó Mallorca, pero su inversión relevante la hizo en la Luna. Lo mismo ocurre con los grandes hoteleros, la isla queda cada vez más lejos de su actividad.
En la cumbre hispanomallorquina faltó una prueba de buena voluntad por parte de los hoteleros. Si aman tanto Mallorca –o incluso España, aunque esta afección sea más incomprensible–, podrían haberse brindado a ingresar o regresar a su sociedad natal los numerosos caudales que han refugiado en paraísos fiscales. Sus accionariados y proyectos se cruzan de sociedades holandesas, suizas o panameñas, pese a carecer de hoteles en esos núcleos de la piratería financiera. Presumen de ser tan mallorquines que a ninguno se le ocurriría morir lejos de la isla. Sólo les estamos pidiendo un poco de su vida.


Abrir el debate
23 Julio 2009

El latiguillo idiota del año es “abrir el debate” –o “reabrir el debate”, en la denominación culterana–. La apertura de debates incuba una nocividad acusada, a diferencia de predecesores inocuos como “la verdad es que” –o “bueno, la verdad es que”, en la versión más elaborada–. Quienes bombardean los medios con la urgencia de “abrir el debate” sobre la energía nuclear, la cadena perpetua o la separación de niños y niñas en las aulas, están enquistados en sus dogmas y no desean ninguna controversia que aleje la conclusión de sus prejuicios. Su posición de partida, que omiten arteramente, es la única resolución que aceptarán.
Los abridores del debate desean la sumisión de los argumentos ajenos a las cartas propias que ocultan. Verbigracia, todos los defensores de las centrales nucleares excepto uno poseen afinidades no siempre confesables con el sector. Un ingeniero nuclear se opondrá a la supresión de los hornos atómicos, del mismo modo que un nefrólogo será reacio a la desaparición de los riñones. Los proponentes de “abrir el debate” se distancian del partidismo desenfadado en su confesión –siempre implícita– de que “tengo intereses en lo que propongo, y me avergüenzo tanto de ellos que, antes de zarpar, quiero implicar a quienes están en contra, para eludir responsabilidades”. Ante la hipótesis de un accidente radiactivo, no sólo desaparecerían por ensalmo los entusiastas de “abrir el debate” nuclear, sino que negarían haber postulado jamás la fisión comercial del átomo.
Aznar no reabría debates, se limitaba a mentir –Irak, 11-M, identificación de cadáveres del Yak-42–. La tentación de “abrir debates” aqueja con mayor virulencia a progresistas deslumbrados por el esplendor neoliberal. Ante el vértigo del tránsito, persiguen la complicidad de quienes defienden la coherencia. Para los saltimbanquis de izquierdas, “abrir el debate” se traduce por “soy tan cobarde, que pretendo que paguéis el precio de mi traición”. Y así sucede, a través de costosas comisiones cuyo objetivo consiste en no solucionar el problema a debate.


Rita humilla a Camps

Tras publicarse que el ínclito Correa presume de haber participado también en la decoración de la alcaldesa de Valencia, la implicada ha alegado –muy en su línea dialéctica– que “Santa Rita, lo que se da no se quita”. Los presuntos bolsos de Louis Vuitton han permitido desentrañar otra frase de Rita Barberá, al hilo del agravamiento del estado judicial de Camps. Según la vigorosa edil, y en aplicación de los criterios esgrimidos contra el presidente valenciano, “la mitad de españoles se sentarían en el banquillo”. En aquel momento no precisó en cuál de las dos Españas se hallaba ella misma pero, si considera irrelevantes sus bolsos en comparación con los regalos destinados a Zapatero, ¿por qué no confesó que los había recibido, y de la misma generosa fuente que su correligionario?
También para este silencio tenemos respuesta. Rita Barberá no quiso humillar a Camps, a cuenta del diferente precio de los obsequios presuntamente recibidos por ambos. Los bolsos de Louis Vuitton –no necesariamente rellenos de anchoas del Cantábrico– empeoran la situación del PP al introducir un elemento de agravio comparativo, porque los trajes destinados al presidente valenciano no eran precisamente de Armani, por poner un equivalente en el vestuario al clásico de la marroquinería. Al crimen de la corrupción de Correa se le sumaría así la descortesía del clasismo, impropio de un país maduro y laico.
Rita Barberá se suma a Gorbachov y a la familia Coppola, en la galería de personajes históricos que han posado junto a productos de Louis Vuitton sin haberlos pagado forzosamente. En el apartado de las implacables tasaciones, un bolso de la alcaldesa equivale a dos trajes de Camps, un desfase presupuestario que demostraría la desigual afinidad emocional hacia ambos de Correa, el hombre que se deshacía en regalos sin esperar contrapartidas. No es el caso de ninguno de los tripulantes de este artículo pero, si hay algo peor que ser pillado en flagrante corrupción, es comprobar que te corrompiste por menos que otros.


