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Ramon Aguiló, todavía
30 Noviembre 2009

La política es una actividad corrupta. Aceptarlo nos saldría más barato que interceptar cada escándalo con la letanía de que “la mayoría de políticos somos honrados”, el latiguillo favorito de los futuros ladrones. Quienes entonan con fingimiento la inocencia del poder, acusan a continuación a Ramon Aguiló de intransigencia, por resistirse radicalmente a cualquier desviación. ¿En qué quedamos? Si una entrevista en este periódico al alcalde de Palma –ni sus enemigos le anteponen el ex– ocasiona más controversia que las declaraciones de cualquier gobernante en activo, no todo está perdido. Puede deberse a que hoy le fastidia incluso que le recuerden sus doce años en Cort, o a que ejerce la autocrítica al extremo de los adolescentes que se queman porciones de su cuerpo.
La política es una actividad corrupta, el problema surge cuando la corrupción es una actividad política, ese momento en que los altos cargos son más podridos que la función que desempeñan. Cuando el saqueo se convierte en dedicación exclusiva y competitiva entre diversos departamentos, nos hallamos en la Mallorca de la pasada legislatura. Aguiló denuncia a la izquierda a la que pertenece –intenta ser de derechas, pero le sale muy mal– de gobernar con la herencia de esa degeneración, y el tiempo viene a darle razón. Sin embargo, se trata de compararlo aquí con el círculo intelectual que rodea a Antich, y de explicarse por qué permanece en el desván.
Aguiló es el único triunfador que ha tenido el PSOE en Balears. Dejó Cort hace dos décadas, y tal vez la política acabó entonces, porque un lector de periódicos prefiere una entrevista de tres páginas con el alcalde a someterse a un sermón de Antich o Armengol –omitimos a Bauzá, nadie sabe quién es–. La mejor respuesta del zaherido Grosske sería su gestión cotidiana en el Ayuntamiento pero, una vez conquistada la posición de Aguiló con notable esfuerzo y sin prácticamente votos, nada apunta a que su legado posea la misma densidad. Lo sabremos de aquí a veinte años.


Por un internet sin burkas
27 Noviembre 2009

El único premio que anhelo es el Cro Magnon, otorgado anualmente por el Lobby de Dones. A cada mujer que me despacha le pido un favor póstumo, “ve y cuenta lo que has visto al jurado que otorga el galardón”, pero ni por ésas. Encima, ahora estoy obligado a aplaudir al citado colectivo feminista por haber denunciado el uso del burka en Mallorca, un encomio que me aleja de mi preciado trofeo. Tengo alergia a las ONGs, que son carísimos partidos políticos con burka, pero agradezco la valentía de mujeres que reconocen al enemigo de la libertad, sin necesidad de compartir las tesis radicales de Oriana Fallaci o de Ayaan Hirsi Ali.
En un mundo con burka, nuestros ojos morirían de sed. El feminismo ha sido cuando menos complaciente con las formas de esclavitud con aval islamista, una condescendencia que sorprende incluso a quienes aceptamos que el Islam es la única religión verdadera, y de ahí su peligro. Hay mujeres que arriesgan su vida para no someter su vestuario al dictado de varones que no llevan burka. El peligro de muerte rechaza la pretensión de que las prendas oscurecedoras encarnan una opción libre. Para seres más sosegados que nosotros, Lévi-Strauss negaba la existencia de culturas superiores, pero en lo tocante a veladuras se limitaba a alegar “una cuestión de cortesía”.
A propósito, sólo internet puede competir con el Islam en el departamento de religiones comparadas. Sin embargo, la mayoría de participantes en la red se embozan en el burka del anonimato. Aprovechan la tecnología suprema para liquidar el único logro vigente de la Revolución Francesa, vivir a cara descubierta. Los campeones del high tech nos devuelven al medievalismo. No hablaré de un refugio de cobardes porque no tienen miedo, exactamente. Desconfían de sus propias ideas, cuando el solo hecho de estampar su firma las mejoraría. Animado por la valentía del Lobby de Dones, reclamo una red sin burkas. La vida es un instante de identidad en una eternidad anónima. Dado que la compartimos, vamos a vernos las caras.


