Salinger resucita a Lennon
1 Febrero 2010
La muerte de J. D. Salinger no ha significado su desaparición, que ocurrió décadas atrás. Le sobrevive Thomas Pynchon, en el género literario de los autores que se niegan a la expropiación mediática de su biografía. El imitador europeo de esta aversión de matriz estadounidense es Milan Kundera, por motivos turbios que empiezan a aclararse. Como demuestra el comienzo de este párrafo, no se construye un artículo atractivo con escritores huidizos, por lo que el fallecimiento del novelista se aprovechó para desviar la atención hacia John Lennon, un icono intergeneracional.
La muerte de Salinger ha resucitado a Lennon, debido a que el asesino del Beatle no sólo devoró El guardián entre el centeno antes de cometer el crimen, sino que lo hojeó inmediatamente después de disparar contra el músico. También leyó un fragmento de las peripecias de Holden Caulfield al jurado del juicio consiguiente. Hoy sólo hubiera seleccionado el volumen que debía barnizar culturalmente su magnicidio tras intensas negociaciones con las editoriales ávidas por promocionar sus títulos. Hay que agradecer a los generadores de metáforas literarias que se hayan detenido en el intérprete de Imagine, sin rebajarse a rescatar la película Conspiración –Mel Gibson, Julia Roberts–, cuyo sustrato es la novela de Salinger. La grandeza del alma humana consiste en que las mismas palabras que impulsan a un cerebro al exterminio conducen a otro a la somnolencia.
En la era de Al Qaeda, se debería prohibir El guardián entre el centeno por incitación a la violencia, y disparar sobre los pasajeros que lo llevaran en un aeropuerto. Fue Obama quien ligó a Salinger con Bin Laden. Tras el fallido atentado aéreo de Detroit, recriminó a puerta cerrada a los servicios de inteligencia que “la hemos fastidiado”, utilizando un verbo tabú por su etimología sexual hasta que aparece en labios de Caulfield, y próximamente en alguna declaración de Esperanza Aguirre. Llamamos clásicos a los libros que no necesitamos leer para que se entrometan en nuestro destino.
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- Autor :mvalles
Salinger siempre me gustó. En el diálogo que tienen los dos estudiantes en Franny and Zooey está implícita la crítica al sistema educativo y su inutilidad para el bien común. Como también lo está en el libro de Zubiri Naturaleza, Historia y Dios, donde se describen las causas de la Crisis de Occidente.
Años después cuando leí a Cristóbal Serra recordé a Salinger.Son muy diferentes pero se asemejan en el estilo literario.Ambos pretenden sugerir multiplicidad de significados con frases cortas y una sintaxis límpida con efluvios poéticos.Las novelas cortas de Camus comparten esos rasgos. Muchos escritores-particularmente novelistas- escriben como si estuviéramos en el siglo XIX. Y Flaubert, sólo hay uno. Cierto que la complejidad del mundo de hoy precisa de densidad pero la prolijidad creo que no casa con estos tiempos borrascosos en los que se debe hacer entrar la Luz, y tal vez se expresen más ideas abriendo puertas a la imaginación con la poesía( también escribiendo prosa) que describiendo en treinta páginas la puerta del baño. Muchos pensarán lo contrario y puede que estén en lo cierto….
Respecto a Lennon lo admiro desde los quince años, su música, sus letras y su actitud respecto al Poder. Trataba a los políticos de “psicópatas ” y el Amor que sentía por la humanidad y ,particularmente, por Yoko, conmueve a toda persona de bien. Si se comparan los esfuerzos que hizo Lennon por la Paz, con los de Bono(por ejemplo) veremos cómo han degenerado los tiempos hasta llegar al patetismo incívico de hoy.
La otra noche cenando con David, un escultor londinense judío afincado en la isla, y que vivió los 60 en primera línea,me decía Él que todos los que trataron con bravura de cambiar el mundo en esos años fueron asesinados.Fue la última generación que buscó la libertad. Lo sabíamos, pero parece que muchos todavía no se han enterado y empieza a ser peligroso su autismo….
[…] Salinger resucita a Lennon, de Matías Vallés: «La muerte de Salinger ha resucitado a Lennon, debido a que el asesino del Beatle no sólo devoró El guardián entre el centeno antes de cometer el crimen, sino que lo hojeó inmediatamente después de disparar contra el músico. También leyó un fragmento de las peripecias de Holden Caulfield al jurado del juicio consiguiente. Hoy sólo hubiera seleccionado el volumen que debía barnizar culturalmente su magnicidio tras intensas negociaciones con las editoriales ávidas por promocionar sus títulos». […]