Rita humilla a Camps
22 Julio 2009

Tras publicarse que el ínclito Correa presume de haber participado también en la decoración de la alcaldesa de Valencia, la implicada ha alegado –muy en su línea dialéctica– que “Santa Rita, lo que se da no se quita”. Los presuntos bolsos de Louis Vuitton han permitido desentrañar otra frase de Rita Barberá, al hilo del agravamiento del estado judicial de Camps. Según la vigorosa edil, y en aplicación de los criterios esgrimidos contra el presidente valenciano, “la mitad de españoles se sentarían en el banquillo”. En aquel momento no precisó en cuál de las dos Españas se hallaba ella misma pero, si considera irrelevantes sus bolsos en comparación con los regalos destinados a Zapatero, ¿por qué no confesó que los había recibido, y de la misma generosa fuente que su correligionario?
También para este silencio tenemos respuesta. Rita Barberá no quiso humillar a Camps, a cuenta del diferente precio de los obsequios presuntamente recibidos por ambos. Los bolsos de Louis Vuitton –no necesariamente rellenos de anchoas del Cantábrico– empeoran la situación del PP al introducir un elemento de agravio comparativo, porque los trajes destinados al presidente valenciano no eran precisamente de Armani, por poner un equivalente en el vestuario al clásico de la marroquinería. Al crimen de la corrupción de Correa se le sumaría así la descortesía del clasismo, impropio de un país maduro y laico.
Rita Barberá se suma a Gorbachov y a la familia Coppola, en la galería de personajes históricos que han posado junto a productos de Louis Vuitton sin haberlos pagado forzosamente. En el apartado de las implacables tasaciones, un bolso de la alcaldesa equivale a dos trajes de Camps, un desfase presupuestario que demostraría la desigual afinidad emocional hacia ambos de Correa, el hombre que se deshacía en regalos sin esperar contrapartidas. No es el caso de ninguno de los tripulantes de este artículo pero, si hay algo peor que ser pillado en flagrante corrupción, es comprobar que te corrompiste por menos que otros.


No fue la luna, fue la tele
21 Julio 2009

El periodista es el astronauta que se queda en la cápsula y no pisa el desierto lunar. Vicario o amilanado, trabaja con la fuga siempre a cuestas, pero no hemos venido a pecar de corporativismo. Al conmemorar el aniversario de los últimos viajes espaciales del ser humano a una superficie sólida, se olvida que la Luna era lo de menos, lo importante era verlo por televisión. Llamamos acontecimiento a un hecho que admite teorías de la conspiración. Las fabulaciones engrandecen la hazaña, aunque todas ellas sean falsas –si hacemos abstracción de que la legendaria frase “Un pequeño paso para un hombre” había sido ensayada antes del lanzamiento–. La pequeña pantalla democratizó la incredulidad, la colocó al alcance de todos los ciudadanos.
El hombre no llegó a la Luna, la Luna llegó a la televisión. Colón arrebata el mérito a sus predecesores porque fue el primer descubridor de América que llevaba un cronista y un espónsor mundial incorporados, los vikingos cometieron el error de viajar de incógnito. El alunizaje se hace alucinante cuando puedes verlo, aunque ocurra a un par de kilómetros de casa y pese a que una falsificación de la empresa hubiera empezado por elegir la cara oculta. Si me hubieran dicho que el Apolo XI se hallaba en un estudio improvisado de Nevada, mi asombro no hubiera cedido un milímetro. De ahí que Jesús Hermida se hiciera tan famoso como Neil Armstrong.
Si hay vida humana o inteligente en otros planetas, peor para ellos, nuestra vida vendrá marcada por la posibilidad de ver lo que sucede en otra parte, creando así una realidad propia de la que nos protegemos por medio de una pantalla. El alunizaje transporta a domicilio una aventura sin riesgo, nos convierte en astronautas de salón. No habrá más viajes tripulados a superficies desérticas, porque su falsificación sería más verídica que su presunta materialización. ¿Quién quiere viajar a Marte, si nadie va a creerle cuando regrese? Ya no nos fiamos ni de la televisión, que se ha hecho tan trivial como la Luna.