El problema es la pareja
25 Noviembre 2009

La violencia no está desaconsejada evolutivamente –sólo el automovilista puede saltarse un paso de cebra sin riesgo físico, el peatón no tiene garantizada la supervivencia ni respetándolo–. El universo y sus subproductos, incluidos los humanos, comparten más rasgos con una erupción volcánica que con un asentamiento armónico, una evidencia que incomoda sobremanera a los progresistas ávidos por reescribir el big bang. El control de la vehemencia cósmica es un triunfo de la civilización, tan desacreditada por la izquierda palestina. Pasear por las calles de una aglomeración urbana de cientos de miles de habitantes, con un riesgo mínimo de fricción o colisión, ha costado millones de horas de acondicionamiento educativo en pos de la amabilidad espontánea o la indiferencia cortés. Hasta que desembocamos en la pareja.
La tasa de violencia contra la mujer en el ámbito íntimo no encuentra correlato en relaciones hostiles desde su raíz. Un despido laboral debiera ser tan duro como el anuncio de que la pareja disuelve el vínculo, pero no cursa con el mismo índice de agresividad, pese a que la ruptura se produce entre quienes nunca se juraron amor eterno ni pronunciaron el categórico “haz de mí lo que quieras”. La clave tampoco reside en el género, porque el maltrato a domicilio supera al infligido a trabajadoras, o al sufrido por las mujeres cada vez más numerosas que ocupan escalones jerárquicos.
El ser humano se enfrenta con mayor responsabilidad a su vida social que a su esfera personal. La naturalidad se ejerce contra el más débil. Corresponde aquí enumerar los factores coadyuvantes, como el alcohol intocable. Sin embargo, está prohibido señalar que, dado que se habla de maltratos en la pareja cuya incidencia supera a la existente en otras relaciones, algo no funciona correctamente en el esquema de la intimidad. La inamovible pareja adulta es un axioma, hay que salvaguardar la ficción romántica por encima de la violencia que genere. Si el amor fuera tabaco, se expendería con un rótulo de “peligro de muerte”.


Comprar Mallorca a alemanes
23 Noviembre 2009

Crece la probabilidad de que, si usted compra una propiedad en la isla, el vendedor sea extranjero o alemán. La engorrosa partitura “Los alemanes compran Mallorca” será sustituida por una melodía todavía más humillante, “Los alemanes venden Mallorca”, donde el desprendimiento alimenta la sospecha de que su colonia de ultramar no satisface ni su discutible gusto germánico. La frustración obedece a que no han conseguido vaciar completamente el territorio de mallorquines, y siempre acabas por odiar lo que no puedes penetrar.
La enajenación inmobiliaria de Mallorca se caracterizó porque ni los compradores ni los vendedores necesitaban la transacción. Ambas partes actuaron con pleno desconocimiento del producto que intercambiaban. El notable énfasis de los alemanes escondía su alergia a desacatar su disciplinado expansionismo. Entre los mallorquines, los apellidos rutilantes se apresuraron a desembarazarse de sus posesiones, porque el mantenimiento del rango aristocrático exigía venderse a un alemán, sexualmente si fuera menester aunque siempre cobrando. En el cambalache participaban más vampiros –perdón, intermediarios– que en el secuestro de un pesquero, por mencionar una actividad del mismo ámbito. Estos mentirosos profesionales son los culpables de la inevitable decepción posterior de los adquirentes.
Los alemanes se han aburrido de cortar el césped a diario y han concluido que Mallorca no era para tanto, un desenlace que les podríamos haber adelantado sin tanto papeleo quienes elegimos la isla para nacer en ella. En realidad, este territorio intempestivo posee las cualidades que deploran sus compradores, que sólo buscaban un puñado de distracción. Mallorca se equivocó de target, con el agravante de que la venta fragmentada del paraíso ha exigido su destrucción previa, y ha quedado inservible para su uso natural o artificial. Ahora que se desprenden de sus propiedades, admitamos que tener dueños germanos ha sido más llevadero que aguantar a los caciques autóctonos.


La cuña verde de cemento
19 Noviembre 2009

La doctrina del zapato en el otro pie aconseja contemplar un suceso cambiando la orientación política de sus protagonistas, para cerciorarnos de que nuestra reacción ante el mismo no está viciada. Por ejemplo, ¿qué hubiéramos escrito si Fageda –obviamos a la inexistente Catalina Cirer– propusiera un edificio de tres plantas y con el equivalente construido a 200 viviendas, en el espacio anunciado como la cuña verde de Palma? Pues bien, la alcaldesa ciclista y socialista anuncia ese muro de cemento en el Lluís Sitjar, bajo el barniz progresista de un recinto ferial.
A falta de averiguar qué parte de “cuña verde” no entiende Aina Calvo, la urbanización del Lluís Sitjar se inscribe en el robo a los ciudadanos de los exiguos espacios abiertos que ofrece la ciudad. Ahí está la conversión del Paseo Marítimo en un gigantesco parking náutico –merced al primer Pacto de Progreso– y su aniquilación con bares en primera línea de costa –segundo Pacto–. Cort y el Govern son ahora mismo los mayores depredadores del territorio mallorquín, al sumar Son Espases, el Palacio de Congresos de Terror y el fantasmagórico hotel colindante. Pese ello, las instituciones no ahorran cinismo al proclamar que su recinto ferial machacará Palma “sin consumo de más territorio”, cuando consume el impagable espacio interior. Por lo visto, se trata de circular en bicicleta por una inmensidad hormigonada.
La Junta Militar de Constructores proclamará a Aina Calvo como su santa patrona laica. Dado que los carriles-bici no son sólo compatibles con la subvención de su partido a la compra de coches, sino que se levantan sobre asfalto, cabría preguntarse si la alcaldesa piensa dejar alguna huella verde de su gestión, tras el zarpazo a la cuña literalmente utópica, porque se va a quedar sin lugar concreto. Con el zapato cambiado de pie, Cort recurre a los trucos innobles de las inmobiliarias, bajo el señuelo de que una parte del estadio no se construirá, o de que se plantarán unos pintorescos arbolitos. Sin olvidar la “ruralización” del entorno contaminado, como en Son Espases.


Los piratas del Gobierno

Desde Hobbes, el Estado protege a sus súbditos de la piratería por el expeditivo procedimiento de incorporar a los piratas al Gobierno. Esta lección de derecho político autoriza a utilizar indistintamente las expresiones los piratas del Gobierno y el Gobierno de los piratas. También explica la atmósfera de solidaridad que ha transmitido la negociación –entre iguales– de España con una banda de bucaneros somalíes a costa del Alakrana, el pesquero que incumplió todas las normas sobre la actividad en aquellos caladeros. Su audacia ha pasado una factura de numerosos millones de euros, a pagar a escote por sus compatriotas.
Pese a esta confraternización entre los filibusteros y las autoridades españolas –jueces y ministros exigían la liberación de dos secuestradores pillados in fraganti–, conviene recordar que los pescadores del Alakrana han sido liberados por los piratas y no por el Gobierno, aunque las declaraciones de Zapatero, Chacón y Fernández de la Vega insinúen lo contrario. En cuanto al ganador del partido amistoso, los bandidos –nos referimos a los somalíes– secuestran, negocian, amenazan, imponen, hacen declaraciones, cobran al contado y huyen pese a estar vigilados por un operativo militar especial. La Moncloa siempre podrá alegar que, a falta de encarcelarlos, se los ha comprado, son los piratas del Gobierno. Utilizada a gran escala, esta táctica indemnizatoria acabaría definitivamente con el crimen desorganizado.
Ayer no se celebró el fin de un secuestro, sino el comienzo de otro, financiado generosamente por los mismos contribuyentes que serán víctimas de la nueva acción de los piratas. Todo ello con más intermediarios que en el fichaje de un futbolista, si no se trata de las mismas personas. En Celda 211 se describen minuciosamente los efectos perversos de negociar con secuestradores para apaciguar a la opinión pública, y la forma en que el Gobierno degenera hacia la piratería. Y de paso ven ustedes una película estupenda.