La espiral del ruido en Palma
17 Julio 2009

Durante años, los cientos de personas que me paraban por la calle deseaban saber por qué el barrio palmesano definido por las inmediaciones del Pueblo Español disfrutaba de una envidiable virginidad decibélica, incomprensible al cotejarla con las estruendosas zonas limítrofes. He memorizado la respuesta mil veces repetida, “porque allí viven los creadores del ruido en otras partes de la ciudad y de la isla. No querrás que sean tan estúpidos de arrojar la basura sonora en su territorio, o de permitir que florezca allí”. Moraleja, busque una vivienda donde viven los empresarios ruidosos, pero no donde trabajan.
Por desgracia, la situación ha cambiado. Pese a la vigilancia celosa de los vecinos del Pueblo Español sobre su entorno silencioso, se les ha colado un enclave productor de decibelios a gran escala. Ahórrense las ironías sobre el alguacil alguacilado, y disimulen sus ansias revanchistas sobre los palmesanos que -en porcentaje mínimo, porque el ruido es expansivo- desarrollan desde ahí su estrépito en otras geografías. La pregunta es, ¿dónde vive el causante de la sonorización del antiguo oasis? Por supuesto, en un enclave todavía más resguardado, sólo se me ocurre na Burguesa. Sin embargo, y en un ejemplo de justicia poética, también ese escarpado reducto ha sido violado, lo cual ha obligado al perpetrador de ruido en otras latitudes a efectuar denuncias para suprimir la jarana en los alrededores de su vivienda.
Recapitulemos. La matriz del ruido palmesano se halla en la franja costera y aledaños. El imparable fuego sonoro se ha propagado a la apacible segunda línea, atizado por una tercera línea que se las prometía muy felices en sus inexpugnables nidos de águila. Sin embargo, también ésta retaguardia se ha visto asediada por una cuarta línea de artillería decibélica, emplazada en la mismísima cumbre de la montaña. El laberinto del ruido palmesano se queda sin escapatoria. Excepto una. ¿Dónde vive la alcaldesa, responsable última del sarao permanente en que se ha convertido su ciudad?


Refinanciación emocional
16 Julio 2009

Con motivo de la visita de David Cantero al Club de este diario, se le reclamó que el hombre del tiempo de los telediarios cambiara su ubicación a la derecha de la pantalla, en cuanto que ocultaba la estampa radiante del archipiélago balear. En realidad, el meteorólogo nos protege porque, si despejara esa posición, advertiríamos que Balears ha sido borrada del mapa. Madrid nos envía signos inequívocos de nuestra erradicación, pero nos negamos a darnos por aludidos desde nuestra visceral indiferencia. Mediante la refinanciación autonómica, el país vecino emite el enésimo mensaje. Ha preferido entenderse con la diabólica Cataluña antes que con la Mallorca necesitada de euros emocionales. Si tu pareja te engaña con George Clooney, quiere demostrarte su preferencia. Si te engaña con George Bush, quiere demostrarte su desprecio.
Desengáñese, Mallorca es un dominio de ultramar. No sólo estaríamos dispuestos a pagar para convencer a Madrid de nuestra avidez de cariño, sino que hemos desembolsado una fortuna para lograrlo. Los observadores Antich y Manera coinciden en que la esmirriada refinanciación es lo máximo a que podemos aspirar con nuestro nulo peso específico, y sojuzgar a Cabrera no va a consolarnos de ese desdén. Los artificieros madrileños han agotado los recursos para minimizar nuestra participación en el apogeo español. Estamos hartos de escuchar que desearían querernos más, pero que la austeridad se lo impide. Esa excusa forma parte del discurso oficial de las personas que se disponen a abandonar a su pareja por George Clooney.
La resignación no es nuestro fuerte. Dado que Madrid nos quiere por nuestro dinero, y sólo nos cede la mitad de los impuestos, trabajaremos en idéntico porcentaje. A ver si puede pasarse sin nosotros aunque, bien mirado, tan desafiante reflexión peca de esterilidad y es común a los seres humanos cuya pareja les ha abandonado por George Clooney. No importa. Qué más pueden hacernos, salvo ensombrecer Balears cuando se retransmitan partidos del Real Madrid.