Los piratas del Gobierno

Desde Hobbes, el Estado protege a sus súbditos de la piratería por el expeditivo procedimiento de incorporar a los piratas al Gobierno. Esta lección de derecho político autoriza a utilizar indistintamente las expresiones los piratas del Gobierno y el Gobierno de los piratas. También explica la atmósfera de solidaridad que ha transmitido la negociación –entre iguales– de España con una banda de bucaneros somalíes a costa del Alakrana, el pesquero que incumplió todas las normas sobre la actividad en aquellos caladeros. Su audacia ha pasado una factura de numerosos millones de euros, a pagar a escote por sus compatriotas.
Pese a esta confraternización entre los filibusteros y las autoridades españolas –jueces y ministros exigían la liberación de dos secuestradores pillados in fraganti–, conviene recordar que los pescadores del Alakrana han sido liberados por los piratas y no por el Gobierno, aunque las declaraciones de Zapatero, Chacón y Fernández de la Vega insinúen lo contrario. En cuanto al ganador del partido amistoso, los bandidos –nos referimos a los somalíes– secuestran, negocian, amenazan, imponen, hacen declaraciones, cobran al contado y huyen pese a estar vigilados por un operativo militar especial. La Moncloa siempre podrá alegar que, a falta de encarcelarlos, se los ha comprado, son los piratas del Gobierno. Utilizada a gran escala, esta táctica indemnizatoria acabaría definitivamente con el crimen desorganizado.
Ayer no se celebró el fin de un secuestro, sino el comienzo de otro, financiado generosamente por los mismos contribuyentes que serán víctimas de la nueva acción de los piratas. Todo ello con más intermediarios que en el fichaje de un futbolista, si no se trata de las mismas personas. En Celda 211 se describen minuciosamente los efectos perversos de negociar con secuestradores para apaciguar a la opinión pública, y la forma en que el Gobierno degenera hacia la piratería. Y de paso ven ustedes una película estupenda.


La objeción gripal
17 Noviembre 2009

En los mostradores de la compañía aérea, la gentil empleada indaga:
–¿Alguna preferencia de asiento?
–Póngame delante de alguien que tosa.
Y siempre lo consiguen. La exhibición de la tos contagiosa era hasta la fecha el único síntoma de rebelión ciudadana contra la gripe A, pero el amotinamiento ha subido de tono frente a la vacunación. Un Estado ha de preocuparse cuando sus ciudadanos se fían más de un virus que de las instrucciones públicas encaminadas a combatirlo. Para convencer a la parroquia de la inocuidad, habrá que vacunar a ministros, reyes y a la entera selección de fútbol. Las autoridades sanitarias generan más miedo que el H1N1, que ha ganado la moción de confianza cuando se le declara intrascendente por comparación con los edictos gubernamentales.
Los contribuyentes han decidido, sin necesidad de sustento estadístico, que si la palabra pandemia es excesiva para la gripe A, resulta atenuada para definir a políticos a quienes no comprarían ni un crecepelo. El desafío a las autoridades sanitarias es tan significativo como el rechazo colectivo a los mandatos de la conferencia episcopal, en sus momentos de esplendor. Resulta por supuesto accidental que se aireen las víctimas mortales coincidiendo con la campaña de vacunación, después de semanas en las que  no se anunciaban las bajas del H1N1.
Ya no nos une ni el miedo. La objeción gripal es más valerosa que la fiscal, el ciudadano prefiere ser condenado por desconfiado antes que obedecer a un Gobierno que no desvela las cláusulas de sus contratos con las farmacéuticas, exoneradas en Francia de toda responsabilidad por los efectos secundarios de las vacunas. Ya hubo una gripe A en los setenta, y se interrumpió la vacunación porque causaba más víctimas que el mal. La ciudadanía recela antes de los Gobiernos que de los virus, porque ha aprendido a distinguir las enfermedades de la plagas. Vacúnese si lo cree oportuno pero, ante todo, tosa con discreción.


El Govern no recorta a Nadal
12 Noviembre 2009

La Academia llama funcionario a la “persona que desempeña un empleo público”. Rafael Nadal encaja a la perfección en ese epígrafe, dado que percibe a título personal dos millones de euros anuales del Govern –más un tercer millón en gastos–, a cambio de un trabajo agotador recogido en el mediocre vídeo publicitario donde su reloj aparece más generosamente que Balears, reducida a un escenario anodino. La mejor promoción turística de la comunidad sería eliminar cualquier referencia a la misma en ese anuncio.
Una vez concretado que Rafael Nadal es el primer funcionario de Balears, aunque cobre el equivalente a 200 empleados públicos de la comunidad, a alguien le sorprenderá que no le afecten las estrecheces presupuestarias que han llevado a un Govern lloroso a incumplir sus compromisos salariales. Casualmente, con la cifra que cuesta el tenista al año se saldarían íntegramente los suplementos acordados con los profesores –1.8 millones– y demás funcionarios no sanitarios –1.2 millones–. Por supuesto, no se nos ocurriría comparar el rol esencial del deportista con la irrelevancia de un educador y no digamos de un médico, dado que la mayoría de estos profesionales carecen de un revés digno de tal nombre.
Nadal no es sólo el funcionario mejor pagado de Balears, sino el ciudadano de la comunidad que ingresa más dinero. Su posición en la cima de los magnates locales concede mayor emoción al gesto de los parados, que contribuyen sin rechistar a que permanezca intacto el contrato autonómico del tenista. Dado que el Govern sólo va a respetar sin recortes los derechos de uno de sus funcionarios, que recorte por lo menos el lamentable vídeo de aprendiz. De paso, Antich podría explicar qué sucede cuando se contrata a un deportista para la promoción turística y desciende el número de turistas, como ha ocurrido este año sin que se rebaje proporcionalmente la cuota. En fin, si conocen ustedes alguna comunidad, incluso de izquierdas, que abone una cantidad similar a una estrella local para que diga dónde nació, me comeré este papel.


El joven Luis María Pomar

Conocí a Luis María Pomar cuando él ya era un joven impetuoso. Ha muerto nonagenario y con la curiosidad intacta. Encarna al burgués ilustrado –especie a perseguir en Mallorca– y al auténtico liberal, un término prostituido por quienes lo usurpan para militar en el conservadurismo más rancio. Entre los numerosos motivos para traerlo a este rincón, Pomar ha sido a menudo la energía tras estas columnas, y sólo en lo que hayan tenido de apreciable. Ahora que la isla ajusta cuentas con sus personajes caducados, él no tuvo que cambiar de opinión a toda prisa sobre Jaume Matas y las fechorías de su Govern, a diferencia del selecto círculo social que le escuchaba atentamente para no hacerle caso y tildarlo de rojo.
He utilizado “fechorías” porque era una de sus palabras fetiche. Luis María Pomar amaba irremediablemente la escritura –tan pautada que en el guión de sus conferencias incluía las pausas para beber agua–, pero su revelación y su rebelión fueron los comentarios radiofónicos en el programa de Marisol Ramírez. Allí denunció la delirante bacanal del penúltimo Govern con un lenguaje de arenga desolada, y de general vencido pero nunca en retirada. Todos recordamos dónde nos encontrábamos el 14-M. Ese día compartí una tertulia con él, preguntándome en qué momento se había convertido en el más atrevido de nosotros.
Luis María Pomar encabezó la nómina de la resistencia, un comando de ciudadanos seniors –pienso en Miquel Barceló, padre del pintor de idéntico nombre– que se negaron a doblegarse durante el despotismo ahora descuartizado en los tribunales. Llamaban a la redacción, jaleaban, demandaban un esfuerzo superior, se significaban impávidos. Mientras tanto, socialistas y pesemeros con carnet babeaban ante la hegemonía del PP que ellos mismos habían fabricado. No pude seguir a Luis María Pomar en su cruzada antitaurina, tal vez por alergia a la izquierda profesional. Siempre le agradeceré su constancia en propugnar que la razón acaba por imponerse, la ilusión más bella que puede perseguirse hoy.