Sanfermines en su sangre
14 Julio 2009

Una cuota nada desdeñable de la actualidad se invierte en llorar la pérdida de un brazo por parte de quienes se zambulleron a sabiendas en aguas infestadas de tiburones. Cuando un adulto decide jugarse la vida a las múltiples variantes de la ruleta rusa, su fallecimiento debiera ser menos notable y noticiable que su supervivencia. Impuso su santa voluntad en un mundo de cobardes. Los famosos Premios Darwin se han concebido para honrar a los humanos que se saltaron las reglas timoratas del genoma, y que enriquecieron a su especie al abandonarla nel mezzo del cammin. No deseo que nadie muera en los sanfermines, pero respeto la libertad de los corredores y espectadores que evidentemente suspiran por ese desenlace, salvo que se pretenda la inocuidad de azuzar hasta la locura a una bestia de 600 kilos con la cornamenta correspondiente.
Los hipócritas que abominan hoy de unos sanfermines en su sangre se oponen a la esencia de los testiculares encierros. Cuando un conductor pone su coche a trescientos kilómetros por hora, la sociedad debe preocuparse únicamente de que salgan indemnes los viandantes, porque el piloto ya ha manifestado con el acelerador el nulo apego a su existencia. Por eso mismo, la noticia de la entrañable fiesta pamplonica es que la inmensa mayoría de los participantes abandonan la carrera ilesos, con la consiguiente decepción de los espectadores.
Escribir sobre los sanfermines ensangrentados tiene algo de intromisión en un debate intrataurino o intrauterino, pues sólo los entusiastas deben graduar el volumen de sangre que requiere su afición. Si se insiste en que toro y torero compiten en igualdad de condiciones, de dónde viene la sorpresa cuando vence el animal equivocado. Hasta los valientes de profesión quieren lo mejor de ambos mundos, degustar el afrodisiaco del roce con la muerte sin mancharse. Su demostración de que el ser humano pierde mucho sin sus ingenios de matarife nos parece redundante. Queda el asombro hacia las personas que mueren sin miedo, el derecho inalienable al suicidio.


Fiol contra Rodríguez
10 Julio 2009

Hay política más allá de UM. Con los fósiles Matas y Estarás instalados en el extranjero y en la opulencia, el PP se ve abocado a una regeneración radical, esa oportunidad única que elude a la mayoría de personas y de instituciones por dilatada que sea su existencia. De hecho, la renovación nos pilla tan desprevenidos, que acostumbramos a desaprovecharla por no haberla apreciado en toda su dimensión. También los populares sirven como ejemplo de esa inconsciencia. En la primera escaramuza de su nueva era, un partido que alberga cualquier duda entre Fiol y Rodríguez como candidatos a Palma –el aspirante a Cort será Delgado, o escisión al canto–, tiene un grave problema. A la derecha le saldría más barato enviar a Rodríguez a Miami, en las mismas condiciones pecuniarias que el ex president.
Fiol tampoco encarna la renovación, y sólo puede pasar por juvenil frente a Rodríguez, prehistórico de nacimiento. Aunque el primero asocia al segundo con los tiempos pretéritos, comparten el mismo pasado y el mismo Govern. El duelo prometedor para el PP debería enfrentar al veterano biconseller Fiol –piensen en Hillary Clinton– contra una Obama a estrenar. ¿Entre las militantes palmesanas del PP no hay treintañeras con dos idiomas, formación en el extranjero y un leve recuerdo de Aznar? A continuación, la vencedora absorbería al derrotado y le garantizaría un cargo de ringorrango en su administración.
Hagamos una apuesta. Ningún conseller de Matas gobernará Balears, Mallorca ni Palma, porque la corrupción deja secuelas. Fiol puede ser el Rubalcaba de la Zapatero que su partido busca desesperadamente, pero no se coronará en Cort ni en el Consolat. Con todo, el emparejamiento palmesano podría empeorar, imaginen un Rodríguez contra Cirer. Por no hablar del morbo de contemplar cómo se desenvuelve el atildado Fiol en los barrios sin corbata. El anacronismo reside en la pervivencia de Rodríguez en cualquier quiniela. Equivale a que el PP nacional recurriera hoy a Fraga para liderar el partido. Y quién sabe.


Observatorio del Govern
9 Julio 2009

El pasado sábado participé en una conversación de dos horas sobre política mallorquina actual. Nadie mencionó a Antich, nadie me ha llamado después para asombrarse de la omisión. Se trata del president de Balears, conviene precisarlo por si usted ha leído el periódico durante estos dos años pero no acierta a situarlo. Seguramente por no ofender, ha transformado el Govern en una institución consultiva, pletórica de unidades de vigilancia, observatorios, comisiones de seguimiento, centros de interpretación y demás sanguijuelas burocráticas, blindadas en la estratagema de abordar los problemas acuciantes con aire acondicionado. Sólo Aina Calvo le supera en la pasión por las entidades parasitarias.
El anterior president se asiló en Miami, el actual se ha refugiado en el ensimismamiento, una concienzuda evasión de la realidad. No sentimos nostalgia de los tiempos en que Matas se atribuía los aumentos de la productividad en La Rioja, pero contemplamos boquiabiertos a Carles Manera efectuando sucesivos análisis de la crisis sin atreverse a interferirla. Si el historiador se cree que lo han contratado como cronista del Govern, tal vez habría que hacer hueco a un verdadero conseller de Economía, que dirija la política de los dineros sin limitarse a comentarla.
El Govern da su opinión, y se vuelve a dormir. Menos ejecutivo que contemplativo, se ha contagiado de la plaga de asesores que tiene contratados, tan tóxicos como el virus H1N1 y proporcionalmente más caros para las arcas públicas que Rafael Nadal. En lugar de exterminarlos, ha facilitado su multiplicación en decenas de comisiones estériles, con Antich –ya nos habíamos olvidado de él, y eso que el artículo le está dedicado– de presidente de honor de esa deliberación permanente. Es difícil que los actuales gobernantes empeoren la situación heredada de sus predecesores pero, tras perder las elecciones de 2011, el sucesor podría encontrarse con la sorpresa de que Antich desapareció hace meses del Consolat. Unos 48, para ser más exactos.


El traje del juez a Camps
6 Julio 2009

Un juez a solas, atendiendo a la ley y desoyendo el fervor de la mayoría de sus vecinos, confronta a Camps con su responsabilidad penal, ya que se ha negado a admitir ninguna otra. El magistrado le hace un traje al presidente de la comunidad valenciana. A medida, porque el político del PP no sólo viste mejor que Cristiano Ronaldo, sino que es un cliente sobrado de exigencias. No se limitaba a recibir ropa y zapatos “de piel de potro”, sino que “encargó” las prendas que le facilitaba una trama más que presuntamente delictiva. El sastre judicial se ha esmerado, porque el imputado retornaba sin contemplaciones la ropa que “no le venía bien”. Estamos ante el primer supuesto soborno que fue devuelto para efectuarle unos retoques.
Camps declaró que tenía “unas ganas locas” de personarse ante el juez, el auto le habrá devuelto a una cordura desganada. Su defensa se ha asentado sobre pilares contradictorios. El ala más dicharachera del PP –la que considera que el tesorero del partido no se ha enriquecido lo bastante– desprecia por “ridículo”, en prosa del juez, el montante en juego. En el auto se descalifica esta perspectiva como “una degradación de los principios que deben regir la actuación de cargos públicos”. Sin embargo, el presidente valenciano empeoró su situación al señalar que había pagado en efectivo, acción de la que no hay rastro en la instrucción y que supondría una mentira innecesaria de mayor calado político que el obsequio.
Rajoy se ha librado de un rival con piel de cordero –o de potro–, aunque la ambición de Camps queda ensombrecida por la ingenuidad de pensar que sus obsequiosos amigos no iban a anotar escrupulosamente los presentes que le entregaban. El autohomenaje mensual de Rajoy en Valencia no ha torcido la firmeza de un juez en solitario. Entre la intimidad con una trama poco recomendable y el pago injustificado, Camps deberá elegir con tiento su atuendo en el juicio. Ha llegado el momento del traje de luces.