La reforma Alcorcón
10 Noviembre 2009

En la teocracia futbolística española, más asfixiante que la iraní, se considera una conquista que los ayatolás extranjeros paguen los mismos impuestos que los ciudadanos seglares. Esta obviedad no es pacífica, y los clérigos de la Liga han amenazado con la condenación eterna a quienes se atreven a reclamar los euros obtenidos en el ejercicio de una actividad sagrada. La medida sanitaria –que no legislativa– pasará a la historia como la reforma Alcorcón, en honor del equipo que desenmascaró a unas estrellas más impostadas que importadas. El cuatro a cero puso en duda la religión verdadera, los modestos vencedores corrían como luteranos.
La Contrarreforma vaticina el hundimiento de la Liga si se grava a los ayatolás, sublime ironía cuando el máximo beneficiario de la inmunidad fiscal –de nombre Cristiano, para subrayar la dimensión religiosa de su labor– se halla permanentemente lesionado. A falta de averiguar para qué te sirve Ronaldo, si has de alinear forzosamente a Raúl. En contra de los plañideros, no será más difícil fichar a jugadores extranjeros. Al contrario, se abaratará el kilo de músculo, porque ni Abramóvich dispone de fondos para seguir contratando a esos precios. En cuanto a la revuelta de los prelados de los clubes, Zapatero sólo tiene que comunicarles la ejecución de las deudas millonarias que mantienen todos ellos con Hacienda. Es decir, con el conjunto de los contribuyentes.
Avergonzados de su profanación del templo futbolístico, los socialistas destacan que el PP rebajó las cargas de los goleadores extranjeros. En efecto, la derecha redujo la contribución al 25 por ciento, pero el PSOE la aligeró hasta el 24, ávido por congraciarse con los ayatolás. Para respetar las creencias de los fieles, se puede incluir en la declaración de la renta una casilla Ronaldo. Los contribuyentes que la marquen con una cruz, acceden a pagar un porcentaje adicional de sus ingresos, para sufragar los taconazos de Ibrahimovic y demás clérigos de su religión. El fútbol puede parar el país, el país no puede parar al fútbol.


El CIS apunta a Chacón
5 Noviembre 2009

Si los políticos gobiernan a golpe de encuestas, el sondeo otoñal del CIS facilita el análisis del PSOE. El oráculo estadístico les propone que agoten la legislatura con Zapatero, pero que lancen como candidata para 2012 a Carme Chacón, la política mejor valorada de España. Conquistó el ministerio de Defensa siendo mujer, embarazada y catalana –por poner sus pecados en orden creciente de gravedad–. La economía estrangula la cotización del actual presidente, cuyo desplome ha recortado a la mitad la ventaja en valoración personal sobre Rajoy. Sin embargo, el presidente popular “indeciso y lento”, por repetir las palabras que acaba de dedicarle The Economist, sigue peor valorado que todo el Gobierno excepto Liviana Aído, y a más de un punto de Chacón.
Rubalcaba es el único político español mejor valorado que la titular de Defensa, pero su edad conlleva fecha de caducidad en un país que desea líderes jóvenes porque arden con más brío en la hoguera. Chacón ya sería vicepresidenta de no mediar la huida de las tropas españolas de Kosovo. Los imponderables de la cartera de la Guerra –una acción de piratería sangrienta, cinco soldados ingleses muertos ayer en Afganistán– amenazan su consagración, pero Zapatero afronta retos más insalvables en el campo de batalla de la economía. En todo caso, habría que salvaguardar a la heredera de embates y combates estériles.
El CIS dictamina que Zapatero se ha desgastado al asumir personalmente todas las carteras –hay nueve ministros desconocidos para más de la mitad de los españoles–. En cambio, las perspectivas del PSOE permanecen intactas. La mayoría del electorado se proclama de centroizquierda, y uno de cada cuatro españoles jura que nunca votará al PP, en tanto que sólo uno de cada diez exterioriza esa hostilidad hacia los socialistas. Es dudoso que el presidente del Gobierno tenga la grandeza de testar en Chacón, o que Rajoy nos descargue de su esterilidad en Gallardón. Lo cual nos condena a la tercera edición de los debates preelectorales Zapatero-Rajoy. Apasionante.