La teocracia española
3 Julio 2009

España es un país laico, porque únicamente los futbolistas desfilan bajo palio. Hemos contemplado a Obama disputando la legalidad de las elecciones iraníes, cuando su predecesor fue presidente ocho años por gentileza del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Nos hemos mofado de la teocracia de Teherán, con permiso de los ayatolás Florentino y Laporta, los guías supremos que ejercen un poder incontestable en Al-Andalus. Ni siquiera la Agencia Tributaria prevalecerá ante ellos. Es más fácil encontrar una crítica de Ahmadineyad a Khamenei que una censura de un dirigente político español a la aberrante doctrina de fichajes de Madrid y Barça. El imán Kaká se presenta en directo en el telediario, que se paraliza para escuchar su discurso twitter de 160 caracteres, en un idioma indefinido. “Mucho contenta”, qué densidad dialéctica.
Por si necesita una última verificación de que en España impera un integrismo religioso, Cristiano Ronaldo ha vendido más camisetas que el Che. Los bienaventurados progresistas combaten con denuedo la exhibición de símbolos de las religiones antiguas, para proteger a los ciudadanos del pernicioso fanatismo. Qué pasaría si se prohibiera a los niños que vistieran camisetas de clubes de fútbol, porque los deportistas de élite son héroes menos recomendables que Michael Jackson. Se apelaría de inmediato a la libertad inviolable de los tiernos usuarios de parafernalia balompédica. En efecto, son los mismos argumentos que esgrimen los integristas para justificar el chador.
Si vas por la calle sin un emblema deportivo visible, siembras sospechas a tu paso. ¿No serás uno de esos politeístas que en su declaración se niegan a marcar la cruz en la casilla y en la cajilla de ahorros, un gesto imprescindible para que tu dinero se despilfarre en sufragar los caprichos de un club de fútbol? La teocracia transcurre sin disidencia porque, astutamente, la intelectualidad insiste en que no está sojuzgada por los ayatolás, sino que cree de buena fe en ellos. Han disfrazado el miedo de libertad, otra constante fundamentalista.


Porcel, masculino singular
1 Julio 2009

Hace exactamente veinte años, Cela recibía el Nobel en Estocolmo. Knut Anhlund era el académico y traductor del residente mallorquín que impuso su criterio a sus colegas, pero sólo después de que enfermara gravemente el Sven Lundkvist que había vetado al español, como antes a Borges o Yourcenar.  Izquierdas y derechas, la vida misma. Entrevisté a Anhlund durante los fastos de la entrega. Le pregunté qué escritores españoles figuraban en las quinielas futuras. Me dio los nombres de Eduardo Mendoza y Baltasar Porcel, seguidos por la enumeración de una parte considerable de su bibliografía. No hablaba a humo de pajas, aunque abandonó la academia en cuanto el palmarés del premio se inundó de extremistas como Darío Fo o Jelinek.
Le conté a Baltasar Porcel la conversación con Anhlund que le afectaba. Ni parpadeó. Es la misma reacción que hubiera esperado en Cela, y los extraños circuitos que activa la muerte me impulsan a emparentarlos por encima de la escritura. Ambos descubrieron muy pronto el elevado porcentaje de cobardía que anidaba en sus semejantes –especialmente entre los denominados artistas–, y orientaron ese liderazgo hacia productos tan fructíferos como Papeles o Destino. Querían vivir de sus creaciones, y lo consiguieron sobradamente.
Hablando sólo de Porcel, aunque podríamos seguir en Cela, interpone el último dique contra la escandalosa feminización de la literatura. Fue temido porque no albergaba respetos, sólo podía experimentar temor si impostaba ese sentimiento. Su invitado Jean Daniel lo describió mejor que yo. “Porcel es un extraño personaje, campesino, artista pequeñoburgués, ambicioso, literario”. Masculino singular o senglar, se aproximó a la literatura como un boxeador quirúrgico. Ni la sangre ni los golpes eran una cuestión personal. Llamaba a Pérez-Reverte autor de tebeos, y encajaba la ejecución subsiguiente. Vivió un paso más allá del fatalismo, esa marca de los nativos de Andratx que ni los seminativos abarcamos sin un estremecimiento.