Los tacones de Rajoy

Sin querer, Esperanza Aguirre ha divulgado los extraños protocolos que gobiernan al PP. La Sarah Palin española ha confesado que “con zapato plano no hago declaraciones”, a  traducir por “Rajoy no tiene tacones de destituirme”. En una primera aproximación anatómica, queda claro que la elevación propiciada por los tacones acerca sus pies a su cerebro, reforzando con esta aproximación el funcionamiento acompasado de los dos órganos claves del pensamiento y de la ideología de la primera dama de la derecha. Desde el punto de vista armamentístico, sólo unos stilettos le conceden un instrumento lo suficientemente afilado para aguijonear el maltrecho liderazgo de Rajoy. En lugar de un Colt, utiliza unos manolos, más mortíferos.
La presidenta de Madrid confirma la extendida sospecha de una correlación entre el zapato plano y el encefalograma plano que caracteriza en los últimos tiempos a la cúpula del PP. La primera víctima
de este abajamiento es el propio Rajoy, que no habla con los periodistas pero se ha guardado mucho de adjuntar que “con zapato plano no hago declaraciones”. Por su estatura, el líder accidental de la derecha no necesita las prótesis que han conferido envergadura de estadistas a Berlusconi o Aznar. Sin embargo, encaramándolo en unas plataformas o peep toes, la sangre se le dispararía hacia el neocórtex y podría responder con la energía requerida al desmoronamiento de su partido.
Los más escépticos señalarán que el carácter ultraplano de Rajoy –a quien López Vázquez llevaba medio siglo interpretando en los escenarios– no se realza ni con unos Jimmy Choo, por lo que precisará directamente de zancos. Cualquier cosa antes que padecer discursos anodinos y con los talones a ras de suelo, como el “alguien ha matado a alguien” que pronunció ante el comité ejecutivo de su partido. Un surtido de tacones podría lograr que amainara el canibalismo no estrictamente político aunque pornográfico en abundancia que se ha desatado en el seno del PP, a falta de que Aguirre detalle si el calzado ha de complementarse con una lencería concreta y no menos estricta.


Esposados Vips
2 Noviembre 2009

El argumento irrefutable de que un corrupto de raza no deja de robar ni aunque lo lleven esposado, no explica el clamor corporativo de la clase política ante la imposición del protocolo a presuntos delincuentes que no sólo se han esforzado en crear un país, sino también en saquearlo. Las vestiduras rasgadas lanzan en primer lugar el mensaje de que la corrupción no es un delito grave. En segundo, cercenan la maligna libertad de expresión, colocando la crítica a los supuestos ladrones al borde del delito. Amén del aforamiento, reclaman la creación de la categoría Vip en el traslado de detenidos, con furgones acolchados y esposas Louis Vuitton.
A tenor de las instrucciones judiciales en curso, buena parte de los corruptos han pagado elevadas sumas por ser esposados en prostíbulos, o incluso azotados. En Estados Unidos, cuyo sistema de libertades reflejamos pálidamente, Madoff compareció convenientemente esposado y, si hubiera robado al Estado, se le encadenaría de manos y pies con un mono naranja. Fue condenado a 150 años de prisión, mientras los políticos plañideros se encargaron de que las penas por las fechorías de sus colegas fueran pecados veniales. En la cárcel también hay clases.
El movimiento político “no sabe usted a quién está esposando”, vinculado a los entusiastas de los delitos de Polanski, no enarcó una ceja cuando criminales de baja extracción eran exhibidos generosamente en los juzgados. Al contrario, se les entregaba para solaz de la plebe, cuya distracción era imprescindible a fin de que los corruptos se entregaran con tranquilidad a la orgía urbanística. Siempre se puede alegar que las esposas llegan cuando la destrucción ya no tiene remedio, pero la imagen no se destruye cuando mandatarios privilegiados y molt honorables son tratados como ciudadanos vulgares, sino cuando se lee en autos que un ayuntamiento se dedica a falsificar facturas para desviar fondos europeos a una constructora. En cuanto a los irritados, cabe recordar que una parte de ellos abominan de las esposas en defensa propia.